Viajes en familia

Visita a Calera de León y Monasterio de Tentudía

El fin de semana pasado rescatamos, por fin, una costumbre que cogimos durante el año pasado y que nos gustaba mucho: aprovechar algunos fines de semanas para ir a visitar pueblecitos de la zona. Así conocemos nuevos lugares, hacemos algo con los niños y de paso salimos de casa que como desde que nacieron nuestros angelitos apenas si hemos vuelto a salir por la noche pues aprovechamos los días 😉

El pueblo que elegimos el sábado pasado fue

Calera de León y el Monasterio de Tentudía

Yo conocía Calera porque hace muchos años estuve trabajando allí un par de días y mi señor esposo conocía el Monasterio de Tentudía, así que era el lugar perfecto: así los dos descubriríamos algo nuevo ;).

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Maternidad

Cinco Recuerdos de este Verano

He leído en varios blogs una recopilación de los momentos más interesantes o entrañables de este verano y me he querido sumar a esta iniciativa, aunque tengo que decir que no sé exactamente de dónde viene, así que si alguien lee esta entrada y es el inventor o conoce al blogger que se le ocurrió que me deje un comentario, que gustosamente lo mencionaré aquí.

En mi pueblo se acaba el verano justamente después de la feria de septiembre. Después de la feria se van los últimos veraneantes que estaban aguantando y aguantando esperando llevarse para el norte un poquito más de calor, pero este año ha sido imposible… vaya verano más fresco que hemos tenido. Por eso, aunque llevo desde hace varias semanas queriendo escribir esta entrada, no ha sido hasta hoy (la feria acabó ayer) que por aquí hemos dado por finalizado el verano, cuando me he decidido. Madre mía, como me enrrollo… Ahí van los momentos que quiero recordar de este verano:

1. Ir a la playa una y otra vez y que siempre nos hiciera mal tiempo… Esto para nosotros es algo que ya se lleva repitiendo algunos años, pero que no pudiesemos pisar la arena y tuviesemos que salir con pantalón largo y manga larga en pleno julio es la primera vez que nos pasa.

                    

2. La Operación Pañal fallida y las anécdotas más divertidas que ésta ha traído consigo. Intentar llevar a cabo una Operación Pañal sin que el niñ@ esté preparad@ puede resultar una odisea, pero a veces viene acompañada de momentos super divertidos.

3. Nuestro viaje por el norte de Portugal los tres solitos. Al papá de Álvaro y a mí nos encanta viajar. No tenemos ni un duro, pero en el momento en que alguien mi hermana propone un viaje, ya nos estamos apuntando. Después llegamos a casa y empezamos a echar cuentas y vemos que no llegamos ni de cachondeo y entonces empezamos a hacer el Plan Recorte. Recortamos por aquí y por allá hasta que conseguimos reunir el dinero. Podemos vivir sin muchas cosas pero sin hacer las maletas cada cierto tiempo, no 😉

Viajar los tres solos, a nuestro ritmo, disfrutando en familia y viendo disfrutar a Álvaro ha sido de lo mejor del verano.

 

4. Algunas escapaditas (de horas) que hemos hecho sin el niño. Por ejemplo, hemos ido dos veces a hacer rutas de senderismo nocturnas con los amigos o cuando hemos ido a la playa hemos aprovechado para dejar a Álvaro con mis padres e ir a ver una peli al cine. Han sido solo dos o tres ocasiones, pero a veces se agradecen muchííííísimo.

5. Mis momentos de maruja total. Yo siempre he sido muy un poco maruja. Antes lo escondía, pero creo que he llegado a un punto en que, sinceramente, me da igual lo que opine el resto del mundo. Así que lo reconozco: soy maruja y me gustan las películas que Antena 3 pone en la sobremesa los fines de semanas, sí, esas basadas en hechos reales… Además de maruja también soy un poco friqui.

 El caso es que este verano en mis momentos de maruja me ha dado por hacer conserva de tomate y mermeladas. El hecho de vivir en un pueblo implica que tienes el campo al alcance de la mano, a veces andas 200 metros y ya te sales del pueblo. Además, los abuelos paternos de Álvaro tienen una huerta por lo que cuando es la temporada da fruta, verduras o hortalizas sin conocimiento. El campo es así, no entiende que hay que racionalizar y cuando es la temporada de los tomates o las ciruelas, por ejemplo, en dos semanas da kilos y kilos. Luego dicen que la naturaleza es sabía, pero si fuera sabía daría los tomates poco a poco y tendríamos todo el año, vamos, digo yo 😉

Para que no se estropeara tanta fruta y verdura he hecho tarros y tarros de mermelada o de salsa de tomate. Y me ha quedado buenísima¡¡¡

Estos han sido mis cinco recuerdos de este verano, dentro de unos meses espero poder contaros los mejores momentos del otoño 😉

Maternidad, Viajes en familia

Fin de semana con los titos y el Día de la Madre

           El pasado fin de semana lo hemos pasado con los titos. Hacía mucho tiempo que Álvaro no estaba con mi hermana porque como conté aquí, nosotros pasamos la Semana Santa fuera de casa, mientras que ellos la aprovecharon para pasarla en el pueblo. El sábado nos levantamos tempranito y nos fuimos a ver a los titos. Teníamos ya todo el día planificado y cómo hacía mucho tiempo que no estabamos en Portugal (lo digo con ironía, ¿eh?) decidimos que, a pesar de que iba a hacer muuucho calor, iríamos a visitar algunos pueblinos portugueses.

          Estuvimos en Estremoz, que es un pueblo que conserva bastante bien las murallas. Fuimos a ver la Pousada (que es igual que si en España estuvieramos hablando de un parador de turismo), que es preciosa, y nos dimos la negra de reir porque nos colamos por todos sitios, hasta en el comedor. Mi cuñado incluso le llegó a decir a una camarera que si le podía abrir un patio porque desde allí salía una foto muy bonita de una torre y la pobre (creyéndose que era un huesped) se lo abrió encantada. Después nos fuimos a Arraiolos, donde comimos y vimos el castillo.

Álvaro cogió muchas “lo que huele” (flores)

            Y ya por la tarde nos fuimos a visitar el Dolmen do Zambujeiro, que es alucinante… es el más alto del mundo. Las piedras que sostienen la cámara miden más de seis metros… y todo eso hace más de 6.000 años (y sin gruas). Y ya que estabamos vimos también el Crómlech de los Almendros y el Menir del Monte de los Almendros, cerca de Évora.

 

Dolmen do Zambujeiro. La foto no le hace justicia y además la chapa esa no se que pinta, la verdad…

           Llegamos a casa de mi hermana super tarde. Cada vez que salimos de casa me doy cuenta del niño más bueno que tengo, el pobre ni se queja ni nada y se va acomodando a todo. Eso sí, ayer, cuando veníamos de vuelta cantaba el solito caquillo, caquillo (castillo, castillo).

           El domingo, aprovechando que las tiendas estaban abiertas, estuvimos de compras. Por supuesto Álvaro salió ganando, yo no sé qué me pasa, pero es que veo ropa de niño chico y se me van los ojos y la cartera detrás, no me puedo contener. Yo puedo ir hecha una piltrafa, pero mi niño tiene que ir perfecto. Mi hermana se ponía las manos en la cabeza, pero tiempo al tiempo, ya le tocará y verá como a la ropa de niños le echan algo para que sea imposible resistirse a traertela a casa, jaja.

          El domingo fue el Día de la Madre, pero yo no lo sentí como mi día. Que conste que sé que el Día de la Madre es un invento del Corte Inglés y todo eso que dicen los que no quieren celebrarlo, pero a mí me gusta celebrar los días tontos o comerciales, a ver qué le voy a hacer… Bueno, pues el caso, que Álvaro me dio muchos besos y abrazos, como todos los días, pero aún es muy pequeño y el pobre no sabe de días especiales, y el padre (ay el padre¡) pues no se acordó hasta que mi hermana se puso a llamar a mi madre para felicitarla. Y no os voy a decir que me dio igual porque no es verdad. Me dolió y mucho, sobre todo si tienes en cuenta que yo el Día del Padre me levanté a las cinco de la mañana para prepararle su detallito… Y encima después vas y lees en los blogs cosas como ésta y te preguntas por qué él que tú has elegido para que sea el padre de tus hijos no tiene algún detallito, que no tiene que ser nada caro ni nada de eso (aunque si lo es, pues mejor, jajaja), si nosotras con cualquier tontá se nos caen los palos del sombrajo…

         En fín, que la que le cayó después hace que ahora esté más suave que un guante, habrá que ver el lado positivo, jaja (que conste que me río por no llorar, jajaja), y, además, os aseguro que el año que viene no se le olvida.

Viajes en familia

Semana Santa (Parte II)

Cuando acabamos de visitar Mértola, nos fuimos para Punta Umbría. Yo iba contentísima, porque estaba agotada y no tenía más ganas de andar cuesta arriba, cuesta abajo y porque desde el sábado hasta el lunes iba a estar en la playita, Álvaro iba a disfrutar un montón jugando con la arena y yo me iba a poner morenita (bueno, un poco, que ahora estoy blanco nuclear).

          Llegamos sobre las 22.00 h. pero decidimos salir a cenar. Álvaro se había dormido un buen rato en el coche y como no se volviera a cansar no se dormiría hasta las tantas… Estuvimos cenando pescadito frito y gambas en una terraza, hacía buen tiempo… qué más se podía pedir…

Pues el sábado cuando nos levantamos estaba nublado (mi gozo en un pozo). Hicimos un cambio de planes y nos fuimos al Monasterio de la Rábida, que no lo conociamos. Llegamos justo a tiempo de coger la última visita guiada de la mañana y la muchacha era una mezcla de guía turística y aspirante al club de la comedia. Iba metiendo bromas o chistes entre las explicaciones… ¡qué poco me gusta eso, la verdad¡

Patio del Monasterio de la Rábida

         Por la tarde seguía nublado, así que nos fuimos de centro comercial en centro comercial, jaja. Vas por pasar el rato, por ver lo que hay y siempre, siempre compras algo que no tenías pensado. Hicimos un tour por el Leroy, el Decathlon y el Carrefour… pues en todos compramos… Después me da coraje ser tan consumista, pero es que te lo ponen todo tan bien colocado, tan al alcance de la mano que es que te entran unas ganas de llevartelo para casa y como por arte de magia lo empiezas a necesitar.

         Álvaro se lo pasó pipa, yo creo que ha sido el día que más ha disfrutado, sobre todo en el Decathlon. Eso de poder coger un “palón” (balón) diferente cada tres minutos lo tenía encantado, jajaja.

        El domingo estaba lloviendo, así que nos fuimos a Moguer porque queríamos ver el Monasterio de las Clarisas y la casa de Juan Ramón Jimenez. Pero si en Punta Umbría estaba lloviendo en Moguer estaba diluviando. Pasamos hasta miedo… Las calles iban anegadas de agua, incluso en algunas las alcantarillas escupían el agua para arriba… Estuvimos un buen rato en el coche esperando que dejara de llover y cuando dejó un poco fuimos al Monasterio. Yo me puse los pies pampaneando porque llevaba unas manoletinas y había muchos charcos y encima cuando llegamos estaba cerrado. Y menos mal, porque el patio por donde se entraba tenía al menos 20 cm de agua.

 

         Así que como hacía tan mal tiempo, no ibamos a ir a la playa y donde mejor se está es en casa, en vez de venirnos el lunes, el domingo por la tarde nos vinimos para casita.

        En definitiva, que a pesar de los contratiempos y del mal tiempo (sobre todo) nos lo hemos pasado muy bien. Hemos disfrutado mucho con el peque y nos hemos dado cuenta que viajar con más gente está bien, pero viajar los tres solos es algo maravilloso 😉

         PD: Álvaro sigue echando el primer sueñecito en su camita, pero la verdad es que ni el domingo ni el lunes lo he oído llamarme (¿seré mala madre o es que tengo delegada esa tarea en el papi?) y cuando me despierto a mitad de la noche ya lo tengo al lado. Esta noche intentaré estar más atenta…

Os dejo que tengo que seguir poniendo lavadoras…

Viajes en familia

Nuestro primer viaje solos: Semana Santa ( Parte I)

         Es la primera vez que hemos salido solos con Álvaro y nos lo hemos pasado genial. Tanto al papá de Álvaro como a mi nos gusta mucho viajar y aunque desde que tuvimos al niño lo hemos seguido haciendo siempre ha sido acompañados de los titos o los abuelos, que nos echaban una mano con el niño… Pero ya nos apetecía hacer un viajecito solos así que nos liamos la manta a la cabeza y el jueves nos fuimos a Beja, en Portugal.

       Teníamos muchas ganas de ir porque pasábamos por ahí hace unos años, cuando íbamos a la playa y nos parecía que tenía muy buena pinta. Pues… nada más lejos de la realidad, porque nos decepcionó muchísimo. Está todo muy dejado, casas y casas abandonadas… Muchos de los sitios que queríamos visitar cerrados… En fín, que exceptuando el Monasterio de la Concepción que nos gustó muchísimo y el castillo, que nos gustó regular… lo demás… más bien poco, la verdad. Y a eso hay que sumar que hacía muchísimo calor: 27º C… que hacía que tuviéramos menos ganas si cabe de seguir de turisteo.

Monasterio de la Concepción

      Sin embargo, el hecho de que la ciudad nos nos entusiasmara nos dejó mucho tiempo libre, incluso nos echamos la siesta, nosotros que apenas pisamos el hotel para dormir por la noche, y por la tarde nos fuimos a un parque que tenía un estanque con patos y jaulas con distintos pájaros. Álvaro disfrutó muchísimo tanto con los pajaritos como en el parque, así que sólo por eso mereció la pena.

 

  Nos alojamos en la Hospedería Doña María, que está super bien y el precio inmejorable (43 euros la noche con desayuno). Las chicas de la recepción fueron muy simpáticas con nosotros, y sobre todo con Álvaro. No paraban de hacerle monerías e incluso le regalaron un libro de dibujitos.

      El viernes salimos para Serpa, que no lo íbamos a visitar, pero, como estaba de camino a Mértola, el papá de Álvaro propuso hacer una parada que fue todo un acierto. El pueblo estaba mucho mejor cuidado, las casas blanqueadas, con macetas en la puerta… Y el castillo mucho mejor que el de Beja y además pudimos subir a la torre. Lo único malo es que perdí unos de los reposapies de la mochila de Álvaro y me ha dado un coraje tremendo…:(

 

Que coraje lo del reposapie, y mira que lo busqué…

      Tras ver Serpa nos fuimos a Mértola, donde se supone que íbamos a comer (aunque el maldito GPS nos mandó de vuelta a Serpa cuando estabamos casi llegando), pero por el camino el papá de Álvaro quiso acercarse a ver el pulo do lobo, que es un salto donde el Guadiana se estrecha y da lugar a una especie de cascada. No os puedo decir si merece o no la pena porque Álvaro estaba dormido en el coche y no lo iba a dejar solo ¿no? Así que me quedé con el y aproveché para echarme una siestecita con él, jajaja.

      Cuando llegó el papá de Álvaro me dijo que menos mal que no habíamos ido los tres porque por lo visto había una cuesta tremenda… Así que de esa me escapé, jajaja.

      Por la tarde estuvimos en Mértola. El pueblo es muy bonito (aunque de los tres, el que más me gustó fue Serpa), pero tiene unas cuestas… Arriba tiene el castillo, que está bastante bien, aunque la restauración que han hecho es una auténtica pena (han puesto casi todos los escalones de mármol blanco, por ejemplo), debajo del castillo hay una iglesia que anteriormente fue una mezquita y aún conserva el muro de la quibla, y en el río hay un puerto, porque el Guadiana era navegable hasta Mértola. Dejamos el coche arriba, en el castillo (pasamos por unas calles que yo no sé cómo no nos quedamos allí pinchados) y al papá de Álvaro se le ocurrió la maravillosa idea de bajar hasta el río porque quería ver una plaza o qué se yo… Había unas cuestas tremendas y a medida que bajabamos ya me iba cansando yo pensando en que después las teníamos que subir… Menos mal que a la hora de irnos pensó que era mejor ir solo a por el coche que tener que ir empujando el carrito y tirando de su mujer, jajaja.

 

          En la próxima entrada os cuento el Sábado Santo y el Domingo de Resurrección, que ya estareis cansad@s del viajecito. Menos mal que no me ha gustado mucho, que si me llega a gustar…