Maternidad

El Colecho con Dos Hijos a la Vez

Si antes de ser madre alguien me llega a decir que iba a terminar colechando con dos hijos a la vez, que mi habitación iba a parecer la habitación de un campamento base y, no sólo eso, sino que me iba a gustar tanto colechar con mis angelitos, que no iba a ser capaz de dormir si no los estoy tocando pensaría que estaba siendo objeto de una broma macabra.

Yo antes de ser madre pensaba que mis hijos dormirían en su cuna toda la noche del tirón, pero después llegó Álvaro a poner todos mis principios patas arriba, porque os recuerdo que yo no llegué al colecho por convicción, sino porque no me quedó otra. En parte la culpa fue mía, por haber comprado una cuna cuyo colchón estaba plagado de pinchos ;), y en parte de mi tesoro que si dormía pegadito a mamá se despertaba unas cuantas de veces por la noche, pero si no me sentía al lado directamente no dormía.

Y así, lo metimos en la cama y empezamos el colecho y, con él, a dormir un poco mejor (no mucho porque este niño no nos ha dado mucha tregua). En ese tiempo me acostumbré a su olor, a sentirlo al lado, a dormir abrazada a él que cuando el padre se empeñó en sacarlo de la habitación marital familiar  al cumplir el niño hizo el añito lo que hice es que le puse una cama en la habitación al lado y en cuanto se dormía el padre me iba con el niño, que era con quien realmente dormía bien. Treinta y cuatro días nos duró aquella aventura hasta que mi señor esposo se cansó de dormir solo (manda huevos, un niño de 1 año tenga que dormir solo pero un hombre de 35 no) y volvimos todos a la cama familiar.

Hemos estado siempre muy a gusto los tres juntos hasta que me quedé embarazada y empezaron a surgir los consejos no solicitados que nos decían que cómo íbamos colechar los cuatro juntos si eso era una locura. Lo mejor era que sacáramos al mayor de la habitación antes de que naciera el nuevo bebé para que así no se sintiera desplazado. Y yo, empecé a pensar que quizás tuvieran razón, que estar cuatro en la misma habitación podía ser complicado, sobre todo los primeros meses, cuando nos tuviéramos que hacer a un nuevo niño y cómo este saliera tan llorón como su hermano… Entonces apaga y vámonos.

El caso es que después de estar pensándolo le propuse al padre que si quería cambiarse de habitación. Si, al padre, él es el mayor y el que menos me necesita para dormir pero prefirió que nos apretásemos un poco más en la cama y dormir todos juntos. Y yo respeté su decisión, faltaría más ;).

La misma noche que nació mi angelito pequeño lo entré en mi cama y de ahí no ha vuelto a salir. Él, que duerme infinitamente mejor que su hermano, quizás si hubiera podido dormir solito en su cuna, pero yo no he querido perderme el colecho con él. Así, desde que a los tres días nos vinimos a casa hemos compartido cama los cuatro. No os voy a decir que ha sido un camino de rosas y que no hay noches en las que me arrepiento de seguir durmiendo así porque os mentiría.

Hay noches en las que Álvaro se despierta más de la cuenta, no puede dormir, tiene algún terror nocturno o quiere levantarse a las siete de la mañana (¿qué alguien me explique por qué de lunes a viernes tengo que levantarlo de la cama y los fines de semana amanece como las gallinas?) y despierta al pequeñajo. Noches en las que quiere dormir tan pegado a mí que me agobia muchísimo, noches en las que me despierta a las tres de la mañana para que le cuente un cuento o noches en las que terminan llorando los dos y yo pegando cuatro voces porque me desespera que un niño de tres años y medio se despierte más que su hermano con sólo cuatro meses.

Pero a pesar de todo el colecho con dos hijos a la vez merece la pena, o por lo menos nosotros sólo le vemos beneficios.

 Beneficios del colecho

  • En primer lugar, gracias al compatir la cama con los dos a la vez, mi hijo mayor no se siente desplazado. A mí era algo que me agobiaba enormemente: sacarlo de la habitación y que él pensara que al nuevo lo dejábamos dormir con nosotros mientras que él tenía que dormir solo. Supongo que si lo hubiéramos hecho unos meses antes de que hubiera nacido no hubiera pasado nada, pero conozco casos en los que cuando ha nacido el bebé el hermano mayor ha reclamado su puesto en la cama marital.
  • No me tengo que levantar mil veces. Quizás si Álvaro durmiese mejor no tendría que hacerlo, pero es que mi niño se despierta y me reclama. Además, se desarropa un montón y estoy toda la noche pendiente de que no se quede helado.
  • Tenemos despertares en familia, aunque me saque de mis casillas que los sábados se despierte súper temprano de otra forma me perdería esos “despierta, mamá, que ya es de día… ¿y hoy dónde vamos?”.
  • Los niños viven momentos únicos como hermanos. Si me levanto un poco antes que ellos, le doy el móvil a Álvaro para que se entretenga y cuando voy a por ellos me los encuentro los dos pegaditos y a Álvaro poniendo el móvil de tal forma que su hermano también vea la pantalla. En estos momentos casi me derrito de amor.
  • Con el colecho ahorro en calefacción y aire acondicionado. 😉
  • Y, sobre todo, duermo mejor. Me encanta dormir abrazada a ellos, olerlos, besarlos cuando están dormidos… Duermo más tranquila.

Si os digo la verdad, temo el día en el que decidan independizarse e irse a dormir solitos. Se que el día llegará y yo me quedaré pasmada porque ellos van a “estar preparados” para ese paso antes que yo. Por eso, hasta que ese día llegue seguiré disfrutando del colecho con mis niños, de sus abrazos, de sus “buenas noches, que sueñes con los angelitos”, hasta de las patadas y de dormir en los escasos treinta centímetros de cama que me corresponden.

Soy realista y sé que el colecho con dos hijos no solo tiene ventajas sino también inconvenientes. O por lo menos nosotros hemos encontrado estos inconvenientes con nuestros hijos.

Inconvenientes del colecho

  • Los niños se despiertan en cuanto yo, su santa madre, me levanto de la cama. No se si tendrán una alarma interna o qué pero es levantarme se despiertan. La solución en vacaciones es levantarme a las mil. 😉
  • Son dos niños completamente distintos. Al mayor le gusta pegarse a ti, como una lapa, mientras que el pequeño necesita una cama de matrimonio para el solo.

Si valoramos las ventajas e inconvenientes del colecho creo que salimos ganando al compartir la cama ¿no? ¿Qué pensáis vosotros del colecho con dos hijos a la vez? ¿Lo véis una locura?

Maternidad

Terrores Nocturnos. Qué Son y Cómo Actuar

L@s que lleváis por aquí algún tiempo sabéis de sobra que mi angelito mayor no duerme bien, ni duerme bien ahora ni ha dormido bien nunca. En esto del dormir tiene dos cosas malas: por una parte que no tiene nunca prisa por irse a la cama, aunque desde que hemos suprimido las siestas estamos mejorando mucho, y por otra, que se despierta mil veces durante la noche. Si, mi niño con tres años y ocho meses se sigue despertando por la noche, ¿cómo os quedáis?

imagen de terrores nocturnos
Los terrores nocturnos en los niños no es un trastorno muy frecuente

Pues si esto ya de por sí es duro algunos días le tenemos que sumar el tercero en discordia: los terrores nocturnos. Para que os hagáis una ligera idea de qué son los terrores nocturnos os contaré cómo ocurren en nuestra casa:

Estamos todos tranquilamente durmiendo cuando Álvaro empieza a moverse inquieto por la cama y a los dos segundos está gritando, dando patadas… empieza a llorar, a pegarnos… Se pone muy muy nervioso. Si hay suerte y me doy cuenta a tiempo le empiezo a hablar, le abrazo, le digo que soy mamá y que no pasa nada, que estamos todos en la habitación, que es de noche y hay que dormir. A veces consigo que se calme muy rápido y no se desencadena la catástrofe. Otras veces me coge tan profundamente dormida que para cuando me quiero despertar es demasiado tarde.

Por supuesto él al día siguiente no se acuerda de nada, a veces se despierta y tampoco y otras veces se despierta tan asustado que sólo quiere que lo abrace. En estos casos en los que se despierta asustado en realidad no ha tenido un terror nocturno sino una pesadilla.

Muchas veces los padres confundimos los terrores nocturnos con las pesadillas a pesar de que son muy fáciles de diferenciar. Si cuando tu hijo se despierta, en el caso de que lo haga, te cuenta que ha visto un monstruo, se caía por un precipicio o una bruja le quitaba su juguete preferido es que ha tenido una pesadilla. Pero si  no recuerda nada de lo que ha pasado estamos hablando de terrores nocturnos. Alguna vez Álvaro se ha despertado tras un terror nocturno y al verme la cara desencajada (lo confieso, soy muy fácil de impresionar ;)) me ha preguntado que qué me pasaba.

¿Qué són los terrores nocturnos?

Los terrores nocturnos aparecen en los niños de entre 3 y 7 años y no es un trastorno del sueño muy frecuente: tan sólo afecta al 5% aproximadamente de los niños. Suelen tener lugar a las dos o tres horas después de haber conciliado el sueño. Se producen durante la transición de la fase No Rem a la fase Rem, que es en la que se producen los sueños y se deben a una súbita reacción de miedo que se produce en medio de estas dos fases.

No se conocen con exactitud las causas de los terrores nocturnos aunque los investigadores afirman que pueden tener gran peso en el desarrollo de estos terrores el estrés, periodos febriles o la falta de sueño. Aunque en realidad es algo que está en el aire y que no se sabe con certeza a qué se deben.

¿Cómo actuar en caso de que tu hijo padezca terrores nocturnos?

Como os he dicho antes los terrores nocturnos han sido la guinda del pastel del sueño de Álvaro. Como no teníamos bastante con que dormía poco y mal… Por lo que he leído mucho sobre el tema y he ido cogiendo consejos de aquí y de allá. Además, también actuamos un poco por instinto, quizás en algún punto estemos metiendo la pata, pero esto es lo que mejores resultados nos da:

  • Intentar anticiparnos al terror. En realidad no sé si las veces que me he anticipado al terror han sido terrores nocturnos propiamente dichos o pesadillas, pero como dije más arriba, hay veces en las que lo siento moverse (yo, porque a su padre le pasa por encima un trailer y no se entera ;)) y le empiezo a hablar y a tocar y no se desencadena.
  • Acudir a su lado para acompañarlo y evitar que se haga daño. Durante los terrores nocturnos son frecuentes las patadas, los golpes… Incluso hay niños que se bajan de la cama. Por eso es muy importante estar a su lado para evitar que se den contra el cabecero o se lleguen a hacer daño de alguna manera. También es muy importante, en el caso de que duerman en su propia habitación, no dejar cosas en el medio con las que puedan tropezarse al bajarse de la cama.
  • Mantener la calma. Cuando ves a tu hijo sudando, dando gritos, patadas… No es fácil mantener la calma. Las primeras veces me asustaba mucho, sobre todo porque encendía la luz y tenía los ojos abiertos y como yo soy tan valiente… Pero si no te pones nervios@ todo se hace mucho más llevadero.
  • Intentar no despertarle. Yo lo que hago es abrazarlo, susurrarle, decirle que estoy ahí… Es la parte más difícil, por lo menos para mí, porque cuando ves a tu angelito pasándolo tan mal, asustado, lo primero que se te viene a la cabeza es encender la luz y despertarlo, sin embargo hay que evitarlo porque en unos minutos (que se te harán eternos) el terror desaparecerá y el niño seguirá plácidamente dormido y no recordará nada a la mañana siguiente.
  • No decirle nada al día siguiente. Ellos no recuerdan nada de lo que ha pasado por lo que no merece la pena preguntarle o recordarle lo que ha pasado la noche anterior.

 

En nuestro caso, los terrores nocturnos empezaron el verano pasado, cuando Álvaro tenía tres añitos recién cumplidos, y durante cuatro o cinco meses fueron bastantes frecuentes. Sin embargo, después se han ido espaciando en el tiempo y ahora se producen estos episodios cada quince o veinte días. No sé por cuanto tiempo más los sufrirá mi niño y con él todos, porque es una situación muy desagradable verlo pasarlo tan mal, pero desde que los afrontamos con naturalidad y con mucha calma todo es más llevadero.

¿Sabíais qué son los terrores nocturnos? ¿Los sufren vuestros hijos?