Viajes en familia

Viajar a Sintra con Niños

Como ya os conté aquí en Semana Santa estuvimos en Portugal, concretamente en Mafra, Sintra y Lisboa. Sintra y Lisboa  a nosotros nos encantan, tienen algo especial que hace que no nos cansemos de volver, son mágicas… En ambas hemos estado varias veces y siempre descubrimos sitios nuevos que visitar y nos volvemos a enamorar de ellas paseando por sus calles. Pero no es lo mismo viajar solos que viajar con niños …

Con Álvaro hemos estado en dos ocasiones en Sintra y Lisboa. La primera vez tenía solo 9 mesitos y la otra hace unas semanas. No os voy a contar lo bonitas que son ni la de cosas que tienen para ver, ni lo maravilloso que es perderte por sus calles, pasearlas… Hoy me voy a centrar en

Viajar a Sintra con niños

Sintra está situada a 32 kilómetros de Lisboa, por lo que si visitáis la capital portuguesa es de visita casi obligada. Uno de los sitios más conocido de Sintra es el Palacio da Pena, construido en 1836 y que se convirtió en residencia de verano de los reyes portugueses. El hecho de que los reyes situaran en Sintra su residencia veraniega hizo los nobles y gente bien de la época tomaran nota y empezaran a construir sus casitas de verano (lo de casitas lo digo con retintín, por si no lo habéis notado). ¿Qué mejor que veranear donde lo hacen los Reyes?

Si decidís ir a Sintra tenéis que pensar que es un sitio taaaaan bonito (por algo fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1995) y tiene tanto para ver a pesar de ser una ciudad chiquitita que no puedes dedicarle menos de tres días para disfrutarla como se merece. Nosotros esta vez sólo hemos estado un día y medio, pero porque ya hemos estado otras veces antes estuvimos en el Palacio de Mafra y en el de Queluz, que también están muy cerca de Lisboa y también se merecen una visita ;).

Palacio de Mafra con Alvaro
Álvaro en Mafra

Esta vez en Sintra hemos visitado el Palacio de Monserrate y la Quinta da Regaleira, donde hemos visto el lujo y el esplendor del que se rodeaban las familias más pudientes de la época, y el Convento de los Capuchos, fundado en 1560 y en el que habitaron sucesivas comunidades de frailes franciscanos en la más extrema pobreza. El Convento de los Capuchos es uno de esos sitios en los que cuando los visitas te quedas sobrecogida y piensas que así debería ser la Iglesia. Pobre, austera y al servicio de los demás.

Pero si viajáis a Sintra con niños pequeños, es decir, con niños de la edad de Álvaro o más pequeños debéis tener en cuenta que Sintra no fue diseñada para los niños, al menos no para los niños de hoy en día, o mejor dicho, para los padres de hoy en día ;).

Nosotros habitualmente ya no sacamos el carrito. Para ir al parque o a casa de los abuelos solemos ir andando, pero si salimos fuera si que lo llevamos porque somos de los que salimos del hotel por la mañana y no regresamos hasta el anochecer, así que nos viene muy bien para que el niño se siente algunos ratitos e incluso se eche algunas siestecitas.

Sin embargo, llevar el carro en Sintra es misión imposible. Las calles son empinadas y empedradas por lo que las ruedas están más veces encajadas que sin estarlo y en cuanto a la visita de palacios y demás… es mejor recurrir al porteo. El Palacio da Pena está lleno de escaleras, los jardines del Palacio de Monserrate son inaccesibles para los carritos y en cuanto a la Quinta da Regaleira en el jardín hay incluso grutas subterráneas. Con el carrito sería imposible disfrutar de estos lugares.

jardines de monserrate
Jardines del Palacio de Monserrate

Lo mismo ocurre con el Convento de los Capuchos. Este convento está excavado en la roca, lleno de escalones y sus estancias son minúsculas. A las celdas de los monjes (donde apenas cabría un camastro) hay que asomarse agachados porque las puertas son muy bajas en un intento de que los monjes recordaran su pequeñez y para entrar tuvieran que genuflexionarse… Imaginaos ahora visitar el convento con un bebé en un carrito ¡¡¡ imposible¡¡¡ si con la mochila y ya cuesta…

monasterio capuchos

comedor de los capuchos
Comedor del Monasterio de los Capuchos. Como veis la mesa es una piedra

Así que ya sabéis, si decidís hacer una escapadita a esta maravillosa ciudad portuguesa y lleváis niños pequeños id provistos de una buena mochila o fular.

¿Conocéis alguna otra ciudad que no esté diseñada para usar el carrito?

Viajes en familia

Sintra y Lisboa: el Viaje de las Primeras Veces.

Esta Semana Santa hemos estado en Sintra y Lisboa y para Álvaro ha sido el viaje de las primeras veces, a pesar de que no era la primera vez que iba a estas dos ciudades tan maravillosas. Ha tenido la suerte, o la desgracia, de que vivamos al lado de la raya portuguesa y además de que sus padres sean unos enamorados de Portugal por lo que la primera vez que fue a Sintra y a Lisboa fue la Semana Santa de hace dos años, cuando él tenía sólo nueve mesitos y en un hotel de Lisboa empezó a gatear. Pero esa es otra historia… y como me conozco o me centro un poco o me lío a contaros aquel viaje.

Como os decía a nosotros nos encanta Portugal y más concretamente Sintra y Lisboa nos parecen dos ciudades mágicas que nos traen muy buenos recuerdos y a las que hemos ido unas cuantas veces, aún así este año decidimos volver. Ya os contaré en otra entrada (o varias porque tengo mucho que contar 😉 ) cómo ha sido nuestro viaje y los lugares tan espectaculares que hemos visto, sin embargo hoy quiero escribir sobre otras cosas que vivimos durante esos días y que hacen que lo llamemos

El viaje de las primeras veces

Lo primero que tengo que decir es que con Álvaro da gusto viajar. Él es un niño que se adapta a todo: a horarios un poco raros, a nuestro no parar de ver una cosa tras otra sin apenas descansar, a estar dos o tres horas en el coche… De otra manera sería imposible hacer el tipo de viaje que hacemos nosotros, pero como él nos ha dado vía libre pues nos aprovechamos, nos vaya a ser que el nuevo sea más pejiguera ;). Sin embargo, en este viaje teníamos claro que al menos un día estaría dedicado a él por lo que el Viernes Santo fuimos al zoológico de Lisboa. Ha sido la primera vez que ha ido a un zoológico y le ha encantado. Al principio no sabía donde atender, había tantos animales para ver y con lo que a él le gustan que no sabía donde mirar: pingüinos, monos, tigres, elefantes…

Se lo ha pasó en grande aunque lo que más le gustó fue el espectáculo con los felfines y las tortugas y las serpientes. Si, las serpientes… Esto último me ha dejado un poquito mosca, pero bueno, no se lo tendré en cuenta, aunque no puedo dejar de preguntarme ¿¿¿cómo un niño de casi tres años que va al zoo por primera vez con lo que más se emociona es viendo serpientes??? Miedo me da que dentro de unos años quiera meterme una en casa como mascota…

primera vez zoo

También ha sido la primera vez que ha probado un Happy Meal. Uno de los días que hemos estado en Sintra se nos ha hecho un poquito tarde para comer y como en Portugal es una hora menos y encima los portugueses comen antes hemos recurrido al McDonald’s. Le hemos comprado el Happy Meal hasta ilusionados pero él, que es más listo que el hambre, ha picoteado tres o cuatro patatas fritas y se ha comido la manzana y se ha emocionado con el juguetito. La hamburguesa ha dicho que me la coma yo si quería, que menudo asco… con sus puaggggg incluidos.

primer happy meal

Ayyy, hijo mío, esto te lo voy a recordar mil veces dentro de unos años cuando no quieras otra cosa que hamburguesas, salchichas y patatas fritas, todo ello rebozado de ketchup.

Y también ha sido la primera vez que se ha montado en Metro (tren para él). ¡Qué gracia le ha hecho eso de bajar escaleras (si eran mecánicas ya era la pera limonera 😉 ), adentrarse en una cueva y después montarse en un tren que iba rápido, rápido. El primer día tenía tal cara de sorprendido que su padre no podía dejar de inmortalizar el momento… Después ya le fue cogiendo el truco y hasta le fue perdiendo el miedo a la velocidad e incluso se levantaba del asiento hasta que sonaba la campanilla que anuncia una nueva parada y corría raudo a sentarse porque pensaba que los que no estaban sentados se tenían que bajar, jajajaja.

primera-vez-metro

Como veis, Sintra y Lisboa siempre tienen mucho que ofrecer, jajaja, otro día os cuento los lugares tan maravillosos que hemos descubierto.

Maternidad

Cinco Momentos de este Invierno

Por fin ha llegado la tan ansiada primavera, qué queréis que os diga, a mí el invierno no me gusta, los días tan cortos y el mal tiempo me ponen de mala leche me entristecen. Sin embargo, el invierno también ha tenido sus momentos buenos, momentazos en algunos casos.

Estos son los cinco mejores momentos de este invierno:

1. Las partidas de Monopoly con mis hermanos hasta las tantas de la madrugada durante las vacaciones de Navidad. Mis hermanos no viven aquí y hay días que los echo profundamente de menos. Estoy acostumbrada a ellos y verlos cada uno o dos meses es duro. Pero bueno, la vida es así y cuando nos juntamos intentamos recuperar el tiempo perdido. Esta Navidad nos dio por jugar al Monopoly y nos hemos echado unas partidas de horas y horas. En realidad el juego era la excusa perfecta para hablar, hablar y hablar 😉

2. Mi test de embarazo positivo. A principios de enero mi marido aceptó “buscar” al segundo hijo y el día 30 de ese mismo mes me hice un test de embarazo que dio positivo. Ese positivo vino a nuestras vidas en medio de una gripe y casi que ni lo celebramos. Nada tuvo que ver con la acogida que tuvo el positivo de Álvaro… aunque supongo que también influiría la fiebre y el hecho de que ya lo intuíamos.

Prueba de embarazo

3. Nuestras escapaditas. Como siempre que podemos nos gusta salir de casa y conocer nuevos sitios. Durante este invierno hemos hecho un par de escapaditas de ida y vuelta a pueblos de nuestra provincia con mucho encanto como Feria, Zafra y Alburquerque y en carnavales decidimos gastarnos los cuatro duros que teníamos en la hucha de las vacaciones y nos fuimos a Ronda y Granada. Si pudieramos estaríamos todo el día con el culo por alto, jajajaja

Villa-adentro-pueblo-alburquerque
Alburquerque, villa adentro

4. El comienzo de mis prácticas de cuarto de Educación Infantil, que ha supuesto que Álvaro vaya todos los días a la guardería. Yo estoy muy contenta con las prácticas aunque acabo agotada. Veinticinco niñ@s de 4 años que además tienen fama de ser lo más revoltosos de las aulas de Infantil cansa y mucho. Y Álvaro… pues Álvaro como siempre me ha sorprendido. Ha entendido perfectamente que los días de diario hay que ir a la guarde pero en cuanto se levanta el sábado y el domingo y nos ve pululando por casa a su padre y a mí inmediatamente nos dice “yo hoy no quiero ir a la guarde”.

5. El último fin de semana del invierno, que aquí ya es casi primavera, nos fuimos al campo con los amigos. Lo pasamos muy bien, comimos sin conocimiento, dimos la noticia de que pronto seríamos “uno más”, los niños disfrutaron rebozándose en tierra… De esos días sencillos en los que no necesitas nada más que estar con la gente a la que aprecias para pasártelo bien.

día en el campo en invierno

Y ahora a disfrutar de la primavera que aquí dura un plis. En nada tendremos los campos secos y el calor sofocante de una tierra preciosa, pero Extrema y Dura como ella sola 😉

La Alhambra desde San Nicolas.
Viajes en familia

Qué visitar en Andalucía: Granada.

Como ya os conté el domingo pasado, en carnavales hicimos una escapadita a Ronda y Granada. Ronda se coló en el itinerario por no hacer tantas horas de viaje con Álvaro y al final me encantó, pero Granada…, a Granada tenía unas ganas de volver… He estado en Granada en dos ocasiones más, una con 14 años, de la que no me acuerdo de casi nada y otra con 18 que recuerdo que visitamos la Alhambra y poco más.

El sábado llegamos tarde a Granada, pero el domingo desde bien temprano ya estábamos listos para patearla, cuando… ¡sorpresa¡ amanece lloviendo. Y lo peor de que llueva cuando estás de viaje es que encima vayas con un niño. Así que tuvimos que cambiar los planes, ir a casi todos lados en coche y encima dedicarnos a visitar interiores, que también lo hacemos siempre, pero eso de ir andando a los sitios, de conocer la ciudad, su ambiente… Eso nos lo perdimos.

El primer lugar elegido fue el Monasterio de la Cartuja, que nos encantó. Si vais a Granada no os lo podéis perder, y eso que está un pelín alejado del centro (no os creáis que mucho que yo soy muy exagerada) pero merece la pena.

Monasterio de la Cartuja en Granada
Álvaro deleitándose con el arte y yo casi muriendo de amor

De la Cartuja nos fuimos a la Madraza y a dar unas vueltitas aprovechando que la lluvia había cesado un poco y después de comer vimos la Catedral, la Tumba de los Reyes Católicos y el Monasterio de San Jerónimo. En la Tumba de los Reyes Católicos no se podía hacer fotos pero yo las hice pensando sólo en mis miles de seguidores. Qué nooo, qué es broma, jamás se me ocurriría hacer una foto en un sitio donde estuviesen prohibidas pero es que entré mirando para Álvaro, que se acababa de dormir en el carrito, acomodándola la sillita y tapándolo un poco, que ni me di cuenta de los carteles que prohibían las fotos hasta que no me llamó la atención un vigilante. Qué vergüenza pasé en esos momentos… Pero ya que tenía las fotos cómo no iba a mostrároslas…

Madraza y tumba de los reyes católicos en granada
Las dos de arriba son de la Madraza y las de abajo son las fotos que jamás debí hacer de la Tumba de los Reyes Católicos 😉
exteriores e interiores de la catedral de granada
La Catedral de Granada

Si el día hubiese estado de otra manera nos hubiese cundido más y hubiésemos disfrutado más de los sitios, pero hay que adaptarse a las circunstancias y tampoco estuvo tan mal.

Al día siguiente tocaba visitar la Alhambra. Si tenéis pensado ir a Granada y visitar la Alhambra (¡¿qué otra cosa podíais hacer?¡) os recomiendo que reservéis vuestras entradas con antelación. Se puede hacer por internet o incluso llamando por teléfono y te ahorras la cola que os aseguro que es muuuuuy larga. Además, el palacio del Generalife tiene aforo limitado, por lo que si no habéis reservado con antelación puede ser que os quedéis sin verlo y sería una pena.

También tenéis que tener en cuenta que en visitar la Alhambra se tarda. Con eso quiero decir que no vayáis pensando un par de horitas y habremos acabado porque lo más seguro es que no sea así. Bueno, por lo menos nosotros tardamos muuuucho más. Bien es cierto que nos gusta ir poco a poco, pero es que hay tanto que ver que yo creo que no merece la pena ir con prisas.

Otro dato importante es que si vais a la Alhambra con niños pequeños os olvidéis de los carritos. Hay demasiados escalones y es una odisea, donde se ponga un buen portabebés… Y tampoco os olvidéis de los pañales. Si, los pañales. Aquí a una servidora se le olvidaron los pañales. No llevaba ni uno y eso que yo soy de las que lleva el bolso hasta arriba de todos los “por si acaso” posibles, pues los pañales se nos olvidaron y cinco horas en la Alhambra sin pañales pueden ser muy duras, jaja. Menos mal que vimos a otros papás que nos socorrieron, si no no se que hubiera sido de nosotros 😉

La Alhambra es… la Alhambra. No hay palabras para describirla. Con razón se enamoró de ella Carlos V y se hizo construir un palacio allí mismo… Cualquier rincón te transporta a otras épocas, la belleza de sus patios te hace soñar y te llega a doler el cuello de admirar sus hermosos mocárabes. Es uno de esos sitios que tienes que visitar antes de morir. He seleccionado unas fotos para no aburrios, quizás no sean las más significativas, pero es que no quería poneros mil fotos de mil sitios preciosos.

Fotos de la Alhambra en Granada

Y después están los barrios más típicos de Granada: el Realejo, el Albaicín y el Sacromonte. Como sólo nos quedaba una tarde más en Granada tuvimos que elegir. Nos hubiera encantado visitar los tres pero lo bueno de no ver todo de una ciudad es que así tienes la excusa perfecta para volver ;). Nosotros elegimos el Albaicín con “su Paseo de los Tristes” y no nos arrepentimos a pesar de las cuestas, porque cuando llegamos al punto más alto de este barrio, al mirador de San Nicolás al anochecer y vimos como la Alhambra iba poco a poco iluminándose… Hay cosas que no tienen precio.

La Alhambra desde San Nicolas.
La imagen la he tomado prestada de san google, pero es que mi (mierda) móvil no fue capaz de inmortalizar el momento cómo se merecía.

Habrá que ir pensando en el próximo destino… ¿Alguna recomendación?

Viajes en familia

Qué visitar en Andalucía: Ronda. 

Como ya os dije hace unos días, nosotros no somos muy amigos del carnaval por lo que casi siempre hemos aprovechado estos días para hacer una escapadita fuera. Este año no teníamos muy claro dónde ir hasta que mi señor esposo mencionó Granada y desde entonces cada vez que proponía otra cosa me entraba hasta mal humor, jajaja.

Cuando por fin acordamos que nos íbamos a Granada se le ocurrió decir que para que a Álvaro no se le hicieran tan pesadas las cinco horas de camino que hay desde nuestro pueblo podíamos hacer noche en Ronda, que era muy bonita. Reconozco que lo único que sabía de Ronda era que una de sus principales atracciones era su plaza de toros y a mí, que no soy muy taurina que digamos, no me hizo especial ilusión. Además, yo, que siempre preparo los viajes al milímetro, esta vez sólo me ha dado tiempo a reservar el alojamiento con lo cual Ronda ha sido toda una sorpresa para mi.

La noche del viernes, cuando llegamos y dejamos las maletas en el peazo hotel que reservé por 36 euros la noche, ya dimos la primera vueltita por eso de ver el sitio en cuestión de noche, (no me digáis que no, que siempre con la iluminación artificial la ciudad parece otra, a veces es incluso hasta más bonita 😉 ) y ya empecé a enamorarme de Ronda.

Al día siguiente desayunamos en la cafetería Alba, donde por lo visto hacen los mejores churros de la ciudad, y la verdad es que el sitio en sí es peculiar y los churros están buenísimos. Y después, con el estómago lleno, empezamos nuestra visita turística con el mejor guía que podíamos tener: el rey de nuestra casa ;). Vio a su padre con el plano y no soltó el plano en todo el día, diciendo a cada momento: “hay que pasar por el agua, hay que seguir las huellas…” No sabemos que huellas serían pero la verdad es que nos guió súper bien. Amor de madre en modo ON.

El guía rondeño
No me digáis que no teniamos un buen guía 😉

El primer sitio que visitamos fue la plaza de toros para después pasar el puente sobre el Tajo y visitar el centro histórico de Ronda. Reconozco que entré en la plaza de toros hasta sin ganas, pero después me sorprendió y hasta me gustó. Y lo mejor de todo es que a Álvaro le entusiasmó. Vamos, que después se tiró todo el viaje hablando de toros, corrales y caballos ;).

plaza toros Ronda

La siguiente visita fue el Puente Nuevo. Este puente fue construido entre 1759 y 1793 y es el monumento más emblemático de Ronda. Además, sirve para salvar el Tajo de Ronda, un desfiladero socavado por el río Guadalevín y que tiene 500 metros de longitud, 50 metros de anchura y casi 100 de profundidad. Asomarse desde uno de los balcones de este puente al desfiladero es toda una aventura… Las vistas impresionan, sobre todo si no tienes vértigo. Mi señor esposo, por supuesto, apenas si se acercó y menos llevando al niño.

tajo sobre río guadalevín

Además, si el Puente Nuevo une directamente la ciudad histórica con la moderna. La parte vieja de la ciudad es preciosa, está llena de rincones entrañables, de callejuelas empedradas y empinadas, con sus casas blancas, sus portones, sus iglesias y palacios… La plaza donde está el ayuntamiento, ubicado en un antiguo cuartel de milicias y la iglesia de Santa María la Mayor merecen una parada larga, además la iglesia es de obligada visita.

ronda, ciudad histórica

Estuvimos en Ronda un día y se me hizo corto. Para verlo bien, para pasear, para disfrutar del paisaje, para ir sin prisas recomiendo estar dos días. Jamás pensé que este pueblo malagueño tenía tanto que ver y fuese tan bonito. Si estáis pensando bajar al sur y os pilla cerquita os recomiendo que os detengáis a disfrutar de él. Os va a encantar.

La semana que viene os cuento el resto del viaje 😉

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Qué visitar en Extremadura: Alburquerque. 

El domingo pasado fuimos a pasar el día a Alburquerque. Un pueblo de la provincia de Badajoz famoso por su castillo (si, otra vez a ver un castillo…estamos intentando adoctrinar al niño, jaja) y que para nosotros es especial porque es el pueblo del abuelo paterno de Álvaro 😉

Esta vez fuimos con unos amigos que tienen una niña casi de la misma edad que Álvaro. Álvaro juega mucho con ella, se lo pasan muy bien juntos y la niña en cuestión dice que son novios y le planta unos besos en la boca a mi angelito que algún día lo deja patidifuso. En fin… que este hijo mío es taaaan guapo que por ahora las vuelve locas. Ya veremos si dentro de unos años sigue conservando el sexapil.

Alburquerque es un pueblo cercano a Portugal donde, debido a su enclave privilegiado se construyó una fortaleza militar que es digna de una visita. La estructura actual del Castillo de Luna, que está considerado uno de los más bonitos de Extremadura, data del siglo XV y le debe su nombre a Don Álvaro de Luna, Maestre de la Orden de Santiago que tomó posesión de él a mediados de este siglo y que llevó a cabo muchas reformas y ampliaciones, como por ejemplo la torre del Homenaje.

Y como una imagen vale más que cien palabras os dejo unas fotos para que lo conozcáis

castillo de alburquerque en Extremadura

Castillo-alburquerque
El agujero que veis en la última foto es una letrina. Ya tenían que tener ganas para sacar el culo a más de 50 metros de altura 😉

Alburquerque además del castillo también tiene un barrio judío que merece la pena ver. A este barrio se le conoce popularmente como Villa Adentro o Barrio de la Teta Negra y fue habitado por la comunidad judía hasta su expulsión en el siglo XV. Dando un paseito por él se pueden encontrar sitios muy bonitos, ya que conserva las calles estrechitas y empedradas, algunos portones de la época…

Villa-adentro-pueblo-alburquerque

Y después de darnos una buena comilona y jugar un ratino en el parque…

Jugando con Álvaro en el parque de Álburquerque

…nos pasamos, antes de volver a casa, por un pueblecito de Portugal Ouguela que tiene una plaza militar habitada. Es decir, dentro de la plaza militar hay unas cuantas de casas, con sus mini-huertos, sus perros…

No es un pueblo que llame la atención por lo bonito que es pero la verdad es que si es curioso. Se nota a leguas su pasado militar fruto de su condición fronteriza. Y también se nota a leguas que aunque hoy muchas partes estén en condiciones ruinosas hace no tanto fue una plaza chiquita pero matona.

Ouguela, pueblo portugués cercano a Alburquerque
Una de las partes más bonitas es la puerta de entrada al recinto. La podéis ver en la primera foto 😉

Así que ya sabéis, si alguna vez os animáis a visitar Extremadura no podéis dejar de acercaros a Alburquerque. Tanto su castillo como el barrio judío merecen la pena. Además, el castillo cuenta actualmente con visitas guiadas totalmente gratuitas.

La semana que viene no publicaré esta sección porque no nos vamos a mover de casa, tengo una resfriado de muy señor mío, pero para la próxima tengo un destino que os va a encantar 😉

Viajes en familia

Vacaciones en el Norte de Portugal

 Acabo de llegar de vacaciones y ya estoy con el blog¡ Madreee, que ganas tenía de dedicarle un ratino y escribir qué tal han ido nuestras vacaciones. Nos hemos ido a Portugal. La idea era ir al sur de Francia peeeero cuando nos pusimos a echar cuentas y más cuentas vimos que se nos escapaba de nuestro más bien recortado presupuesto, así que hicimos un cambio de planes y decidimos que el norte de Portugal no lo conocíamos, lo tenemos aquí al lado y nos saldría más barato. ¡Ya teníamos destino¡

Vacaciones en familia en el Norte de Portugal

Salimos el lunes pasado sobre las ocho de la mañana y hacia las 11 ya estabamos en Tomar, en realidad fueron las doce, pero como ellos tienen una hora menos pues ganamos una hora 😉

En Tomar hay un monasterio precioso, el Convento de Cristo, que mi señor esposo tenía muchas ganas de ver (ya estuvimos por esta zona el año pasado en Semana Santa, pero se nos escapó y desde entonces ha estado erre que erre con el monasterio) y la verdad es que no le faltaba razón. Merece la pena visitarlo y mucho.

Claustro de Lavagen
Charola de la Iglesia

Después de comer nos fuimos a Aveiro. Aveiro es un pueblecito al que llaman la venecia portuguesa. La verdad es que llamarlo la venecia portuguesa es un poco pretencioso. Si es verdad que tiene un canal y algunos puentecillos que lo atraviesan, pero las semejanzas acaban aquí. Aunque en su favor hay que decir que Aveiro no huele mal 😉

En vez de góndolas tiene unas barcazas a motor que recorren el canal. Como estabamos cansados y Álvaro quería montarse en barco (y su madre también) allá que nos montamos. Fue una media hora relajada, en la que recorrimos más o menos todo el canal y el guía (que fue penoso) nos indicó  las zonas más significativas.

Al día siguiente fuimos a visitar el Museo de Aveiro que es cien por cien recomendable. No sólo el lugar en el que está ubicado (el convento de Jesús) sino también por la gran cantidad de arte sacro que contiene. Álvaro se portó muy bien hasta que comenzamos a ver vírgenes y santos… se ve que él muy católico muy católico no debe ser porque se cansó enseguida y decidimos irnos a Oporto.

La primera impresión cuando llegamos a Oporto fue de saturación. No recuerdo haber visto nunca tanta gente por la calle en ninguna ciudad a la que hemos ido, ni siquiera en Roma tuvimos la sensación de agobio que tuvimos al llegar a Oporto. Si a eso sumamos que somos de pueblo chico, que no encontrabamos el parking del hotel a pesar de estar casi al lado, y que Álvaro estaba harto de coche … uffff, que mal lo pasamos esa media horita…

Después tengo que reconocer que nos ha encantado. Grandes avenidas que se mezclan con casas en ruinas, edificios majestuosos y el mercado do Bolhao, la Torre de los Clérigos y la Riveira, la librería Llelo & Irmao, que dicen que es de las más bellas del mundo, el Palacio de la Bolsa… También dimos un paseito en barco por el Duero (le estamos cogiendo gusto a esto de los barcos, de hecho le voy a pedir uno a los Reyes, por si cuela, jaja) donde el niño se durmió y el padre casi…

Foto de la Riveira desde el barco 😉

        Dejamos Oporto y nos fuimos a Viana do Castelo, pero no vimos casi nada porque Álvaro estaba malino con fiebre y cuando fuimos a llevarlo al médico nos pidieron 85 euros porque no teníamos la tarjeta sanitaria europea (somos los padres más desastres del mundo¡¡¡) y tuvimos que ir a Tui, donde nos atendió una médico muy agradable que nos dijo que lo que tenía el niño era un simple resfriado. Hasta este momento la madre hipocondriaca no respiró tranquila, que ya me imaginaba al niño otra vez con placas en la garganta 😦

Con la tranquilidad en el cuerpo y el depósito lleno de gasolina nos fuimos a Braga. Braga también nos ha gustado mucho, sobre todo el Monasterio de Tibaes. Este monasterio está a unos 8 kilómetros de Braga y en principio no estaba entre los lugares que teníamos que visitar si o si, pero nos sobró tiempo una tarde y fue todo un acierto acercarnos. Es precioso, no solo el monasterio en sí, sino todo el espacio que lo envuelve. Dar un paseo por alguno de los senderos que salen desde él, ir al estanque… Además está toooodo verde y a nosotros, que nuestros campos se empiezan a secar a principios de mayo, eso nos envuelve en una especie de magia. Hasta Álvaro decía que estabamos en el bosque de Caperucita, jaja.

Nuestro siguiente destino fue Guimaraes. ¡Qué bonito es Guimaraes¡ Tiene un encanto especial. Nosotros pensábamos que nos iba a gustar mucho el palacio de los duques de Braganza y el castillo, pero lo que realmente nos gustó fue callejear y descubrir que si una calle es bonita la siguiente es más. Además me comí el único helado que he disfrutado yo solita en tooodo el verano, porque Álvaro cuando compramos un helado se lanza a por el mío y al de su padre no le hace ni caso… Pero esta vez elegí helado de mora y como no le gustó y se fue a por el de su padre… ¡Cómo lo disfruté¡ Y no sólo por el hecho de comérmelo yo enterito, sino por no tener que estar pendiente que no se manche más de la cuenta, jaja.

Desde Guimaraes bajamos hasta Viseu, y aunque vimos todo lo que yo tenía programado no lo disfruté porque Álvaro me ha pegado el resfriado (a mi y a su padre, para que no riñamos, jaja) y tuve un dolor de cabeza que ni veía, jaja.

Ayer nos hicimos los casi 400 y pico de kilómetros que nos faltaban para volver a casa, al calor de 40º (un verano con 23º grados no es verano, por mucho que digan), al campo más seco que el esparto, a comer sano (sobre todo Álvaro que ha estado alimentándose de zumos, pan y fruta que comprábamos por la calle), y a nuestra rutina diaria…

Hemos estado 8 días fuera y hemos hecho un viaje de los que solíamos hacer cuando aún no éramos padres, es decir, un viaje de no parar, de salir temprano y volver tarde al hotel, de andar mucho y descansar poco y tengo que reconocer que pese a que nos daba un poco de miedo lo hemos pasado muy bien y Álvaro se ha adaptado estupendamente a nuestros ritmos (y nosotros a los suyos, por supuesto), así que la excusa de que no viajamos por el niño para nosotros ya no vale.

Habrá que ir pensando en otro destino y en perder los tres kilos que he puesto¡¡¡ Madredelamorhemoso me dejo ir o me pongo fondona, jaja.