Maternidad

Rabietas, Rabietas y Más Rabietas

Lo peor de que tu hijo vuelva a tener rabietas es cuando tu creías que ya las había superado. Lo confieso, soy una ilusa y pensaba que ya habíamos pasado esta fase, que las rabietas habían quedado atrás y ya sólo serían un mal recuerdo en nuestra vida de padres primerizos.

Álvaro empezó a tener rabietas sobre los dos años y pico y las hemos llevado como hemos podido pero hacía meses que parecía que había superado esta etapa. Sí, se enfadaba, pero como nos enfadamos todos, sin llegar a pasar el límite que separa un simple enfado de una rabieta en toda regla.

Fue una época muy mala, los padres que hayais pasado por ellas me comprendereis, en la que cualquier cosa hace saltar la chispa y después para sofocar esa chispa hacen falta toneladas de paciencia. Hay niños que no pasan por esta etapa o que la pasan de forma muy suave. Sus padres no saben la suerte que tienen y, sobre todo, nunca comprenderán lo mal que se pasa, lo desesperado que es y lo mal que te sientes… Te sientes mal porque no sabes en qué estás fallando, en qué momento te has equivocado y también porque a veces no sabes si tirarte tu por la ventana o tirarlo a él. Puede que os suene muy fuerte, en realidad lo es, pero cuando tu angelito se levanta llorando sin motivo aparente y se acuesta de la misma manera… Eso es agotador.

Pues bien, después de meses de paz relativa, las rabietas han vuelto a nuestra casa y han vuelto pisando fuerte, como no podía ser de otra manera cuando se trata de las cosas de Álvaro. Él lo hace todo a lo grande, con intensidad, no es un niño de medias tintas.

Desde hace semanas que vengo observando el cambio, no es algo que me haya cogido por sorpresa, la verdad. He visto que cuando se enfada nos llama “tontos” y que nos dice “no voy a ser tu amiga nunca más” y se queda tan pancho, aunque a los dos minutos no se acordara y viniera a darnos un beso o a contarnos una historia, como él dice. Pero yo intuía que esas reacciones no iban a traer nada bueno y así ha sido. Ha vuelto a tener RABIETAS, pero rabietas así, en mayúsculas, rabietas como nunca jamás habíamos visto en esta casa y os aseguro que no somos unos lerdos en la materia.

Ahora sus rabietas van unidas a un afán de destrucción que no tenían antes, a intentar tirar todo lo que pilla, a hacer daño… quizás porque es más mayor, quizás porque la frustración que siente es más grande y no sabe qué hacer con ella… Lo único bueno es que sólo se dan en casa y sólo contra con nosotros, sus pobres padres, sobre todo conmigo. En la calle sigue siendo un angelito con el que puedes dialogar cualquier situación… pero con 40 grados ¿quién es el guapo que se va a la calle para que el niño se calme…?

Reconozco que estoy saturada… Que la otra fase de rabietas la llevé mal pero ésta… Ésta está poniendo mis nervios al límite. A lo mejor porque me había autoconvencido de que era una fase superada, porque estoy más cansada o porque las hormonas del embarazo no dejan de hacer de las suyas… Pero ahora continuamente necesito “tiempo fuera” para limpiarme las lágrimas y sorberme los mocos, ahora me duelen más sus “tonta” o sus “ya no te quiero” y tengo mucha menos paciencia para aguantar que pase el sofocón, para que salga de debajo de la cama o simplemente se levante del suelo…

Y sí, la teoría me la se enterita, si hasta publiqué un post para sobrellevar las rabietas pero la práctica… la práctica es harina de otro costal.

¿Alguien quiere hacerse cargo de un niño de tres años muy muy guapo durante una semanita? Es gratis y el envío va incluido 😉