Maternidad

Volvemos a Italia

L@s que lleváis algún tiempo viniendo por aquí ya sabéis que desde hace unos años pasamos el invierno en Italia.

En nuestra casa hace muuucho frío y después de hacer números nos dimos cuenta que más valía hacer las maletas y emigrar que poner la calefacción.

Este año hemos retrasado la mudanza porque vaya otoño más caluroso que hemos tenido… Pero desde hace unos días estamos notando que el frío ha venido para instalarse, qué ya era hora, por otra parte… Así que llevamos varios días mudando trastes poco a poco, hasta que el viernes, por fin, dimos el paso definitivo y nos quedamos aquí.

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Cerrado por Reformas

Estabamos el miércoles por la noche mi señor esposo y yo en uno de esos ratitos de relax que algunos días muy pocos, para que os voy a engañar nos deja Álvaro, cuando se me ocurre decirle “cari, yo tenía que haber hecho aquí arriba una cocina” (acordaos que estoy viviendo en Italia desde hace unos días) y él, que es peor que yo, aunque mi suegra se crea que esto de la cocina ha sido idea mía, me dijo “vamos a hacerla“. Esa misma noche ya nos pusimos a mirar precios de electrodomésticos por internet y me acosté más feliz que una perdiz pensando que a lo peor no hacía la cocina, pero ¡qué bien me lo había pasado ese ratito soñando con ella¡

Al día siguiente yo ya no podía dejar de pensar en mi cocina, en electrodomésticos, en azulejos… y en que cómo me iba a gastar los cuatro duros que tenemos ahorrados por un capricho… Peeeero viene mi cari de trabajar y lo primero que me dice es “¿ya le has dicho a tu padre que queremos hacer una cocina?” Y entonces yo ya me vuelvo loca… Llamo a mi padre, se me va la siesta viendo cocinas super cuquis que yo jamás podre hacer porque mi presupuesto es muy ajustado, me veo el catálogo de Ikea de cabo a rabo, hasta la sección de dormitorios, se lo cuento a mis compañeras de clase, a las amigas…

El viernes mi padre viene a medir y a ver que materiales hay que comprar para hacer la churri-obra (ventajas de tener al albañil en casa 😉 ) y el sábado ya tengo electricista, fontanero y carpintero y mi padre se pone manos a la obra (nunca mejor dicho). Así que desde el sábado estamos de reforma: mi padre de albañil y yo de peona chica para todo: lo mismo subo un cubo con cemento, le voy marcando por donde tiene que cortar los azulejos o me paso el día con el cepillo y la fregona en la mano, que no me acordaba la mierda que pone una obra…

 

Como mi padre es el que manda y le corre mucha prisa acabar la obra porque va a destajo ni que fuera a cobrar me tiene todo el día ocupadísima y no me da tiempo para nada… del mundo 2.0 mejor ni hablamos. Por eso he decidido cerrar durante unos días hasta que acabemos, actualizaré para el #retomes que quién me mandaría a mi a retaros con semejante estupidez, aunque no sé ni siquiera de dónde voy a sacar el tiempo para cumplirlo, e intentaré volver cuanto antes.

Por supuesto que os sigo leyendo a tod@s en ratitos perdidos aunque el jefe no me da ni diez minutos libre para encender el ordenador tranquilamente y poder dejar unos comentarios y por la noche estoy taaaaan cansada que me quedo frita andando andando… Pero en cuanto acabe mi maravillosa cocina me pongo al día 😉

Nos leemos a la vuelta 😉

P.D. Si alguien tiene un ratito libre y le apetece echar un ratito de peón, albañila, pintora… que se venga, el jornal no es muy alto ni alto ni bajo, inexistente pero a cambio tendría estancia gratis en Italia 😉

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¡Nos Mudamos a Italia¡

         Si, como lo leéis: nos mudamos a Italia. Vamos a estar allí una buena temporadita, hasta marzo o abril más o menos. No nos vamos de vacaciones, aunque ya me gustaría a mi tener seis meses para recorrerme Italia de punta a punta, ni por trabajo. Nos mudamos por el frío, por eso no sé exactamente cuándo vamos a volver, depende de como venga el año. Si la primavera viene calurosa volveremos a casa antes, si no… seguiremos disfrutando de nuestro mini pisito italiano.

 

 

Lo peor de esta mudanza es que mi señor esposo va a tener que seguir trabajando en el mismo sitio de siempre, con lo cual va a tardar un poquito más en llegar al trabajo… pero eso le pasa por haberse casado con una arrecía. Y yo también tendré que volver unas tres veces diarias (o más) a nuestra casa porque en nuestro mini pisito italiano no tenemos cocina. Un error tremendo, lo sé, pero quién iba a pensar que íbamos a pasar en Italia temporadas tan largas…

          A estas alturas ya debéis estar pensando que estoy loca, así que para que veáis que si, que estoy loca, pero no tanto como creéis voy a desvelar el misterio de mi mudanza a Italia. Hace muchos muchos años leí un libro que me marcó: Las cenizas de Ángela de Frank McCourt, donde el propio Frank McCourt cuenta su dura infancia en Irlanda. Vivía junto a su familia en una casa de dos plantas, y en invierno se trasladaban a la planta de arriba porque la de abajo se inundaba. En invierno decían que más que mudarse de planta se mudaban de país y se iban a Italia.

         Afortunadamente nosotros no vivimos en las condiciones de precariedad que vivía la familia McCourt, ni se inunda la planta baja… pero en nuestra casa si hace mucho frío por eso en invierno nos mudamos a la planta de arriba, a nuestra Italia particular.

         Se está muy bien en Italia, no os voy a engañar… Quizá sea por la chimenea… La única pega es que no tenemos cocina y comer es una necesidad… Bueno, eso y la mudanza que tenemos que hacer, ya que tenemos que llevar para arriba: camas, juguetes, ropa de baño, ordenador, libros de Álvaro… Y dentro de unos meses hay que hacerlo pero a la inversa 😦

         Pero merece la pena ya que hasta marzo o abril nos trasladamos a Italia sin salir de casa y ahorramos un montón de dinero en calefacción. Para que luego digáis que no busco chollos a la hora de viajar 😉