Viajes en familia

Viajar a Sintra con Niños

Como ya os conté aquí en Semana Santa estuvimos en Portugal, concretamente en Mafra, Sintra y Lisboa. Sintra y Lisboa  a nosotros nos encantan, tienen algo especial que hace que no nos cansemos de volver, son mágicas… En ambas hemos estado varias veces y siempre descubrimos sitios nuevos que visitar y nos volvemos a enamorar de ellas paseando por sus calles. Pero no es lo mismo viajar solos que viajar con niños …

Con Álvaro hemos estado en dos ocasiones en Sintra y Lisboa. La primera vez tenía solo 9 mesitos y la otra hace unas semanas. No os voy a contar lo bonitas que son ni la de cosas que tienen para ver, ni lo maravilloso que es perderte por sus calles, pasearlas… Hoy me voy a centrar en

Viajar a Sintra con niños

Sintra está situada a 32 kilómetros de Lisboa, por lo que si visitáis la capital portuguesa es de visita casi obligada. Uno de los sitios más conocido de Sintra es el Palacio da Pena, construido en 1836 y que se convirtió en residencia de verano de los reyes portugueses. El hecho de que los reyes situaran en Sintra su residencia veraniega hizo los nobles y gente bien de la época tomaran nota y empezaran a construir sus casitas de verano (lo de casitas lo digo con retintín, por si no lo habéis notado). ¿Qué mejor que veranear donde lo hacen los Reyes?

Si decidís ir a Sintra tenéis que pensar que es un sitio taaaaan bonito (por algo fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1995) y tiene tanto para ver a pesar de ser una ciudad chiquitita que no puedes dedicarle menos de tres días para disfrutarla como se merece. Nosotros esta vez sólo hemos estado un día y medio, pero porque ya hemos estado otras veces antes estuvimos en el Palacio de Mafra y en el de Queluz, que también están muy cerca de Lisboa y también se merecen una visita ;).

Palacio de Mafra con Alvaro
Álvaro en Mafra

Esta vez en Sintra hemos visitado el Palacio de Monserrate y la Quinta da Regaleira, donde hemos visto el lujo y el esplendor del que se rodeaban las familias más pudientes de la época, y el Convento de los Capuchos, fundado en 1560 y en el que habitaron sucesivas comunidades de frailes franciscanos en la más extrema pobreza. El Convento de los Capuchos es uno de esos sitios en los que cuando los visitas te quedas sobrecogida y piensas que así debería ser la Iglesia. Pobre, austera y al servicio de los demás.

Pero si viajáis a Sintra con niños pequeños, es decir, con niños de la edad de Álvaro o más pequeños debéis tener en cuenta que Sintra no fue diseñada para los niños, al menos no para los niños de hoy en día, o mejor dicho, para los padres de hoy en día ;).

Nosotros habitualmente ya no sacamos el carrito. Para ir al parque o a casa de los abuelos solemos ir andando, pero si salimos fuera si que lo llevamos porque somos de los que salimos del hotel por la mañana y no regresamos hasta el anochecer, así que nos viene muy bien para que el niño se siente algunos ratitos e incluso se eche algunas siestecitas.

Sin embargo, llevar el carro en Sintra es misión imposible. Las calles son empinadas y empedradas por lo que las ruedas están más veces encajadas que sin estarlo y en cuanto a la visita de palacios y demás… es mejor recurrir al porteo. El Palacio da Pena está lleno de escaleras, los jardines del Palacio de Monserrate son inaccesibles para los carritos y en cuanto a la Quinta da Regaleira en el jardín hay incluso grutas subterráneas. Con el carrito sería imposible disfrutar de estos lugares.

jardines de monserrate
Jardines del Palacio de Monserrate

Lo mismo ocurre con el Convento de los Capuchos. Este convento está excavado en la roca, lleno de escalones y sus estancias son minúsculas. A las celdas de los monjes (donde apenas cabría un camastro) hay que asomarse agachados porque las puertas son muy bajas en un intento de que los monjes recordaran su pequeñez y para entrar tuvieran que genuflexionarse… Imaginaos ahora visitar el convento con un bebé en un carrito ¡¡¡ imposible¡¡¡ si con la mochila y ya cuesta…

monasterio capuchos

comedor de los capuchos
Comedor del Monasterio de los Capuchos. Como veis la mesa es una piedra

Así que ya sabéis, si decidís hacer una escapadita a esta maravillosa ciudad portuguesa y lleváis niños pequeños id provistos de una buena mochila o fular.

¿Conocéis alguna otra ciudad que no esté diseñada para usar el carrito?

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Fin de semana con los titos y el Día de la Madre

           El pasado fin de semana lo hemos pasado con los titos. Hacía mucho tiempo que Álvaro no estaba con mi hermana porque como conté aquí, nosotros pasamos la Semana Santa fuera de casa, mientras que ellos la aprovecharon para pasarla en el pueblo. El sábado nos levantamos tempranito y nos fuimos a ver a los titos. Teníamos ya todo el día planificado y cómo hacía mucho tiempo que no estabamos en Portugal (lo digo con ironía, ¿eh?) decidimos que, a pesar de que iba a hacer muuucho calor, iríamos a visitar algunos pueblinos portugueses.

          Estuvimos en Estremoz, que es un pueblo que conserva bastante bien las murallas. Fuimos a ver la Pousada (que es igual que si en España estuvieramos hablando de un parador de turismo), que es preciosa, y nos dimos la negra de reir porque nos colamos por todos sitios, hasta en el comedor. Mi cuñado incluso le llegó a decir a una camarera que si le podía abrir un patio porque desde allí salía una foto muy bonita de una torre y la pobre (creyéndose que era un huesped) se lo abrió encantada. Después nos fuimos a Arraiolos, donde comimos y vimos el castillo.

Álvaro cogió muchas “lo que huele” (flores)

            Y ya por la tarde nos fuimos a visitar el Dolmen do Zambujeiro, que es alucinante… es el más alto del mundo. Las piedras que sostienen la cámara miden más de seis metros… y todo eso hace más de 6.000 años (y sin gruas). Y ya que estabamos vimos también el Crómlech de los Almendros y el Menir del Monte de los Almendros, cerca de Évora.

 

Dolmen do Zambujeiro. La foto no le hace justicia y además la chapa esa no se que pinta, la verdad…

           Llegamos a casa de mi hermana super tarde. Cada vez que salimos de casa me doy cuenta del niño más bueno que tengo, el pobre ni se queja ni nada y se va acomodando a todo. Eso sí, ayer, cuando veníamos de vuelta cantaba el solito caquillo, caquillo (castillo, castillo).

           El domingo, aprovechando que las tiendas estaban abiertas, estuvimos de compras. Por supuesto Álvaro salió ganando, yo no sé qué me pasa, pero es que veo ropa de niño chico y se me van los ojos y la cartera detrás, no me puedo contener. Yo puedo ir hecha una piltrafa, pero mi niño tiene que ir perfecto. Mi hermana se ponía las manos en la cabeza, pero tiempo al tiempo, ya le tocará y verá como a la ropa de niños le echan algo para que sea imposible resistirse a traertela a casa, jaja.

          El domingo fue el Día de la Madre, pero yo no lo sentí como mi día. Que conste que sé que el Día de la Madre es un invento del Corte Inglés y todo eso que dicen los que no quieren celebrarlo, pero a mí me gusta celebrar los días tontos o comerciales, a ver qué le voy a hacer… Bueno, pues el caso, que Álvaro me dio muchos besos y abrazos, como todos los días, pero aún es muy pequeño y el pobre no sabe de días especiales, y el padre (ay el padre¡) pues no se acordó hasta que mi hermana se puso a llamar a mi madre para felicitarla. Y no os voy a decir que me dio igual porque no es verdad. Me dolió y mucho, sobre todo si tienes en cuenta que yo el Día del Padre me levanté a las cinco de la mañana para prepararle su detallito… Y encima después vas y lees en los blogs cosas como ésta y te preguntas por qué él que tú has elegido para que sea el padre de tus hijos no tiene algún detallito, que no tiene que ser nada caro ni nada de eso (aunque si lo es, pues mejor, jajaja), si nosotras con cualquier tontá se nos caen los palos del sombrajo…

         En fín, que la que le cayó después hace que ahora esté más suave que un guante, habrá que ver el lado positivo, jaja (que conste que me río por no llorar, jajaja), y, además, os aseguro que el año que viene no se le olvida.