Maternidad

La Primera Noche Separada de mi Niño

Mi querido Álvaro:

Son casi las cuatro y media de la mañana y estamos pasando nuestra primera noche separados. Papá y yo hemos ido a la boda de unos amigos y te has quedado a dormir en casa de los abuelos. La boda no es aquí, sino que ha sido en un sitio precioso que está una hora de nuestro pueblo y los novios han puesto autobuses para que no tengamos que coger el coche después de una noche de brindis por los novios.

En principio nos íbamos a venir en el último autobús, el que saldrá cuando finalice la barra libre a las seis de la mañana….pero yo me he venido a casa antes. Como excusa he puesto que tenía frío, que estaba cansada y que me quedaban cuatro horas por delante sin poder tomar ni una sola copa. Papá se ha quedado. Ya sabes que últimamente sale muy poco, que lo echa de menos aunque no quiera reconocerlo y que aprovecha cada oportunidad al máximo. Dejémoslo que lo haga, en unos meses lo tendrá aún más difícil.

En realidad me he venido a casa porque estaba amargada ya que no podía dejar de pensar en ti. No podía dejar de pensar que es la primera vez que duermes sin mi y aunque te lo he explicado y a ti no parece haberte importado saber que esta noche dormirás con la tita no sé cómo estarás. No sé si te habrá costado dormirte, si te estarás despertando o si me estarás echando de menos. No sé si me habrás deseado el “buenas noches y que sueñes con los angelitos” de todos los días, si te habrán abrazado para que te duermas… Por eso me he venido a casa. Sé que aquí no hago nada porque si al menos estuvieras en casa de tu abuela, mi madre, le daría a la puerta aunque sean las cuatro de la mañana, te montaría en el coche y nos vendríamos para casa… o nos quedaríamos a dormir en mi antigua habitación, los dos juntitos, acurrucados… Pero estás en casa de la otra abuela y a la suegra no me atrevo a darle a la puerta como las locas y sacarte de allí a estas horas. Algún día entenderás que hay cosas que a una madre se las puedes hacer, pero a una suegra ya es otro cantar…

Y aquí estoy, mi querido niño, recién salida de la ducha, con el alma en vilo sin saber si estás bien… Con los pechos llenos y la cama tremendamente vacía y deseando que se haga pronto de día para verte. Y, sobre todo, deseando que estés dormido como un angelito y que no me eches de menos como yo lo hago contigo.

Buenas noches, mi vida, y que sueñes con los angelitos como tú.

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