Maternidad

El Chupete ¿Es necesario?

El chupete no es necesario. De hecho, mis dos hijos no han usado chupete. No lo han hecho porque su madre tuviera una idea preconcebida acerca del chupete sino porque ellos no lo han querido.

Después, he escuchado muchas veces que los niños que toman pecho a demanda no quieren chupete, que no necesitan calmar su necesidad de succión con una tetina artificial porque ya tienen a su madre ;).

Imagen de chupetes rosas
El chupete ¿es necesario?

 

A mi angelito mayor le intenté poner el chupete a los cuatro días de vida. Estaba todo el día llorando y aunque sabía que durante los primeros días no es bueno darle el chupete porque puede interferir en la lactancia, mi inexperiencia como mamá primeriza me hizo pensar que quizás si tenía algo para chupar dejaría de llorar y de camino de pedir teta.

No recuerdo que pensaría en aquellos momentos de puerperio pero debía ser algo parecido a “a ver si con el chupete se calma y se olvida un poco de mí”. Pensamientos estúpidos que denotaban que aún no conocía lo listísimo (y reguapo, soy su madre, lo siento, jiji) que me había salido el niño, porque ¿cómo iba a querer él un trozo de plástico del que no sacaba nada teniendo la tetita de su madre tan calentita y tan rica? Si es que el plástico es lo que tiene… Que con él nada es igual ;).

Yo seguí intentando ponerle el chupete durante una temporada más pero él seguía diciendo que pa’ mí a no ser que se lo mojara un poquito en agua con azúcar, en miel o en leche condesada. No me crucifiquéis. Recordad que era madre primeriza y, sobre todo, madre desinformada.

Al cabo de un tiempo me aburrí de seguir intentándolo y asumí que mi niño no quería chupete, quería teta, y la colección de chupetes que teníamos (compré muchos por aquellos de a ver si lo quería con la tetina más grande, más chica, de silicona…) pasó a ser un adorno más del árbol de navidad.

Con mi segundo angelito ya no era madre primeriza y si una mamá muy informada, así que decidí durante el embarazo que no le daría chupete. Peeeeero, después nace el niño, tu estás cansada, tienes otro hijo mayor que te reclama más que antes, el pequeño quiere estar todo el día enganchado a la teti… En fin, que donde dije digo digo Diego y cuando pasaron unas semanas saqué uno de los chupetes que nos habían regalado y se lo intenté endosar.

Álvaro estaba deseando ponérselo. A él le parecía que un bebé no es suficientemente bebé si no tiene chupete y se llevó una desilusión enorme cuando cada vez que se lo entraba en la boca su hermanito se lo escupía para atrás. Le expliqué que él, cuando era un bebé, tampoco quería el chupete y aunque insistimos unos cuantos días más (esta vez sin azúcar ni miel, jaja) mi angelito pequeño también ha tenido claro que el chupete no le gustaba.

Hasta aquí la historia de dos hermanos que no han querido usar chupete y que han tenido a su santa madre todo el día y buena parte de la noche con la teta fuera.

Y ahora vamos a la segunda parte

El chupete ¿es necesario?

Reflejos de los recién nacidos: el reflejo de succión.

Este reflejo se puede apreciar incluso desde antes de nacer en las ecografías. Por ejemplo, yo tengo una foto de una ecografía en la que Álvaro se estaba chupando el dedo.  Se intensifica al tercer mes y desaparece en torno a los seis o siete meses. Álvaro estaba todo el día moviendo los labios haciendo este reflejo, en cambio el pequeñajo apenas lo hace.

El reflejo de succión tiene dos variantes: la alimenticia y la no alimenticia. Durante la succión alimenticia el bebé se alimenta y con la succión no alimenticia el bebé “ensaya” para la otra, además también va tragando pequeñas cantidades de leche muy rica en grasa.

Es durante la succión no alimenticia cuando a los niños se les da el chupete para evitar que estén todo el día colgados de la teta. ¿No os han dicho nunca eso de “este niño te está usando de chupete“? Pues eso. Pero en realidad nuestro angelito no usa nuestra teta de chupete, sino que utiliza el chupete como si fuera la teti ;).

Aspectos negativos en el uso del chupete.

A pesar de todo ello y de que los pediatras encuentran algunos aspectos negativos en el uso del chupete como:

  • No es recomendable darle el chupete a un bebé antes del mes de vida porque puede interferir en la lactancia.
  • Los niños no deben usar el chupete más allá del año (o de los dos, en este punto los pediatras no se ponen de acuerdo) para que no se les deforme la mandíbula.
  • Se le asocia al uso del chupete las famosas caries del biberón, ya que al comer el chupete entra en contacto con restos de comida o bebidas con azúcar y hay más probabilidad de que el niño desarrolle caries.

Cosas buenas del chupete.

El chupete también tiene sus cosas buenas:

  • El chupete tiene un efecto tranquilizador. A esto es a lo que me refería antes cuando os decía que mis niños, al no querer chupete me hacían estar todo el santo día con la teta fuera.
  • El chupete ayuda a prevenir la muerte súbita. La muerte súbita se produce debido a un fallo en el sistema cardiaco, sin embargo, científicos australianos han descubierto que el acto de succionar ayuda a mejorar el ritmo cardiaco y la presión sanguínea en los recién nacidos.
  • El chupete ayuda en el reflejo de succión en los niños prematuros. Los niños prematuros aún no tienen bien desarrollado este reflejo, por lo que el chupete puede ayudar a su desarrollo.
  • El chupete se puede perder mientras que el pulgar o la mano no se lo vamos a cortar, ¿no? Muchos niños no quieren chupete pero se chupan el pulgar o incluso la mano entera. Mi angelito pequeño es capaz de meterse todo el puño y mi hermana estuvo chupándose el pulgar hasta que era grandecina. Conozco incluso a gente que tiene el pulgar deformado de chupárselo.

 

¿Y qué pienso yo del chupete? Pues reconozco que me hubiera gustado que mis hijos lo hubieran querido. Sé que el chupete no es necesario y que en realidad es el sustituto de la teta, pero hay veces que lo echo de menos por aquello de no tener que estar todo el día con la teti fuera. Además, a mí me pasa como a Álvaro y un bebé con chupete me parece más bebe ;).

¿Vuestros hijos han usado chupete? ¿Pensáis qué es necesario?

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Semana Mundial de la Lactancia Materna

Aquí estoy yo, casi a las dos de la mañana intentando escribir un post para la Semana Mundial de la Lactancia. Yo, que juré y perjuré que no iba a dar teta, que no quería tener a un niño toooodo el día enganchado, que no quería que se me pusieran escuchumizás, que pensaba que las que amamantaban a niños mayorcitos estaban locas… Pues aquí estoy, dando teta (muuuuuucha teta) a un niño que tiene 25 meses, que ya come de todo y que, como siga creciendo a este ritmo, pronto es más grande que yo.

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No os voy a hablar de los beneficios de la lactancia materna porque tod@s sabéis que la leche materna es mejor que la de fórmula, ni os voy a decir que si le dais teta no se os va a poner malo porque se ponen malos: que le dais leche, no paracetamol. No os voy a decir que dar el pecho favorece el apego porque creo que una madre que cría con biberón puede favorecer el apego exactamente de la misma forma…

Vamos, que no os voy hablar de las cosas buenas que tiene porque creo que la lactancia debe ser una opción personal de cada madre y yo no intento convencer a nadie. Lo que si os voy a decir es que si optais por la teta no dejéis que nadie os desanime, que nadie os diga cómo tenéis que amamantar (me refiero a lo de las tres horas y a los diez minutos en cada pecho) y  que no dejéis que nadie os diga que no tenéis leche. Y cuando digo nadie incluyo también al personal sanitario, que con su ignorancia y sus famosas ayuditas se cargan muchas lactancias.

Si optais por la lactancia no dejéis que nadie os diga hasta cuándo le vais a dar teta ni que vuestro hij@ ya está mayor para seguir todo el día enganchado. Recordad siempre que las tetas son vuestras y el niñ@ también, por lo que sólo a vosotras os incumbe decidir hasta dónde va a llegar vuestra lactancia.

Nosotros llevamos 25 meses y una semana de feliz lactancia y no hay día que no me alegre de haber cambiado de opinión. Para mí, dar el pecho es una de las mejores cosas de la maternidad y espero que Álvaro siga mamando muuuuucho tiempo (por lo menos hasta que se vaya a la mili, jaja).

 

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Un cambio es posible

        Esta entrada la escribir ayer es llegar a casa después de la revisión de los dos años de Álvaro, porque estaba tan contenta que no quería que por dejarla para hoy se me escapara ningún detalle de lo feliz que me sentía (llamadme tonta, pero ayer fui super feliz). No la publiqué porque ya había publicado otra entrada y dos en un día me parece un poco desmedido 😉

Acabo de llegar de la revisión de los dos años de Álvaro. Cumple los dos añitos dentro de una semana, pero cogí la cita para hoy porque el día de su cumpleaños tengo el último examen y prefería ser yo la que lo llevara a la revisión a que fuera su abuela.

Desde hace unos días llevo pensando si contarle la verdad o ocultar información cuando me haga las preguntas rutinarias sobre la lactancia, el sueño, etc. Ni cuando iba de camino al centro de salud tenía claro qué iba a hacer, pero todas mis dudas se han despejado es llegar. Lo primero es que en cuanto hemos entrado en la consulta le ha dicho a Álvaro “uy, que grande estás desde que no te veo”. Seguro que ni se acuerda de la última vez que lo vió, pero sólo por el hecho de que haya tenido unas palabras para él a mi ya me tenía ganada.

Yo le había contado a Álvaro que íbamos a la pediatra, que le iban a hacer una revisión y que no tenía que llorar porque no le iban a hacer nada malo y después, cuando salieramos, ibamos a ir a ver los patos al parque. Pues yo no sé si es que me entendió o le dió por ahí, pero el caso es que se ha portado super bien y no ha llorado ni una sola vez, se ha dejado hacer de todo, etc.

        Lo ha reconocido y después ha pasado a medirlo y pesarlo. Mide 94 cm (se volvió a salir de los percentiles) y pesa 12,700. El perímetro de la cabeza es de 49 cm.

        Mientras ella va haciendole la revisión hablamos de las comidas y el sueño. Le cuento que duerme fatal y me pregunta que si lo he sacado de la habitación y le reconozco que no. “No pasa nada, ya lo harás más adelante” me dice, y hablamos del sueño y de procesos madurativos, de lo que hace cuando se despierta en mitad de la noche (con risas por su parte porque no lo tiene que soportar, jaja), de la relación que tiene la teta y la obesidad, de lo mucho que habla y la importancia de los grupos de apoyo a la lactancia, de la guardería, de lo poco que se ha puesto malo, de intentar una operación pañal este verano y de que le encanta cepillarse los dientes, de fomentar buenos hábitos y de que las mamás también necesitamos tiempo y espacio, del cole, de cómo “juega”- interactua con otros niños, de los beneficios de la lactancia, de la OMS y de un sinfín de cosas más que jamás (jamás de los jamases) pensé que hablaría con ella…

       Tras más de media hora de conversación, salgo de la consulta encantada, preguntándome qué le habrá pasado a mi pediatra que antes no era así (recuerdo a los 15 días me recomendó una ayudita y en la revisión de los 10 meses? me dijo que le dejara de dar teta por la noche porque mamaba por vicio) y no hay quien me quite la sonrisa de la boca porque sé que sólo cuando el personal sanitario esté formado e informado, cuando se tenga en cuenta los sentimientos y necesidades del niño y no se cuestionen las decisiones de los padres, otra forma de crianza será posible.

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La historia de mi lactancia (III)

           La revisión de los seis meses la recuerdo como horrible. Una conocida me dijo hace unos meses que cuando había ido a la revisión de los quince días de su hijo le había dado la sensación de que la estaban examinando. Esa es la sensación que yo tuve entonces, y lo peor de todo es que era como si hubiera suspendido aquel examen.

         Acudimos a aquella revisión el papá de Álvaro y yo, y después de examinar al niño y ver que todo estaba bien, el pediatra nos hizo sentarnos y nos hizo unas preguntas ¿el niño aún toma pecho? si, ¿hace tomas nocturnas? si ¿y duerme en vuestra misma habitación? si.

        Hasta aquí todo bien. A partir de aquí empiezan sus recomendaciones (aunque a mi me parecieron órdenes) no solicitadas. Nos dijo que a partir de los seis meses ya podía suprimir la lactancia materna porque ya prácticamente no salía leche, sino que era muy aguada, que debía eliminar las tomas nocturnas porque ya no las necesitaba, que a esa edad ya mamaba por la noche por vicio. Yo estaba a cuadros… estaba tan helada que no era capaz ni de contestar…, entonces nos recomendó que lo sacaramos YA de la habitación (menos mal que no le habíamos dicho que dormiamos los tres en la misma cama). Cuando nos dijo eso yo sentí como si fuera a perder a mi bebé y estallé. Le dije que no lo iba a sacar porque lo veía muy chiquito para dormir sólo en otra habitación y él, en vez de callarse y acatar la decisión de una madre, intentó ganarse al papá de Álvaro y le preguntó que si a él no le apetecía tener más intimidad, hacer vida marital…Y mi marido le río la gracia.

         Llegamos a casa y escribí en una libreta toda la rabia que sentía por dentro (lástima que no pueda recuperarla…), y lloré, lloré muchísimo… Esa noche el papá de Álvaro me dijo que teniamos que intentar hacerle caso al pediatra y no darle el pecho durante la noche y yo dije que si e hice lo que me dio la gana. Álvaro mamó esa noche, como todas, y por la mañana cuando me preguntó le dije que no se había despertado en toda la noche. Y yo seguí llorando, lloraba sobre todo porque me sentía sola…

        Por aquellos días estaba en contacto con Jessica, de Hablame Bajito, porque quería comprar una mochila para portear a Álvaro, y le conté, vía email, todo aquello que me pasaba, todos mis lloros, mis miedos, mi soledad, mi rabia… Y ella me escuchó, me asesoró y me comprendió. Nunca tendré palabras para agradecerle aquello que hizo por mí, por nosotros, sobre todo teniendo en cuenta que los emails iban y venían en Nochevieja… Recuerdo una frase que me escribió “prepárate guapa porque te queda un largo camino por recorrer”, que razón tenía…

        También leí por aquellos días un post que escribió Nohemí Nervada “Y si el enemigo está en casa” que se puede leer en este enlance y me sentí totalmente identificada. Recuerdo que pensé ¿y si el enemigo está todavía más cerca? ¿Y si está en tu propia cama?

        Pero yo me estaba haciendo fuerte, muy fuerte, y estaba aprendiendo a luchar por lo que quería, a exponer mi punto de vista con argumentos… Poco a poco conseguí llevarme al papá de Álvaro a nuestro terreno, a contarle que lo políticamente correcto (y hoy en día lo es que los niños mamen sólo hasta los seis u ocho meses) no siempre es lo mejor… Y ahora nos apoyamos mutuamente. A veces, cuando alguien nos cuestiona por nuestra manera de criar a nuestro hijo nos miramos y nos sonreimos, lo estamos haciendo bien… le pese a quien le pese.

        Álvaro tiene ahora 20 meses y sigue mamando. Algunas mujeres (porque los hombres eso no lo preguntan, sigue siendo un tema tabú), quiero pensar que con un interés sano (aunque no soy tonta y muchas veces capto el deje de ironía) me preguntan que hasta cuándo. La respuesta es muy sencilla, hasta que nosotros, mi hijo y yo, lo decidamos. No es una cuestión que le incumba a nadie más.

      Y esta es la historia de nuestra lactancia, con algunos momentos malos, pero muchas veces pienso que ojalá todas las madres que desean dar el pecho puedan tener la oportunidad de hacerlo sin que se las cuestione y, sobre todo, puedan disfrutar tanto de esta experiencia como lo hacemos nosotros.

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La historia de mi lactancia (II)

             La siguiente semana la pasamos como pudimos. Álvaro apenas dormía por la noche y cuando lo hacía por el día había gente en casa con lo cual nosotros apenas si descansabamos. Por la tarde cogiamos el carrito y nos ibamos de paseo antes de que viniera alguien a ver al niño, así conseguiamos evadir algunas visitas… Sé que puede sonar feo, pero estabamos agotados… y lo que menos necesitabamos era escuchar una y otra vez las mismas cosas.

           Álvaro y yo seguiamos igual. Él haciendo largas tomas que se juntaban unas con otras y yo prácticamente todo el día con la teta fuera (menos mal que era verano). Mi madre y mi suegra (entre otras), con la mejor intención, me daban consejos totalmente desacertados, como por ejemplo que debía de darle el pecho sólo cada tres horas, que tenía que ser diez minutos en cada pecho, que el niño no quería teta sino que lo cogiera en brazos…

          Y así llegamos a la primera revisión del pediatra: la revisión de los 15 días. Cuando la pediatra pesó a Álvaro en esta revisión vio que pesaba exactamente lo mismo que cuando nació: 3.640 k. y automáticamente me dijo que le diera una ayudita porque el niño no ponía peso. La ayudita consistía en darle un biberón de 60 cl. después de cada toma. A mí me parecía excesivo… pero me lo había dicho una pediatra. Aún así no le hice caso. Si es verdad que aumenté el número de veces que le daba el biberón y ya no sólo se lo daba por la noche, sino que, a veces, también se lo daba después de comer o por la tarde… También había días que le daba dos y días que no le daba ninguno… porque lo cierto es que Álvaro seguía llorando lo mismo con o sin biberones, es decir, con hambre no se quedaba.

 

          El hecho de que la pediatra me dijera que no había puesto peso en 15 días significó mi obsesión por la báscula. Nos recomendó que lo pesáramos una vez a la semana, pero yo había semanas que no me aguantaba y lo pesaba otra vez sólo para comprobar que había puesto peso. Hubo una semana que puso 300 gramos y recuerdo haber sido la madre más feliz del mundo.

         Seguimos así unos meses, dándole mucha teta y algún biberón por el día y uno fijo por las noches. A Álvaro le costaba muchísimo dormirse y se despertaba varias veces por la noche (sigue igual) así que empecé a entrarlo en la cama a media noche para ser capaz de dormir algo. Si no hubiera sido por el colecho no sé que hubiera sido de nosotros. Y yo seguía teniendo esa sensación de que no estaba haciendo bien algo cada vez que le daba un biberón, de que algo fallaba… y empecé a leer.

        Leí las recomendaciones de la OMS y de la Asociación Española de Pediatría… Me enganché a un montón de blog de mamás que compartían sus experiencias con la lactancia materna y defendían la teta a ultranza… Y descubrí los vídeos de Carlos González en youtube. Poco a poco empecé a saber cosas que hoy considero fundamentales, como que entre más mame un niñ@ más leche se produce, que las tomas pueden ser muy seguidas, que es normal que el bebé se despierte una, dos, cinco y quince veces durante la noche… Es decir, empecé a formarme y a empoderarme poco a poco. Todo iba más o menos bien hasta que llegamos a la revisión de los seis meses con el pediatra y nuestro mundo se volvió a poner patas arriba.

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La historia de mi lactancia (I)

           “Yo no voy a darle la teta a Álvaro”. Ese era uno de mis principales pensamientos cuando estaba embarazada. No quería darle el pecho, había visto a una amiga con unas grietas horribles y a mi cuñada todo el día con el niño literalmente colgado y yo no quería eso para mí. Si le daba la teta no tendría independencia, ni tiempo para nada y no podría dejarle el niño a nadie… ilusa de mí. No sabía que cuando naciera no sería capaz de dejarlo ni un sólo minuto lejos de mi vista.

           En las clases de preparación al parto, la matrona nos hablaba de una lactancia a demanda, de los beneficios de la lactancia materna… pero a mi esos consejos me entraban por un oído y me salían por el otro. Estaba convencida de que aquello no era para mí.

         Cuando nació Álvaro no sé que cable se cruzó en mi cabeza que decidí darle una oportunidad a la teta y antes de que pasara una hora del parto ya estaba yo intentando meterle la teta en la boca. Vino la matrona a nuestra habitación y me ayudó un poco en ese primer intento, me animó, me dijo que lo estaba haciendo muy bien… y Álvaro, como si supiera que dependía de él tener o no teta, se agarró estupendamente.

        A partir de esa primera toma me lo ponía al pecho a cada rato, aunque no llorara. Los consejos que me dio la matrona de las clases de preparación al parto, por lo visto, no habían caído en saco roto y yo sabía que si quería que todo fuera bien debía ser así. En esas primeras horas escuché las primeras críticas “otra vez te lo vas a poner al pecho” “pero si no ha llorado, déjalo en la cuna que ahí está más tranquilito”… Y también en esas horas me empezaron a ofrecer por primera vez, desde el mismo hospital, los biberones de leche artificial.

         La primera noche los rechacé, pero la segunda noche estaba muy cansada, Álvaro apenas me había dejado dormir la noche anterior y esa noche tampoco tenía muchas ganas de hacerlo, no sabía que le pasaba, no notaba la famosa subida de la leche y pensé que mi bebé tenía hambre… en fín, que le dí su primer biberón.

         Al día siguiente nos vinimos a casa y yo seguía empeñada en darle el pecho. Los primeros días fueron muy difíciles, mi casa siempre estaba llena de gente y Álvaro apenas dormía por la noche (por el día tampoco es que lo hiciera mucho, la verdad). Lo peor era por las tardes, Álvaro estaba casi toda la tarde enganchado a la teta. Terminaba una toma y a la media hora escasa ya estaba llorando otra vez porque quería más. Las visitas con mejor o peor intención me daban toda clase de consejos: que le diera un biberón porque el niño tenía hambre, que yo no tenía leche, que lo dejara llorar…

       Conseguí hacer oídos sordos casi una semana. Álvaro nació un lunes y el domingo de esa misma semana fui a la farmacia a por un bote de polvos de leche artificial. Sólo le daba un biberón por la noche, normalmente de 60 cl., para que me dejara descansar un poco, pero a la misma vez que se lo daba me sentía mal, sentía que aquello no estaba bien… es una sensación difícil de explicar.

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Mi "Sólo es porno si alimenta" particular

           Ayer estuve con una muy buena amiga en “las bolas” y no sé cómo surgió el tema, pero su marido dijo que su hijo de 30 meses se toma un biberón después de cenar. Preguntó a mi marido si Álvaro no lo hacía y él le dijo que no, sin darle más explicaciones. Pero yo, como estabamos entre amigos, le dije que tomaba teta. Sus caras cambiaron y me sentí sola, incomprendida, cuestionada…

        Menos mal que después vengo aquí y leo los blogs de la mama vaca, mimos y teta, teclas de celesta y muuuchos más y veo que no estoy sola, que dar el pecho a niñ@s más mayorcit@os es algo completamente normal y natural y que no debería de escandalizarnos.

 

 

En medio de la conversación el marido de mi amiga me dijo algo así como que si le daba teta no se la diera en público porque cuando iban a la playa había una mujer que le daba teta a su hijo de tres o cuatro años y eso a él le imponía.

Entonces me acordé de la campaña que lanzó en facebook hace unos días Jessica, la voz cantante Háblame bajito, cansada de que le bloquearan la cuenta cuando se veía alguna imagen de tetas amamantando. Sólo es porno si alimenta se llama su campaña y desgraciadamente tiene razón. Sólo nos impone ver una teta cuando hay un@ niñ@ cerca, y si la criatura está crecidita, ya nos ponemos las manos en la cabeza. Sin embargo, si ves unas tetas en la playa tomando el sol, dando un paseo o jugando al pádel eso no es porno, eso es algo normal… vamos, que no nos llama la atención siquiera porque el topless ha existido siempre y que las mujeres amamanten a sus hijos es algo nuevo, de gente moderna y desvergonzada.