Maternidad

Terrores Nocturnos. Qué Son y Cómo Actuar

L@s que lleváis por aquí algún tiempo sabéis de sobra que mi angelito mayor no duerme bien, ni duerme bien ahora ni ha dormido bien nunca. En esto del dormir tiene dos cosas malas: por una parte que no tiene nunca prisa por irse a la cama, aunque desde que hemos suprimido las siestas estamos mejorando mucho, y por otra, que se despierta mil veces durante la noche. Si, mi niño con tres años y ocho meses se sigue despertando por la noche, ¿cómo os quedáis?

imagen de terrores nocturnos
Los terrores nocturnos en los niños no es un trastorno muy frecuente

Pues si esto ya de por sí es duro algunos días le tenemos que sumar el tercero en discordia: los terrores nocturnos. Para que os hagáis una ligera idea de qué son los terrores nocturnos os contaré cómo ocurren en nuestra casa:

Estamos todos tranquilamente durmiendo cuando Álvaro empieza a moverse inquieto por la cama y a los dos segundos está gritando, dando patadas… empieza a llorar, a pegarnos… Se pone muy muy nervioso. Si hay suerte y me doy cuenta a tiempo le empiezo a hablar, le abrazo, le digo que soy mamá y que no pasa nada, que estamos todos en la habitación, que es de noche y hay que dormir. A veces consigo que se calme muy rápido y no se desencadena la catástrofe. Otras veces me coge tan profundamente dormida que para cuando me quiero despertar es demasiado tarde.

Por supuesto él al día siguiente no se acuerda de nada, a veces se despierta y tampoco y otras veces se despierta tan asustado que sólo quiere que lo abrace. En estos casos en los que se despierta asustado en realidad no ha tenido un terror nocturno sino una pesadilla.

Muchas veces los padres confundimos los terrores nocturnos con las pesadillas a pesar de que son muy fáciles de diferenciar. Si cuando tu hijo se despierta, en el caso de que lo haga, te cuenta que ha visto un monstruo, se caía por un precipicio o una bruja le quitaba su juguete preferido es que ha tenido una pesadilla. Pero si  no recuerda nada de lo que ha pasado estamos hablando de terrores nocturnos. Alguna vez Álvaro se ha despertado tras un terror nocturno y al verme la cara desencajada (lo confieso, soy muy fácil de impresionar ;)) me ha preguntado que qué me pasaba.

¿Qué són los terrores nocturnos?

Los terrores nocturnos aparecen en los niños de entre 3 y 7 años y no es un trastorno del sueño muy frecuente: tan sólo afecta al 5% aproximadamente de los niños. Suelen tener lugar a las dos o tres horas después de haber conciliado el sueño. Se producen durante la transición de la fase No Rem a la fase Rem, que es en la que se producen los sueños y se deben a una súbita reacción de miedo que se produce en medio de estas dos fases.

No se conocen con exactitud las causas de los terrores nocturnos aunque los investigadores afirman que pueden tener gran peso en el desarrollo de estos terrores el estrés, periodos febriles o la falta de sueño. Aunque en realidad es algo que está en el aire y que no se sabe con certeza a qué se deben.

¿Cómo actuar en caso de que tu hijo padezca terrores nocturnos?

Como os he dicho antes los terrores nocturnos han sido la guinda del pastel del sueño de Álvaro. Como no teníamos bastante con que dormía poco y mal… Por lo que he leído mucho sobre el tema y he ido cogiendo consejos de aquí y de allá. Además, también actuamos un poco por instinto, quizás en algún punto estemos metiendo la pata, pero esto es lo que mejores resultados nos da:

  • Intentar anticiparnos al terror. En realidad no sé si las veces que me he anticipado al terror han sido terrores nocturnos propiamente dichos o pesadillas, pero como dije más arriba, hay veces en las que lo siento moverse (yo, porque a su padre le pasa por encima un trailer y no se entera ;)) y le empiezo a hablar y a tocar y no se desencadena.
  • Acudir a su lado para acompañarlo y evitar que se haga daño. Durante los terrores nocturnos son frecuentes las patadas, los golpes… Incluso hay niños que se bajan de la cama. Por eso es muy importante estar a su lado para evitar que se den contra el cabecero o se lleguen a hacer daño de alguna manera. También es muy importante, en el caso de que duerman en su propia habitación, no dejar cosas en el medio con las que puedan tropezarse al bajarse de la cama.
  • Mantener la calma. Cuando ves a tu hijo sudando, dando gritos, patadas… No es fácil mantener la calma. Las primeras veces me asustaba mucho, sobre todo porque encendía la luz y tenía los ojos abiertos y como yo soy tan valiente… Pero si no te pones nervios@ todo se hace mucho más llevadero.
  • Intentar no despertarle. Yo lo que hago es abrazarlo, susurrarle, decirle que estoy ahí… Es la parte más difícil, por lo menos para mí, porque cuando ves a tu angelito pasándolo tan mal, asustado, lo primero que se te viene a la cabeza es encender la luz y despertarlo, sin embargo hay que evitarlo porque en unos minutos (que se te harán eternos) el terror desaparecerá y el niño seguirá plácidamente dormido y no recordará nada a la mañana siguiente.
  • No decirle nada al día siguiente. Ellos no recuerdan nada de lo que ha pasado por lo que no merece la pena preguntarle o recordarle lo que ha pasado la noche anterior.

 

En nuestro caso, los terrores nocturnos empezaron el verano pasado, cuando Álvaro tenía tres añitos recién cumplidos, y durante cuatro o cinco meses fueron bastantes frecuentes. Sin embargo, después se han ido espaciando en el tiempo y ahora se producen estos episodios cada quince o veinte días. No sé por cuanto tiempo más los sufrirá mi niño y con él todos, porque es una situación muy desagradable verlo pasarlo tan mal, pero desde que los afrontamos con naturalidad y con mucha calma todo es más llevadero.

¿Sabíais qué son los terrores nocturnos? ¿Los sufren vuestros hijos?

Maternidad

Que no nos Quiten la Voz

Hace unos meses, cuando escribí el post Colecho: ¿por Obligación o por Convicción?, os decía que el colecho sigue siendo un tema tabú. A los padres no nos gusta airearlo por aquello de que a veces es mejor no decir “mi hijo duerme con nosotros” para evitar críticas. La mayoría de las veces lo que hacemos es ocultarlo. No dar explicaciones porque realmente a nadie le interesa lo que ocurre en nuestra casa y cómo dormimos. Y es más fácil callarse que estar todo el santo día defendiendo una postura o una forma de crianza que no está muy bien vista.

Sigue leyendo “Que no nos Quiten la Voz”