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Planes de Verano

No sé si a vosotros también os pasa pero a mi en cuanto llega el verano me entran ganas de hacer un montón de planes… De aprovechar el tiempo, vamos… Y después llega primeros de septiembre y me doy cuenta de que en realidad no he hecho casi nada de la lista que tenía en mente. Bueno sí, he ido mucho a la piscina y a la playa y para de contar. El resto del tiempo me he vestido de pereza y me he quedado remoloneando en el sofá con el aire acondicionado encendido, pero no, este año voy a aprovechar el verano y voy a intentar hacer algunas cosillas que el verano que viene seré madre por partida doble y eso seguro que va unido a una reducción considerable de tiempo 😉

Planes de verano

1. Leer. Hasta antes de que naciera Álvaro leía mucho, caía un libro casi todas las semanas, a veces más. Pero teniendo en cuenta que solía leer por la noche y que este niño me ha salido un poquito buho para cuando él dobla la oreja lo que menos me apetece a mí es coger un libro. Así que mi primer plan de verano, o reto, mejor dicho, es leer un libro. Uno solo.

2. Andar. En el embarazo de Álvaro me daba largas caminatas desde casi el principio. Salía a pasear todos los días lloviese o tronase… En este embarazo nunca encuentro el momento… o nunca tengo esa media horita a una hora decente para dar el paseito, aunque como a partir de hoy mi señor esposo está de vacaciones sólo es cuestión de madrugar un poquito porque aquí el resto del día con la calor que hace mejor no asomarse a la puerta de la calle ;).

3. Jugar con Álvaro. Jugar, hacer puzles, contarle cuentos… Las últimas semanas le he robado su tiempo para preparar el Trabajo Fin de Grado y tambien por inercia, lo reconozco. Una vez empiezas a ponerle la tablet para que te deje tranquila caes en un bucle del que es difícil salir. Pero ya lo estoy remediando. Además a la tablet no sé que le pasa que casi siempre está sin bateria 😉

4. Sacar ratitos para mí. No tiene que ser todos los días pero me niego a no tener de vez en cuando un ratito para mí, para coser, para terminar mil enredos pendientes, para echarme una mascarilla o pintarme las uñas de los pies sin llenarme todos los dedos de bigotes por las prisas… Esto ha aparecido en cuarto lugar pero quizás debería estar en el primero.

5. Disfrutar de ratitos en pareja. Cuando mi señor esposo se entere de esto se va a poner a dar palmas con las orejas, jajaja. Reconozco que desde que nació Álvaro nuestra vida en pareja ha pasado a un segundo plano. Bueeeeno, o a un tercero, cuarto o quinto plano. A mí me cuesta mucho separarme de mi angelito y además pienso que ya no somos una pareja, sino que somos una familia. Pero porque vayamos algún día a dar un paseo los dos solos, al cine o a tomar algo no nos vamos a morir y mi madre va a disfrutar de lo lindo pudiendo mimar al nietísimo tanto como le de la gana.

6. Dormir. Si, dormir… aunque como quiera hacer todo lo que he escrito antes lo de dormir va a ser una utopía pero tengo que aprovechar para dormir porque como “el nuevo” salga a su hermano creo que el otoño y el invierno próximos pueden ser muy duros.

7. Disfrutar del verano: ir a la piscina, a la playa, salir con los amigos, comer helados… Aunque quizás no pueda comer todos los helados que quiera porque como la báscula de mi ginecóloga siga diciendo que me estoy poniendo como una foca… Pero por lo menos intentaré hacer los planes sin azúcar 😉

¿Y vosotr@s? ¿Tenéis planes de verano o pasáis de hacer una lista porque al final nunca los cumplís?

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Puente del 1 de Mayo y Día de la Madre

Si, ya sé que este post debería haberlo publicado ayer lunes y a primera hora que era cuando pegaba… Que ya estamos a casi jueves y parece que ha pasado una eternidad desde el fin de semana largo que hemos tenido… Pero es que no me da la vida para más y mejor tarde que nunca que no quiero estar el año que viene a estas alturas preguntándome qué hice a primeros de mayo… Ya sabéis que la cabecita la tengo regular 😉

Puente del 1 de Mayo y Día de la Madre

Como este año el 1 de mayo ha caído en viernes nos hemos encontrado un puentecino para volver a hacer las maletas, que es uno de nuestros pasatiempos favoritos. Pero como para viajar “solo” utilizamos el dinero de la hucha de las vacaciones y la vaciamos en Semana Santa esta vez tuvimos que ajustarnos el cinturón e irnos a la casa que tienen los abuelos en la playa, que allí hasta ahora el alojamiento es gratis 😜

Salimos el viernes sobre las 10, que tampoco es cuestión de madrugar para un día que tenemos de remolonear en la cama y Álvaro se tiró las dos horas largas de camino preguntando que cuándo llegábamos a la playa. El mi pobre se pensaría que íbamos a tardar lo mismo que cuando vamos a la piscina y salir del pueblo y empezar a ver carretera y campo y empezar a preguntar fue todo uno. No paraba de decir “¡esto es el campo!” como queriendo decir “¿no me habíais dicho que íbamos a la playa?”

Por supuesto no recordaba la casa… ¡Cómo para acordarse de que allí tiene algunos juguetes…¡ Cuando abrió un armario y descubrió una bolsa llena de juguetes casi se vuelve loco. Se los quería llevar toooodos a la playa. Menos mal que lo convencimos diciéndole que solo se podía llevar los que cupiesen en su mochila porque cada uno tenía que llevar sus cosas, que si no…

Y ha aprendido que antes de ir a la playa hay que echarse cremita porque el sol quema y después te pica. Se lo ha aprendido tan bien que era el encargado de mentalizar a su padre “no pasa nada, papá, solo es crema. ¿No ves que el sol quema?” mira que nos lo dijo clarito… Pues la tonta de su madre ni así le hizo caso y se ha abrasado.😖

Cuando llegamos a la playa los ojos casi se le salen de sus órbitas al ver tanta agua y tanta arena juntas. Pero eso si, hasta llegar al sitio donde tendimos las toallas (no, no llevamos sombrilla, yo me quería achicharrar a toda costa) la arena no podía rozar sus delicados pies y lo tenía que llevar su madre en brazos, aunque diez minutos después estuviera rebozado en arena.

Álvaro retozando en la arena

Y como ha saltado en las olas… Empezó con “solo los pies, mama, por fi” y ha acabado metido enterito y eso que el agua estaba helada… ¡Madre mía, que mala madre soy¡. El agua fría y el niño metido en la playa… Menos mal que no se ha puesto malito ni nada, porque si no su abuela me hubiera vuelto medio tarumba con la cantinela de que a quién se le ocurre dejar que el niño se metiera en el agua y patatín y patatán.

ÁLvaro en la playa

Además, el domingo fue el Día de la Madre. El tercer Día de la Madre que celebro y el único que ha merecido la pena. Vosotr@s no os acordaréis pero a mí no se me ha olvidado el Día de la Madre del año pasado, cuando mi señor esposo y padre de la criatura ni siquiera se acordó de felicitarme. Pero este año yo no estaba dispuesta a quedarme sin celebrarlo y mucho menos sin los regalos besos y abrazos correspondientes… Así que llevo más de un mes recordándole al marido que el primer domingo de mayo es el Día de la Madre y que me tiene que hacer un regalo. Si, así, sin paños calientes, porque si no se lo digo tan claro lo mismo me dice “felicidades” y santas pascuas. De todas formas, como no me fiaba mucho de él (cariño, por si lees esto que sepas que en todo lo demás eres perfecto y que te adoro) ya me encargué yo solita de comprarme un detallito en forma de frasco de colonia, que nunca viene mal ;). Pero esta vez mi hombre me ha sorprendido… El sábado por la tarde me llevó de tiendas a Huelva (y se perdió a su querido Madrid¡¡¡) y me compró un bolso precioso que elegí yo y el domingo me trató como a una reina todo el día ¿se puede pedir algo más?

Aunque sin duda el mejor regalo del Día de la Madre fue la flor que me trajo mi angelito de la guarde y sus besos y abrazos… Y el año que viene los tendré por partida doble 😉

flor del día de la madre

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Cinco Recuerdos de este Verano

He leído en varios blogs una recopilación de los momentos más interesantes o entrañables de este verano y me he querido sumar a esta iniciativa, aunque tengo que decir que no sé exactamente de dónde viene, así que si alguien lee esta entrada y es el inventor o conoce al blogger que se le ocurrió que me deje un comentario, que gustosamente lo mencionaré aquí.

En mi pueblo se acaba el verano justamente después de la feria de septiembre. Después de la feria se van los últimos veraneantes que estaban aguantando y aguantando esperando llevarse para el norte un poquito más de calor, pero este año ha sido imposible… vaya verano más fresco que hemos tenido. Por eso, aunque llevo desde hace varias semanas queriendo escribir esta entrada, no ha sido hasta hoy (la feria acabó ayer) que por aquí hemos dado por finalizado el verano, cuando me he decidido. Madre mía, como me enrrollo… Ahí van los momentos que quiero recordar de este verano:

1. Ir a la playa una y otra vez y que siempre nos hiciera mal tiempo… Esto para nosotros es algo que ya se lleva repitiendo algunos años, pero que no pudiesemos pisar la arena y tuviesemos que salir con pantalón largo y manga larga en pleno julio es la primera vez que nos pasa.

                    

2. La Operación Pañal fallida y las anécdotas más divertidas que ésta ha traído consigo. Intentar llevar a cabo una Operación Pañal sin que el niñ@ esté preparad@ puede resultar una odisea, pero a veces viene acompañada de momentos super divertidos.

3. Nuestro viaje por el norte de Portugal los tres solitos. Al papá de Álvaro y a mí nos encanta viajar. No tenemos ni un duro, pero en el momento en que alguien mi hermana propone un viaje, ya nos estamos apuntando. Después llegamos a casa y empezamos a echar cuentas y vemos que no llegamos ni de cachondeo y entonces empezamos a hacer el Plan Recorte. Recortamos por aquí y por allá hasta que conseguimos reunir el dinero. Podemos vivir sin muchas cosas pero sin hacer las maletas cada cierto tiempo, no 😉

Viajar los tres solos, a nuestro ritmo, disfrutando en familia y viendo disfrutar a Álvaro ha sido de lo mejor del verano.

 

4. Algunas escapaditas (de horas) que hemos hecho sin el niño. Por ejemplo, hemos ido dos veces a hacer rutas de senderismo nocturnas con los amigos o cuando hemos ido a la playa hemos aprovechado para dejar a Álvaro con mis padres e ir a ver una peli al cine. Han sido solo dos o tres ocasiones, pero a veces se agradecen muchííííísimo.

5. Mis momentos de maruja total. Yo siempre he sido muy un poco maruja. Antes lo escondía, pero creo que he llegado a un punto en que, sinceramente, me da igual lo que opine el resto del mundo. Así que lo reconozco: soy maruja y me gustan las películas que Antena 3 pone en la sobremesa los fines de semanas, sí, esas basadas en hechos reales… Además de maruja también soy un poco friqui.

 El caso es que este verano en mis momentos de maruja me ha dado por hacer conserva de tomate y mermeladas. El hecho de vivir en un pueblo implica que tienes el campo al alcance de la mano, a veces andas 200 metros y ya te sales del pueblo. Además, los abuelos paternos de Álvaro tienen una huerta por lo que cuando es la temporada da fruta, verduras o hortalizas sin conocimiento. El campo es así, no entiende que hay que racionalizar y cuando es la temporada de los tomates o las ciruelas, por ejemplo, en dos semanas da kilos y kilos. Luego dicen que la naturaleza es sabía, pero si fuera sabía daría los tomates poco a poco y tendríamos todo el año, vamos, digo yo 😉

Para que no se estropeara tanta fruta y verdura he hecho tarros y tarros de mermelada o de salsa de tomate. Y me ha quedado buenísima¡¡¡

Estos han sido mis cinco recuerdos de este verano, dentro de unos meses espero poder contaros los mejores momentos del otoño 😉

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Última semana de julio con un frío que pela¡

La semana pasada hemos estado en la playa. Bueno, decir que hemos estado en la playa es mucho decir porque la playa la hemos pisado muy poco. Hemos tenido taaaan mal tiempo que sólo hemos podido ir tres ratitos en siete días. Ha hecho un frío que pela. Tanto que hemos tenido que tirar de pantalón largo y manga larga y no es que lleváramos mucha ropa de abrigo por lo me he tenido que dar la negra de lavar la ropa de Álvaro. ¡Cómo se ensucia este niño¡ Yo creo que disfruta guarreándose.

Como no hemos podido ir mucho a la playa hemos tenido que buscar altenativas, así que hemos dado muuuuchos paseos por el puerto, hemos curioseado las peazos de casas taaaan bonitas que tienen algunos (sí, lo he escrito con envidia, pero con muuuucha envidia), hemos ido al parque… Vamos que menos playear hemos hecho de todo, jaja. Pero bueno, no sé de qué me sorprendo porque la verdad es que la mayoría de las veces que vamos a la playa el tiempo no nos acompaña y esta vez ni a finales de julio¡¡¡

Aún así han sido unos días que han merecido la pena (a pesar de las lavadoras que hemos tenido que poner al volver a casa) y Álvaro se lo ha pasado en grande. Cuando el martes pasado íbamos de camino Álvaro decía: “mamá, ¿onde camos?” y cuando yo le decía “a la playa”, él me respondía “a la playa de abuela”, jaja. Mis padres se vinieron con nosotros el viernes y pudimos dejarle el sábado al niño e ir al cine a ver Begin Again y después ir a cenar los dos solitos (yujuuuu, planazo).

Álvaro eligiendo la cena, jaja

 

Paseando por el puerto

 

Uno de los pocos ratitos que hemos disfrutado de la playa

En fin, una semana casi perfecta, lástima que el tiempo no haya acompañado… tendremos que volver porque ir a la playa y casi ni pisar la arena no cuenta, no?

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Últimos días en libertad

             El pasado fin de semana hemos estado en la playa. Nos fuimos el viernes porque en el pueblo donde trabaja el papá de Álvaro eran fiestas y hemos disfrutado de tres días de maravilloso sol. Esto para nosotros ha constituido toda una novedad porque normalmente todas las veces que vamos a la playa fuera de julio o agosto nos llueve, tenemos esa mala suerte…

            Álvaro se lo ha pasado en grande. El verano pasado ya veíamos venir que la playa le iba a gustar y mucho (para disgusto de su padre, que no le hace mucha gracia y antes iba a regañadientes por mí, pero ahora ya somos dos y tenemos la mayoría, jajaja), pero durante estos días ha quedado clarísimo.

            Ha jugado con la arena, se ha rebozado cual croqueta, ha saltado en las olas, se ha bañado, ha cogido multitud de conchas para devolvérselas al agua, jaja. Estaba graciosísimo, se iba a la orilla y el decía “aua, men” porque todo su afán consistía en saltar sobre las olas…

 

            Nosotros también lo hemos pasado genial. Incluso hemos tenido un ratito de relax porque le dejamos el niño a mis padres y nos fuimos a ver Ocho apellidos vascos y después a cenar a un italiano… Vamos, lo que se dice un fin de semana perfecto…

           Lo malo es que todo se acaba y que ahora empieza mi época de clausura. Tengo los exámenes a la vuelta de la esquina (ya contaré en otro post qué estoy estudiando) y me tengo que poner en serio. Ya solo me quedan tres asignaturas, así que tengo que dar el do de pecho porque la verdad es que cada vez me cuesta más sentarme a estudiar… ya estoy muy mayor para estas cosas… A partir de hoy Álvaro pasará unas horitas por la mañana con las abuelas para dejarme a mí un poco de tiempo para preparar los exámenes, que con él en casa es misión imposible.

          Ya os iré contando en los próximos días cómo llevo estar encerrada con el buen tiempo que hace y cómo lleva Álvaro estar separado de mí, aunque por como lo he visto despedirse esta mañana él está encantado.

Viajes en familia

Semana Santa (Parte II)

Cuando acabamos de visitar Mértola, nos fuimos para Punta Umbría. Yo iba contentísima, porque estaba agotada y no tenía más ganas de andar cuesta arriba, cuesta abajo y porque desde el sábado hasta el lunes iba a estar en la playita, Álvaro iba a disfrutar un montón jugando con la arena y yo me iba a poner morenita (bueno, un poco, que ahora estoy blanco nuclear).

          Llegamos sobre las 22.00 h. pero decidimos salir a cenar. Álvaro se había dormido un buen rato en el coche y como no se volviera a cansar no se dormiría hasta las tantas… Estuvimos cenando pescadito frito y gambas en una terraza, hacía buen tiempo… qué más se podía pedir…

Pues el sábado cuando nos levantamos estaba nublado (mi gozo en un pozo). Hicimos un cambio de planes y nos fuimos al Monasterio de la Rábida, que no lo conociamos. Llegamos justo a tiempo de coger la última visita guiada de la mañana y la muchacha era una mezcla de guía turística y aspirante al club de la comedia. Iba metiendo bromas o chistes entre las explicaciones… ¡qué poco me gusta eso, la verdad¡

Patio del Monasterio de la Rábida

         Por la tarde seguía nublado, así que nos fuimos de centro comercial en centro comercial, jaja. Vas por pasar el rato, por ver lo que hay y siempre, siempre compras algo que no tenías pensado. Hicimos un tour por el Leroy, el Decathlon y el Carrefour… pues en todos compramos… Después me da coraje ser tan consumista, pero es que te lo ponen todo tan bien colocado, tan al alcance de la mano que es que te entran unas ganas de llevartelo para casa y como por arte de magia lo empiezas a necesitar.

         Álvaro se lo pasó pipa, yo creo que ha sido el día que más ha disfrutado, sobre todo en el Decathlon. Eso de poder coger un “palón” (balón) diferente cada tres minutos lo tenía encantado, jajaja.

        El domingo estaba lloviendo, así que nos fuimos a Moguer porque queríamos ver el Monasterio de las Clarisas y la casa de Juan Ramón Jimenez. Pero si en Punta Umbría estaba lloviendo en Moguer estaba diluviando. Pasamos hasta miedo… Las calles iban anegadas de agua, incluso en algunas las alcantarillas escupían el agua para arriba… Estuvimos un buen rato en el coche esperando que dejara de llover y cuando dejó un poco fuimos al Monasterio. Yo me puse los pies pampaneando porque llevaba unas manoletinas y había muchos charcos y encima cuando llegamos estaba cerrado. Y menos mal, porque el patio por donde se entraba tenía al menos 20 cm de agua.

 

         Así que como hacía tan mal tiempo, no ibamos a ir a la playa y donde mejor se está es en casa, en vez de venirnos el lunes, el domingo por la tarde nos vinimos para casita.

        En definitiva, que a pesar de los contratiempos y del mal tiempo (sobre todo) nos lo hemos pasado muy bien. Hemos disfrutado mucho con el peque y nos hemos dado cuenta que viajar con más gente está bien, pero viajar los tres solos es algo maravilloso 😉

         PD: Álvaro sigue echando el primer sueñecito en su camita, pero la verdad es que ni el domingo ni el lunes lo he oído llamarme (¿seré mala madre o es que tengo delegada esa tarea en el papi?) y cuando me despierto a mitad de la noche ya lo tengo al lado. Esta noche intentaré estar más atenta…

Os dejo que tengo que seguir poniendo lavadoras…