Maternidad

Feliz Cuarto Cumplemes

Querido Jorge:

Hoy cumples cuatro meses. Y te voy a decir lo mismo que el mes pasado y que el anterior… ¿Dónde se han ido estos cuatro meses? Te estas convirtiendo en un ladrón de tiempo, igual que tu hermano.

Este mes has cambiado mucho. Has hecho muchos progresos 😉

Te has descubierto los pies. Lo hiciste un día durante el baño. Te diste cuenta de que estaban ahí y no podías parar de mirarlos y moverlos. Más gracioso…
Además ya te mueves un montón. Antes te dejaba en el cambiador o encima de la mesa e iba a por pañales, a por un pijama… Ahora ya no me atrevo, te mueves demasiado y no puedo quitarte la vista de encima. Por otra parte tampoco me apetece, ¿eh? Me pasaría la vida mirándote, mirádoos.

Y tu sabes que me encanta mirarte. Eres muy pillo, estás en la teti y tienes un ojo abierto y otro cerrado, observándome. Y en cuanto ves que te sonrío me devuelves la sonrisa. Una sonrisa a medias no vaya a ser que se te escape la teta 😉 y con los ojos a medio abrir… Esos ojos azules que son lo que más llama la atención de ti y que todos siguen empeñados en que ya no te cambiarán de color… Ya veremos, sean del color que sean serán los segundos ojos más bonitos del mundo.

Has empezado a “hablar”. Estás en la cuna y te pones a decir ” aaaaaa”. Y ya intentas coger las cosas. Tu hermano te ha dado sus dados, la gallina y algunos sonajeros para que juegues y tu quieres cogerlos. A veces hasta lo consigues y te los llevas a la boca. Todo a la boca, hijo mío, empezamos pronto… Ahora lo que más te gusta chuperretear es tu propia mano… ¡Te metes el puño entero¡ Y haces pompitas, como los nenucos. Muuuuuchas pompitas.

Te ríes mucho, muchísimo, en cuanto te hacemos una monería nos echas una sonrisa. Incluso ya has empezado a soltar las primeras carcajadas. Tu padre dice que eres mucho más simpático que Álvaro, y más risueño, te lo estás metiendo poco a poco en el bolsillo y eso que muchas veces sigues llorando cuando te coge. Es papi, cariño, tienes que dejar que te de mimos, que a él le encanta tenerte en brazos.

Tienes la piel perfecta, muy muy suave y sin ningún lunar. Tu hermano a estas alturas ya tenía tres lunarcillos, pero tu sigues con la piel inmaculada.

Sigues siendo buenisimo. Te estas en la cama despierto pero sin llorar hasta que Álvaro se va al cole y ya aguantas más en el carrito, aunque sigues prefiriendo los brazos y el fular. Y yo, también, me gusta más tenerte pegadito 😉

Ayer fuimos a la revisión pedriátrica de los cuatro meses y dejaste al pediatra encandilado venga echarle sonrisas. Te pesó y ya pesas tres kilitos más que cuando naciste, 3.760, y mides 67 centímetros. Los mismos centímetros que medía tu hermano con dos meses menos. Aún así nos ha dicho que estás en el percentil 87 (una tontería que hay ahora… no hagas mucho caso porque yo tampoco se lo hago) y que estás muy muy bien.

Pero para saber que estás bien no hace falta mucho, se nota a simple vista: un niño guapísimo (y no lo digo porque sea tu madre 😉 ), risueño y feliz que nos tiene a todos encandilados.

Feliz cariño, te quiero hasta el cielo.

Mamá.

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Fiebres de Crecimiento

¿Habéis oído hablar alguna vez de las fiebres de crecimiento  o  de que los niños cuando tienen fiebre es por que van a crecer? Esto es algo que en mi casa se ha oído de siempre. Yo recuerdo a mi abuela quitándole importancia a algún episodio de fiebre y diciendo “eso es porque vas a crecer”.

Sin embargo, no volví a prestarle más atención hasta la semana pasada cuando he comprobado que ¡¡¡ mi hijo ha tenido fiebre y ha crecido ¡¡¡ Os lo cuento con detalle. 😉

Nuestro episodio de fiebre de crecimiento

Mi angelito mayor estuvo malito la semana pasada. Empezó con fiebre el sábado que estuvimos visitando Calera de León y el Monasterio de Tentudía. Cuando llegamos a casa lo noté más parado de lo que habitualmente es, ya sabéis que tiene muuuucha energía, y cuando le puse el termómetro tenía fiebre.

Le dí apiretal y no le di más importancia. Al día siguiente estuvo bien pero al mediodía la fiebre subió muchísimo y lo llevé al médico de guardia. Lo estuvo mirando pero no le encontró nada, así que seguimos con el apiretal y el dalsy hasta el martes, que como la fiebre no remitía, lo volví a llevar al pediatra, que lo volvió a mirar y tampoco le vio nada y entonces me dijo que sería algún virus o las famosas fiebres de crecimiento.

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Los Primeros Días de Jorge y la Revisión Pediátrica de los 15 Días

Desde que Jorge está con nosotros no puedo dejar de preguntarme cómo hemos podido vivir sin tenerle.

Si con Álvaro ya era feliz ahora es que vivo en otra dimensión… Como flotando entre las nubes… Es la primera fase del enamoramiento, lo sé. Esa fase en la que no puedes dejar de pensar en él, de sonreír sin motivo, de mirarlo y admirarlo, de olerlo… Con los hijos también se da esta fase, aunque tengo que reconocer que no la recordaba con Álvaro, quizás porque no le presté atención, porque era primeriza o porque el dichoso niño estaba siempre llorando y los primeros meses días fueron muy difíciles (Álvaro, cariño, si alguna vez lees esto perdóname por ser tan sincera 😉 )

Jorge se parece un montón a su hermano físicamente, pero afortunadamente no tienen nada que ver el uno con el otro.

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No siento que el niño enfermó…

Como conté en la anterior entrada, Álvaro ha estado malito. El viernes de la semana pasada, cuando se levantó, tenía 37,2 Cº. Ya sé que según los médicos eso no es fiebre, pero yo sabía que él no estaba bien. No sólo era que tenía unas deciminas, sino que no quería desayunar y quería que lo tuviera todo el rato cogido y él es un terremoto que lo que quiere es estar todo el día corriendo de aquí para allá, así que lo llevé a la pediatra sin tener cita ni nada.

 Cuando la pediatra me preguntó que le pasaba le dije que se había levantado con fiebre (aunque reconozco que le dije que había levantado con 38 Cº, si le digo que eran 37 me hubiera tomado por loca, jaja), pero que ya no tenía porque le había dado Dalsy. Lo estuvo reconociendo y me dijo que no tenía nada, sólo la garganta un poco roja. Me recetó Estilisona un par de días y que le diera Dalsy, alternándolo con Aepiretal, cada cuatro horas si le subía la fiebre.

 El fin de semana estuvo más o menos bien, por la noche le subía la fiebre un poco, pero nada alarmante, sin embargo desde el viernes se negó a comer nada de nada. Ni comida, ni chucherías, ni galletas… Nada, sólo teta.

El domingo por la noche empezó a tener fiebre más alta y el lunes, cuando se levantó, estaba ardiendo y no quería que me separara de él ni un minuto. Lo volví a llevar a la pediatra y me dijo que tenía una infección enorme en los oídos y en la garganta. Le recetó Amoxicilina y ha estado hasta el miércoles con fiebre cada dos por tres.

 Hasta el jueves pasado (seis días después) no ha comido prácticamente nada y quería estar siempre en brazos. Ha sido agotador. No quería estar con nadie, ni siquiera con su padre…

Ya está un poco mejor, sigue tosiendo mucho, pero ya tiene ganas de jugar, aunque está muy muy mimoso. Quiere que esté todo el día pendiente de él y llora por nada. Si no consigue lo que quiere se enfada muchísimo, llora, zapatea, tira con todo lo que hay a su alcance… Nunca antes se había comportado de esta manera. Por ejemplo, ayer por la noche quería agua. Le va a dar su padre agua y le dijo “tú no, el nene”. Quería que le pusieramos el vaso en el suelo y cogerlo él y beber. Su padre le dijo que no, que él le ayudaba y se montó la del quince… Se tiró al suelo llorando como si lo estuvieran matando, pataleando… Fui a calmarlo y no quería ni que le tocara… Me preocupé porque ni siquiera sabía cómo actuar.

El día de hoy ha sido como una continuación de anoche, lloros, gritos, pataletas… Lo peor es que no sé qué puedo hacer cuando se pone así. Si voy a calmarlo, le hablo, intento abrazarlo… me rechaza y sigue llorando con todas sus fuerzas. Si le dejo llorar (además de partirseme el alma), me mira de reojo como diciéndo “¿no vienes a intentar calmarme? que estoy llorando”.

 En medio de la desesperación me he acordado de una frase que le he oído muchas veces a mi madre pero no sabía como interpretarla: “No siento yo que el niño enfermó, sino el cuerpito que se le quedó”. Pues eso.

 

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La historia de mi lactancia (III)

           La revisión de los seis meses la recuerdo como horrible. Una conocida me dijo hace unos meses que cuando había ido a la revisión de los quince días de su hijo le había dado la sensación de que la estaban examinando. Esa es la sensación que yo tuve entonces, y lo peor de todo es que era como si hubiera suspendido aquel examen.

         Acudimos a aquella revisión el papá de Álvaro y yo, y después de examinar al niño y ver que todo estaba bien, el pediatra nos hizo sentarnos y nos hizo unas preguntas ¿el niño aún toma pecho? si, ¿hace tomas nocturnas? si ¿y duerme en vuestra misma habitación? si.

        Hasta aquí todo bien. A partir de aquí empiezan sus recomendaciones (aunque a mi me parecieron órdenes) no solicitadas. Nos dijo que a partir de los seis meses ya podía suprimir la lactancia materna porque ya prácticamente no salía leche, sino que era muy aguada, que debía eliminar las tomas nocturnas porque ya no las necesitaba, que a esa edad ya mamaba por la noche por vicio. Yo estaba a cuadros… estaba tan helada que no era capaz ni de contestar…, entonces nos recomendó que lo sacaramos YA de la habitación (menos mal que no le habíamos dicho que dormiamos los tres en la misma cama). Cuando nos dijo eso yo sentí como si fuera a perder a mi bebé y estallé. Le dije que no lo iba a sacar porque lo veía muy chiquito para dormir sólo en otra habitación y él, en vez de callarse y acatar la decisión de una madre, intentó ganarse al papá de Álvaro y le preguntó que si a él no le apetecía tener más intimidad, hacer vida marital…Y mi marido le río la gracia.

         Llegamos a casa y escribí en una libreta toda la rabia que sentía por dentro (lástima que no pueda recuperarla…), y lloré, lloré muchísimo… Esa noche el papá de Álvaro me dijo que teniamos que intentar hacerle caso al pediatra y no darle el pecho durante la noche y yo dije que si e hice lo que me dio la gana. Álvaro mamó esa noche, como todas, y por la mañana cuando me preguntó le dije que no se había despertado en toda la noche. Y yo seguí llorando, lloraba sobre todo porque me sentía sola…

        Por aquellos días estaba en contacto con Jessica, de Hablame Bajito, porque quería comprar una mochila para portear a Álvaro, y le conté, vía email, todo aquello que me pasaba, todos mis lloros, mis miedos, mi soledad, mi rabia… Y ella me escuchó, me asesoró y me comprendió. Nunca tendré palabras para agradecerle aquello que hizo por mí, por nosotros, sobre todo teniendo en cuenta que los emails iban y venían en Nochevieja… Recuerdo una frase que me escribió “prepárate guapa porque te queda un largo camino por recorrer”, que razón tenía…

        También leí por aquellos días un post que escribió Nohemí Nervada “Y si el enemigo está en casa” que se puede leer en este enlance y me sentí totalmente identificada. Recuerdo que pensé ¿y si el enemigo está todavía más cerca? ¿Y si está en tu propia cama?

        Pero yo me estaba haciendo fuerte, muy fuerte, y estaba aprendiendo a luchar por lo que quería, a exponer mi punto de vista con argumentos… Poco a poco conseguí llevarme al papá de Álvaro a nuestro terreno, a contarle que lo políticamente correcto (y hoy en día lo es que los niños mamen sólo hasta los seis u ocho meses) no siempre es lo mejor… Y ahora nos apoyamos mutuamente. A veces, cuando alguien nos cuestiona por nuestra manera de criar a nuestro hijo nos miramos y nos sonreimos, lo estamos haciendo bien… le pese a quien le pese.

        Álvaro tiene ahora 20 meses y sigue mamando. Algunas mujeres (porque los hombres eso no lo preguntan, sigue siendo un tema tabú), quiero pensar que con un interés sano (aunque no soy tonta y muchas veces capto el deje de ironía) me preguntan que hasta cuándo. La respuesta es muy sencilla, hasta que nosotros, mi hijo y yo, lo decidamos. No es una cuestión que le incumba a nadie más.

      Y esta es la historia de nuestra lactancia, con algunos momentos malos, pero muchas veces pienso que ojalá todas las madres que desean dar el pecho puedan tener la oportunidad de hacerlo sin que se las cuestione y, sobre todo, puedan disfrutar tanto de esta experiencia como lo hacemos nosotros.

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La historia de mi lactancia (II)

             La siguiente semana la pasamos como pudimos. Álvaro apenas dormía por la noche y cuando lo hacía por el día había gente en casa con lo cual nosotros apenas si descansabamos. Por la tarde cogiamos el carrito y nos ibamos de paseo antes de que viniera alguien a ver al niño, así conseguiamos evadir algunas visitas… Sé que puede sonar feo, pero estabamos agotados… y lo que menos necesitabamos era escuchar una y otra vez las mismas cosas.

           Álvaro y yo seguiamos igual. Él haciendo largas tomas que se juntaban unas con otras y yo prácticamente todo el día con la teta fuera (menos mal que era verano). Mi madre y mi suegra (entre otras), con la mejor intención, me daban consejos totalmente desacertados, como por ejemplo que debía de darle el pecho sólo cada tres horas, que tenía que ser diez minutos en cada pecho, que el niño no quería teta sino que lo cogiera en brazos…

          Y así llegamos a la primera revisión del pediatra: la revisión de los 15 días. Cuando la pediatra pesó a Álvaro en esta revisión vio que pesaba exactamente lo mismo que cuando nació: 3.640 k. y automáticamente me dijo que le diera una ayudita porque el niño no ponía peso. La ayudita consistía en darle un biberón de 60 cl. después de cada toma. A mí me parecía excesivo… pero me lo había dicho una pediatra. Aún así no le hice caso. Si es verdad que aumenté el número de veces que le daba el biberón y ya no sólo se lo daba por la noche, sino que, a veces, también se lo daba después de comer o por la tarde… También había días que le daba dos y días que no le daba ninguno… porque lo cierto es que Álvaro seguía llorando lo mismo con o sin biberones, es decir, con hambre no se quedaba.

 

          El hecho de que la pediatra me dijera que no había puesto peso en 15 días significó mi obsesión por la báscula. Nos recomendó que lo pesáramos una vez a la semana, pero yo había semanas que no me aguantaba y lo pesaba otra vez sólo para comprobar que había puesto peso. Hubo una semana que puso 300 gramos y recuerdo haber sido la madre más feliz del mundo.

         Seguimos así unos meses, dándole mucha teta y algún biberón por el día y uno fijo por las noches. A Álvaro le costaba muchísimo dormirse y se despertaba varias veces por la noche (sigue igual) así que empecé a entrarlo en la cama a media noche para ser capaz de dormir algo. Si no hubiera sido por el colecho no sé que hubiera sido de nosotros. Y yo seguía teniendo esa sensación de que no estaba haciendo bien algo cada vez que le daba un biberón, de que algo fallaba… y empecé a leer.

        Leí las recomendaciones de la OMS y de la Asociación Española de Pediatría… Me enganché a un montón de blog de mamás que compartían sus experiencias con la lactancia materna y defendían la teta a ultranza… Y descubrí los vídeos de Carlos González en youtube. Poco a poco empecé a saber cosas que hoy considero fundamentales, como que entre más mame un niñ@ más leche se produce, que las tomas pueden ser muy seguidas, que es normal que el bebé se despierte una, dos, cinco y quince veces durante la noche… Es decir, empecé a formarme y a empoderarme poco a poco. Todo iba más o menos bien hasta que llegamos a la revisión de los seis meses con el pediatra y nuestro mundo se volvió a poner patas arriba.