Maternidad

Primeras Semanas de Embarazo

Aviso a navegantes que este es un post para mí, para el recuerdo. En él cuento qué he sentido durante las primeras semanas de embarazo, así que trata sólo de eso, de mis primeras sensaciones en estas semanas. Os lo digo por si no queréis leer el tostón de post que ha tocado hoy… aunque ya que estáis aquí podíais seguir hasta el final. Total son unos minutinos de nada 😉

Cuatro semanas

Aún no me he hecho el test para confirmar el embarazo y ya sé que estoy embarazada. Lo intuyo desde hace prácticamente diez días, casi desde el mismo momento de la concepción. Lo sé porque tengo las mismas sensaciones que en el embarazo de Álvaro, sólo que aquella vez era mamá primeriza y no supe entender los mensajes que me mandaba mi cuerpo. Siento incertidumbre, alegría, miedo y amor desmedido a partes iguales. Supongo que eso es la felicidad, la mezcla de un montón de emociones.

Sé que estoy embarazada porque vuelve a apetecerme comer fruta a todas horas, porque sonrío sin motivo y lloro también, porque miro a Álvaro y pienso en si le gustará ser el hermano mayor, porque miro a mi señor esposo y futuro padre de la segunda criatura y lo veo de otra forma… con más amor.

Sé que estoy embarazada porque desde hace días duermo con una mano en la barriga y otra abrazando a Álvaro. Una postura rara y difícil de cojones pero si no los toco a los dos no soy capaz de dormir.

Sé que estoy embarazada porque mi marido me mira de otra forma. Me mira con una sonrisa en los ojos y con un amor infinito en los labios porque sabe sin saberlo que dentro de mi está ocurriendo algo grande.

Sé que estoy embarazada y aún no me hecho el test de embarazo. Simplemente lo sé.

(Escrito el 28 de enero de 2015)

Prueba de embarazo

Seis semanas

A veces me parece imposible que esté embarazada. Con el embarazo de Álvaro estaba embarazada 24 horas al día y tenía ganas de gritárselo al mundo. No podía dejar de acariciarme la barriga y me reía sin motivo. Hasta el mundo empezó a ser mejor de repente.

Con este embarazo la mayor parte del día no me acuerdo de que estoy embarazada. No lo pienso tanto ni le doy tanta importancia. Por ejemplo, en el embarazo de Álvaro apenas si cogía peso. La fregona la llenaba por la mitad y si iba a la compra daba varios viajes al coche por no llevar las bolsas excesivamente cargadas. Ahora me paso la mayor parte del día con los 15 kilos de mi angelito en brazos.

Además, cuando estaba embarazada de Álvaro tenía unos ascos de los que no me quiero ni acordar. Ahora no tengo nada. Absolutamente nada. Según mi matrona lo normal es no sentir nada, pero es que por lo menos en mi anterior embarazo sabía que algo se estaba gestando dentro de mí porque cualquier olor fuera de lo normal, o normal mismo, me producía un asco que me entraban hasta ganas de vomitar. Ahora no. Ahora estoy deseando de que lleguen las 8 semanas para verlo, para saber que está ahí, para oírlo…

En mi anterior embarazo, mi señor esposo se embarazó lo mismo que yo y sufrió los mismos síntomas. Ahora estamos los dos asintomáticos perdidos.

Cuando estaba embarazada de Álvaro me pasaba las horas muertas buscando información sobre cómo sería en esos momentos, cuanto mediría… ahora solo lo he buscado un par de veces. No tengo esa necesidad de saber. En mi anterior embarazo mi señor esposo y yo nos pasabamos las horas hablando de la lentejita, ahora solo la nombramos de higos a brevas, aunque ha heredado el mismo nombre que le dimos a su hermano 😉

(Escrito el 10 de febrero de 2015)

Ocho semanas

Es 24 de febrero y hoy hemos visto por primera vez a la lentejita. Tenía la cita a las 17:30 horas de la tarde y he pasado un día horrible. Los nervios se me han metido en el estómago y apenas si me han dejado vivir. No sé ni que he hecho en todo el día… Sólo me he dejado llevar, apenas he podido prestar atención cuando me hablaban, no he podido comer siquiera… Por una parte estaba deseando que llegara la hora para ver si todo estaba bien, por otra me daba un miedo horroroso enfrentarme al ecógrafo.

Hemos llegado a la consulta con la hora pegada en el culo, como no puede ser de otra manera con mi señor esposo, para ponerme más nerviosa todavía, pero aún así hemos tenido que esperar casi 20 minutos. 20 minutos eternos para verla. Cuando la ginecóloga nos la ha enseñado y nos ha dicho que tenía latido el corazón a mí casi se me sale por la boca junto a un gran suspiro. De todas formas su latido no era como el de Álvaro. El latido de Álvaro era un ta ca ta ca ta ca ta ca constante y muy rápido. Esta vez apenas si se oía e iba muuuuucho más despacio. Según la ginecóloga porque el embrión no se estaba quieto y no se dejaba hacer. Según el padre de la criatura porque ahora nos toca el niño tranquilito, que con Álvaro ya gastamos el cupo de niño nervioso.

Mi lentejita está bien y tiene latido. Creo que esta noche voy a dormir a pierna suelta.

(Escrito el 24 de febrero de 2015)

lentejita
¿No me digáis que no es guap@ mi niñ@? Si hasta con mi mierda de móvil ha salido favorecido 😉

Diez Semanas

A mediados de la semana 8 empezaron los ascos. ¿No querías síntomas? pues toma dos tazas. Son exactamente iguales a los que sufrí con Álvaro. No soporto muchos olores, sobre todo el olor a comida y la mayoría de los días ceno ensalada y si mi señor esposo no me insistiera también comería ensalada. A veces me apetece ensalada hasta en el desayuno. Es lo único que tolera mi estómago sin que se ponga del revés. Con Álvaro me dió con la fruta, y ahora entremezclo la fruta y el verde ;).

También a finales de la semana 8 manché un poquito. Ya me dijo la ginecóloga que podía pasar porque la bolsa aún no se había terminado de adherir al útero, de todas formas me asusté. Siempre asociamos el manchar con que pasa algo malo y no siempre es así. Por suerte todo sigue perfectamente.

Estas dos semanas han pasado volando aunque ya por las noches la barriguilla se empieza a inflar. De todas formas como el embarazo sigue siendo nuestro gran secreto aún pasa totalmente desapercibida para los demás. Lo mejor de esta semana ha sido sin duda que Álvaro ya empieza a asimilar que va a tener un hermanit@ y a veces viene a darme besitos o peetes en la barriga.

En esos momentos, literalmente, me derrito de amor. Este embarazo lo estoy viviendo de otra manera, más tranquila y relajada, más como si fuera algo natural y yo no fuera la única embarazada de la historia (con el primer embarazo nos volvemos un poco paranoicas, o al menos yo me volví), pero compartirlo con Álvaro está siendo mejor incluso de lo que me había imaginado.

(10 de marzo de 2015)

alvaro abrazando a la barriguita
En momentos como éste me derrito de amor

Maternidad

Y el Reloj de la Maternidad Sigue Sonando…

Tal día como hoy, hace tres años, me enteraba que estaba embarazada. Nos habíamos ido a pasar el fin de semana a Córdoba y yo llevaba una semana de atraso. Me sentía rara y encima no tenía ganas de comer, ni aquel bendito salmorejo, ni los flamenquines… Nada. No me entraba nada y todo me olía… raro. Es una sensación difícil de explicar.

El sábado, cada vez que pasábamos por delante de una farmacia me entraban unas ganas locas de comprar un test de embarazo pero al final no lo hacía. Me decía a mi misma que el atraso sería por algún desarreglo hormonal fruto de haber dejado de tomar los anticonceptivos… Supongo que en realidad no lo compraba porque me daba miedo hacerme el test. Pero el domingo, antes de llegar a casa tuvimos que parar en un pueblo cercano y buscar una farmacia de guardia. O me hacía el test o me iba a volver loca de la incertidumbre… y eso tampoco era plan.

 Me vine leyendo a casa las instrucciones y la cajita me quemaba en la mano. Ponía que es mejor hacerse el test con la primera orina de la mañana para que fuera más fiable. ¡Y una leche¡ pensé yo… Ahora que me había decidido iba a esperar hasta al día siguiente, aunque mi señor esposo y futuro padre de la criatura me decía que sí, que nos esperábamos… Si, hombre, cómo si yo pudiera pasar una noche más así. 

Cuando llegamos a casa no deshice ni las maletas. Me fui derechita al cuarto de baño sin decirle nada al marido para que no me dijera que estaba loca me pusiera más nerviosa de lo que estaba. Hice el pis correspondiente y en cuestión de segundos apareció la segunda rayita… ¡¡¡Embarazadísima¡¡¡

Llamé a mi señor esposo a voces, como si se estuviera acabando el mundo, hubiera un incendio o algo parecido y él, que ni siquiera sabía que me había hecho el test se quedó blanco y en estado de shock mientras yo reía y lloraba a la vez. Pocas veces he sido tan feliz como en aquellos minutos, con la adrenalina bailándome en el estómago.

Decidimos guardarnos el secreto durante unas semanas y disfrutamos como nunca del embarazo. Eso de tener un secreto tan grande nos hacía reirnos sin venir a cuento, compartir miradas cómplices que nadie más sabía interpretar y sonreir disimuladamente cuando veíamos una barriga por la calle 😉

¿Sabéis por qué os cuento esto? Porque ha dicho que sí. El papá de Álvaro ha dicho que sí, que vamos a por el hermanit@ después de estar meses insistiéndole alrededor de veinte veces diarias, por si solo y sin yo presionarle apenas. Eso sí, ha pedido una tregua de un par de meses para ir haciéndose a la idea, así que para el año nuevo tenemos otro propósito que cumplir: hacer deporte¡ que noooo… ¡Ir a por el hermanit@¡