Maternidad

Cómo Saber que Hace tu Hijo en la Escuela

A todos los que tenemos hijos en la guardería o en la escuela nos preocupa mucho qué hacen allí, si están bien, si se relacionan con sus compañeros, si juegan con ellos, quiénes son sus amiguitos, si hay algún niño que los incomoda… No me digáis que no os lo habéis preguntado nunca porque yo lo hago constantemente. Muchas veces digo eso de “pagaría por verlo por un agujerito” porque aunque sé que está bien y que es feliz en la escuela me encantaría poder tener acceso a ese terreno de la vida de nuestros hijos que nos está vedado.

Imagen de niños en la escuela
Cómo saber qué hace tu hijo en la escuela

Además, hay niños que son loritos y cuentan todo lo que hacen en el colegio, pero otros… A otros no hay quien le saque qué han hecho en todo el día y aunque les pregunten no salen del “no sé”, “no me acuerdo”, o simplemente se hacen los sordos.

Nosotros, en este sentido, hemos tenido mucha suerte con nuestro angelito mayor porque la mayoría de los días nos viene con todos los cuentos: que si han hecho una ficha y le han puesto una carita sonriente, que ha jugado en el patio con fulanito, que la señorita les ha puesto la canción de Frozen, que le ha dicho a la señorita Flori que se ha pelado, jaja. Si, porque los cuentos vienen para acá pero también van para allá, que aún recuerdo cuando me dijo su maestra que si nos habíamos mudado de casa cuando sólo nos habíamos mudado a la planta de arriba. Álvaro cuenta incluso las cosas que no hace bien. Por ejemplo, la semana pasada me dijo un día que la señorita le había reñido.

Sin embargo, la mayoría de los niños no cuentan mucho en casa de lo que hacen en la escuela y los padres se desesperan porque no saben qué hacen una vez que pasan la puerta de entrada. Por ello me atrevo a daros una serie de puntos que podéis seguir para averiguar qué hacen en la escuela. Si los seguís poco a poco vuestro hijo os irá contando qué hace en el colegio, con quién juega, con quien se siente a gusto…

Cómo Saber Qué Hace tu Hijo en la Escuela

Empezar por cosas divertidas y que sepamos a ciencia cierta. ¿Y qué hay más divertido que la hora del patio? Pues yo le pregunto si ha jugado al balón (que se lleva de casa), con quién ha jugado, quién ha metido un gol, …

Si las preguntas directas no te dan resultado dile cosas a sabiendas de que son mentiras para que él te conteste con la verdad. Por ejemplo, yo le digo “Álvaro, ¿a qué hoy ha ido la teacher?“, a sabiendas de que no le ha tocado inglés, porque así me dice “no, mamá, hoy no ha tocado, hoy ha ido Conchi”.

Preguntarles por sus compañeros. Dos preguntas que le hago a diario son ¿quién ha faltado hoy? y ¿quién ha sido el encargado? Son dos preguntas que en principio no me aportan nada, pero sé si ha estado atento a si ha faltado algún niño, y también sé el grado de relación que tiene con ese niño. Si falta alguno de sus amiguitos siempre me lo dice con un deje de tristeza.

Para saber con qué niño está más a gusto y si tiene algún problema con alguno también recurro a preguntas fáciles como: ¿con qué niño has jugado? Normalmente suelen jugar con aquellos con los que tienen más afinidad o ¿con que niño no te gusta jugar? Para saber con aquellos niños que tiene menos relación. Y cuando me dice que no le gusta jugar con fulanito y fulanito siempre le pregunto por qué. No os esperéis grandes razonamientos cuando os digan porque no quiere jugar con fulanito. Por ejemplo, las razones que me da Álvaro son “porque le da muy fuerte al balón“, “porque yo no quiero jugar con arena” o “porque a mí me gusta jugar con Diego“. Y estas razones son tan válidas como otras cualquiera. Cada uno es libre de elegir a sus amigos, ¿no?

Sin embargo, a veces detrás de esa falta de afinidad se esconden otras razones y hay niños que huyen de otros porque les pegan o les someten a cualquier tipo de abuso. Por eso es muy importante que le hagamos este tipo de preguntas y que intentemos averiguar qué hay detrás de ese “yo no quiero jugar con fulanito”.

Preguntarles también por las tareas que hace. Si no me lo sabe decir a la primera vuelvo a recurrir a decir mentira para sacar verdad y le digo ¿has hecho un dibujo con el número 1? y de momento me corrige para explicarme que no era del número 1 sino de un laberinto en el que un gato buscaba a un ratón 😉

Para saber con qué niños se sienta en la mesa le hago un dibujo y le digo vamos a jugar a las adivinanzas. Tengo que adivinar qué niños se sientan en tu mesa. Por supuesto no acierto ni uno, pero averiguo lo que quiero ;). ¿Y para qué quiero saber con quién se sienta? Pues para saber si está a gusto, si tiene afinidad con esos niños, si hay alguno que lo incomoda…

Imagen de un dibujo para averiguar qué hace tu hijo en la escuela
Cómo saber qué hacen tus hijos en la escuela

 

No reñirles por cosas que han pasado dentro de la escuela. Por ejemplo, antes os dije que Álvaro me contó que le habían llamado la atención por una cosa. Pues yo le pregunté por qué había sido y no le di más importancia. Ya le habían reñido una vez. Si en vez de seguir con la conversación como si nada le hubiera reñido la siguiente vez que le pase algo así en la escuela no me lo contará porque sabrá que se ganará dos regañinas en vez de una. Además, si viene tu pareja y te cuenta que el jefe le ha regañado por tal cosa tú lo que haces es decirle que no se preocupe e intentas que no se agobie por ello, ¿no? Entonces si cuando te lo cuente tu hijo intenta hacer lo mismo 😉

 

De esta forma podéis averiguar muchas cosas que hacen en la escuela, y creedme, que poco a poco, a medida que le vais preguntando ellos se acostumbran a ir contando qué hacen y cómo se lo pasan, quiénes son sus amiguitos…

Aún así si vuestros hijos son de los que no sueltan prenda no los presionéis ¿o vosotros tenéis todos los días ganas de hablar del trabajo cuando llegáis a casa?

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Perjuicios de Etiquetar a los Niños

Seguro que habéis oído mil veces eso de “este niño es un trasto“, “esta niña es muy desobediente“, “este niño es muy llorón“… A veces somos hasta sus propios padres los que los etiquetamos a los niños. Reconozco que yo a Álvaro lo he etiquetado muchas veces de ser “muy demandantepor no decir muy porculero, y por ser “de muy mal dormir“, sin embargo de un tiempo a esta parte me lo tomo con otra filosofía y le he quitado las etiquetas, sobre todo porque me he dado cuenta de que a veces, muy pocas, la verdad, no es para tanto, pero como ya lo tengo etiquetado pues termino creyéndomelo y, además, no era consciente de los perjuicios de etiquetar a niños.

¿Y sabéis por qué os cuento esto? Porque estoy harta de que etiqueten a mi hijo.

Imagen de los prejuicios de etiquetar a los niños
Perjuicios de etiquetar a los niños

Os cuento una situación. Estamos en casa de la abuela con el primo, que le pega de vez en cuando a pesar de tener un año menos. Mi angelito mayor viene y me lo dice porque a él no le sale devolvérsela y salta la abuela “no seas acusica“. No le dice al otro “no seas pegón“, no, le dice al mío que no sea acusica y a mí me llevan los demonios.

Y se etiqueta a los niños no solo en los ambientes familiares, sino también en la escuela. Desde chiquititos ya hay “niños muy espabilados“, “niños muy obedientes“, “niños muy torpes“… Y no somos conscientes de que etiquetando a los niños lo que le estamos haciendo es un flaco favor.

Perjuicios de etiquetar a los niños.

Muchas veces los niños han oído tantas veces una etiqueta que terminan creyéndosela.

Cuántas veces le hemos dicho a un niño que es “muy malo” y ha terminado siendo el “malo” de la clase o del parque. Lo tienen tan interiorizado que al final asumen que ese es su rol.

Las etiquetas las ponemos los adultos basadas en nuestra percepción.

Por ejemplo, en lo que os contaba antes, según mi percepción el que hace mal es el que pega, pero según su abuela el que hace mal es que viene a decirlo. Probablemente ninguno de los dos niños tengan que ser etiquetados. Solo son niños que juegan, discuten y de vez en cuando a uno de ellos se le va la mano.

Los niños terminan encasillados en sus propias etiquetas y es muy difícil que salgan de ahí.

En el ámbito académico se ve esto claramente. Recordáis cuando erais pequeños y en vuestra clase estaban los “empollones” y los “torpes“. Muchas veces he pensado después, ya como adulta, si de verdad aquellos niños eran tan torpes como querían hacernos creer.

Los niños sufren mucha presión con las etiquetas.

Y no me refiero solo a las etiquetas “malas” del tipo niño desobediente, travieso, pegón… Sino también con las etiquetas “buenas“. Conozco a una niña de la que siempre dicen que es “muy buena, muy cariñosa, muy estudiosa“. Lo que se les olvida decir es que tiene cara de triste. A veces pienso si a esa niña lo que de verdad le hace falta es despeinarse, ensuciarse la ropa, suspender algún examen…

 

No debemos etiquetar a los niños

Cada niño es único, no es ni mejor ni peor que otro (aunque para nosotras, las madres, el nuestro sea el más guapo y el más listo, ¿verdad?), por eso debemos evitar etiquetarlos, ni detrás, pero mucho menos delante de ellos. Que no nos oigan decir “es que mi niño es muy desobediente” porque seguramente no es que lo sea, sino que no es tal y como nosotros queremos.

A veces, nos formamos tantas expectativas con los hijos que todo nos parece poco y no los dejamos que crezcan y desarrollen su propia personalidad. Nos olvidamos que nosotros estamos para educarlos y acompañarlos y no para hacer “minipersonitas” a nuestra imagen y semejanza… O tal vez ni siquiera eso, sino “minipersonitas a la imagen y semejanza” de lo que creemos que somos.

A partir de ahora uno de mis objetivos como madre es no etiquetar ni permitir que otros etiqueten a mis hijo.

¿Sois conscientes de los perjuicios de etiquetar a los niños? ¿Os sumáis a las “no” etiquetas”?

 

 

 

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Cinco Cosas que No le Enseñaré a mis Hijos

Hay veces que pienso si estoy educando bien a mis angelitos, el pequeño aún sólo necesita teta y brazos, pero el mayor… El mayor está en una etapa difícil para él, la entrada en el cole, la llegada del hermanito… Y yo, que soy una madre del agua, que impongo muy pocos límites, que siempre procuro adaptarme y que la mayoría de las veces pienso eso de “pobrecito, si sólo tiene tres años…”. Me da miedo equivocarme, no tener claro que cosas tengo enseñarles… Porque yo no tengo claro que tengo que enseñarles, yo sólo tengo claro lo que no les voy a enseñar.

Cinco cosas que no le enseñaré a mis hijos

1. No le enseñaré que hay que terminarse toda la comida del plato. Yo unas veces tengo más hambre y otras menos, pero como soy yo la que me sirvo la comida me echo la cantidad que me apetece. Aún así hay veces que dejo algo en el plato y otras veces que tengo que repetir. Pero Álvaro le pongo la comida yo y la gran mayoría de las veces le echo de más, lo reconozco, soy de ese tipo de madres que le pone más comida de la que es capaz de comerse y lo abriga si ella tiene frío, no puedo ser perfecta en todo ;).
Por eso no lo obligo a comer, él sabrá si tiene más hambre o menos. Cuando me dice que no quiere más pues saco el postre y santas pascuas, porque mi niño no puede querer más lentejas pero sitio para el postre siempre tiene ;).

2. Tampoco le enseñaré que tiene que comer de todo. ¿De verdad hay alguien que coma de todo? Yo soy bastante asquerosita para comer y hay muchas cosas que a mis casi 36 primaveras aún no he probado. No es no me gusten, es que hay cosas que sólo por su aspecto ya se que no voy a probar. Me gustaría que mi hijo no fuese así y por eso lo ánimo a probar nuevas cosas. Siempre le digo que lo pruebe y si no le gusta que lo eche para atrás. A veces me hace caso, otras no. Mi señor esposo hace lo mismo conmigo. Yo jamás le hago caso. En ese sentido mi hijo, con tres años y medio, tiene más cabeza que yo.

3. No le enseñaré a compartir sus juguetes. Me hace mucha gracia la moda que hay ahora con lo de ” hay que compartir”. Pues yo esa lección tan importnate no se la he enseñado a mi angelito y me ha salido de un generoso que a veces me da hasta coraje. Y ¿sabéis por qué no se la he enseñado? Pues porque para los niños sus juguetes son sus bienes más preciados, ¿por qué lo van a tener que compartir? Compartimos nosotros, sus padres, nuestras joyas, el coche, el móvil… Imagina que estás tomando una cervecita en un bar y vienen tus amigos, te cogen el móvil y se ponen a tocotearlo. Yo los mato.

4. No le enseñaré a no defenderse. Se que aquí me vais a criticar, pero me da igual. Jamás le diré a mi hijo que le pegue a nadie, ni que consiga las cosas por la fuerza. Pero tampoco le voy a decir “si te pegan, díselo a la señorita o dímelo a mí”. Antes si lo hacía, hasta que me he dado cuenta de que cuando le pegan se queda quieto, llora y después viene a darme el parte. Si yo estuviera tan tranquila y viniera fulanita a darme una bofetada, la primera vez me quedaría quieta, la segunda quizás le preguntaría que qué le pasa y por qué ha pegado pero a la tercera vez os aseguró que la bofetada va de vuelta.

5. No le enseñaré que los besos se dan por obligación. Yo soy muy besucona, con la gente que conozco, no vayáis a pensar que voy repartiendo besos a diestro y siniestro y me encantaría que Álvaro al menos me devolviese la centésima parte de los besos que le doy. Pero el en eso no ha salido a mí y encima desde que llegó su hermano él es el blanco de sus besos. Si no lo obligo bueno, a veces si a darme besos a mí, que soy su madre como para obligarlo a darle un beso a su tía, a su abuela o a la vecina.

Y vosotros, ¿¿¿qué cosas jamás le enseñaríais a vuestros hijos???

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La Mano Derecha

Mi angelito mayor no diferencia aún entre izquierda y derecha, tiene tres años y medio y no tiene por qué hacerlo. Si  os digo la verdad a mí me cuesta horrores diferenciar entre izquierda y derecha, cómo para pedirle a él que lo haga.

Sin embargo, poco a poco empieza a entender que si gira hacia un lado va hacia la izquierda y si gira al contrario hacia la derecha. De hecho, cuando vamos en el coche a veces le gusta guiarnos. Ahora hacia la izquierda, mamá, me dice. Aunque la mayoría de las veces no acierta es un juego gracioso y entretenido.

Lo que si sabe muy bien es que tiene una mano derecha y una mano izquierda. Desde hace un tiempo yo le estoy diciendo que la mano derecha es con la que come, con la que coge el lápiz (cuando le da la gana de cogerlo, que esa es otra… pero mejor os lo cuento otro día) pero han debido de enseñarle algo en la escuela porque la que trae últimamente con la mano derecha y la izquierda…

Por ejemplo, hace unos días estábamos recogiendo los juguetes y justo después de recogerlos tiró una bolsa de bolas (la ocurrencia de mi querido hermano, regalarle una bolsa enooooorme de bolas). Y cuando le pregunto que por qué lo ha hecho me dice que él no ha sido, que ha sido su mano derecha y se queda tan pancho y yo con una cara de tonta…

Y no queda ahí la cosa, ahora cada vez que hace algo que no debe ha encontrado la excusa perfecta, que él no ha sido, que ha sido su mano derecha… Es más, a veces hasta me lo avisa: “mamá, me está diciendo mi mano derecha que va a tirar todos los juguetes”, “mamá, me ha dicho mi mano derecha que me lave las manos salpicando el espejo”, ” mamá, me ha dicho mi mano derecha que…”

Al principio me hacía gracia pero ya se está pasando su mano derecha, así que le he dicho que la próxima vez que su mano derecha haga una trastada se la corto. Desde entonces la mano derecha se porta muy bien. Ahora la que está haciendo travesuras constantemente es su mano izquierda ;).

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Ya Soy Maestra

Bueno, pues ahora sí que sí puedo decir con la boca bien grande eso que tantas veces he visto escrito en los facebooks de mis compañeras de clase:

Ya Soy Maestra

Aunque si soy realista más que maestra soy graduada en Educación Infantil, maestra lo seré el día que apruebe unas malditas oposiciones y ejerza como tal. Ahora solo soy una bi-titulada en paro, pero qué ilusión me hacía decirlo.

Sigue leyendo “Ya Soy Maestra”

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Niño Bebé, Chupete y a la Cuna. Las “malas” maestras.

Esta entrada surge de la indignación contra las “malas maestras” de Educación Infantil que ridiculizan a sus alumnos. Recalco lo de “malas” porque doy por hecho que la mayoría de las maestras son buenas  y que trabajan con los niños con respeto, cariño y total dedicación y me refiero a las “maestras” porque la mayoría de las personas que se dedican a la Educación Infantil son mujeres. Desgraciadamente sigue existiendo segregación laboral.

Desde principios de febrero estoy haciendo las prácticas del Grado de Educación Infantil (a ver si acabo ya de una vez… que esa es otra) cuando hace unos días viví en primera persona la siguiente situación:

Están todos los niños sentados en su cojín haciendo la asamblea, que para los que no lo sepáis, es un tiempo al comenzar la jornada escolar en el que los niños se sientan en círculo y hablan, cantan canciones o cuentan anécdotas. Es un espacio para expresarse y para compartir. Pues están todos los niños sentados cuando la maestra saca un tema nuevo y les pregunta que qué han desayunado esa mañana. Algunos niños van contestando pero otros no se acuerdan o no quieren acordarse, normal también, solo tienen cuatro años… Van contestando todos los niños hasta que una niña dice que ha desayunado “bibi”.

¿Sabéis cuál es la respuesta de todos los demás niños? La señalan con el dedo y se empiezan a reír. La maestra con la que yo estoy haciendo las prácticas (que es una “buena” maestra,  la verdad) cortó las risas de momento y les preguntó a los niños que por qué se reían, que cada uno desayuna lo que quiere y que no pasa nada por desayunar un biberón. Pero esos niños no podían evitar sonreirse porque alguien (seguramente una maestra anterior) les habrá enseñado que los niños de X edad no desayunan “bibi” y que si algún niño dice que ha desayunado “bibi” hay que reírse de él. Por eso intuyo que algunos niños no querían confesar qué habían desayunado, porque también se habían tomado un biberón pero querían evitar las risas de los demás, que los niños son niños, pero no son tontos.

¿Es normal que un niño de cuatro años desayune biberón? Pues no lo sé. Lo que si sé es que a veces los niños no quieren comer (a mí con Álvaro algún día me da algo con este tema), que las horas de las comidas pueden llegar a convertirse en un tira y afloja infinito y que muchos padres pensarán que es mejor que se tomen un biberón para ir al cole, aunque tengan cuatro años, a que vayan con el estómago vacío. Y como cada niño es un mundo y cada padre también ¿quién es una maestra para ridiculizar a un niño que toma biberón para desayunar? y lo que es peor ¿quién es una maestra para enseñar a los demás niños a reírse de otro?

Pero esto no se queda aquí, no. Hay una canción que circula por las guarderías y por las escuelas de infantil que dice así:

Niño bebé, chupete y a la cuna

Cuando un niño llora más de la cuenta, se hace pis encima o llama insistentemente a su mamá también hay “malas” maestras que en vez de ponerse en el lugar del niño, comprender que es pequeño para controlar sus esfínteres o incluso se mean encima sólo para que venga su mamá a cambiarlo y así verlas un ratito, lo que hacen es cantarle al niño una canción ofensiva que lo ridiculiza delante de los demás: “niño bebé, chupete y a la cuna”. ¿Y los demás niños qué hacen? Pues imitan a la maestra y también le cantan la canciocita de los cojones.

Y así en algunas guarderías le cantan “niño bebé, chupete y a la cuna” a verdaderos bebés y enseñan a otros bebés no solo a que no pueden expresar algunos de sus sentimientos sino a ridiculizar a sus compañeros. Si esto lo aprenden con dos añitos ¿cómo con cuatro no se van a reír de una compañera cuando diga en la asamblea que toma biberón, aunque ellos mismos también lo tomen?

Hay una frase de Tehyi Hsieh que dice “Las escuelas del país son el futuro en miniatura”.

¡Qué pena que haya “malas” maestras que tengan en sus manos el futuro y en vez de moldearlo en busca de una sociedad mejor (más solidaria, más empática, más armoniosa, más justa, más…) enseñen a los niños a no ponerse en el lugar del otro, a no comprender, a no aceptar otra forma de hacer las cosas…¡

¡Qué pena me da que la historia se repita, que los niños de hoy sigan escuchando la misma canción que los que fuimos niños hace unos años, que en las escuelas de nuestro país se ridiculice a nuestros hijos y, por si fuera poco, se les enseñé a ridiculizar a los demás¡.