Maternidad

El peor momento del día.

Ya conté aquí cual es mi mejor momento del día, así que ahora os voy a contar cual es el peor.

El peor momento del día

He escrito muchas veces sobre lo mal que duerme Álvaro, mejor dicho, sobre el montón de veces que se despierta por la noche (aunque toquemos madera porque llevamos unos días en los que solo se despierta una o dos veces). Pero lo malo no son esos despertares. Lo verdaderamente frustante es lo que tarda en dormirse.

El nunca tiene sueño y nunca ve la hora de irse a la cama. A las once y media o las doce de la noche, cuando ya no puedo más y estoy que me caigo de sueño, me lo llevo para la cama y ahí empieza mi suplicio.

Normalmente ya va, camino de la habitación, diciendo “cama no. Omí no“. Nos metemos en la cama e, ilusa de mí, le enseño la teta y empieza con “mamá teta no, mamá omí no”. Entonces exclama “mama omí cuento”. Otra vez la ilusa de turno cae en sus trampas y se pone a contarle un cuento. Cuando voy por el “y colorín colorado…” y parece que se está quedando frito, de pronto salta de la cama y dice mamá, cuento lee” y se baja de la cama como un rayo, corre a su habitación (si, esa que preparé para él y que sólo usamos para acumular juguetes), se sube en la estantería y se trae toooodos sus cuentos. Nos ponemos a leerlos en la cama, le voy enseñando las ilustraciones y después el me las enseña a mí: “ira, mamá, una jaca, ira, mamá un pato, ira, mamá un lobo…”. 

         Cuando hemos repasado todos los cuentos le vuelvo a enseñar la teta y él aplaude y se engancha, se va quedando dormido hasta que de pronto se acuerda que no ha cogido sus ositos. “Mamá, sito gande” y yo, que soy muy lista, le doy a toda prisa el osito grande que lo tengo justo al lado a ver si así no se despierta del todo. Abre un ojo, lo mira, me mira a mí y dice “mamá, sito chico”. Ja, a mí me vas a coger, pienso, y le doy el osito chico, que también lo tengo preparado, no os vayáis a creer.

         Está casi dormido… intento no moverme, esta vez lo he conseguido, pienso, se durmió¡¡¡ Y una leche¡¡¡ De nuevo salta de la cama y exclama “mamá… coches”. Sale corriendo de la habitación y se va a la suya a buscar los coches, da dos o tres viajes hasta que se los trae todos. Se sube en la cama, le da una chuperreteada a la teta y se acuerda de que tiene los coches pero no se ha traído la pelota. Se vuelve a bajar de la cama, corre a su habitación y se trae la pelota y el balón.

        Le da otra chuperreteada a la teta pero ya no está a lo que tiene que estar y mira a su alrededor. Ve que en la cama tiene muchas cosas pero que aún le faltan trastos, así que se vuelve a bajar de la cama, vuelve a correr a su habitación y me trae los animales, las tizas de la pizarra, las fichas, el taburete de la cocina, el tambor…

         Se vuelve a subir a la cama, se pone a jugar a los coches, a leer los cuentos, a saltar con los ositos… Entonces, se para de golpe y me dice “¿y papá? y yo le contesto “papá está en el sofá, tocandose los huevos viendo la tele”. Se baja de la cama y corre al salón, comprueba que está allí su padre, lo saluda y se viene a la cama, a seguir saltando…

        Después de dos horas por una u otra cosa se pone a llorar (yo creo que de cansancio), le doy la teta y sólo entonces se queda dormido.

       Entonces empieza mi odisea. Intentar vaciar la cama (1,50 cm de cama de matrimonio más 90 cm de cama adosada) de juguetes y acostarlo sin que se despierte y vuelva a empezar el circo.

A todo esto, cuando por fin se duerme son la una y media o las dos de la madrugada y mis ganas de leer, de ver la tele o de echar un polvo se han ido a la mierda. Así que me acuesto a su lado, y pienso que quizás mañana no le cueste tanto dormirse, que a lo mejor le ha costado coger el sueño porque le están saliendo las muelas o porque ha cenado demasiado… le cojo la manita y me quedo dormida en menos de un minuto.