Maternidad

¡¡¡He Vuelto¡¡¡

Después de un mesecito casi desaparecida por aquí, en el que apenas me he dejado caer en algún par de entradas para contaros cómo iba mi embarazo y algún plan de verano que me ha parecido irresistible

¡¡¡ He vuelto ¡¡¡

Tengo que reconocer que ya echaba de menos el blog y todo lo bueno que trae consigo, que echaba de menos sentarme a escribir, a leer los blogs que sigo y saber de la vida de los angelitos de las demás, mirar cómo iban mis estadísticas un mínimo de tres veces al día (¡qué hay días que ni me he acordado¡)… Decidí tomarme unas vacaciones por el mundo 2.0 y que volvería cuando me empezara a picar el gusanillo, sin fecha límite, y el gusanillo no hace más que picar y picar, así que aquí estoy.

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Viajes en familia

Vacaciones en el Norte de Portugal

 Acabo de llegar de vacaciones y ya estoy con el blog¡ Madreee, que ganas tenía de dedicarle un ratino y escribir qué tal han ido nuestras vacaciones. Nos hemos ido a Portugal. La idea era ir al sur de Francia peeeero cuando nos pusimos a echar cuentas y más cuentas vimos que se nos escapaba de nuestro más bien recortado presupuesto, así que hicimos un cambio de planes y decidimos que el norte de Portugal no lo conocíamos, lo tenemos aquí al lado y nos saldría más barato. ¡Ya teníamos destino¡

Vacaciones en familia en el Norte de Portugal

Salimos el lunes pasado sobre las ocho de la mañana y hacia las 11 ya estabamos en Tomar, en realidad fueron las doce, pero como ellos tienen una hora menos pues ganamos una hora 😉

En Tomar hay un monasterio precioso, el Convento de Cristo, que mi señor esposo tenía muchas ganas de ver (ya estuvimos por esta zona el año pasado en Semana Santa, pero se nos escapó y desde entonces ha estado erre que erre con el monasterio) y la verdad es que no le faltaba razón. Merece la pena visitarlo y mucho.

Claustro de Lavagen
Charola de la Iglesia

Después de comer nos fuimos a Aveiro. Aveiro es un pueblecito al que llaman la venecia portuguesa. La verdad es que llamarlo la venecia portuguesa es un poco pretencioso. Si es verdad que tiene un canal y algunos puentecillos que lo atraviesan, pero las semejanzas acaban aquí. Aunque en su favor hay que decir que Aveiro no huele mal 😉

En vez de góndolas tiene unas barcazas a motor que recorren el canal. Como estabamos cansados y Álvaro quería montarse en barco (y su madre también) allá que nos montamos. Fue una media hora relajada, en la que recorrimos más o menos todo el canal y el guía (que fue penoso) nos indicó  las zonas más significativas.

Al día siguiente fuimos a visitar el Museo de Aveiro que es cien por cien recomendable. No sólo el lugar en el que está ubicado (el convento de Jesús) sino también por la gran cantidad de arte sacro que contiene. Álvaro se portó muy bien hasta que comenzamos a ver vírgenes y santos… se ve que él muy católico muy católico no debe ser porque se cansó enseguida y decidimos irnos a Oporto.

La primera impresión cuando llegamos a Oporto fue de saturación. No recuerdo haber visto nunca tanta gente por la calle en ninguna ciudad a la que hemos ido, ni siquiera en Roma tuvimos la sensación de agobio que tuvimos al llegar a Oporto. Si a eso sumamos que somos de pueblo chico, que no encontrabamos el parking del hotel a pesar de estar casi al lado, y que Álvaro estaba harto de coche … uffff, que mal lo pasamos esa media horita…

Después tengo que reconocer que nos ha encantado. Grandes avenidas que se mezclan con casas en ruinas, edificios majestuosos y el mercado do Bolhao, la Torre de los Clérigos y la Riveira, la librería Llelo & Irmao, que dicen que es de las más bellas del mundo, el Palacio de la Bolsa… También dimos un paseito en barco por el Duero (le estamos cogiendo gusto a esto de los barcos, de hecho le voy a pedir uno a los Reyes, por si cuela, jaja) donde el niño se durmió y el padre casi…

Foto de la Riveira desde el barco 😉

        Dejamos Oporto y nos fuimos a Viana do Castelo, pero no vimos casi nada porque Álvaro estaba malino con fiebre y cuando fuimos a llevarlo al médico nos pidieron 85 euros porque no teníamos la tarjeta sanitaria europea (somos los padres más desastres del mundo¡¡¡) y tuvimos que ir a Tui, donde nos atendió una médico muy agradable que nos dijo que lo que tenía el niño era un simple resfriado. Hasta este momento la madre hipocondriaca no respiró tranquila, que ya me imaginaba al niño otra vez con placas en la garganta 😦

Con la tranquilidad en el cuerpo y el depósito lleno de gasolina nos fuimos a Braga. Braga también nos ha gustado mucho, sobre todo el Monasterio de Tibaes. Este monasterio está a unos 8 kilómetros de Braga y en principio no estaba entre los lugares que teníamos que visitar si o si, pero nos sobró tiempo una tarde y fue todo un acierto acercarnos. Es precioso, no solo el monasterio en sí, sino todo el espacio que lo envuelve. Dar un paseo por alguno de los senderos que salen desde él, ir al estanque… Además está toooodo verde y a nosotros, que nuestros campos se empiezan a secar a principios de mayo, eso nos envuelve en una especie de magia. Hasta Álvaro decía que estabamos en el bosque de Caperucita, jaja.

Nuestro siguiente destino fue Guimaraes. ¡Qué bonito es Guimaraes¡ Tiene un encanto especial. Nosotros pensábamos que nos iba a gustar mucho el palacio de los duques de Braganza y el castillo, pero lo que realmente nos gustó fue callejear y descubrir que si una calle es bonita la siguiente es más. Además me comí el único helado que he disfrutado yo solita en tooodo el verano, porque Álvaro cuando compramos un helado se lanza a por el mío y al de su padre no le hace ni caso… Pero esta vez elegí helado de mora y como no le gustó y se fue a por el de su padre… ¡Cómo lo disfruté¡ Y no sólo por el hecho de comérmelo yo enterito, sino por no tener que estar pendiente que no se manche más de la cuenta, jaja.

Desde Guimaraes bajamos hasta Viseu, y aunque vimos todo lo que yo tenía programado no lo disfruté porque Álvaro me ha pegado el resfriado (a mi y a su padre, para que no riñamos, jaja) y tuve un dolor de cabeza que ni veía, jaja.

Ayer nos hicimos los casi 400 y pico de kilómetros que nos faltaban para volver a casa, al calor de 40º (un verano con 23º grados no es verano, por mucho que digan), al campo más seco que el esparto, a comer sano (sobre todo Álvaro que ha estado alimentándose de zumos, pan y fruta que comprábamos por la calle), y a nuestra rutina diaria…

Hemos estado 8 días fuera y hemos hecho un viaje de los que solíamos hacer cuando aún no éramos padres, es decir, un viaje de no parar, de salir temprano y volver tarde al hotel, de andar mucho y descansar poco y tengo que reconocer que pese a que nos daba un poco de miedo lo hemos pasado muy bien y Álvaro se ha adaptado estupendamente a nuestros ritmos (y nosotros a los suyos, por supuesto), así que la excusa de que no viajamos por el niño para nosotros ya no vale.

Habrá que ir pensando en otro destino y en perder los tres kilos que he puesto¡¡¡ Madredelamorhemoso me dejo ir o me pongo fondona, jaja.

Viajes en familia

Nuestro primer viaje solos: Semana Santa ( Parte I)

         Es la primera vez que hemos salido solos con Álvaro y nos lo hemos pasado genial. Tanto al papá de Álvaro como a mi nos gusta mucho viajar y aunque desde que tuvimos al niño lo hemos seguido haciendo siempre ha sido acompañados de los titos o los abuelos, que nos echaban una mano con el niño… Pero ya nos apetecía hacer un viajecito solos así que nos liamos la manta a la cabeza y el jueves nos fuimos a Beja, en Portugal.

       Teníamos muchas ganas de ir porque pasábamos por ahí hace unos años, cuando íbamos a la playa y nos parecía que tenía muy buena pinta. Pues… nada más lejos de la realidad, porque nos decepcionó muchísimo. Está todo muy dejado, casas y casas abandonadas… Muchos de los sitios que queríamos visitar cerrados… En fín, que exceptuando el Monasterio de la Concepción que nos gustó muchísimo y el castillo, que nos gustó regular… lo demás… más bien poco, la verdad. Y a eso hay que sumar que hacía muchísimo calor: 27º C… que hacía que tuviéramos menos ganas si cabe de seguir de turisteo.

Monasterio de la Concepción

      Sin embargo, el hecho de que la ciudad nos nos entusiasmara nos dejó mucho tiempo libre, incluso nos echamos la siesta, nosotros que apenas pisamos el hotel para dormir por la noche, y por la tarde nos fuimos a un parque que tenía un estanque con patos y jaulas con distintos pájaros. Álvaro disfrutó muchísimo tanto con los pajaritos como en el parque, así que sólo por eso mereció la pena.

 

  Nos alojamos en la Hospedería Doña María, que está super bien y el precio inmejorable (43 euros la noche con desayuno). Las chicas de la recepción fueron muy simpáticas con nosotros, y sobre todo con Álvaro. No paraban de hacerle monerías e incluso le regalaron un libro de dibujitos.

      El viernes salimos para Serpa, que no lo íbamos a visitar, pero, como estaba de camino a Mértola, el papá de Álvaro propuso hacer una parada que fue todo un acierto. El pueblo estaba mucho mejor cuidado, las casas blanqueadas, con macetas en la puerta… Y el castillo mucho mejor que el de Beja y además pudimos subir a la torre. Lo único malo es que perdí unos de los reposapies de la mochila de Álvaro y me ha dado un coraje tremendo…:(

 

Que coraje lo del reposapie, y mira que lo busqué…

      Tras ver Serpa nos fuimos a Mértola, donde se supone que íbamos a comer (aunque el maldito GPS nos mandó de vuelta a Serpa cuando estabamos casi llegando), pero por el camino el papá de Álvaro quiso acercarse a ver el pulo do lobo, que es un salto donde el Guadiana se estrecha y da lugar a una especie de cascada. No os puedo decir si merece o no la pena porque Álvaro estaba dormido en el coche y no lo iba a dejar solo ¿no? Así que me quedé con el y aproveché para echarme una siestecita con él, jajaja.

      Cuando llegó el papá de Álvaro me dijo que menos mal que no habíamos ido los tres porque por lo visto había una cuesta tremenda… Así que de esa me escapé, jajaja.

      Por la tarde estuvimos en Mértola. El pueblo es muy bonito (aunque de los tres, el que más me gustó fue Serpa), pero tiene unas cuestas… Arriba tiene el castillo, que está bastante bien, aunque la restauración que han hecho es una auténtica pena (han puesto casi todos los escalones de mármol blanco, por ejemplo), debajo del castillo hay una iglesia que anteriormente fue una mezquita y aún conserva el muro de la quibla, y en el río hay un puerto, porque el Guadiana era navegable hasta Mértola. Dejamos el coche arriba, en el castillo (pasamos por unas calles que yo no sé cómo no nos quedamos allí pinchados) y al papá de Álvaro se le ocurrió la maravillosa idea de bajar hasta el río porque quería ver una plaza o qué se yo… Había unas cuestas tremendas y a medida que bajabamos ya me iba cansando yo pensando en que después las teníamos que subir… Menos mal que a la hora de irnos pensó que era mejor ir solo a por el coche que tener que ir empujando el carrito y tirando de su mujer, jajaja.

 

          En la próxima entrada os cuento el Sábado Santo y el Domingo de Resurrección, que ya estareis cansad@s del viajecito. Menos mal que no me ha gustado mucho, que si me llega a gustar…