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Me Llaman la Desaparecida

No sé ni cuánto hace que no pasaba por aquí. Las entradas mensuales sobre los avances que hace mi angelito pequeño mes a mes no cuentan, y eso que la del mes pasado, la de los quince meses, me la salté.

Cuando en septiembre, qué lejano me parece ya, escribía una entrada contandoos todos los planes que tenía para este curso y cómo iba a organizar el blog pequé de ilusa. El blog… el blog fue lo primero de una larga lista de cosas que pasó a un segundo plano porque la verdad es que me di cuenta de que no tenía tiempo para todo y a la hora de empezar a dejar cosas para atrás el blog fue una de las primeras de las que decidí prescindir.

Además, también reconozco que dejó de interesarme sentarme a escribir y a leer otros blogs que he seguido desde hace años. Siempre encontraba una cosa mejor que hacer y al final me decía a mi misma eso de “mañana sin falta”, y al día siguiente me decía lo mismo y así hasta que han pasado cuatro largos meses.

Cuatro meses en los que no he parado. Aunque el curso pasado ya trabajé unos meses, en septiembre empecé de lleno y la verdad es que la vuelta se me ha hecho dura. No estaba acostumbrada a estar tanto tiempo fuera de casa y tampoco a la dinámica de las aulas, al tira y afloja de los muchachos, a los madrugones y a las horas en carretera…

Además, comencé a trabajar y también a prepararme oposiciones casi a la vez, aunque reconozco que al poco tiempo me di cuenta de que no podía hacer las dos cosas y aparqué las oposiciones de lado. Menos mal que han aplazado la convocatoria este año y así, por lo menos, respiro tranquila. Porque a mi la conciencia me puede. ¿No os pasa eso de que no hacéis algo que sabéis que tenéis que hacer pero la conciencia está ahí para recordarte una y otra vez que debes hacerlo? Pues a mí me pasa eso y la verdad es que no vivía pensando que estaba por ejemplo en el parque y debería estar estudiando.

Cuatro meses en los que el trabajo, las horas de coche, la casa y los niños han ocupado todo mi tiempo. ¡Cómo para pararme a sentarme a escribir¡ Jajaja. Entonces ¿ahora por qué vuelves? (o al menos lo voy a intentar, que no las tengo todas conmigo, ¿eh?) Pues por dos razones fundamentales.

La primera de ellas se la debo a Lucía de Planeando ser Padres. Un día, en un grupo de guasap, comentaban qué cómo nos acordábamos de los avances de nuestros retoños con tanta exactitud. Y Lucía dijo algo así como que cuando no se acordaba se iba al post correspondiente. Yo también lo hago. Y entonces me di cuenta de que si dejo de escribir la vida y obras de mis angelitos dentro de nada no me voy a acordar de la mitad de las cosas. Ya os he dicho muchas veces que para mi el blog es una especie de diario para burlar a la memoria ¿verdad?

Y la segunda es porque me ha vuelto a entrar el gusanillo. Esta vez no voy a ser tan fantástica como lo era en septiembre y no voy a afirmar que voy a ser constante. Escribiré cuando pueda y cuando me apetezca, pero voy a intentar hacerlo de vez en cuando.

Seguiré como siempre, hablando de mis niños, de las cosas que vamos haciendo, de alguna escapada que merezca la pena o de la última manualidad en la que estemos enfrascados… Un batiburrillo, vamos, no os garantizo nada nuevo, porque para hacer las cosas de otra manera me tendrían que hacer a mí de nuevo y para eso ya es demasiado tarde, jaja. Pero a cambio prometo sinceridad total en mis palabras, anécdotas divertidas y experiencias reales de una mamá real que no llega a todo.

¿Me hacéis un hueco?

 

Trona Antilop de Ikea

Mi angelito pequeño, al ser el segundo y ser también niño tiene casi todo heredado. Menos la trona que decidimos comprar una nueva. La trona por la que nos decantamos es la trona Antilop de Ikea.  Para nosotros es la mejor trona del mercado en relación calidad precio y me gustaría contaros mi opinión sobre ella tras unos meses probándola.

imagen de la trona antilop de ikea

Trona Antilop de Ikea

Con Álvaro caímos en un error muy frecuente en los padres primerizos, que es aceptar que te regalen cosas cuando aún no las necesitas. Nosotros aceptamos que nos regalasen la trona antes incluso de nacer el niño y aunque cuando era un mero adorno, me parecía preciosa, después, con el tiempo me di cuenta que tenía muchos más contras que pros.

Para empezar es la típica trona que ocupa media cocina porque aunque se puede plegar es un engorro y al final nunca lo haces. Tiene el asiento y el respaldo acolchados y hasta se puede reclinar para que el niño se eche una cabezadita después de dormir. Por supuesto mi niño, que le cuesta costaba  dormir en la cama como para dormirse en una trona, por muy confortable que fuera… Las únicas dos veces que se quedó dormido le hicimos fotos y las mandamos a abuelos y titos para que fueran partícipes del milagro, jaja.

Pero esa trona que al principio me parecía preciosa y perfecta tras un tiempo de uso ya no me lo parecía tanto: ocupa demasiado, se le rajó el plástico del asiento y lo peor de todo es que se limpia fatal y siempre había mil recovecos donde te podías encontrar cualquier cosa.

Por eso cuando nació el pequeñin tenía claro que estrenaría trona y que sería la trona Antilop de Ikea, que la habíamos probado ya en algunos bares y restaurantes y me encantaba y Álvaro, que ha sido el testeador oficial, también parecía encontrarse muy cómodo.

Opinión sobre la trona Antilop de Ikea

Ventajas de la trona Antilop de Ikea.

Una de las principales ventajas de la trona Antilop de Ikea es el precio. La trona en sí cuesta 12.99 euros, la bandeja 5 euros y el cojín acolchado 6.99 euros. Es decir, por 24 euros tienes la trona completa.

En cuanto al montaje es súper fácil y aunque no es plegable no ocupa mucho espacio. Nosotros la tenemos como si fuera una silla más en la cocina.

Además, la trona de Ikea es muy ligera. Es decir, no pesa y la puedes arrastrar por la casa sin problemas. De hecho, yo, cuando tengo que limpiar o cosas de esas que tanto me gustan y el pequeñín esta entretenido en la trona pues la arrastro de habitación en habitación sin problemas. Con la que teníamos antes era imposible.

De todas formas, aunque sea ligera es una trona estable. Lo sé no sólo porque la hayamos usado estos meses en casa, sino porque a Álvaro lo hemos estado sentando en estas tronas hasta hace un año y resistía perfectamente. Es decir, que aguanta con un niño de tres años y grandecito ;).

Otro de los puntos fuertes que tiene la trona Antilop de Ikea es lo rápido que se limpia. La bandeja se quita muy fácil y el cojín acolchado también y al ser plástico con un trapo húmedo queda como nueva. Yo creo que es la trona ideal si queréis llevar a cabo con vuestros hijos el BLW o con niños un pelín más mayores que comen solos y que manchan mucho porque es súper fácil de limpiar.

Imagen del cojín de la trona Antilop de Ikea

Cojín de la trona Antilop de Ikea

El cojín alcochado se compone de dos partes. El relleno que es de los que se inflan, igual que los cambiadores de Ikea, y la funda en sí. Al principio no me hizo mucha gracia que el cojín acolchado fuese de plástico inflable por si le daba calor. Pero a día de hoy sólo le veo ventajas porque la verdad es que con la funda no le da calor, o al menos, no más que cualquier otro cojín, y el hecho de que sea inflable supone que lo puedes regular a tu gusto y a las necesidades del niño. Yo ahora lo tengo inflado a tope pero en unos meses lo aflojaré un poco o mi angelito no entra 😉

Yo compré dos cojines acolchados (y eso que no me gustaba, si me llega a gustar, jaja) porque prefiero tener dos fundas y así no estar siempre penando porque la tiene sucia. Cuestan muy baratas (7 euros) y aunque el segundo acolchado no lo vamos a usar a la funda en sí le estamos dando mucho uso porque mi peque mancha mucho y hay que lavarla a diario. De todas formas, si os apañais bien con la costura podéis hacer una funda rápidamente utilizando como patrón la que ya trae.

Otra de las cosas que me encanta de la trona Antilop de Ikea es que cuando los niños sean un poquito más mayores le puedes quitar la bandeja y quedan completamente pegadas a la mesa. Eso con nuestra anterior trona no pasaba porque tenía unos reposabrazos que no servían para nada y que estorbaban mucho.

Además, es una trona apilable. Nosotros sólo tenemos una, pero para las familias en las que tengan varios hijos que usen la trona creo que es una opción muy buena.

 

Inconvenientes de la trona Antilop de Ikea.

Realmente sólo encuentro tres inconvenientes en la  trona Antilop de Ikea.

El primer inconveniente que le encuentro a la trona de Ikea es que la bandeja no tiene un apartado para poner el vaso. Os puede parecer una tontería, pero a mí me resultaba muy útil que nuestra antigua trona si lo tuviera. Me parece que gracias a ese pequeño apartado el vaso estaba más “resguardado”.

Imagen de la bandeja de la trona antilop de Ikea

Bandeja de la trona antilop de Ikea

El segundo, y para mí más importante, es que la trona Antilop de Ikea no se abre para poder sentar a los niños. Entonces, a la hora de meterlos en la trona puede resultar un pelín difícil hasta que le coges el truco. Por ejemplo, a mi angelito al principio le costaba entender que tenía que doblar las piernas para que lo pudiéramos sentar con facilidad. Ponía las piernas totalmente rígidas y se nos hacía una tarea imposible.

Imagen de la trona ikea azul y roja

Como véis el asiento es enterizo, no se abre y hay que “colar” a los niños por ahí

Lo mismo pasa a la hora de sacar a los niños. Que tienes que tirar, literalmente, del niño hacia arriba y ellos deben de dejar las piernecillas flácidas. Como se pongan rígidos no salen ;). Pero después de unas semanas de usar la trona ya se dan cuenta y no hay problema.

Y en tercer lugar, el último inconveniente es que los arneses para ajustar al niño lo hacen sólo por la cintura. Reconozco que nosotros no hemos usado aún estos arneses. Nuestro hijo queda lo suficientemente encajado en la trona gracias al cojín, además es un niño muy tranquilo. Pero no sé yo si con un niño más activo será suficiente con sujetarlo por la cintura…

¿Habéis probado la trona Antilop de Ikea? ¿Qué os parece? ¿Qué trona tienen vuestros hijos?

Feliz Décimo Cumplemes

Querido Hijo:

Me parece mentira estar de nuevo aquí escribiéndote… que estemos de nuevo a primeros de mes y que esta vez ya cumplas diez… No queda nada para que hagas un añito… No entiendo qué hacéis tu hermano y tú con el tiempo, pero lográis que desaparezca…

Mientras te escribo esto estás dormido a mi lado en el sofá. Eres tan bonito, cariño… Tienes la misma cara que un angelito, tan plácida…

Te voy a contar un poquito de ti para que dentro de un tiempo cuando lea esto recuerde cómo eras de bebé.

Cambios en un bebé de diez meses

Lo primero que tengo que decir es que el paso de los nueve a los diez meses ha tenido grandes cambios para ti.

¿Te acuerdas que el mes pasado te dije que ya casi gateabas? Pues ya lo conseguiste. Gateas perfectamente y con qué velocidad… Te pierdo de vista dos segundos y te tengo que andar buscando por toda la casa. Sin embargo, a veces, te cansas de gatear y vuelves a reptar como hacías antes. Me encanta cogerte cuando estás reptando y abrazarte fuerte porque estamos a 40 grados la mayoría de los días y de estar por el suelo tienes la barriga súper fresquita ;).

Además ya te han salido dos dientecillos de abajo. Fue el pasado 31 de julio (ya está la loca de las fechas dándote datos, jajaja) y aparecieron los dos a la vez. Pero también tienes los de arriba a puntito de salir, se ven perfectamente a través de las encías. Supongo que será molesto porque te pasas el día con la mano en la boca aunque no te quejas por nada.

El otro gran avance que has hecho es que ya consigues ponerte de pie solito. Hace una semana estábamos en la piscina y veo que te has puesto de pie en el carrito y desde entonces no has parado. Tu sitio favorito para ponerte de pie es el sofá. Te agarras a las mantas y consigues levantarte en un periquete y cuando lo haces nos pones una cara de satisfacción que es para verla, jaja.

Imagen de niño de pie por primera vez

 

Te encanta el agua. Nos pasamos el día en la piscina y a ti te encanta chapotear. Vas andando con el flotador de un sitio a otro y no hay quien te saque. Así se te está poniendo el pelo clarito mientras que la piel cada vez la tienes más morena. Mira que te embadurno en crema pero se te pega el sol que da gusto…

Imagen de bebé en piscina

Estás mucho más moreno que yo, aunque para eso no hace falta mucho que ya sabes que tu madre es blanquita, y casi tanto como tu hermano. De hecho, cuando te separamos los pliegues de la carne se ven más blanquitos, jajaj. Porque si, tienes pliegues. Estás muy gordito y te salen morcillitas en las piernas, en los brazos, en el cuello, en la espalda… A veces siempre me dan ganas de pegarte bocaditos o te los doy jugando y te partes de la risa.

Eso es otra de las cosas que más me gusta de ti, que estás siempre sonriendo. No hay momento en el que no tengas una sonrisa en la cara y como juguemos contigo ya te empiezas a reír a carcajadas. A tu hermano le encanta jugar a hacerte reír.

También le encanta darte besos y abrazos. Pero besos de los apretaos y abrazos que algún día te salta un ojo de la fuerza con la que lo hace. La mayoría de las veces empiezas a protestar y cuando yo le digo que no te abrace tan fuerte que te agobia me contesta “ay, mamá, es que lo quiero tanto tanto…” A mí se me cae la baba de veros así, aunque también es verdad que hay veces que no te quiere ni ver por delante, sobre todo cuando está jugando a los bloques y tu le caes todhttps://wordpress.com/post/madreagua.comas las torres que construye, jaja.

Hablas mucho. O balbuceas mucho, mejor dicho. Dices mamá, papá, agua, babababa, juuu, ea, ea… Vocablos sin sentido que a veces se escuchan en todo el pueblo porque te encanta gritarlos. A tu hermano muchas veces le dices “papapapa” igual que le podrías decir cualquier otra cosa, pero el siempre te dice “que yo no soy tu padre”, jajaja.

Comes súper bien. Pruebas cosas nuevas sin ninguna dificultad aunque no todo te gusta y algunas veces pones cara de asco, jajaja. Tu alimento preferido sigue siendo la teti y a veces, cuando mamas, te levantas, me das golpes y te enfadas porque no sale la leche tan rápido como tu la requieres, jaja.

Has venido a completar nuestra felicidad y a llenar nuestra casa de sonrisas infinitas. Gracias, cariño, por tanto.

Te quiero hasta el cielo, mamá.

Feliz Octavo Cumplemes

Mi querido bebé:

Hoy cumples ocho meses y yo te vuelvo a escribir a trompicones. Robándole unos minutos por aquí y otros por allá al día porque desde que estoy trabajando no tengo tiempo para nada y el poco tiempo que me queda prefiero pasarlo contigo, con vosotros. ¡Qué ganas tengo de que acabe el curso para estar juntos los cuatro, disfrutándonos¡ Por las mañanas te echo tanto de menos… Y sé que a ti te pasa igual porque en cuanto llego a casa te pegas a mí y ya no quieres perderme de vista ni un minuto en toda la tarde. Supongo que pensarás que mejor tenerme controlada antes de que vuelva a desaparecer. ¡Para que luego digan que siendo tan pequeñito no te das cuenta de nada¡

Este mes has aprendido muchas cosas nuevas. La más importante de todas es que desde hace dos días dices “pa-pa-pa-pa”. No te imaginas cómo tienes a tu padre de orgulloso. Y yo, medio en risa medio en serio, te digo que primero tienes que decir “ma-ma-ma”, pero no hay forma. Tu te ríes y sigues con la cantinela “pa-pa-pa-pa”. Ayyy, esa sonrisa infinita que tienes en la cara y con la que embobas a todo el mundo… Y a quien no conquistas con la sonrisa lo haces con esos ojazos grises con los que quieres comerte el mundo.

Ya empiezas a sostenerte sentado. Aún te cuesta un poquito pero más o menos lo vas controlando. Estoy deseando de que te sostengas sin problemas para darte trocitos de comida sin que me de miedo ;). Comes muy bien y quieres probar todo. El pan sigue siendo de tus cosas favoritas, aunque según tus abuelas con los purés te relames, jaja.

No te gusta nada que te cambiemos el pañal ni que te cambie de ropa. Con la ropa tan rebonita que tienes y no hay quien te la ponga. Te retuerces y prefieres estar con el pañal lleno de caca que limpito… fíjate si eres marranote… A veces, incluso te tenemos que cambiar entre papá y yo porque uno solo es imposible.

Ya controlas un montón con las manos y coges lo que quieres sin problemas. Lo coges, lo tiras al suelo y te ríes… Y cuando te decimos “no, no, no” estallas en carcajadas… Y entonces tenemos que reirnos todos porque no somos capaces de escapar de la magia de tus risas.

Tu hermano te cuida un montón. Jamás pensé que te iba a querer tanto. No sabes cómo te habla… te hace carantoñas, se inventa canciones para ti y cuando te pongo en la cama no se despega de tu lado porque sabes que empiezas a rodar y en un momento te cruzas la cama de punta a punta. Entre los dos me ofrecéis momentos únicos y ver cómo os miráis, cómo te cuida, cómo le sonríes tu… es lo más bonito de la maternidad.

Te encanta que juguemos contigo y cuando empezamos a cantarte “tortitas, tortitas” mueves las manos como ni no hubiera un mañana. No eres capaz aún de dar palmas pero ya te falta muy poquito. Eso si, aunque no seas capaz, empiezas a intentarlo y no hay quien te pare. Jugamos un poquito y para ti nunca es suficiente. En cuanto paramos empiezas a gritar para que sigamos haciéndote monerías.

A papá se le cae la baba contigo. Dice que eres el niño más guapo del mundo, el más risueño y el más bueno. Eres tan tranquilito, no estás dando tanto margen que estamos más relajados teniéndoos a los dos que cuando Álvaro tenía la misma edad que tu y era solo uno.

Contigo podemos hacer cosas que jamás pensamos que podíamos hacer con dos a la vez, la maternidad/paternidad de tu hermano nos tenía acojonados, jaja. Este mes incluso hicimos una pequeña escapada a Évora y el sábado pasado fuimos a nuestro primer concierto en familia. Con Álvaro el primer concierto que fuimos fue de Carina (si, hijo, si. Pero en nuestra defensa te diré que nos lo encontramos de casualidad en una feria) mientras que contigo hemos estado en un concierto de Hueco. Búscalo en google porque seguramente ya ni exista aunque a tu padre y a mí, más a tu padre, nos encanta. A ti no sabemos si te ha gustado porque te has pasado más de la mitad del concierto dormido, como si no te molestase el mundanal ruido ;).

Cuidarte está siendo maravilloso, tesoro. Te quiero hasta el cielo.

Mamá.

Seis Meses de Bimaternidad

Ya han pasado seis meses desde que Jorge está con nosotros. Seis meses que se me han pasado volando por una parte y que se me han hecho eternos por otra.

Seis meses durillos, no os voy a engañar, porque aunque el pequeñín apenas da ruido (para que luego digan que todos los niños son iguales, si, si, a mí me lo van a decir…) necesita mucho tiempo. Tiempo para comer, tiempo para dormirlo, tiempo para bañarlo y para cambiarlo de ropa una y otra vez porque de vez en cuando echa un poquillo, o tiempo para, simplemente, perderlo o ganarlo, mejor dicho, quedándote ensimismada mirándolo.

Además, también está mi príncipe destronado que aunque adora a hermano y todo son carantoñas para él reclama su espacio constantemente. Incluso hemos pasado una época de celos muy dura pero parece que poco a poco va remitiendo (esto no debería ni haberlo escrito porque ya veréis que es decirlo y el señorito vuelve a las andadas ;))

Sin embargo, lo mejor de estos seis meses también me lo han dado ellos. La sonrisa infinita de Jorge que se ríe hasta cuando está en duermevela, las caricias constantes que le hace Álvaro, sus “¿qué te pasa a ti?” con esa voz de falsete, la forma en que el pequeño busca al mayor y le da pequeños grititos para llamar su atención, los “nosotros cuatro” de Álvaro, las canciones que le canta para que no llore o para tranquilarlo.. Un montón de experiencias bonitas que superan con creces los días grises, porque es verdad que la maternidad de dos se vive de forma distinta, es más dura, más compleja, más estresante… pero también es mucho más mágica porque ves la forma en la que van interrelacionando ellos, cómo se miran y admiran (dentro de un tiempo os contaré como se pelean, pero por ahora dejadme seguir feliz en mi nube, jaja)  y tu corazón está a una milésima de estallar de amor.

Muchas veces, estando ya embarazada del segundo, me pregunté a mí misma si no me habría precipitado, si no sería mejor que los hermanos se llevasen algo más de tiempo para poder disfrutar un poco más del mayor, para no destronarlo tan pronto… ¡Qué equivocada estaba¡ Creía que tener dos significaba no poder disfrutar de uno, cuando es justo al contrario, ahora es cuando más disfruto de ellos, ya sea juntos o por separado. Juntos porque veo como interrelacionan y por separado porque valoro más el tiempo en exclusiva que les dedico a cada uno, aunque la verdad es que pocas cosas hacemos sólo con uno de ellos. Álvaro siempre se empeña en que “el bebé también” y a mí me encanta que lo incluya en sus rutinas.

Estos seis meses ha sido el tiempo en el que más veces me he tenido que decir “respira, tranquila“, meses en los que he deseado a las cinco de la tarde que fueran las diez de la noche para que Álvaro se fuera a la cama, que he llorado de impotencia porque estaba sola en casa y cada uno de ellos llorando a su vez, que he llorado de cansancio (si, soy un poquito llorona 😉 )… Convivir con dos príncipes es agotador, pero simplemente sonriendo han conseguido que estos seis meses sean los mejores de mi vida.

Fijaos si merece la pena que no me quito de la cabeza tener un tercero, ni en los malos momentos, que os aseguro que haberlos haylos. Mi señor esposo ya le está viendo las orejas al lobo y aquí, en petit comité, creo que se está empezando a concienciar de que al final será padre de familia numerosa, por lo menos ya no dice un “no” rotundo sino un “ya veremos” y un “ya veremos” con lo pesada que puede llegar a ser su mujer es casi un sí ;).

Beneficios de la Lactancia en Tándem

Jamás pensé que le iba a dar el pecho a Álvaro tres años, siete meses y muchos días. Y, por supuesto, jamás pensé que iba a tener una lactancia a dos bandos, una lactancia en tándem.

Imagen de lactancia en tandem

Siempre me ha llamado mucho la atención las imágenes de la lactancia en tándem 😉

 

Yo, que antes de que naciera Álvaro, me definía como “una madre de biberón”. No le veía muchos beneficios a la lactancia, es más, sólo le veía perjuicios: tienes que estar todo el día con la teta fuera, no puedes dejar al niño con nadie ni un rato, no sabes cuánto come exactamente… Hasta el mismo momento del parto estaba convencida de que no le daría el pecho a mi angelito. Después nació, y nada más nacer ¿sabéis qué hice? Ponérmelo al pecho. Ese fue el primer ¡zas¡ en toda la boca que me llevé siendo madre. El primero de muchos…

Después dije que le daría el pecho hasta los seis meses. Llegaron los seis meses y mi bebé era tan chiquitito y a mí me gustaba tanto tenerlo pegadito que dije que le daría hasta el año, y cuando llegó el año que hasta los dos, como recomienda la OMS… Y a partir de ahí ya me dejé llevar, ya no me planteaba hasta cuando le daría el pecho, solo se lo daba. Pero a pesar de eso, nunca pensé que iba a dar el pecho a dos niños a la vez y menos si entre ellos se llevaban una diferencia de edad de tres años. Una locura, vamos, pero una de las mejores locuras que he hecho en mi vida.

Sin embargo, no os voy a engañar. Reconozco que la lactancia en tándem es agotadora. Sobre todo porque Álvaro, que hasta antes de que naciera el bebé solo reclamaba la teta para dormir y por aburrimiento, los primeros dos meses en cuanto veía a su hermano enganchado venía a darle un chupito. Yo creo que estaba probando si aún seguía teniendo su puesto. Una vez que comprobó que seguía siendo el rey de la casa ha vuelto a reclamar la teti sólo para dormir, para aliviar el dolor cuando se hace alguna pupa o para calmarse de alguna de sus rabietas ;).

A pesar de ser agotadora también creo que la lactancia en tandem tiene más beneficios que perjuicios

Beneficios de la lactancia en tándem.

1) Sabes de antemano que tienes leche. Esto a simple vista os parecerá una tontería, y más siendo el segundo hijo, pero para una recién parida con las hormonas a mil cualquier comentario puede minar su autoestima en un día duro. Pero como no has dejado de dar el pecho ni siquiera se te pasará por la cabeza eso de ¿tendré leche?

2. Existe la creencia de que con la lactancia en tándem el hermano mayor “le roba” el alimento al pequeño cuando es al contrario, existe más producción y por tanto la pérdida de peso que sufren todos los recién nacidos durante los primeros días de vida es menor y recupera peso más rápidamente, ya que el hermano mayor estimula el pecho para que tengas muuuuucha más cantidad de leche que si sólo mamara el pequeño.

3. A pesar de que hay más producción de leche es muy difícil que se congestionen los pechos porque el hermano mayor ayuda a descongestionar. Durante mi segunda lactancia jamás se me han puesto los pechos duros y con bultitos fruto de una producción mayor que la demanda.

4. No se dan las temidas crisis de crecimiento. Si os digo la verdad yo no noté estas famosas crisis con Álvaro pero las mamás que las han sufrido dicen que son horribles. De hecho muchas mujeres dejan de amamantar durante estas crisis porque la falta de información les hace pensar que ya no tienen leche. Pues bien, con la lactancia en tándem estas crisis se dan aún menos ya que la producción de leche suele ser siempre superior a la que demanda el bebé.

5. Y dejo para el final lo más importante. Durante el embarazo pensé varias veces en destetar a mi angelito mayor porque el dolor de pezones algunas temporadas era insorportable. Pero aguanté como pude porque no quería que se viera desplazado y también por egoismo, porque quería vivir esa experienca. La lactancia en tándem me ha aportado, por ahora, los mejores momentos de la bimaternidad. Un montón de momentos especiales en los que los tengo a los dos acurrucados en el pecho mientras Álvaro acaricia la manita de su hermano y el pequeñajo se queda mirándolo embobado… Son momentos que no tienen precio.

Para mí la lactancia en tándem ha supuesto sobre todo un montón de beneficios y de momentos llenos de ternura. De repartos equitativos y miradas cómplices. De chupitos, de ahora le toca al bebé, de generosidad por parte de Álvaro y, sobre todo, de un amor sin límites.

 

Celos entre Hermanos: Realidad o Ficción

Una de las cosas que más me preocupaba cuando estaba embarazada de mi segundo angelito es cómo se lo tomaría Álvaro. El estaba muy contento con la futura llegada del bebé, hablaba de él, me daba besitos en la barriga… Pero una cosa es estar contento con un bebé que “no ve”, que no hace ruido ni le quita protagonismo y otra cosa es estarlo con un bebé que quiere estar 24 horas al día en brazos de su madre.

Me daba pánico que no aceptara bien el cambio, que se sintiese desplazado, que no quisiera a su hermano… Y mil cosas más. Por eso desde el principio intenté hacerlo partícipe de todo: nos enteramos todos a la vez de la llegada del hermanito, vino a ecografías, me ayudó a preparar su ropita y su padre, unas horas después de nacer Jorge, fue a buscarlo a casa y se quedó con nosotros en el hospital.

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