Maternidad

Mi Hijo no Quiere Comer Cosas nuevas.

Lo primero que quiero aclarar antes de empezar es que yo creo que Álvaro come bien. Hay días que come más y días que come menos, como todos… Y también hay días que se le empestilla no probar bocado y no hay dios que le meta la cucharada en la boca, ¡que a cabezón no hay quien le gane¡ Lo único que a veces me saca de mis casillas es que no quiere comer cosas nuevas.

Cuando le ofrecemos un alimento nuevo, primero lo mira con cara de asco, después, si eso, lo toca con cara la misma de asco, y por último con cara de asco total nos dice “¡qué asco¡”, por si no nos había quedado claro desde el principio. No entiendo de dónde ha podido sacar esta expresión, pero últimamente la repite muy a menudo.

Que no quiera probar cosas nuevas no es algo que me preocupe en exceso, aunque si tengo que reconocer que me pone de los nervios no me gusta  que diga “¡qué asco¡” a cosas que antes le gustaban o a cosas que están buenísimas, como por ejemplo a la tarta de galletas (pero, por favor ¿hay alguien en el mundo a quién no le guste la tarta de galletas?)

¿Qué cosas se niega a probar? Pues muchas: el tomate, el calabacín, la zanahoria, cualquier tipo de queso, el pescado, los embutidos, el jamón de york, la pasta, el arroz (aunque a veces se lo come) las salchichas (las salchichas son de Nieve, dice el tío porque como a la perra le damos salchichas pues como para querer comérselas él, jaja), la leche no materna 😉 … Y muchas otras cosas.

Yo intento que las pruebe y siempre le digo que por lo menos lo haga una vez y si no le gustan pues que no se las vuelva a comer, pero me mira con la cara de asco total, aprieta los labios con todas sus fuerzas y sé que por mucho que yo le diga que está bueno no va a servir de nada porque no piensa meterse el trocito de tomate en cuestión en la boca. Lo que si hago muchas veces es intentar enmascarárselo. Por ejemplo, le pongo en el mismo plato un trozo de pescado chiquinino y al lado la ensalada. Pero el niño me ha salido listísimo y la ensalada se la come entera y el pescado dice que me lo coma yo ;), aunque a lista a mi no hay quien me gane y lo que hago es hacer las croquetas de pescado y así no se da cuenta. Otras veces le pico una lonchita de jamón de york en la tortilla, pero después de mirarla y remirarla ese día decide que no quiere tortilla.

Sé que algún día probará esas cosas y le gustarán. ¡No me creo yo que pueda resistirse a la tarta de galletas¡ Hasta ese día le seguiremos proponiendo que pruebe cosas poco a poco, ya que por experiencia propia sé que no sirve de nada que te obliguen a comer cosas que no quieres, pero hasta entonces si alguien tiene algún consejillo que nos pudiera ayudar sería bienvenido 😉

¿Cómo hacéis para que vuestr@ hij@ pruebe cosas nuevas?

Maternidad

Érase una vez un niño que estaba malito

Hoy voy aprovechar esto del anonimato para contaros un cuento:

Érase una vez un niño que estaba malito…

    “Érase una vez una mamá que estaba muy preocupada porque su hijo llevaba varios días malito. Tenía una infección de garganta y de oídos muy grande y la fiebre iba y venía sin parar. Además la mamá estaba muuuy cansada porque el niño, que en circunstancias normales no para quieto ni un segundo, quería estar siempre siempre en brazos de mamá y si es con la teta en la boca pues mejor que mejor.

    El niño, como estaba tan malito, llevaba cuatro días sin comer, pero la mamá en ese sentido estaba muy tranquila porque sabía que mientras mamará su hijito estaría alimentado.

    Los abuelos del niño y suegros de la mamá (por si quedaba alguna duda) también estaban muy preocupados porque conocían al niño en cuestión y sabían que para que él estuviera tanto tiempo quieto es que ya tenía que estar malo. También estaban preocupados porque el niño no comía y achacaban su decaimiento a que se había quedado sin fuerzas…

    Esta mañana estaban los cuatro abuelos de visita en la casa del niño y volvió a surgir el tema de que el niño no come (uffffff) y el papá de la mamá del niño (es decir, el mío) que es un bocazas como la copa de un pino le dice al suegro de la mamá del niño: “no come, pero toma mucha teta”.

    Y se volvió a desatar la tormenta de opiniones sobre la teta, porque como en este tema parece ser que puede opinar todo el mundo… pues… empezó el suegro de la mamá del niño opinando que ya debería de quitarsela, la suegra de la mamá del niño lo apoyó y la mamá de la mamá del niño (la mía) también estaba dispuesta a entrar al trapo.

   Pero la mamá del niño que estaba malito zanjó el asunto con un “ese tema es asunto mío, y no lo es ni tuyo, ni tuyo, ni tuyo, ni tuyo” (refiriéndose a los cuatro abuelitos del niño).

   La moraleja del cuento debería ser: “no te metas donde no te llaman y no saldrás escaldado.”

   Sin embargo, seguro que no ha servido de nada. Los abuelos del niño seguirán preocupados porque su nieto no come y pensarán que su nuera tiene un carácter que pára que contar, la mamá de la mamá del niño (la mía) estará preocupada porque tiene una hija muy contestona y la mamá del niño se sentirá mal por haberle contestado al abuelo del niño (su suegro) y por tener que estar siempre defendiendo su lactancia. Y lo peor de todo, lo peor con diferencia, es que el niño sigue malito y, a veces, ni siquiera en el pecho de su mamá encuentra consuelo.