Maternidad

Regalos para Niños que No Son Juguetes

Como os dije hace unos días creo que nuestros hijos tienen demasiados juguetes. Por lo menos el mío los tiene y tiene tantos que pocas veces juega con ellos. En casa lo que hacemos es que a veces le guardamos parte de ellos y cuando los volvemos a sacar al cabo de un tiempo parecen que hubiesen llegado los Reyes Magos. O si no es el mismo el que se encarga de ir alternando los juguetes. Hay temporadas que le da por las construcciones y el juguete estrella son las piezas de megablocks y otras veces le da por el fútbol y no hacemos otra cosa que echar partidos en el pasillo.

Pues pensando en esto el otro día se me ocurrió que hay otros regalos para niños que no son juguetes pero que pueden hacerles la misma ilusión si no más. He hecho una recopilación para tenerla presente para futuros regalos o de cara al cumpleaños. Os la dejo aquí por si a alguien más le sirve de inspiración 😉

Regalos para Niños que No Son Juguetes

Útiles para pintar. A la mayoría de los niños les encanta pintar, por lo que un buen regalo pueden ser rotuladores, acuarelas, pinturas de dedos Además, con el regalo de estas cositas podemos ayudarlos a desarrollar la psicomotricidad fina y eso nunca está demás.

Si vais a regalar estas cosas buscad siempre que en la caja diga que son pinturas lavables. Ya sabemos que los niños se suelen manchar y hay pinturas que no salen ni a la de tres, ;).

Dentro de este apartado os incluyo una cosa que a los niños les encanta: los rotuladores para la bañera. Con ellos pueden pintar en la bañera o en los azulejos de la ducha y después se quita con que simplemente le demos con un poco de agua.

Libros. Todos los niños deberían tener en casa libros. Los libros constituyen un gran entretenimiento desde que son pequeños. Nosotros empezamos a comprarle libros a mi angelito mayor tan pronto que lo que hacía era que se los comía. Anda que no estuve yo tiempo preocupada porque devoraba los libros, literalmente… Pero después empezó a cogerle el gusto y aunque no sabe leer los hojea, mira sus dibujitos, jugamos a encontrar cosas en los dibujos y ahora que está empezando a conocer las letras a buscar letritas, a contar cuantas “o” hay en una línea o en una determinada palabra…

Una buena opción dentro de los libros son los libros personalizados. Si queréis hacer un libro personalizado podéis contar con Mumablue, web donde  puedes hacer un libro a tu medida, con la cara de tu hijo ;). Si a Álvaro le encanta que le cuente cuentos en los que es él el protagonista si se viera reflejado en un cuento de verdad yo creo que le daría un pasmo ;).

Disfraces. Descubrí que mi hijo le gustaban los disfraces cuando un día, el verano pasado, estaba jugando con una espada, le hice un parche de fieltro y se convirtió en pirata, con un delantal se transforma en cocinero y los rollos de cartón del papel de cocina los convertimos en prismáticos y jugamos a que somos exploradores. Si estas cosas tan básicas le encantan yo creo tener en casa dos o tres disfraces completos sería todo un acierto.

Además, jugar a disfrazarse le reporta muchas cosas buenas a los niños: estimula su fantasía y su imaginación, les ayuda a ponerse en el lugar de otro, propicia el juego simbólico…

Instrumentos musicales. Los instrumentos musicales son un gran regalo para los niños porque estimulan su creatividad, mejoran la coordinación, avivan la agudeza auditiva, estimulan la memoria… Y, sobre todo, a los niños les encantan. A quien no sé yo si les gustarán tanto es a sus pobres padres. A mi angelito mayor el año pasado le trajeron Sus Majestades de Oriente una batería. Afortunadamente ya se rompió. No digo más, jajaja.

Pero como de lo que se trata es de que los regalos les gusten a los niños con un instrumento musical acertaréis seguro. Y ya de paso le regaláis a los papás unos tapones ;).

Entradas para espectáculos. Hace unos días llevé a Álvaro a un teatro a ver un espectáculo que había de Frozen. En realidad a él no le gustaba Frozen hasta ese momento. En casa no había puesto interés en la película, ni en las canciones ni en nada. Lo único que le gustaba de Frozen eran unas botellas de agua que le compré un día ;).

El caso es que fuimos a ver el espectáculo de Frozen y desde entonces tengo a Ana y a Elsa hasta en la sopa (Suéltalo! Suéltalo!, No lo puedo ya retener, Suéltalo! Suéltalo!…). Nunca hubiera pensado que unas entradas para un espectáculo o para el circo, el cine… fuesen un buen regalo pero en vista de lo que disfrutó en ese momento y lo que lleva disfrutando sólo de recordarlo ahora estoy convencida. Eso si, regaladle dos entradas, que el niño no va a ir solo y el papá de turno no tiene por qué hacer un desembolso extra ;).

Ropa. Nunca me ha gustado eso de regalarle ropa a los niños, por la cara de tontos que se les queda cuando abren el regalo… Pobrecillos, se encuentran con un paquete envuelto con papel de regalo y después es un jersey :(. Supongo que a mí se me quedaría la misma si en mi cumpleaños me regalasen una fregona. Peeeeero, hay niños que hacen el cumpleaños muy pegado a los Reyes, o que sus padres te lo piden expresamente. Reconozco que yo a mi hermana le digo que compre algún juguete y algo de ropa.

Sin embargo, hay ropa que a los niños si les gusta. Por ejemplo, a Álvaro le regalaron la equipación del Real Madrid y le encantó. Otras ideas pueden ser babys para el cole con sus dibujos favoritos, una mochila, un paraguas… No tiene por qué ser expresamente un chándal. Y si regaláis ropa y los niños aún no eligen su ropa, por favor, enteraos de los gustos de sus padres, jaja.

¿A algun@ de vosotr@s se os ocurre que otros regalos (que no sean juguetes) les podemos hacer a l@s niñ@s? Venga, dadme ideas y hacemos otra recopilación ;).

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Síndrome Nido: Segunda Fase

Como os conté hace unas semanas estoy en las últimas semanas de embarazo (ahora si que si) y aún me quedan muchas cosas por hacer. Así que después de hacer aquella lista me entraron las prisas y decidí que lo primero que tenía que hacer era sacar la ropita de bebé de Álvaro para ver qué podíamos aprovechar y qué no.

Debo de reconocer que yo, que soy un auténtico poquito desastre como ama de casa y que el orden no está entre mis virtudes, tenía toda la ropita de Álvaro que parecía sacada de un armario de Pinterest: envuelta en papel de seda, con los meses a los que correspondía en rotulador, embalada en cajas herméticas… Ropa que no sabía si iba a volver a utilizar colocada con auténtico primor y en el cajón de mis calcetines es tal el desbarajuste que me cuesta encontrar un par que tenga a su pareja… Pero así soy yo 😉

Por tanto lo de sacar la ropita de Álvaro se suponía una tarea fácil. Abriría la caja de los seis primeros meses y cogería un par de bodys de manga corta por si acaso, el gorrito y las manoplas, dos pijamitas y el conjunto con el que salió del hospital porque me gustaría ponerle el mismo “al nuevo” y después ya no podría aprovechar más hasta los paquetes que estuvieran marcados con tres meses porque Álvaro nació en pleno verano y éste va a hacerlo a principios de octubre con lo cual las decenas de peleles monísimos que tengo se quedarían para otra ocasión.

Parece fácil ¿verdad? Pues con semejante tontería he entrado en

La segunda fase del Síndrome Nido

y se ha convertido en una auténtica odisea que ha dejado la parte de arriba de mi casa (Italia) manga por hombro durante días y a mí reventada porque si en la primera fase me dio por fregar todas las paredes de la casa con ariel en esta segunda fase, con una barriga más que considerable, me ha dado por ordenar toooooda la ropa de Álvaro… Os lo cuento con detalle 😉

Lo primero es que cuando me puse a abrir la caja ya estaba llorando como una magdalena recordando cuando mi tesoro era tan pequeñito que se ponía aquella ropita (le echaré la culpa a las hormonas aunque reconozco que soy llorona por naturaleza 😉 ) y lo segundo porque cuando estoy sacando la ropita del papel de seda empiezo a ver que no está blanca ni celeste como cuando yo la guardé sino que le han salido unas manchas amarillas horrorosas en los sitios más insospechados. Al abrir el primer paquete pensé que sería porque lo había guardado así sin darme cuenta pero ya me entró el pánico y abrí el segundo y el tercero… Y para cuando me quise dar cuenta había sacado no solo la ropa de esa caja sino de todas las demás y que la tenía toda esparcida por el suelo, desordenada y para colmo llena de manchas amarillas… ¡¡¡ Casi tres años de ropa… Imagináos¡¡¡

Empecé llorando de añoranza y terminé llorando de desesperación cuando vi que la lavaba y la lavaba y no volvía a su color. Menos mal que al final pasé de detergentes con oxígeno activo y antimanchas que han revolucionado la vida del ama de casa del siglo XXI y opté por lo de toda la vida: jabón verde y poner la ropa al sol y ha vuelto a quedar como nueva.

Así que lo que yo suponía que haría en un par de horitas se ha llevado días y días de trabajo, de poner lavadoras, de volver a colocar y a embalar todo porque tres años de ropa son muchos años y porque reconozco que yo puedo ir hecha un adefesio pero mi angelito tiene que ir perfecto y quizás (sólo quizás) se me fuera de las manos y comprara más ropa de la que realmente ha necesitado, pero para “el nuevo” ya tengo hecho propósito de enmienda y espero no comprar tanto, sobre todo porque en unos meses estará heredando la ropa de su hermano, como buen hermano menor 😉

Y lo peor de todo es que mi señora madre que tiene el don de desanimar a cualquiera dice que por muy bien que haya lavado todo cuando dentro de unos meses vuelva a abrir las cajas para buscar la ropita de los seis meses o del año me la volveré a encontrar amarilla como la cera y que he hecho un trabajo en valde… Sé que habla la voz de la experiencia pero ¿a qué es para matarla mandarla de vacaciones bien lejos?

En fin, que tras días y días de no parar doy por finalizada la segunda fase de la “Operación Síndrome Nido”. Lo peor de todo es que me queda un mes hasta salir de cuentas… ¿habrá tiempo para una tercera fase?