Maternidad

Un cambio es posible

        Esta entrada la escribir ayer es llegar a casa después de la revisión de los dos años de Álvaro, porque estaba tan contenta que no quería que por dejarla para hoy se me escapara ningún detalle de lo feliz que me sentía (llamadme tonta, pero ayer fui super feliz). No la publiqué porque ya había publicado otra entrada y dos en un día me parece un poco desmedido 😉

Acabo de llegar de la revisión de los dos años de Álvaro. Cumple los dos añitos dentro de una semana, pero cogí la cita para hoy porque el día de su cumpleaños tengo el último examen y prefería ser yo la que lo llevara a la revisión a que fuera su abuela.

Desde hace unos días llevo pensando si contarle la verdad o ocultar información cuando me haga las preguntas rutinarias sobre la lactancia, el sueño, etc. Ni cuando iba de camino al centro de salud tenía claro qué iba a hacer, pero todas mis dudas se han despejado es llegar. Lo primero es que en cuanto hemos entrado en la consulta le ha dicho a Álvaro “uy, que grande estás desde que no te veo”. Seguro que ni se acuerda de la última vez que lo vió, pero sólo por el hecho de que haya tenido unas palabras para él a mi ya me tenía ganada.

Yo le había contado a Álvaro que íbamos a la pediatra, que le iban a hacer una revisión y que no tenía que llorar porque no le iban a hacer nada malo y después, cuando salieramos, ibamos a ir a ver los patos al parque. Pues yo no sé si es que me entendió o le dió por ahí, pero el caso es que se ha portado super bien y no ha llorado ni una sola vez, se ha dejado hacer de todo, etc.

        Lo ha reconocido y después ha pasado a medirlo y pesarlo. Mide 94 cm (se volvió a salir de los percentiles) y pesa 12,700. El perímetro de la cabeza es de 49 cm.

        Mientras ella va haciendole la revisión hablamos de las comidas y el sueño. Le cuento que duerme fatal y me pregunta que si lo he sacado de la habitación y le reconozco que no. “No pasa nada, ya lo harás más adelante” me dice, y hablamos del sueño y de procesos madurativos, de lo que hace cuando se despierta en mitad de la noche (con risas por su parte porque no lo tiene que soportar, jaja), de la relación que tiene la teta y la obesidad, de lo mucho que habla y la importancia de los grupos de apoyo a la lactancia, de la guardería, de lo poco que se ha puesto malo, de intentar una operación pañal este verano y de que le encanta cepillarse los dientes, de fomentar buenos hábitos y de que las mamás también necesitamos tiempo y espacio, del cole, de cómo “juega”- interactua con otros niños, de los beneficios de la lactancia, de la OMS y de un sinfín de cosas más que jamás (jamás de los jamases) pensé que hablaría con ella…

       Tras más de media hora de conversación, salgo de la consulta encantada, preguntándome qué le habrá pasado a mi pediatra que antes no era así (recuerdo a los 15 días me recomendó una ayudita y en la revisión de los 10 meses? me dijo que le dejara de dar teta por la noche porque mamaba por vicio) y no hay quien me quite la sonrisa de la boca porque sé que sólo cuando el personal sanitario esté formado e informado, cuando se tenga en cuenta los sentimientos y necesidades del niño y no se cuestionen las decisiones de los padres, otra forma de crianza será posible.