Maternidad

Nuestra Operación Pañal

Cómo decíamos ayer… (ayyy, que me gusta a mí esta frasecita) lo malo de quitar el pañal es la paciencia que hay que echarle para cambiar al niño con una sonrisa y una frase tranquilizadora cuando por dentro te llevan los demonios porque le acabas de preguntar hace menos de un minuto si quiere hacer pipí y él, muy serio y convencido, te ha dicho que no… miras para otro lado y se mea encima¡¡¡ Pero vamos por pasos…

El viernes, cuando se levantó de la siesta, hicimos el ritual de quitarle el pañal con todos los aspavientos habidos y por haber y le pusimos unos calzoncillos del Madrid… Madreee, qué contento estaba mi niño… Estaba tan contento que esa tarde sólo tuvimos un escape y eso que estuvimos como todos los viernes cenando en el parque de bolas…

El sábado tuvimos tres escapes de pipí y uno de caca… Ayyy, la caca… La caca es lo peor que he llevado, porque no es lo mismo quitarle un pañal cagado que tener que quitar una plasta de los calzoncillos y que se le escurra por todos lados, porque se le escurre y al final tenéis que coger al niño y meterlo con ropa y todo en la lavadora.

Y el domingo nos fuimos al campo con los amigos y con cuatro mudas por si acaso… Pues es llegar ya gastamos una y encima al niño se le metió en la cabeza que en el campo no hacía pipí porque se le subían las hormiguitas… Otro con el síndrome “tengo el pito grande”… Y yo venga explicarle “vamos a ver, hijo mío, ¿cómo se te van a subir las hormiguitas si la churri no te llega al suelo?”. Temprano y pronto empezamos con las referencias al tamaño del miembro viril…

Para evitar quedarnos sin mudas tal cómo se meaba las ponía al sol y santas pascuas, sin lavar ni nada, pero el mi niño, que es muy listo, cuando vio que le ponía la misma ropa sin pasarla antes ni por agua no se meó más hasta llegar a casa que lo hizo tres veces seguidas… Se iba a poner él una ropita sin lavar… ¡¡¡ Si, hombre…¡¡¡

Y así llegamos hasta el jueves, es decir, seis días después, con una media de tres o cuatro escapes diarios. Si lo poníamos a hacer pipí a veces lo hacía y a veces no, pero eso de pedirlo él por su cuenta ni se le pasaba por la cabeza. Entonces ya me empecé a preocupar y a pensar que si no me habría precipitado quitándole el pañal antes de que estuviera preparado, que si fulanita decía que si el niño está preparado en una semana ya lo pide, que la hija de citranita tardó dos días… Por un lado me autoconvencía de que cada niño tiene un ritmo, que seis días no son nada, que ya lo pedirá en cualquier momento… Pero por otro lado ahí estaba el diablillo en mi cabeza diciendome tonterías.

Ese jueves Álvaro se hizo pipí en cuanto se levantó de la siesta. Le pregunté varias veces que si quería hacer pipí y me dijo que no, incluso fui con el al baño y se negó. Pues a los dos minutos estaba empapado. Arrrrrgggggg… Me enfadé tanto que le dije “pues ahora te estás mojado” (alguna ya me está crucificando, jajaja) y lo quedé mojado dos o tres minutos. Él se quedó helado porque antes cada vez que hacía pipí yo corría a cambiarlo y esta vez no hice ni el amago de ir a por la ropa y me preguntó “¿me quedo mojado porque me he hecho pipí?”. Yo creo que hasta ese momento mi angelito no había experimentado la sensación de estar mojado porque yo no le daba tiempo a eso. Siempre lo cambiaba tan deprisa que él no había notado qué estar empapado. Esa vez si lo experimentó y ahí ocurrió el cambio porque a partir del jueves empezó a pedir el pipí aunque con la caca tardó un par de días más.

Con esto no quiero decir que haya que quedar mojados a los niños para que aprendan a pedir el pipí, no me malintrerpreteis. Yo ni siquiera sabía que esto nos iba a funcionar a nosotros (repito, a nosotros), simplemente fue el resultado de un momento de enfado repentino, porque yo, señores y señoras, también me enfado, grito y hasta a veces pierdo los papeles como madre. Sólo que en este caso, el hecho de no haber actuado cómo debería tuvo como consecuencia que Álvaro asumiera que tenía que pedir pipí.

Desde entonces sólo hemos tenido dos o tres escapes y ninguno ha sido culpa suya. En uno de ellos no llegué a tiempo a llevarlo al baño y en el otro estaba con mi padre en el parque y cuando le pidió pipí se le ocurrió la maravillosa idea de decirle que se esperara a llegar a casa… Para matarlo…

El pañal de la noche (ese que tanto preocupa a algunos padres) lo quitamos una semana después, tras comprobar que amanecía siempre seco. De hecho, lleva amaneciendo seco desde hace meses. Y por ahora no ha mojado la cama ningún día y espero que no lo haga porque aquí su señora madre, desastre donde las haya, ni siquiera tiene funda protectora en la cama, con lo cual como se haga pipí aparte de amanecer todos empapados no quiero ni pensar como lo voy a hacer para limpiar el colchón ;

Ahora, cuando ya ha pasado más de un mes desde nuestra operación pañal me parece que todo ha ido muy bien y muy rápido (aunque durante aquella semana no me lo pareciera) y creo que ya puedo decir alto y claro “¡¡¡ Operación Pañal Superada ¡¡¡”.

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Anécdotas divertidas de la Operación Pañal fallida

Si algo bueno ha tenido la Operación Pañal fallida es que nos ha dejado algunas anécdotas divertidas que yo voy a recoger aquí porque sé que la memoria es frágil y me vendrá bien recordarlas para después contárselas a Álvaro delante de sus amigo@s adolescentes. Soy malvada, lo sé, pero de alguna manera me tendré que vengar por los miles de despertares nocturnos con los que me agasaja mi pequeño angelito.

Bueno, pues ahí van nuestras anécdotas… Aviso a navegantes: si estáis comiendo o vais a comer en breve dejad esta entrada para dentro de un ratito, jaja.

Anécdotas de la Operación Pañal

        1. La primera vez que Álvaro se cagó hizo la caca sin pañal estábamos con mis padres en la playa. Comiendo, como no podía ser de otra manera. Álvaro se agachó en medio del salón y plantó un buen mojón y como nunca había visto la caca así, tal cual, se llevó un susto tremendo porque se creía que era un bicho y la verdad es que parecía una babosa gigante, como para no asustarse, jajaja.

        2. La primera noche que lo saqué sin pañal de casa se meó dos veces en menos de media hora. Estábamos sentados en un velador con mis suegros y Álvaro estaba jugando con otros niños cuando veo que está regando las flores sin bajarse los pantalones. Termina y viene hacia nosotros cantando “capones, capones, oe, oe, oe” (la canción que su padre y yo le cantábamos cada vez que hacía pipí solito). Él mi pobre pensaría “soy un campeón, he hecho pipí sin avisar a nadie”… lástima que se le olvidara el detallito de los pantalones, jaja.

        3. La segunda noche (y la última) que salimos de casa sin pañal nos fuimos al parque. El día anterior no había hecho caca y ese día tampoco, esto parecerá un dato sin importancia, pero para que os deis cuenta de la cantidad de mierda que podía almacenarse en ese cuerpecito.

Llevaba puesto un polo de rayas marineras y un pantalón corto blanco (blanquísimo) y estaba jugando en la zona de juegos mientras que su padre y yo nos tomábamos algo en la terraza del quiosco sin quitarle los ojos de encima cuando de pronto veo que se ha tirado del tobogán y sus pantalones ya no eran blancos! Tuve que limpiar el tobogán de arriba a abajo porque allí había más mierda que en un estercolero y a Álvaro lo tuvimos que bañar (también de arriba a abajo) en el lavabo de los servicios porque aquello se había ido extendiendo y extendiendo y tenía caca desde el pelo hasta los zapatos.

        4. La última anécdota divertida la protagonizó hace sólo unos días cuando ya habíamos dado por finalizada la Operación Pañal pero él se levantó, hizo pipí en el váter chico y se le empestilló que no se ponía el pañal.

Yo lo dejé con el culo al aire mientras pensaba si en un mes habría madurado tanto como para decidir que el pañal había pasado a la historia. El caso es que me despiste un momento cuando oigo que Álvaro me llama a grito pelao y cuando acudo me encuentro dos babosas gigantes mojones encima de la cama (colcha blanca incluida) y a Álvaro señalándomelos y diciéndome muy ufano “me ha hecho caca en la cama”, con una sonrisa de oreja a oreja como si hubiera hecho la hazaña del siglo.


P.D. Estas historias te contaré delante de tus amigos, cariño, como se te ocurra mearte alguna vez fuera del tiesto. Nunca mejor dicho 😉

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Operación Pañal fallida

Hace un mes y pico os conté que estábamos inmersos en la Operación Pañal. Si leéis la entrada podéis ver que estaba plenamente convencida de que lo conseguiríamos. Pues… Zas, en toda la boca! por pretenciosa.

Nuestra operación pañal ha fracasado por una serie de circunstancias.


En primer lugar porque Álvaro no estaba preparado. Yo le quité el pañal sin que él me lo hubiera pedido y sin que hubiera ningún signo evidente que controlara los esfínteres. Hacía pipí en el orinal, sí, pero porque tenía todo el día detrás a la pesada de su madre (y a su padre también) diciéndole “¿Álvaro quieres hacer pipí?“. Si no se lo preguntábamos no se acordaba. Aunque tengo que decir que algunas veces si que salía pitando como alma que lleva el diablo al orinal.


Después también creo que ha influido el hecho de que apenas hemos parado en casa durante el verano. Y si es difícil quitar el pañal a un niño que no está preparado, quitar el pañal a un niño que no está preparado y hacerlo en un lugar que no es su casa ya lo veo misión imposible.


Así que después de limpiar muchos pipís y alguna caca (aunque tengo que reconocer que me imaginaba algo muuuucho peor) decidimos dar marcha atrás y esperar a más adelante, cuando veamos algún signo claro de que es el momento adecuado (que Álvaro se levantara un día y dijera que ya no quiere usar más el pañal estaría bien, jaja)


De esta experiencia nos han quedado algunas anécdotas muy divertidas (sobre todo ahora, vistas con un poco de tiempo) y un ahorro importante en pañales, ahorro que tuvimos que invertir en fregasuelos, jaja.


Ah, y una cosa muy clara: no pasa nada por dar marcha atrás. Según los expertos que aparecen en san google cuando un niño está realmente preparado la retirada completa del pañal se realiza en diez días aproximadamente. Es preferible dar marcha atrás que estar meses quitando mierda. Además si llevamos a cabo una operación pañal sin que el niño esté preparado podemos ocasionar sin quererlo problemas en el niño. Podéis leer la entrada de UMMF para haceros una idea.


Debido a todo esto nosotros esperaremos al verano que viene, o quizás antes… sigo confiando en que Alvaro se despierte un día y me diga “mamá, pañal a quitar”. Ilusa que es una 😉


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Operación Pañal

Como muchas familias con niños pequeños en esta época del año estamos inmersos en la llamada Operación Pañal. Bueno, nosotros como somos más chulos que un ocho, también estamos metidos de lleno con la Operación Sueño, pero esa ya os la contaré en otra entrada.

Nuestra Operación Pañal, sin embargo, empezó hace algunos meses. Cuando bañamos a Álvaro él se hacía pipí es entrar en el agua, y nosotros en vez de decirle que eso no se hace lo que hemos ido haciendo es decirle halaaa, mira, has hecho pipí, que bien¡¡¡ para que él fuera aprendiendo qué era eso de hacer pipí.

También lo hemos ido fomentando por la mañana, ya que normalmente cuando le voy a cambiar el pañal de la noche está seco por lo que desde hace unos meses siempre le digo que haga pipí antes de ponerle uno limpio. Los primeros días tenía que esperar un poquito, pero después lo hacía enseguida. Con esto aprendía a hacer pipí y además nos ahorrabamos un pañal, que nunca viene mal 😉

Después, como ya os conté en la entrada sobre el segundo cumpleaños de Álvaro, mi hermana le regaló a Álvaro un orinal por su cumpleaños, concretamente éste:

Acabo de descubrir al buscar la imagen que se le puede poner el rollo de papel higiénico, jaja

Desde que se lo regalaron hasta hace una semana lo hemos tenido rodando en casa, animando a Álvaro a que se sentara en él, que le diera al botón musical… es decir, que lo viera como algo habitual. También desde entonces cuando estábamos en casa le quitaba el pañal a ratos y le he ido explicando que si quiere hacer pipí tiene que ir a sentarse al vater chico que es como llamamos al orinal con forma de coche tan molón que tiene.

Tengo que reconocer que rara vez se ha sentado a hacer pipí en el orinal a no ser que lo haya sentado yo, que con el coche lo que quería es jugar y darle al botoncito para que sonara alguna canción y que ha estado estorbando más que otra cosa.

Todo eso hasta que la semana pasada estaba hablando con mi amiga M. y le dije que estaba intentando quitarle el pañal a Álvaro. Le expliqué que le quitaba el pañal cuando estabamos en casa pero que se lo ponía para salir a la calle y ella, madre de dos niños y con muuucha más experiencia que yo, me dijo que así no se hacía, que el pañal se quitaba o no se quitaba, pero que no podía quitarselo unos ratos y ponerselo otros según me viniera bien a mí porque lo que estaba haciendo era confundir al niño.

          Lo estuve pensando y reconocí que tenía razón. Yo le quitaba el pañal a Álvaro según me convenía a mí: que estaba en casa, pañal quitado, que salía a la calle, lo montaba en el coche o no tenía ganas de apañar meados del suelo, pañal puesto y con tanto quitar y poner el pañal le estaba creando a Álvaro un barullo tremendo.

El mi pobre no iba a comprender jamás porque a veces le cantaba-bailaba-saltaba cuando hacía pipí y a veces no. Así que el día 18 (justo hace una semana) me armé de valor y le quité el pañal. Digo que me armé de valor porque me esperaba tener que recoger muuuuucho pipí y lo que es peor mucha mierda caca. Los primeros días se le ha escapado un montón de veces (aunque no tantas como me imaginaba) y si no se le ha escapado más es porque la pesada de su madre le preguntaba cada cinco minutos si quería hacer pipí.

Así me veía yo, jaja

Hemos pasado seis días limpiando pipís y cacas por toda la casa, atosigando a Álvaro cada poco tiempo con “¿Álvaro quieres hacer pipí?” a lo que él respondía “no quero” y a los dos minutos se meaba donde le daba la gana…

Estabamos ya un poco hartos y el jueves por la tarde pensamos en que el niño no estaba preparado y que teniamos que dar marcha atrás. Justo le voy a decir al padre que se acabó la tontería, que tiene sólo dos añitos y que ya lo intentaremos el verano que viene cuando sea más maduro, cuando Álvaro me lee el pensamiento (a mi este niño a veces me asusta, creo que tiene super poderes o algo de eso) y corre raudo y veloz, se sienta en el vater chico, hace una meada de tres pares de narices, se canta el solo “campeones, campeones, oe, oe, oe” y pide el lacasito correspondiente por haber meado en el orinal.

Ayer, día siete de la Operación Pañal, solo se le escapó pipí una vez y en la calle, porque aún no sabe pedirlo, sólo sabe correr hacia el orinal cuando le entran las ganas y como no es cuestión de llevarse el orinal a la calle pues habrá que ir fomentando que nos diga cuándo quiere hacerlo.

         ¿Lo estamos consiguiendo? Todavía no me atrevo a lanzar las campanas al vuelo y decir rotundamente que sí, lo que si os digo es que el subidón de adrenalina que te entra cuando tu bebé va solito a hacer pipí o cacá no tiene comparación con nada. El corazón se te pone a mil y una sonrisa tonta se te dibuja en la cara, corres a decírselo al papi o el papi te llama por teléfono porque tu estás haciéndote el láser y ha cagado un mojón del tamaño de un brazo gitano… En fin, que el día que se me haga futbolista famoso no sé qué va a ser de mí porque si por mear-cagar solo me entra esta satisfación en el cuerpo…