Maternidad

Que no nos Quiten la Voz

Hace unos meses, cuando escribí el post Colecho: ¿por Obligación o por Convicción?, os decía que el colecho sigue siendo un tema tabú. A los padres no nos gusta airearlo por aquello de que a veces es mejor no decir “mi hijo duerme con nosotros” para evitar críticas. La mayoría de las veces lo que hacemos es ocultarlo. No dar explicaciones porque realmente a nadie le interesa lo que ocurre en nuestra casa y cómo dormimos. Y es más fácil callarse que estar todo el santo día defendiendo una postura o una forma de crianza que no está muy bien vista.

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¿Cuándo la Lactancia Se Convierte en Prolongada?

Para empezar tengo que decir que el término de “lactancia prolongada”, como se conoce actualmente a dar el pecho más allá de lo socialmente establecido, no me gusta. Ni me gusta ni lo entiendo, porque yo, que doy teta a mi hijo de 33 meses, no me parece que esté prolongando nada. Para mí, es simplemente una lactancia normal y corriente. Una lactancia natural que durará lo que mi angelito quiera o hasta que yo, su santa madre, me harte de tener un niño (y pronto dos) recolgando de la teta.

Hay lactancias más cortas, más largas e inexistentes… Y a ninguna mamá que ha dado de mamar dos meses se nos ocurre decirle que su lactancia ha sido una “lactancia reducida”. Entonces no entiendo que la mía (la nuestra) se la tilde de “lactancia prolongada”.

niño mamando lactancia
Imagen sacada de san google 😉

Como ya he escrito en diferentes post, yo jamás me planteé una lactancia prolongada. En realidad, no me planteé ninguna forma de lactancia porque yo estaba convencida de que mi hijo sería un niño de biberón. Ese era mi pensamiento hasta que nació, que me lo enganché a la teta y hasta hoy.

Jamás pensé que nuestra lactancia iba a durar tanto, la verdad. Cuando era recién nacido no me marqué una meta, y después, cuando le empecé a coger el gusto pensaba a menudo que ojalá llegásemos a los seis meses… Seis meses de lactancia ya me parecía mucho tiempo. Después Álvaro cumplió seis meses y yo veía tan chiquinino, tan indefenso, seguía necesitando tanto su teta y a mí me gustaban tanto los momentos en los que se acurrucaba junto a mi pecho… Además, si las nochecitas toledanas con las que nos obsequiaba ya eran difíciles con la teta, sin la teta no quería ni imaginármelas… Así que seguimos con la teta a cuestas 😉

Hasta que Álvaro cumplió un año en todas las comidas primero tomaba teta y después comía lo que le apetecía. Cuando estábamos en casa muy bien pero si por alguna cosa comíamos en casa de mi madre o mi suegra imaginaos las críticas… Si lo hartaba de leche después no iba a querer comer y ya no era niño de teta. Porque en esto de la lactancia hay demasiadas voces expertas y si no le das el pecho a un recién nacido… malo, pero si se lo das a un bebé que pasa de los diez, doce meses… peor todavía, ¡qué después puede estar enganchado a la teta hasta que se vaya a la universidad, hombre ya¡

Y pasó el primer año y mi bebé seguía siendo tan pequeñito, la teta nos ayudaba tanto en su crianza y se estaba tan bien con él en el pecho, haciéndonos carantoñas, sonriéndonos… Además, la OMS recomienda la lactancia hasta los dos años… ¿Cómo se la iba a quitar yo un año antes si todo eran beneficios…? A partir de aquí ya empecé a ocultarlo. Hasta ese momento me sacaba la teta donde hiciera falta pero como me empecé a hartar de los “¿todavía toma teta?”, “uyyy, con lo mayor qué es”, “¿hasta cuando le vas a dar”? que me soltaban familiares y conocidos y no es plan de contestarle “hasta que nos de la gana” a todos, aunque la mayoría es lo que se merecía, pues decidí no sacar la teta en público ni hablar sobre el tema y santas pascuas.

Y Álvaro cumplió dos años y después dos años y medio y aquí seguimos, con la teta en casa pero a demanda. Hay días que sólo la pide para dormir, otros días que la quiere para acurrucarse un ratito con mami y otros días que me ve salir de la ducha y casi trepa en busca de “un chupito, ¿vale?, sólo un chupito”.

Nunca pensé que iba a dar tanto tiempo el pecho. Es más, reconozco que antes de ser madre conocí varios casos de mamás que daban de mamar a bebés más grandecinos y me ponía las manos en la cabeza (para que veáis que nunca se puede decir “de este agua no beberé”), pero ahora no me imagino mi maternidad sin la lactancia.

La teta nos ha aportado tanto y nos ha dado tantos momentos buenos, tantas caricias, tanta ternura y tanta complicidad que no hay día que no piense que si esto es lactancia prolongada por mí como si se llama “Pepito Flores” pero que yo quiero seguir disfrutándola y espero que en unos meses también compartiéndola 😉

Y vosotr@s ¿qué pensais? ¿Llega un momento en que la lactancia se convierte en “prolongada”?

Maternidad

Semana Mundial de la Lactancia Materna

Aquí estoy yo, casi a las dos de la mañana intentando escribir un post para la Semana Mundial de la Lactancia. Yo, que juré y perjuré que no iba a dar teta, que no quería tener a un niño toooodo el día enganchado, que no quería que se me pusieran escuchumizás, que pensaba que las que amamantaban a niños mayorcitos estaban locas… Pues aquí estoy, dando teta (muuuuuucha teta) a un niño que tiene 25 meses, que ya come de todo y que, como siga creciendo a este ritmo, pronto es más grande que yo.

                                 https://i1.wp.com/www.maternidadcontinuum.com/wp-content/uploads/2014/08/lema_dialactancia2014.jpg

No os voy a hablar de los beneficios de la lactancia materna porque tod@s sabéis que la leche materna es mejor que la de fórmula, ni os voy a decir que si le dais teta no se os va a poner malo porque se ponen malos: que le dais leche, no paracetamol. No os voy a decir que dar el pecho favorece el apego porque creo que una madre que cría con biberón puede favorecer el apego exactamente de la misma forma…

Vamos, que no os voy hablar de las cosas buenas que tiene porque creo que la lactancia debe ser una opción personal de cada madre y yo no intento convencer a nadie. Lo que si os voy a decir es que si optais por la teta no dejéis que nadie os desanime, que nadie os diga cómo tenéis que amamantar (me refiero a lo de las tres horas y a los diez minutos en cada pecho) y  que no dejéis que nadie os diga que no tenéis leche. Y cuando digo nadie incluyo también al personal sanitario, que con su ignorancia y sus famosas ayuditas se cargan muchas lactancias.

Si optais por la lactancia no dejéis que nadie os diga hasta cuándo le vais a dar teta ni que vuestro hij@ ya está mayor para seguir todo el día enganchado. Recordad siempre que las tetas son vuestras y el niñ@ también, por lo que sólo a vosotras os incumbe decidir hasta dónde va a llegar vuestra lactancia.

Nosotros llevamos 25 meses y una semana de feliz lactancia y no hay día que no me alegre de haber cambiado de opinión. Para mí, dar el pecho es una de las mejores cosas de la maternidad y espero que Álvaro siga mamando muuuuucho tiempo (por lo menos hasta que se vaya a la mili, jaja).

 

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¿Son más quejicas los hombres o las mujeres?

Hombre y mujer adultos, enfermos con placas en la garganta, dolor de cabeza persistente y mareos (el hombre además ayer tuvo fiebre: 38,5º)

Ocho de la mañana:

La mujer se levanta y llama al médico para coger cita para ese mismo día ­como sea. Recoge del tendedero una colada y la plancha, hace unas lentejas con verduras para comer, friega los platos de la cena (se ha descolgado la puerta del lavavajillas y no se puede usar) y limpia a fondo un cuarto de baño y oye como se despierta el hombre.

Nueve y cuarto de la mañana:

El hombre se despierta pero como esta malo se queda echando una partida de móvil en la cama. Se levanta y se pone el termómetro, ve que no tiene fiebre pero está muy cansado y se va al sofá. Va a cagar y se vuelve a poner el termómetro no vaya a ser que le haya subido la fiebre.

Diez menos cuarto de la mañana:

Se despierta el hijo de ambos. La mujer va a verlo a la cama, le dice que vayan los dos a hacer pipí al wáter, canta y salta con el niño porque tiene el pañal seco de toooooda la noche y encima hace pipí en el orinal. Se va con él de nuevo a la cama y le da teta.

Diez de la mañana:

La mujer le pone el desayuno al niño y se hace su desayuno. El hombre se hace su desayuno.

Diez y veinte de la mañana:

Mujer y hombre llevan el niño a casa de la abuela paterna y se van al médico.

Diez y media de la mañana:

La médico les dice que tienen placas y se extraña que a la mujer no le haya dado fiebre. También se extraña que pida medicamentos compatibles con la lactancia y le pregunta cuánto tiempo tiene el niño. La cara cuando la mujer le dice que tiene dos años es digna de un poema.

Diez y cuarenta y cinco de la mañana.

El hombre y la mujer van a buscar al niño a casa de la abuela y ésta dice que irá a por él más tarde.

De once a doce y diez de la mañana:

La mujer limpia el otro cuarto de baño, hace las camas y ordena el vestidor. También está con el niño a ratos y le pregunta mil vecesque si quiere hacer pipí.

Doce y diez de la mañana:

La abuela llega a recoger al niño, la mujer lo pone a hacer pipí en el orinal y cuando lo hace vuelve a saltar y bailar con él. Lo viste y le prepara una mochila con una muda por si acaso…

De doce y diez hasta la una y cuarto de la tarde:

La mujer barre, limpia el polvo y friega la habitación, vestidor y cuarto de baño y barre y friega la cocina. Después, sobre la una y cuarto se sienta en el sofá.

Una y cuarenta y cinco de la tarde:

La mujer va a casa de la abuela a por el niño.

De once a catorce horas:

El hombre está sentado-acostado en el sofá jugando al móvil o a la play station.

¿Hace falta hacer algún comentario? Vosotros qué pensáis ¿son más quejicas los hombres o las mujeres?

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Un cambio es posible

        Esta entrada la escribir ayer es llegar a casa después de la revisión de los dos años de Álvaro, porque estaba tan contenta que no quería que por dejarla para hoy se me escapara ningún detalle de lo feliz que me sentía (llamadme tonta, pero ayer fui super feliz). No la publiqué porque ya había publicado otra entrada y dos en un día me parece un poco desmedido 😉

Acabo de llegar de la revisión de los dos años de Álvaro. Cumple los dos añitos dentro de una semana, pero cogí la cita para hoy porque el día de su cumpleaños tengo el último examen y prefería ser yo la que lo llevara a la revisión a que fuera su abuela.

Desde hace unos días llevo pensando si contarle la verdad o ocultar información cuando me haga las preguntas rutinarias sobre la lactancia, el sueño, etc. Ni cuando iba de camino al centro de salud tenía claro qué iba a hacer, pero todas mis dudas se han despejado es llegar. Lo primero es que en cuanto hemos entrado en la consulta le ha dicho a Álvaro “uy, que grande estás desde que no te veo”. Seguro que ni se acuerda de la última vez que lo vió, pero sólo por el hecho de que haya tenido unas palabras para él a mi ya me tenía ganada.

Yo le había contado a Álvaro que íbamos a la pediatra, que le iban a hacer una revisión y que no tenía que llorar porque no le iban a hacer nada malo y después, cuando salieramos, ibamos a ir a ver los patos al parque. Pues yo no sé si es que me entendió o le dió por ahí, pero el caso es que se ha portado super bien y no ha llorado ni una sola vez, se ha dejado hacer de todo, etc.

        Lo ha reconocido y después ha pasado a medirlo y pesarlo. Mide 94 cm (se volvió a salir de los percentiles) y pesa 12,700. El perímetro de la cabeza es de 49 cm.

        Mientras ella va haciendole la revisión hablamos de las comidas y el sueño. Le cuento que duerme fatal y me pregunta que si lo he sacado de la habitación y le reconozco que no. “No pasa nada, ya lo harás más adelante” me dice, y hablamos del sueño y de procesos madurativos, de lo que hace cuando se despierta en mitad de la noche (con risas por su parte porque no lo tiene que soportar, jaja), de la relación que tiene la teta y la obesidad, de lo mucho que habla y la importancia de los grupos de apoyo a la lactancia, de la guardería, de lo poco que se ha puesto malo, de intentar una operación pañal este verano y de que le encanta cepillarse los dientes, de fomentar buenos hábitos y de que las mamás también necesitamos tiempo y espacio, del cole, de cómo “juega”- interactua con otros niños, de los beneficios de la lactancia, de la OMS y de un sinfín de cosas más que jamás (jamás de los jamases) pensé que hablaría con ella…

       Tras más de media hora de conversación, salgo de la consulta encantada, preguntándome qué le habrá pasado a mi pediatra que antes no era así (recuerdo a los 15 días me recomendó una ayudita y en la revisión de los 10 meses? me dijo que le dejara de dar teta por la noche porque mamaba por vicio) y no hay quien me quite la sonrisa de la boca porque sé que sólo cuando el personal sanitario esté formado e informado, cuando se tenga en cuenta los sentimientos y necesidades del niño y no se cuestionen las decisiones de los padres, otra forma de crianza será posible.

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Érase una vez un niño que estaba malito

Hoy voy aprovechar esto del anonimato para contaros un cuento:

Érase una vez un niño que estaba malito…

    “Érase una vez una mamá que estaba muy preocupada porque su hijo llevaba varios días malito. Tenía una infección de garganta y de oídos muy grande y la fiebre iba y venía sin parar. Además la mamá estaba muuuy cansada porque el niño, que en circunstancias normales no para quieto ni un segundo, quería estar siempre siempre en brazos de mamá y si es con la teta en la boca pues mejor que mejor.

    El niño, como estaba tan malito, llevaba cuatro días sin comer, pero la mamá en ese sentido estaba muy tranquila porque sabía que mientras mamará su hijito estaría alimentado.

    Los abuelos del niño y suegros de la mamá (por si quedaba alguna duda) también estaban muy preocupados porque conocían al niño en cuestión y sabían que para que él estuviera tanto tiempo quieto es que ya tenía que estar malo. También estaban preocupados porque el niño no comía y achacaban su decaimiento a que se había quedado sin fuerzas…

    Esta mañana estaban los cuatro abuelos de visita en la casa del niño y volvió a surgir el tema de que el niño no come (uffffff) y el papá de la mamá del niño (es decir, el mío) que es un bocazas como la copa de un pino le dice al suegro de la mamá del niño: “no come, pero toma mucha teta”.

    Y se volvió a desatar la tormenta de opiniones sobre la teta, porque como en este tema parece ser que puede opinar todo el mundo… pues… empezó el suegro de la mamá del niño opinando que ya debería de quitarsela, la suegra de la mamá del niño lo apoyó y la mamá de la mamá del niño (la mía) también estaba dispuesta a entrar al trapo.

   Pero la mamá del niño que estaba malito zanjó el asunto con un “ese tema es asunto mío, y no lo es ni tuyo, ni tuyo, ni tuyo, ni tuyo” (refiriéndose a los cuatro abuelitos del niño).

   La moraleja del cuento debería ser: “no te metas donde no te llaman y no saldrás escaldado.”

   Sin embargo, seguro que no ha servido de nada. Los abuelos del niño seguirán preocupados porque su nieto no come y pensarán que su nuera tiene un carácter que pára que contar, la mamá de la mamá del niño (la mía) estará preocupada porque tiene una hija muy contestona y la mamá del niño se sentirá mal por haberle contestado al abuelo del niño (su suegro) y por tener que estar siempre defendiendo su lactancia. Y lo peor de todo, lo peor con diferencia, es que el niño sigue malito y, a veces, ni siquiera en el pecho de su mamá encuentra consuelo.

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Críticas a una mala madre

             Hoy no pensaba escribir nada, pero leo el post que escribe Susana de Las cosas de Paula y no me puedo contener. He decidido a hacer una lista con las cosas que más me critican (unas veces de forma explícita y otras con la mirada, que hay miradas que matan y una no es tonta y también se da cuenta de las cosas aunque a veces prefiera mirar para otro lado) como madre:

Críticas a una mala madre

1. Que le siga dando el pecho a Álvaro a pesar de tener ya 21 meses. Esta es una crítica recurrente, me la hace mi madre, que piensa que me estoy quedando demasiado delgada por tanto darle la teta, mis suegros, que creen que seguirá tomando teta hasta que se vaya a la mili (pero si ya no hay mili ¡¡¡), mi hermana, mi cuñada, mis amigas…

2. Que durmamos con Álvaro tampoco es algo que se vea con buenos ojos. A menudo escucho eso de que los niños tienen que dormir en la cuna, que eso siempre se ha hecho así, como si el hecho de que una cosa se haya hecho siempre de una determinada forma parece que le da, ya sólo por eso, autoridad. A mi me entran ganas de replicar que hubo un tiempo en el que no había cunas y que l@s niñ@s dormían abrazad@s a sus padres, pero sé que no va a servir de nada y paso de gastar saliva.

3. Que no lleve a Álvaro a la guardería. No sé muy bien por qué pero esta es otra cuestión que a más de uno le trae de cabeza, lo de la socialización y todo ese rollo y que en la guardería aprenden muchas cosas y si el niño no va pues parece que no va aprender a cantar happy birthday to you en la vida.

4. Que lo deje pintar en las paredes. Esta crítica es reciente, de hace apenas un par de meses, cuando a Álvaro le ha dado por pintar por todos lados. Aquí si que contesto o bien que yo no lo dejo lo que pasa es que para cuando me quiero dar cuenta ya ha dejado el rallón (y entonces es peor porque me miran como diciéndome que tengo que estar más pendiente y no se dan cuenta de que en realidad es que tengo un hijo muy muy rápido) o que lo dejo porque imagínate que la mamá de Picasso le dijera: hijo, no pintes en las paredes que se ensucian pues nos habriamos quedado sin un genio… y cuando contesto esto ya me miran como si me hubiero vuelto loca del todo.

5. Que vaya a todos sitios con Álvaro. Por ejemplo, el año pasado fuimos en Semana Santa a Portugal y nos llovió a mares, pues mi madre no se cansó de decirme: pobre niño, lo teníais que haber dejado conmigo. Como es mi madre le contesto que yo diría pobre niño si hubiese sido justo al contrario, es decir, si lo hubiera quedado cinco días con la abuela para irme de vacaciones (y ojo, que no estoy criticando a nadie, que yo no lo dejo porque no soy capaz, simplemente).

6. El tema de la comida. Esto si que ha sido fuente de críticas… Cuando Álvaro empezó con la comida complementaria yo nunca le trituraba nada, se lo daba así tal cual, y me acusaban de que el niño se iba a atragantar por mi culpa. Además, tampoco he seguido al pie de la letra las indicaciones del pediatra. Si que he intentado dejar unos días de separación entre la introducción de los diferentes alimentos por el tema de las alergias, pero no le he dado primero el pollo, después la ternera… y así, sino que ha ido probando alimentos según un criterio mucho más aleatorio, por llamar de alguna manera a un poco de desorden en este sentido, así que imaginaos las críticas.

7. Que lo intente llevar siempre monísimo, pará que si total se va a ensuciar enseguida y encima el niño no va cómodo. Pues si no va cómodo que se aguante, pero a mi me gusta verlo guapo y conjuntado, a ver que le voy a hacer.

8. Que no le deje llorar. Esta crítica en parte es culpa mía porque a veces me puede lo trasto que es Álvaro, lo mal que duerme y que no me deja ni ir a hacer pis sola y me quejo. Pero yo no me quejo para que me den soluciones o si me las dan que sean soluciones razonables, y que me digan que lo deje llorar para mi no lo es, yo sólo me quejo porque a veces necesito desahogarme, como todo el mundo.

           Yo no sé si soy o no buena madre, ni siquiera creo que sea yo la que tengo que juzgar eso, sino mi hijo en un futuro. Sólo sé que lo estoy intentando hacer lo mejor que puedo, que me dejo la piel y que soy una madre que actúa de acuerdo con sus principios e ideas. A veces no son las ideas que tiene la mayoría, pero son las mías, y mi hijo ha tenido la suerte o desgracia (quiero pensar que es suerte) de venir a caer en nuestra casa y ser educado a nuestra manera.