Maternidad

Feliz Primer Cumpleaños

Mi querido bebé:

Mientras te escribo esto no dejo de oír como haces ruido en el salón. Estás tirando algo con todas tus fuerzas, a burro no hay quien te gane. Mientras tanto yo intento escribirte cosas bonitas para desearte un feliz primer cumpleaños, pero entre la que tienes montada y que mi mente no deja de volar una y otra vez al año pasado me está costando un poco.

Hace un año te sentía la primera vez sobre mi pecho, tan pequeñito (aunque con 3,780 gr. de pequeñito nada, jaja), te olía y no podía dejar de mirarte. Hace justo un año descubrí que el amor no se divide, sino que se multiplica. Pero nunca hubiese podido imaginar que la bimaternidad fuese así, tan intensa y fácil a la vez.

Y es fácil gracias a ti, tesoro, que eres un bebé tan bueno que haces que yo pueda dividirme para atenderos a los dos. Los primeros meses te lo pasaste en el fular, dormidito sobre mi pecho, y desde que has aprendido a gatear te paseas por la casa sin anque parezca que nos hagas mucho caso, aunque de vez en cuando vienes a ver si seguimos vivos, ;).

Estás siempre sonriendo. Sé que llevo meses diciéndote esto en los post que te escribo cada mes, pero es que es verdad. Siempre hay una sonrisa en tu cara y en tus ojos. Una sonrisa infinita que nos alegra el alma y que hace que que cualquier cosa quede empequeñecida bajo su luz. Y muchas veces esa sonrisa estalla en carcajadas. Tienes una facilidad asombrosa para reírte, pero el que más veces consigue que lo hagas es tu hermano. Él, con cualquier broma o a veces hasta sin eso, hace que os partáis los dos de risa.

Tú lo buscas constantemente. Si no me doy cuenta, por las mañanas, saltas por encima de mí para despertarlo. Pero a tu hermano no le importa. Le digo que es tu favorito y hasta me chincha un poco con eso de que lo quieres a él más que a mí. Lo que no sabéis ninguno es que eso es lo que yo quiero, que os queráis por encima de todo.

Tu juego favorito es jugar a lo que esté jugando tu hermano. Si está entretenido con las construcciones, tu quieres las construcciones. Si juega con los coches, tú quieres los coches. Y si está viendo dibujitos en el móvil de papá, tú quieres coger el móvil, por supuesto. Así que mientras que tu te pasas el día detrás de tu hermano, tu hermano está la mayor parte del tiempo huyendo de ti, jajaja. Intuyo peleas en menos que canta un gallo ;).

Gateas a una velocidad que ni te imaginas. Tanta que a veces te digo que eres mi gateador profesional mientras te como a besos. Y ya das tus primeros pasitos mientras recorres el sofá o la cama. Pero también eres muy prudente y no te sueltas. Es más, cuando ves algo de peligro de dejas caer despacito de culo y te echas a gatear, jaja.

Desde que has aprendido a moverte por la casa tenemos que ultimar las precauciones contigo. Los baños tienen que estar cerrados porque si no abres el grifo de la bañera. El sofá está contra la escalera porque además de gateador también eres escalador profesional. La mesa contra el mueble de la tele para que no arranques los cables del teléfono, de internet y de todos los aparatejos que tiene ahí tu padre… En fin, que tenemos la casa patas arriba pero eso es lo de menos. Lo importante es que tenemos dos niños felices.

Porque feliz eres, se te nota a leguas. Tu risa y el brillo de esos ojos entre verdes y grisaceos te delantan. ¿Te acuerdas que en los primeros post que te escribí te decía que seguramente tus ojos cambiarían de color igual que lo que había pasado con los de tu hermano? Pues creo que me equivoqué. Al final papá se va a salir con la suya y te vas a parecer a él en todo, hasta en el color de los ojos ;).

Si te digo la verdad jamás pensé que iba a llegar a quererte igual que a tu hermano. En mis locuras de madre primeriza pensaba que el amor que yo sentía por Álvaro no podría volver a repetirse… Pero después llegaste tu y me di cuenta que no es que te quiera igual, sino que hay momentos en que te quiero más incluso (shhh, no se lo digas a tu hermano, entre otras cosas porque también hay momentos en los que lo quiero más a él que a ti…).

Eres la alegría de esta casa, la sonrisa infinita, la carcajada fácil, los ojos picarones, el niño que se amolda a todo, que no protesta, que duerme… Eres el segundo mejor regalo que me podía haber dado la vida y jamás había sido tan feliz como lo soy ahora con vosotros, aunque no me dejéis ni ir al baño sola, aunque duerma como en latas de sardina, depilarse sea un lujo e ir de compras una utopía… A cambio tengo los niños más bonitos del mundo y el corazón a punto de estallar de amor la mayor parte del día.

Feliz primer cumpleaños, mi vida. Gracias por habernos elegido como tu familia.

Te quiero hasta el cielo, tesorito.

Mamá.

 

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Terrores Nocturnos. Qué Son y Cómo Actuar

L@s que lleváis por aquí algún tiempo sabéis de sobra que mi angelito mayor no duerme bien, ni duerme bien ahora ni ha dormido bien nunca. En esto del dormir tiene dos cosas malas: por una parte que no tiene nunca prisa por irse a la cama, aunque desde que hemos suprimido las siestas estamos mejorando mucho, y por otra, que se despierta mil veces durante la noche. Si, mi niño con tres años y ocho meses se sigue despertando por la noche, ¿cómo os quedáis?

imagen de terrores nocturnos
Los terrores nocturnos en los niños no es un trastorno muy frecuente

Pues si esto ya de por sí es duro algunos días le tenemos que sumar el tercero en discordia: los terrores nocturnos. Para que os hagáis una ligera idea de qué son los terrores nocturnos os contaré cómo ocurren en nuestra casa:

Estamos todos tranquilamente durmiendo cuando Álvaro empieza a moverse inquieto por la cama y a los dos segundos está gritando, dando patadas… empieza a llorar, a pegarnos… Se pone muy muy nervioso. Si hay suerte y me doy cuenta a tiempo le empiezo a hablar, le abrazo, le digo que soy mamá y que no pasa nada, que estamos todos en la habitación, que es de noche y hay que dormir. A veces consigo que se calme muy rápido y no se desencadena la catástrofe. Otras veces me coge tan profundamente dormida que para cuando me quiero despertar es demasiado tarde.

Por supuesto él al día siguiente no se acuerda de nada, a veces se despierta y tampoco y otras veces se despierta tan asustado que sólo quiere que lo abrace. En estos casos en los que se despierta asustado en realidad no ha tenido un terror nocturno sino una pesadilla.

Muchas veces los padres confundimos los terrores nocturnos con las pesadillas a pesar de que son muy fáciles de diferenciar. Si cuando tu hijo se despierta, en el caso de que lo haga, te cuenta que ha visto un monstruo, se caía por un precipicio o una bruja le quitaba su juguete preferido es que ha tenido una pesadilla. Pero si  no recuerda nada de lo que ha pasado estamos hablando de terrores nocturnos. Alguna vez Álvaro se ha despertado tras un terror nocturno y al verme la cara desencajada (lo confieso, soy muy fácil de impresionar ;)) me ha preguntado que qué me pasaba.

¿Qué són los terrores nocturnos?

Los terrores nocturnos aparecen en los niños de entre 3 y 7 años y no es un trastorno del sueño muy frecuente: tan sólo afecta al 5% aproximadamente de los niños. Suelen tener lugar a las dos o tres horas después de haber conciliado el sueño. Se producen durante la transición de la fase No Rem a la fase Rem, que es en la que se producen los sueños y se deben a una súbita reacción de miedo que se produce en medio de estas dos fases.

No se conocen con exactitud las causas de los terrores nocturnos aunque los investigadores afirman que pueden tener gran peso en el desarrollo de estos terrores el estrés, periodos febriles o la falta de sueño. Aunque en realidad es algo que está en el aire y que no se sabe con certeza a qué se deben.

¿Cómo actuar en caso de que tu hijo padezca terrores nocturnos?

Como os he dicho antes los terrores nocturnos han sido la guinda del pastel del sueño de Álvaro. Como no teníamos bastante con que dormía poco y mal… Por lo que he leído mucho sobre el tema y he ido cogiendo consejos de aquí y de allá. Además, también actuamos un poco por instinto, quizás en algún punto estemos metiendo la pata, pero esto es lo que mejores resultados nos da:

  • Intentar anticiparnos al terror. En realidad no sé si las veces que me he anticipado al terror han sido terrores nocturnos propiamente dichos o pesadillas, pero como dije más arriba, hay veces en las que lo siento moverse (yo, porque a su padre le pasa por encima un trailer y no se entera ;)) y le empiezo a hablar y a tocar y no se desencadena.
  • Acudir a su lado para acompañarlo y evitar que se haga daño. Durante los terrores nocturnos son frecuentes las patadas, los golpes… Incluso hay niños que se bajan de la cama. Por eso es muy importante estar a su lado para evitar que se den contra el cabecero o se lleguen a hacer daño de alguna manera. También es muy importante, en el caso de que duerman en su propia habitación, no dejar cosas en el medio con las que puedan tropezarse al bajarse de la cama.
  • Mantener la calma. Cuando ves a tu hijo sudando, dando gritos, patadas… No es fácil mantener la calma. Las primeras veces me asustaba mucho, sobre todo porque encendía la luz y tenía los ojos abiertos y como yo soy tan valiente… Pero si no te pones nervios@ todo se hace mucho más llevadero.
  • Intentar no despertarle. Yo lo que hago es abrazarlo, susurrarle, decirle que estoy ahí… Es la parte más difícil, por lo menos para mí, porque cuando ves a tu angelito pasándolo tan mal, asustado, lo primero que se te viene a la cabeza es encender la luz y despertarlo, sin embargo hay que evitarlo porque en unos minutos (que se te harán eternos) el terror desaparecerá y el niño seguirá plácidamente dormido y no recordará nada a la mañana siguiente.
  • No decirle nada al día siguiente. Ellos no recuerdan nada de lo que ha pasado por lo que no merece la pena preguntarle o recordarle lo que ha pasado la noche anterior.

 

En nuestro caso, los terrores nocturnos empezaron el verano pasado, cuando Álvaro tenía tres añitos recién cumplidos, y durante cuatro o cinco meses fueron bastantes frecuentes. Sin embargo, después se han ido espaciando en el tiempo y ahora se producen estos episodios cada quince o veinte días. No sé por cuanto tiempo más los sufrirá mi niño y con él todos, porque es una situación muy desagradable verlo pasarlo tan mal, pero desde que los afrontamos con naturalidad y con mucha calma todo es más llevadero.

¿Sabíais qué son los terrores nocturnos? ¿Los sufren vuestros hijos?

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Las Cosas de Álvaro

Hoy toca un post para el recuerdo, para acordarme de las cosas que hace (y dice) mi angelito mayor con tres años y ocho meses. Hacía mucho tiempo que no escribía una entrada de éstas y ya sabéis que me encantan porque sé que la memoria, o por lo menos la mía, es frágil y que esas cosas que ahora nos parecen tan graciosas dentro de unos años no las recordaremos.

Las cosas de Álvaro

Álvaro, que empezó a hablar muy pronto y que habla bastante bien para la edad que tiene, desde hace cosa de un mes le ha dado por cambiar la -r final de las palabras por la -l. Por ejemplo dice “vamos a jugal”, “tengo que trabajal”. hay una canción, de invención propia, que le canto de vez en cuando al pequeñajo y que me harté de cantarle a él: “A dormir, a dormir, a soñar, a soñar, que mañana hay que madrugar”, como véis como compositora no me ganaba yo la vida ;). Pues él, a veces, cuando empieza a llorar su hermano se arranca a cantarle la cancioncilla “A dormil, a dormil, a soñal, a soñal, que mañana hay que madrugal”. Yo me parto de risa con el mi gitanillo.

Sé que estamos a mediados de febrero pero en mi casa se siguen cantando villancicos. Bueno, el señorito sigue cantando villancicos. Su preferido es la “larilorena”: “Ande ande anda la larilorena, ande ande ande que es la Nochebuena. La Nochebuena es así, la Nochebuena no es así”. Fin de la canción. Y no es por nada pero me gusta más que la versión original.

A Álvaro le encantan las letras. Se las aprendido todas, incluso la H, la Y o la X por las tapas de los petit suisse. Y después jugando ha ido aprendiendo no solo las letras sino palabras que empiezan por esas letras. Por ejemplo, si sale la O le empiezo a decir “Ojo empieza por O y Oreja”. Ya le va cogiendo el truco pero muchas veces cierra la boca en forma de O y dice “y Boca empieza por O y Borriga”, jajajaj.

En invierno no suele bañarse, sino que se ducha con su padre o conmigo, la mayoría de las veces con su padre, a mí me desepera. Pues cuando termina la ducha su padre se sale pero él se queda un ratito más hasta que me enfado le digo tranquilamente que se salga. Antes de salirse cierra el agua y se queda bajo la ducha, con los ojos cerrados y la lengua fuera recogiendo gotas de agua. “He lenguao cinco gotas” dice cuando acaba. Y yo tengo que hacer unos esfuerzos enormes por no reírme.

Tenemos un bote de cristal en la cocina lleno con los caramelos que cogimos en la cabalgata de Reyes. Hay temporadas que no se acuerda de los caramelos pero otros días está deseando de meterle mano. Yo me hago la tonta y lo dejo abrir el bote y coger uno. Cuando lo tiene ya en la boca le digo muy seria “¿qué haces?” y él me abre la boca para que le vea el caramelo y me dice “nara“. Me encanta esa cara.

Cuando le dan algo, ya sea un caramelo, unos gusanitos, chocolate… Siempre nos guarda un trocito su padre y otro a mí. Y le pueden dar un caramelo a las siete de la tarde y no ver a su padre hasta las nueve que él le sigue guardando el trocito de caramelo, que chupa de vez en cuando pero sin acabarlo y que empuña en la mano toda pegajosa. A veces me saca de mis casillas saber que tiene toda la mano pegajosa y que la va a poner en las paredes, en las puertas o en la llave de la luz pero no puedo evitar enorgullecerme de mi angelito, que es capaz de tener dos horas un cachito de caramelo en la mano con tal de dárselo a su padre.

Y hasta aquí la entrega de hoy de cosas de Álvaro que no quiero olvidar 😉

Y vuestr@s angelit@s ¿qué cosas hacen que os gustaría recordar para siempre?

 

 

 

 

 

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Felices Tres

Querido Álvaro:

Hoy es tu cumpleaños y a mi me parece mentira que hayan pasado tres años ya desde que estás con nosotros. Tres años en los que nos has hecho conocer el amor sin medida y el cansancio sin medida también. Tres años de juegos, de besos, de teta, de dormir en el medio y quedarnos ensimismados mirándote… De correr detrás de ti, a veces arrastrándonos, porque vaya energía que tienes, cariño.

Ahora mismo estás aquí, tumbado en el medio de papá y de mi, en tu sitio y no paras de hablar, de cantar y de inventar historias. Esa boquita no para ni un momento… hasta dormido hablas. Y yo no puedo dejar de observarte y de maravillarme… No puedo dejar de preguntarme dónde se han ido estos tres años en los que has pasado de bebé a niño, en qué momento has crecido tanto que yo no me he dado cuenta… cómo lo hacía yo antes para vivir sin ti, dónde estaba este amor que ahora a veces me quema el pecho y, sobre todo, qué hacía yo con tanto tiempo libre… 😉

Han sido tres años muy intensos, tres años en los que has aprendido muchas cosas pero en los que nos has enseñado muchas más. Nos has enseñado a tener paciencia, a empezar de cero mil veces todos los días, a inventarnos como personas y como padres, a desviarnos del camino establecido para seguir por el que tu nos has ido marcando… Pero también nos has enseñado a QUERER. A querer así con mayúsculas. A amarte por encima de todo, hasta de nosotros mismos y a cambiar cualquier cosa solo por verte feliz.

Siempre pensé que la maternidad cambiaría mi vida pero jamás pensé que lo haría tanto y sobre todo que me daría tanto… Tanto amor, tantos besos y tanta felicidad.

Gracias cariño por los tres años más maravillosos de nuestra vida y felices tres, felices hasta el cielo 😉

Te quiero.

P.d. Tesoro, me hubiera gustado dedicarte una entrada mucho más larga pero estamos sin adsl en casa y te escribo desde el móvil y ya sabes que tu madre y el móvil se llevan regular 😉

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Mientras Duermes

Mientras duermes me quedo embelesada mirándote… ¿cómo he podido tener yo un hijo tan perfecto? Me deleito repasando tu boquita entreabierta, tus cejas tan finitas… Jamás pensé que ibas a ser tan bonito, que ibas a tener esa cara de ángel…

Mientras duermes aspiro tu olor a niño, a inocencia, a juegos, a jabón y a nenuco. Meto la nariz en tu cuello y sé que podría quedarme así el resto de mi vida.

Mientras duermes te cojo la manita y tu, en un acto reflejo que nadie te ha enseñado, aprietas fuerte la mía como diciéndome “sé que estás ahí, mamá, velando mis sueños” y entonces yo me siento la mujer más feliz del mundo porque sé que hasta en sueños me reconoces.

Mientras duermes te beso tantas veces como quiero… Te doy todos los besos que por el día no me dejas darte “otro no, mami, después”... Aprovecho cuando estás dormido para resarcirme y gastar algunos de los miles de besos que te daría cada día.

Mientras duermes me enamoro más de ti si cabe y rezo a todos los dioses para que el tiempo pase muy despacio, para que sigas siendo niño, para que sigas queriendo que te cure las pupas a besos, que te acurruque cuando tienes miedo y dormir en el medio de la cama cada noche, en tu sitio, separándonos a papá y a mí y a la vez uniéndonos tanto…

Mientras duermes doy gracias a la vida por tenerte, por estar tan cansada y tan feliz, por desear tener un momento para mí todos los días y que llegue la noche y no haber tenido ninguno… Por cansarme tanto, por sacarme tantas veces de mis casillas pero también por dejarme probar el amor sin límites.

Mientras duermes pongo mi mano y la tuya en mi barriga, para que el bebé sepa que él también forma parte de todo esto, que tengo amor de sobra para los dos y que cuando nazca habrá seis manos esperándolo.

Mientras duermes pienso que nadie puede ser tan feliz en el universo como lo soy yo ahora sólo viéndote dormir.

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La Primera Vez que Perdí a Álvaro.

Si tengo que decir la verdad, en realidad no lo perdí de la forma que entendemos el verbo “perder”, pero es que el título me venía muy bien para contaros otro día las otras veces que si lo perdí, pero perdido de verdad ;).

Bueno, ahí va la historia de la primera vez que perdí a Álvaro:

Álvaro nació un lunes un 25 de junio en plena ola de calor. La primera que tuvimos aquel año por estos lares y entre el calor y que yo no estaba muy allá que digamos no salimos de casa hasta el domingo de esa misma semana para ir a comer a casa de mis padres, que viven en la otra punta del pueblo.

Pues ahora imaginaos: un domingo 2 de julio con un calor de miedo se nos ocurre a mi señor esposo y a mí salir de casa a la 13.00 h de la tarde e ir dando un paseito con el carro hasta casa de mis padres. Se ve que como el carrito aún no lo habíamos estrenado teníamos ganas de hacerlo, porque de otra forma no me explico que a esas horas y con aquellas temperaturas fueramos dando un paseo con un recién nacido como si tal cosa…

Bueno, pues llegamos a casa de mis padres y mi madre, por supuesto, nos echó la bronca del siglo una buena reprimenda  por haber sacado al niño con ese calor, pero en cuanto vio a su angelito dormido tan tranquilo se le pasó y nos dio de comer y todo 😉

Pues después de comer, nos despedimos de mis padres y cogimos la puerta tan tranquilos. Cuando ya estábamos en la calle, se asoma mi madre a la puerta y nos dice “¿no se os olvida nada?”. De forma mecánica mi marido se echa la mano al bolsillo para comprobar que no se ha dejado el móvil y yo me toco el hombro para ver si el bolso está colgado donde siempre y los dos después de comprobar que llevábamos lo más importante le respondimos que no. Entonces mi señora madre, con el grito ya casi en el cielo, exclama ¡¡¡ el niño ¡¡¡

Nos habíamos olvidado el niño. Llevábamos tan poco tiempo siendo padres que ni nos dimos cuenta que el niño seguía aparcado en el mismo sitio que lo dejamos y que ni siquiera se había movido (para dejarnos por mentirosos delante de los abuelos, que esa estrategia de hacerse el santo cuando hay gente la utiliza mucho)

El camino para casa, bajo 40 grados a la sombra, los dos no podíamos dejar de hablar de cómo coño nos habíamos olvidado al niño, de lo desastre de padres que éramos y de que eso no podía volver a pasar porque menos mal que lo habíamos olvidado en casa de mi madre…

Lo peor de todo es que lo volvimos a perder y no precisamente en casa de los abuelos… Pero eso ya os lo cuento otro día, que con lo que penséis hoy de mí (de nosotros) tengo bastante 😉

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“Estoy malito”, la Frase Mágica.

¡Qué semana más mala he pasado¡ Empecé con fiebre el viernes pasado y hasta ayer la fiebre no ha dejado de visitarme día si y día también. Yo todo lo hago a lo grande y esta vez me he cogido una gripe de las de campeonato y encima la he intentado pasar a base de paracetamol, con ocho cojones… Dos míos y seis de los tres médicos que me han atendido las tres veces que he ido a urgencias. A la cuarta ya vieron que o me mandaban los antibióticos o esta pobre se quedaba por el camino y no es plan, que soy madre 😉

Lo peor de todo es que Álvaro no se ha enterado prácticamente que su mamá estaba malita y aparte de meterme algún caramelo de menta en la boca para que no tosiera no ha tenido más consideración conmigo. Bueno, esa y la de seguir estando todo el día pegado a mi como una lapa… así que se ha terminado contagiando y ahora en vez de estar una mala en la familia estamos dos… Mi pobre señor esposo y padre de la criatura no da abasto a traernos medicamentos…

Y encima el mi niño malo, malo, se ha dado cuenta de que existe una frase mágica que nunca había explotado “es que estoy malito”. La frase en cuestión admite un montón de variaciones y son todas igual de resultonas. Os pongo unos ejemplos:

– Está mi niño con su maletín de médico curándome de todos mis males y yo no me puedo aguantar y casi me lo como a besos y él va y me dice “mami, no me des besos que me pono malito”.

– Estoy literalmente tirada en el sofá pero Álvaro tiene ganas de hacer unos puzles conmigo (no los puede hacer solo, no, tengo que estar echada para delante mirándolo y diciéndole “muy bien” con cada pieza que pone), como me hago la tonta y no le hago caso se acuerda de su frase mágica y me dice mamá como no te eches palante te ponges malita“.

– No tiene ganas de comer y yo que lo entiendo que yo tampoco tengo ganas… Pero de ahí a echarle morro al asunto va un trecho. Ayer no tenía ganas de comer a mediodía y me dice “no teno ganas de comer porque estoy malito… ¿Me traes un sumo fresquito que de eso si teno ganas? y cuando ve mi cara de póquer añade “poooo fiiiiiiiii”. A ver quien es la guapa que se resistea tanto encanto 😉

Y lo mejor de todo es que no solo es listo el niño… sino que también es medio adivino. Como yo le pongo de vez en cuando la mano en la frente para ver si tiene fiebre ahora cuando yo toso, es decir, alrededor de mil veces diarias, me pone la mano en la frente y me dice “uy, tienes tos”. !Un adivino! Lo que yo os diga… A ver si nos recuperamos del todo y salimos de casa que lo primero que vamos a hacer es ir a echar la primitiva 😉