Maternidad

¿Cuándo la Lactancia Se Convierte en Prolongada?

Para empezar tengo que decir que el término de “lactancia prolongada”, como se conoce actualmente a dar el pecho más allá de lo socialmente establecido, no me gusta. Ni me gusta ni lo entiendo, porque yo, que doy teta a mi hijo de 33 meses, no me parece que esté prolongando nada. Para mí, es simplemente una lactancia normal y corriente. Una lactancia natural que durará lo que mi angelito quiera o hasta que yo, su santa madre, me harte de tener un niño (y pronto dos) recolgando de la teta.

Hay lactancias más cortas, más largas e inexistentes… Y a ninguna mamá que ha dado de mamar dos meses se nos ocurre decirle que su lactancia ha sido una “lactancia reducida”. Entonces no entiendo que la mía (la nuestra) se la tilde de “lactancia prolongada”.

niño mamando lactancia
Imagen sacada de san google 😉

Como ya he escrito en diferentes post, yo jamás me planteé una lactancia prolongada. En realidad, no me planteé ninguna forma de lactancia porque yo estaba convencida de que mi hijo sería un niño de biberón. Ese era mi pensamiento hasta que nació, que me lo enganché a la teta y hasta hoy.

Jamás pensé que nuestra lactancia iba a durar tanto, la verdad. Cuando era recién nacido no me marqué una meta, y después, cuando le empecé a coger el gusto pensaba a menudo que ojalá llegásemos a los seis meses… Seis meses de lactancia ya me parecía mucho tiempo. Después Álvaro cumplió seis meses y yo veía tan chiquinino, tan indefenso, seguía necesitando tanto su teta y a mí me gustaban tanto los momentos en los que se acurrucaba junto a mi pecho… Además, si las nochecitas toledanas con las que nos obsequiaba ya eran difíciles con la teta, sin la teta no quería ni imaginármelas… Así que seguimos con la teta a cuestas 😉

Hasta que Álvaro cumplió un año en todas las comidas primero tomaba teta y después comía lo que le apetecía. Cuando estábamos en casa muy bien pero si por alguna cosa comíamos en casa de mi madre o mi suegra imaginaos las críticas… Si lo hartaba de leche después no iba a querer comer y ya no era niño de teta. Porque en esto de la lactancia hay demasiadas voces expertas y si no le das el pecho a un recién nacido… malo, pero si se lo das a un bebé que pasa de los diez, doce meses… peor todavía, ¡qué después puede estar enganchado a la teta hasta que se vaya a la universidad, hombre ya¡

Y pasó el primer año y mi bebé seguía siendo tan pequeñito, la teta nos ayudaba tanto en su crianza y se estaba tan bien con él en el pecho, haciéndonos carantoñas, sonriéndonos… Además, la OMS recomienda la lactancia hasta los dos años… ¿Cómo se la iba a quitar yo un año antes si todo eran beneficios…? A partir de aquí ya empecé a ocultarlo. Hasta ese momento me sacaba la teta donde hiciera falta pero como me empecé a hartar de los “¿todavía toma teta?”, “uyyy, con lo mayor qué es”, “¿hasta cuando le vas a dar”? que me soltaban familiares y conocidos y no es plan de contestarle “hasta que nos de la gana” a todos, aunque la mayoría es lo que se merecía, pues decidí no sacar la teta en público ni hablar sobre el tema y santas pascuas.

Y Álvaro cumplió dos años y después dos años y medio y aquí seguimos, con la teta en casa pero a demanda. Hay días que sólo la pide para dormir, otros días que la quiere para acurrucarse un ratito con mami y otros días que me ve salir de la ducha y casi trepa en busca de “un chupito, ¿vale?, sólo un chupito”.

Nunca pensé que iba a dar tanto tiempo el pecho. Es más, reconozco que antes de ser madre conocí varios casos de mamás que daban de mamar a bebés más grandecinos y me ponía las manos en la cabeza (para que veáis que nunca se puede decir “de este agua no beberé”), pero ahora no me imagino mi maternidad sin la lactancia.

La teta nos ha aportado tanto y nos ha dado tantos momentos buenos, tantas caricias, tanta ternura y tanta complicidad que no hay día que no piense que si esto es lactancia prolongada por mí como si se llama “Pepito Flores” pero que yo quiero seguir disfrutándola y espero que en unos meses también compartiéndola 😉

Y vosotr@s ¿qué pensais? ¿Llega un momento en que la lactancia se convierte en “prolongada”?

Maternidad

Los Blogs que Leo

Tengo que reconocer que leo otros blogs desde mucho antes de abrir el mío propio. Creo que esto es algo que nos pasa a much@s. Antes de tener a Álvaro curioseaba blogs de cocina, de costura o de viajes y cuando nació mi angelito empecé a leer blogs de maternidad que me ayudaron mucho, sobre todo a no sentirme sola, a tener esa tribu virtual de la que tanto se habla.

Después, cuando empecé a escribir en mi blog, allá por noviembre del año pasado, seguí leyendo los blogs que leía antes y empecé a añadir otros a la lista. Al principio ni siquiera comentaba en ellos. Me daba vergüenza… yo que escribo muchas de mis intimidades en un blog público me daba vergüenza comentar en otros… ¡para mear y no echar gota¡

Leo blogs de mamás como yo. De mamás que dan el pecho a su criatura con tres años y de otras mamás que optaron por el biberón, de mamás que colechan con sus hijo (o sus hijos) y de otras que piensan que en la cama marital no entra ni dios, de papás en prácticas, de mamás viajeras… y hasta de cuquis mamás.

Leo blogs de mamás que se fueron a vivir a Suiza, Italia o Bulgaria siguiendo al amor de su vida y que tienen el blog como una forma de estar cerca de los suyos… para hablar y escribir en español y para ver tortillas de patatas en twitter y aplaudirle más que si hubieran visto al Sr. Grey haciéndoles un striptis en directo sólo para ellas.

Leo blogs de mamás de se agobian porque creen que sus hijos son bebés altas demanda (es imposible que haya tantos, pero este tema mejor lo dejo para otro post), blogs de mamás cuyos hijos son pequeñas marmotas y blogs de mamás que no se quejan nunca porque han entendido que a los hijos no se les puede devolver (en el próximo parto pido el ticket regalo 😉 ).

Leo blogs de mamás que trabajan jornada partida y blogs de mamás que se pidieron una excedencia para cuidar de sus hijos o incluso renunciaron a sus trabajos (y papás también). También leo blogs de mamás que están en paro por obligación y de otras que se preparan unas oposiciones. Todas ellas son unas súper mamás (y súper papás) que sólo buscan lo mejor para sus hijos.

Leo blogs de mamás periodistas que escriben como los ángeles y que empezaron a escribir planeando la llegada de su bichillo  y se han echo expertas en SEO y de mamás que de SEO no tienen ni papa pero eso no supone ningún drama para ellas. Y también leo blogs de mamás que tienen faltas de ortografía como ruedas de molino (perdonad a la mirada crítica de una profesora en paro) y que aún así logran engancharme si no con una cosa pues con otra.

No leo blogs de mamás que me dejan comentarios sin sentido porque ni siquiera se leen mis entradas sino que se aventuran a comentar leyendo solo el título y creen que el comentario es una moneda de cambio: “yo te visito, tu me visitas” y si leo blogs de mamás que ni siquiera me comentan, ni me siguen pero yo estoy enganchadita a sus historias, a sus hijos y hasta a sus maridos, jaja.

Y, sobre todo, leo blogs de Mamás que Pueden con todo y que a pesar de necesitar Días de 48 horas son unas Mamás Muy Felices. Éstas mamás, en concreto, son “mi tribu”. Mamás con las que consulto cosas, a las que les cuento intimidades, les recuerdo que tienen que llamar al “cine”, me río a carcajadas y a veces también comparto lágrimas. Mamás muy diferentes a mí pero sin las cuales mi maternidad 2.0 sería muuuuucho más aburrida.

A tod@s l@s papás y mamás que leo: “Gracias por estar ahí… tan lejos y tan cerca”.

Maternidad

La Negación de la Maternidad

Hoy os voy a hablar de la negación de la maternidad, un hecho que es más común de lo que parece. No estoy hablando de la negación de la licencia de maternidad, ni de ningún derecho ligado a la baja por maternidad, sino más bien de un sentimiento que aparece  cuando nos convertimos en madres y padres primerizos (supongo que para el segundo el callo ya está hecho 😉 ) y que en nuestra casa lo bautizamos en su día como

La negación de la maternidad

¿En qué consiste la negación de la maternidad?

Pues consiste en no asimilar del todo que has sido madre/padre y que tu vida ha cambiado por completo. No es que no quieras a tu bebé, es que te cuesta despedirte de tu vida de antes.

Os cuento mi experiencia de negación de la maternidad por si le puede servir a alguien.

Yo tenía muchas (pero muchas muchas) ganas de convertirme en madre. Fue una maternidad muy deseada. Pero no sabía que un bebé iba a trastocar tanto mi vida. Desde antes de estar embarazada ya había oído mil veces eso de “un hijo te cambia la vida”, y era algo que más o menos me imaginaba, pero jamás pensé que lo iba a hacer tanto. De hecho, en mis mundos de yupi pensaba que el bebé también se tendría que adaptar un poquito a nosotros, y no solo nosotros a él. Pobre ilusa, ¿¡cómo iba a imaginarme que una cosita de tres kilos y medio iba a imponer tantos horarios!?

Pues durante ese verano en el que nació mi angelito estuvimos negando la maternidad. Intentábamos hacer lo mismo que antes: salíamos a cenar, nos fuimos varias veces a la playa, incluso nos quedábamos en las terracitas hasta las mil. Siempre acompañados de un bebé recién nacido, que es salir a la calle se quedaba frito para hacernos quedar por mentirosos delante de familiares y amigos.

Hablando de los amigos creo también influyó mucho el hecho de que fuéramos los únicos de la pandilla que teníamos un hijo. Cuando los niños son habituales dentro de un grupo entre todos se intenta encontrar soluciones que convengan a todos. Entre otras cosas porque sabes lo difícil que es hacer planes cuando tienes retoños. Además, hoy lo haces tu por los hijos de fulanito que están insoportables para quedarse en tal sitio y mañana esperas que lo hagan por ti y por tu hijo. Son acuerdos comúnmente establecidos en los que siempre se intenta priorizar los intereses generales del grupo 😉

Pero ¿qué pasa si la mayoría de tus amigos no tienen hijos ni tienen pensamientos de tenerlos en una fecha cercana? Pues que no lo entienden. No entienden que salir en verano a las 10 de la noche para ti es muy tarde, que tomarte una cerveza a mediodía es mejor plan que salir por la noche y que ir al parque de bolas es ya el planazo del siglo 😉

Nosotros al principio intentamos seguir con nuestra vida y salidas de antes. Seguir saliendo a cenar con los amigos, salir tarde… hasta que poco a poco nos dimos cuenta de que así no podíamos seguir. Álvaro dormía cuando estábamos por ahí pero es llegar a casa se ponía a berrear. O aprovechabamos para dormir cuando él durmiera si no queríamos morir en el intento de criar a un hijo.

Así, a mediados de septiembre empezamos a asumir la realidad. Teníamos un hijo (muy muy demandante, además) que tenía unas necesidades que nosotros como padres teníamos que cubrir. Nadie nos había obligado a tenerlo así que teniamos que ocuparnos de él como se merecía.

Desde entonces no vemos vuelto a salir por la noche, ni hemos puesto nuestras necesidades a las suyas. Ahora es su tiempo y nosotros tenemos que respetarlo porque se que algún día echaremos de menos estos momentos de horarios y rutinas. Eso sí, ahora lo echamos de más, no os voy a engañar 😉

 

¿Por qué se produce la negación de la maternidad?

Pues yo creo que se produce porque aunque estamos deseando de convertirnos en padres no somos conscientes de todo lo que implica. Una cosa es que te lo cuenten y otra vivirlo: no poder salir a cenar con los amigos, ir al cine, salir a tomar una copa, que se une con otra y con otra…

Porque creemos que todos los padres que vemos por la calle, empujando un carrito con cara de cansados y que hace mil que no los vemos salir de fiesta es que no han sabido organizarse, que hay tiempo para todo. Después te conviertes en madre/padre y te das cuenta de que un bebé te necesita las 24 horas del día, que tu eres igual que esos padres con ojeras y que, realmente, a veces la diversión está en otra parte. Un niño dormido y tu durmiendo se puede convertir en un plan genial. 😉

¿Vosotras también habéis sufrido la negación de la maternidad?

Libros

Una Teta, Una Naranja, Una Aceituna

Hay personas a las que no conoces de nada ni mantienes una relación con ellas y aún así les tienes un cariño especial. Eso me pasa a mi con Jessica Gómez Álvarez, de Háblame Bajito. Seguro que por el nombre no os suena, pero si os digo que es la autora de “Respira, serás madre toda la vida…”, ¿a qué ya si? Y si no conocéis este texto, por favor, buscadlo en san google porque os removerá las entrañas.

Para mi Jessica es más que la autora del “Respira”. Es la persona que me apoyó y me asesoró cuando en la revisión de los seis meses el pediatra me dio unas pautas que de haberlas seguido se hubieran cargado mi maravillosa lactancia. Jessica es la persona que sin importarle que estábamos en plena Nochevieja me mandaba emails que me hicieron sentir que no estaba sola.

Por eso, cada vez que lleva a cabo alguna de sus locuras yo intento ayudarla. Organizó un sorteo para conseguir costearse parir en casa y ahí estaba yo, que me cago de miedo con estas cosas, participando. Ahora la locura es diferente. No sé si mayor o no, pero si diferente. Ahora ha escrito un libro

Una teta, una naranja, una aceituna

Os reconozco que compré el libro porque era suyo. Si lo llega a escribir Pepito Grillo lo mismo ni lo miro. Se lo pedí y me lo mandó sin ni siquiera pagárselo y después entre pitos y flautas soy un desastre y no había pagado nunca con PayPal y me costó… ¡torpe que es una¡ no se lo pagué hasta dos semanas más tarde. Nunca me dijo nada. Ella es así.

El libro se lo dejó Papá Noel a Álvaro y le ha encantado. A él le encanta “leer” y es algo que hacemos todos los días. Además, un día a la semana vamos a la biblioteca… Así que no podía haber regalo mejor.

Una teta, una naranja, una aceituna trata de un bebé que no sabe qué comer hasta que se da cuenta de que muchas cosas en él son redondas (los deditos, la barriguita, los mofletillos…) y entiende que debe buscar cosas redondas para comer. Así, se encuentra con una aceituna y una naranja que aunque redonditas no le gustan… pero de pronto llega al paraíso del redondez… ¡una teta¡ o mejor dicho: ¡la teta de su mamá¡

libro de una teta, una naranja y una aceituna
Apenas se ve, pero algunos días Álvaro hasta se ha dormido a la siesta con el libro 😉

A Álvaro le gusta que el protagonista del cuento sea un niño, como él (y que por supuesto ya hemos tenido que bautizar como Álvaro… egocentrismo en estado puro 😉 ), que le encante la teta…, aunque no entiende mucho que no le gusten las naranjas (“pero si están riquísimas, mami” me dice) yo le explico que eso es porque el Álvaro del cuento es un bebé chiquinino, mientras que él es un bebé grande… pero me da que aún así no lo convenzo del todo.

No se lo leo entero porque tiene más texto del que soporta un niño de dos años y medio (o por lo menos del que soporta el mío), pero le gusta ver las ilustraciones y que su mamá le haga un resumen con teatro incluido 😉 Se ha convertido en uno de sus libros favoritos… tanto que estoy viendo que pronto voy a tener que comprar otro de lo manoseado que lo tiene ya 😉

Muchas gracias Jessica, por este libro tan especial, por un libro que no sólo es para los niños sino también para las mamás. Por un libro que alegra el alma y que hace que dar teta siga siendo de las mejores experiencias de la maternidad.

Maternidad

Principales Miedos de una Mamá Primeriza.

Cuando nos vamos a convertir en mamás nos asaltan una serie de miedos que no nos dejan disfrutar de los últimos meses de embarazo como se merecen, como un tiempo de ilusión y espera.

Sin embargo, estos miedos son algo normal. Es el miedo a lo desconocido. No sabemos a qué nos vamos a enfrentar y muchas veces nos imaginamos situaciones tan desagradables que después no tienen nada que ver con la realidad.

¿Cuáles son los principales miedos de una mamá primeriza?

Yo os cuento mis miedos. Seguramente no todas sufrimos los mismos pero ya veréis como os sentís identificadas con algunos de ellos. Bueno, pues ahí van:

1. Miedo al dolor del parto.

A mí el momento del parto me aterraba. Incluso cuando iba a las clases de preparación al parto me salté las sesiones que la matrona le dedicó al parto en sí porque soy muy aprensiva y me ponía mala solo de oír hablar de horas y horas de dilatación, episotomías, desgarros… No quería ni oír hablar de él.

Había escuchado tantas historias desagradables que pensaba que parir era como ir al matadero, por eso el dolor del parto me tenía atemorizada. Después mis contracciones se asemejaron a un simple dolor de regla y dilaté los primeros 5 centímetros en una hora y media.

Ojalá pudiera daros una serie de consejos para superar el miedo al dolor del parto. Pero no voy a vender consejos que para mi no tengo. Sólo puedo decir, después de haber pasado por ello, que lo importante es estar tranquilas y pensar que si todas las mujeres pasan por ello e incluso la mayor parte repite, no debe ser para tanto. 😉

2. Miedo a un postparto difícil y doloroso.

Muchas veces digo que yo tuve un parto pedo pero un postparto de mierda. Los días posteriores a dar a luz a mi me asustaban enormemente.

El miedo al dolor, a una depresión postparto, a las hormonas que siempre hacen lo que les da la gana… Yo es que soy un poquito floja, qué le voy a hacer. De esto mejor no hablamos. Sólo os digo que son unos días y que al final todo se olvida. El vivo ejemplo de esto soy yo, que ya estoy ilusionada con un futuro embarazo.

3. Miedo a que el bebé naciera con algún tipo de problema o alguna enfermedad.

Creo que este miedo también es común a todas las embarazadas, seamos primerizas o no. A mí, me daba pánico que el bebé naciera con algún tipo de enfermedad y yo no supiera como afrontarlo. Me llegó a obsesionar durante casi todo el embarazo. Solo hacía repetir como si fuera un mantra “que el bebé venga bien”, “que el bebé venga bien”.

Además, me daba miedo, sobre todo, que tuviera algún tipo de deficiencia psíquica. No sé por qué razón daba por hecho que mi hijo nacería físicamente sano como una pera pero después me moría de miedo de que tuviera algún tipo de deficiencia. Ahora que lo pienso en frío no entiendo cómo desarrollé este tipo de miedo que era tan real.

4. Miedo a no saber cuidarle o alimentarle.

El tema de la lactancia yo ni me lo planteaba. Durante todo el embarazo estuve convencida de que no le daría el pecho al niño. Después nació, me lo enganché y hasta hoy 😉

Lo que realmente me daba miedo era no saber atenderlo. Por ejemplo, que llorara y yo no supiera qué hacer, que se despertara por la noche y yo no lo oyera (como para no oírlo con los berridos que pegaba el angelito)… Después me di cuenta que en la mayoría de las ocasiones el instinto es el que habla y tu solo te dejas llevar.

Principales miedos de una mamá primeriza
Imagen cogida prestada de laresaca.creatuforo.com

 

5. Miedos a las visitas en casa y en el hospital.

Si, a las visitas. A la suegra, a la cuñada, a la prima de la madre o a la tía de la vecina que se asientan en tu casa y dos horas después siguen allí instruyéndote sobre lactancia, cólicos, el sueño… Que te dicen que no lo cojas que se acostumbra, que le pongas el chupete y no todo el día con la teta en la boca, que no entienden tus ojeras y que bosteces mil veces porque llevas noches sin pegar ojo… No se van ni con agua caliente y como cometas el error de invitarlas a un café ya te has perdido.

Para esto yo encontré dos soluciones. La primera fue cerrar la puerta a cal y canto y no abrir si no me daba la gana y ¡qué pocas veces tenía ganas¡. Y la segunda fue salir de casa a dar largos paseos. Mucha gente conoció a mi niño (y me dio el regalito correspondiente) en la calle. Con fulanita puedes estar parada 5 o 10 minutos, pero después no os queda otra que despediros y cada una para su casa.

¿Cuáles fueron o están siendo vuestros principales miedos como madres primerizas? ¿Coinciden con los míos?

Maternidad

Colecho ¿por Obligación o por Convicción?

Una de las cosas que más me gusta de la maternidad es el colecho. Poder acostarme todas las noches con mi príncipe, tocarlo, sentirlo, olerlo… ufff, creo que es la sensación más bonita de la maternidad. Y encima si el niño ya está dormido… que ya no da ni lata ni nada… eso es lo mejor de lo mejor, jajaja.

Sin embargo, el tema del colecho es uno de los que más ampollas levanta entre los padres y los no padres. Sigue estando mal visto por la sociedad que los papás y el bebé duerman juntos. Se sigue diciendo que el bebé tiene que dormir en su cuna, como lo ha hecho siempre, sin pararse a pensar que en realidad las cunas han sido un invento relativamente reciente porque a lo largo de toda la historia de la humanidad los niños siempre han dormido pegados a sus madres: era la única forma de asegurarse la subsistencia. Además, la mayoría de los pediatras recomiendan que el niño duerma en la habitación de los padres sólo hasta los seis meses. Después a dormir solito a su habitación.

El caso es que nosotros no llegamos al colecho por convicción. De hecho, yo estando embarazada seguía pensando que mi niño dormiría en su cuna porque la cama era de papá y de mamá… aunque también decía que no le daría el pecho… ayyyy, que ilusa, si volviera para atrás me pondría un buen esparadrapo en la boca, para no hablar tanta tontería.

Nosotros llegamos al colecho por obligación. Álvaro nunca ha sido un niño que coja el sueño fácilmente y además siempre se ha despertado muchas veces durante la noche (ahora menos, la verdad)… si a eso le sumamos que por alguna extraña razón compramos el colchón de la cuna con unos pinchos horribles que cada vez que depositabamos con todo el amor del mundo al niño en la cuna pegaba un bote para arriba y se volvía a despertar… Me tiraba hora y media para dormirlo (y lo sigo haciendo…) y se despertaba en cuanto me separaba de él… Además esto ocurría cada vez que se despertaba para mamar… Era agotador.

Nuestras camas familiares: arriba la de Italia y abajo la de primavera-verano 😉

Yo al principio no entendía nada y me preguntaba una y otra vez que dónde estaba el bebé ese tan mono que sale en las películas que lo dejas amorosamente en su cuna y se duerme solo… Después empecé a informarme sobre la necesidad de apego de los niños, descubrí a Carlos González (reconozco que hubo una época en la que estuve perdidamente enamorada de él, jaja) y empecé a comprobar que si me acostaba con Álvaro se dormía antes y si me encontraba a su lado cuando se despertaba por la noche apenas si se espabilaba un segundo para encontrar la teta y yo de estos despertares nocturnos casi ni me acordaba al día siguiente. Algunos días el padre me preguntaba si se había despertado mucho y no sabía asegurar si habían sido tres o seis veces 😉

Nos acostumbramos a dormir los tres juntitos y a dormir bien… Se que Álvaro aún necesita por la noche dormir a mi lado. Se sigue despertando y en el momento en el que me siente se calma. Y yo también lo necesito. A veces pienso que él va a estar preparado para dejar el nido antes de que yo lo esté y no quiero ni pensar en que llegue la noche en la que no pueda abrazarlo, meter la nariz en su cuello, cogerle la manita…

Lo que menos entiendo de este tema es que parece que todo el mundo tiene derecho a opinar sobre cómo se duerme en tu casa. A nosotros el pediatra que teníamos en aquellos entonces nos recomendó sacar a Álvaro de la habitación si llega a saber que dormiamos los tres juntitos le da un patatús a los seis meses, nuestra familia ya se ha acostumbrado pero antes todo eran consejos no solicitados, los amigos no opinan por delante, me refiero, y me resulta raro que una cosa que a nadie le incumbe, le molesta ni le importa siga siendo tema de discusión.

Cada uno en su casa que duerma como quiera, que lo importante es encontrar un equilibrio para dormir bien. Nosotros, por ahora, seguiremos durmiendo en familia 😉 Eso sí, el padre el la cama supletoria, jajaja

Y vosotr@s: ¿practicáis el colecho? Y si lo hacéis ¿por obligación o por convicción?

Maternidad

Frases para no Olvidar (III)

Desde hace unas semanas Álvaro se ha sacado una frasecita de la manga que le sirve para todo, pero sobre todo para librarse de todos los rapapolvos. La frasecita en cuestión tiene dos variantes, una más simple:

No pasa nara, mami/papi

       Y otra más elaborada que la ha descubierto hace unos días:

No te peocupes, no pasa nara mami/papi, vale?

       Si lo que ya ha hecho es muy gordo le añade al final ha sio sin quere y a tomar por culo asunto solucionado.

        En realidad esta frase se la he proporcionado yo porque cada vez que rompía o hacía algo sin querer le decía: no pasa nada, cariño, ha sido sin querer y ahora he creado un monstruo no hay quien se la quite porque se ha dado cuenta que es una frase comodín. Os cuento una serie de ejemplos con la frasecita:

– El angelito me rompe el juego de café del ajuar, si, el de los caros, que no lo he usado ni lo voy a usar nunca y tengo guardado en el mueble del salón cogiendo polvo pero que me encanta porque me lo compró mi madre, pues me dice no pasa nara, mami, ha sio sin querer. Y encima va a por su cepillo y me ayuda a barrer los trozos mientras me va consolando: no estés tiste mami, que no pasa nada, vale? Yo te ayuro. ¿Qué quereis que os diga? Me encantaba mi juego de café, pero ver a mi niño consolándome no tiene precio. Además seguro que lo hizo sin querer, no?

  Álvaro no se quiere dormir. Se levanta una y otra vez y yo estoy al borde de un ataque de nervios. Se me caen las lágrimas solas, de cansancio, de frustración… y va el mi niño y me dice: no pasa nara, mami, vale? y me come a besos. Y entonces pienso que ya dormiremos bien más adelante, cuando sea un poco más grande, que él lo tiene que pasar también mal por no ser capaz de coger el sueño… y me parece que tengo el niño más bueno del mundo y que me quejo de vicio.

– Esta misma noche le he dicho a Álvaro que no le puedo dar más teta porque las tengo malitas, pero el me ha dicho: no te peocupes, mami, no pasa nara, yo te curo. Me ha dado unos cuantos besos y ha seguido mamando tan tranquilo. Lo mejor de todo es que me ha curado. Sus besos también son mágicos, igual que los míos, debe de ser cuestión de herencia 😉

Y ya vamos por la tercera entrega 😉

 

Frases para no olvidar (I)

Frases para no olvidar (II)