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Los Terribles Dos Años: ¿la Primera Adolescencia?

La primera vez que oí hablar de los terribles dos años, comparando esta etapa con la primera adolescencia, aún no tenía hijos. Estaba estudiando Educación Infantil, cuando mi profesora de Psicología Infantil nos comentaba que hacia los dos años el niño experimenta unos cambios de carácter tan bruscos que hacen que se definan los dos años como “terribles“, hablando incluso de primera adolescencia. Sigue leyendo “Los Terribles Dos Años: ¿la Primera Adolescencia?”

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Juegos para Desarrollar la Psicomotricidad Fina

Mi angelito mayor tiene la psicomotricidad gruesa más que desarrollada. Corre, salta, monta en bici y hasta nada de maravilla, pero la psicomotricidad fina… La psicomotricidad fina es otro cantar. Le cuesta coordinar, sobre todo, el movimiento de las manos. A esto hay que sumar que coge el lápiz fatal, lo de hacer la pinza para coger el lápiz no va con él, él lo coge de una forma muy rara.

Much@s me diréis que aún es pequeño y lo sé. No me preocupa que no tenga aún desarrollado todos los aspectos de la psicomotricidad fina a nivel manual, pero si me preocupa, lo reconozco, que coja el lápiz mal. Y me preocupa porque soy maestra y sé que el hecho de coger así el lápiz puede convertirse en un vicio y así se queda. Como ejemplo en esta santa casa tenemos a su padre, que coge el lápiz de una forma rarísima.

El caso es que yo, como madre obsesiva, me he propuesto ayudar a mi angelito a desarrollar la psicomotricida fina y de paso enseñarlo a que coja el lápiz como Dios manda bien. Y como los niños aprenden jugando qué mejor que unos juegos para entretenernos durante las siestas y de paso fomentar la coordinación manual ¿no os parece? Os enseño los que estamos haciendo nosotros

Juegos para Desarrollar la Psicomotricidad Fina

Abrochar y desabrochar botones. Para desarrollar la psicomotricidad fina está actividad viene genial. Para hacer este juego es mejor que enseñemos a los niños primero a desabrochar botones, que es mucho más fácil, y cuando estén un poco más suelto en esta actividad pasamos a abrocharlos.

foto de niño abrochando botones para desarrollar la psicomotricidad fina
http://www.parabebes.com

Nosotros lo hacemos así, jugamos a ver quien se desabrocha primero los botones de la camisa, a desabrochar sólo dos botones, a desabrochar uno sí y otro no… Y así además de favorecer la psicomotricidad fina también trabajamos otros conceptos como los números o hacemos series ;).

Hacer collares con pasta. Es un juego que a mi tesoro le encanta. Sólo se necesita un trozo de lana y un puñado de macarrones y con él se favorece la coordinación oculo-manual, se hace la famosa pinza y además es muy entretenida. Y lo mejor de todo, después vamos los más guapos y adornados al parque, ;).

Si queréis completar un poco más la actividad podéis pintar primero la pasta con pintura lavable, así practicaréis la pintura, que también favorece la psicomotricidad fina, y vuestros collares quedarán mucho más vistosos.

imagen de collares de pasta
kidsbaby.tous.com

 

Pintar y colorear. Pintar y colorear son dos actividades fundamentales para el desarrollo de la psicomotricidad fina. Además a los niños les suele gustar mucho pintar. Bueeeeeno, a unos más que otros, al mío no le gusta especialmente, la verdad. Lo mejor para hacer esta actividad es que le proporcionéis un folio en blanco y varios tipos de pintura como ceras, lápices o rotuladores y ellos creen lo que quieran. Así su creación es más libre y dan rienda suelta a su imaginación. Aunque si lo prefieren (recordad que lo importante es que disfrute el niño) también pueden colorear un dibujo ya hecho. Por ejemplo, a mi angelito le gusta mucho colorear a los miembros de su querida Patrulla Canina y últimamente le ha dado por pintar globos ;).

imagen de globo pintado para favorecer la psicomotricidad fina
Para favorecer la psicomotricidad fina no siempre hay que pintar sobre papel 😉

Jugar con plastilina. Jugar con plastilina tiene múltiples beneficios para el desarrollo del niño y no sólo a nivel psicomotor. Favorece la concentración, estimula la imaginación y la creatividad, es una actividad relajante… Pero nos centraremos en la psicomotricidad fina. En este sentido, jugar con plastilina hace que los niños adquieran más fuerza y habilidad en sus manos, lo que después contribuirá en el posterior proceso de lecto-escritura.

imagen niño jugando con plastilina
http://www.imujer.com

 

Hacer puzles. A mi niño siempre le ha gustado mucho hacer puzles y reconozco que se le dan muy bien. Es capaz de hacer puzles de muchas piezas sin prácticamente ayuda, eso lo ha heredado de mí porque su padre no es capaz de encajar más de cuatro piezas ;). Los puzles son un juego muy completo que favorecen la concentración y ayudan a desarrollar la psicomotricidad fina. Si quereís saber más sobre los múltiples beneficios que aportan os invito a leer este post que publicó hace unos días  Refugio de Crianza.

Jugar con pinzas de la ropa. Las pinzas de la ropa son un material muy asequible y que ofrecen un montón de posibilidades. Para desarrollar actividades con los niños sirven tanto las de madera como las de plástico. Nosotros las tenemos de plástico y hemos jugado a agruparlas por colores, a contar de que color hay más, a hacer series… Como véis ofrecen un montón de posiblidades…

imagen escribir con pinzas para desarrollar la psicomotricidad fina
http://www.actividadesinfantil.com

Pero estoy deseando de hacerme con pinzas de madera para jugar a formar palabras.

Las pinzas de la ropa ayudan al desarrollo de la piscomotricidad fina porque favorecen que el niño adquiera fuerza en los dedos índice y pulgar, es decir, en que coja destreza en hacer “la pinza” tan importante después para la escritura.

Jugar con palillos de madera. Hay un juego que a nosotros nos encanta. Es muy sencillo. Se necesita una bola de plastilina, palillos de madera de los largos y pajitas de las bebidas de diferentes colores que partimos en trozos de unos dos centímetros aproximadamente. El juego consiste en hacer una bola de plastilina y clavarle cinco o seis palillos de madera, como si fueran banderillas, y después ir insertando los trocitos de pajitas. Podemos jugar a llenar un palillo de un sólo color de pajitas, a hacer series de colores, etc.

Es un juego muy sencillo pero favorece la concentración del niño (y de la mamá que siempre le toca jugar con él ;)), ayuda a discriminar los colores y por supuesto ayuda a desarrollar la psicomotricidad fina del niño y la famosa pinza digital.

Estos son algunos juegos que se pueden hacer para desarrollar la psicomotricidad fina. Por supuesto hay muchos más. Os animo a hacerlos con vuestros niños. Son muy entretenidos, se hacen con objetos cotidianos y les ayudan a desarrollar esta capacidad, que es fundamental para el siguiente paso: la lecto-escritura.

Y recordad siempre que la mejor forma de que los niños aprendan es jugando ;).

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Ya Soy Maestra

Bueno, pues ahora sí que sí puedo decir con la boca bien grande eso que tantas veces he visto escrito en los facebooks de mis compañeras de clase:

Ya Soy Maestra

Aunque si soy realista más que maestra soy graduada en Educación Infantil, maestra lo seré el día que apruebe unas malditas oposiciones y ejerza como tal. Ahora solo soy una bi-titulada en paro, pero qué ilusión me hacía decirlo.

Sigue leyendo “Ya Soy Maestra”

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Niño Bebé, Chupete y a la Cuna. Las “malas” maestras.

Esta entrada surge de la indignación contra las “malas maestras” de Educación Infantil que ridiculizan a sus alumnos. Recalco lo de “malas” porque doy por hecho que la mayoría de las maestras son buenas  y que trabajan con los niños con respeto, cariño y total dedicación y me refiero a las “maestras” porque la mayoría de las personas que se dedican a la Educación Infantil son mujeres. Desgraciadamente sigue existiendo segregación laboral.

Desde principios de febrero estoy haciendo las prácticas del Grado de Educación Infantil (a ver si acabo ya de una vez… que esa es otra) cuando hace unos días viví en primera persona la siguiente situación:

Están todos los niños sentados en su cojín haciendo la asamblea, que para los que no lo sepáis, es un tiempo al comenzar la jornada escolar en el que los niños se sientan en círculo y hablan, cantan canciones o cuentan anécdotas. Es un espacio para expresarse y para compartir. Pues están todos los niños sentados cuando la maestra saca un tema nuevo y les pregunta que qué han desayunado esa mañana. Algunos niños van contestando pero otros no se acuerdan o no quieren acordarse, normal también, solo tienen cuatro años… Van contestando todos los niños hasta que una niña dice que ha desayunado “bibi”.

¿Sabéis cuál es la respuesta de todos los demás niños? La señalan con el dedo y se empiezan a reír. La maestra con la que yo estoy haciendo las prácticas (que es una “buena” maestra,  la verdad) cortó las risas de momento y les preguntó a los niños que por qué se reían, que cada uno desayuna lo que quiere y que no pasa nada por desayunar un biberón. Pero esos niños no podían evitar sonreirse porque alguien (seguramente una maestra anterior) les habrá enseñado que los niños de X edad no desayunan “bibi” y que si algún niño dice que ha desayunado “bibi” hay que reírse de él. Por eso intuyo que algunos niños no querían confesar qué habían desayunado, porque también se habían tomado un biberón pero querían evitar las risas de los demás, que los niños son niños, pero no son tontos.

¿Es normal que un niño de cuatro años desayune biberón? Pues no lo sé. Lo que si sé es que a veces los niños no quieren comer (a mí con Álvaro algún día me da algo con este tema), que las horas de las comidas pueden llegar a convertirse en un tira y afloja infinito y que muchos padres pensarán que es mejor que se tomen un biberón para ir al cole, aunque tengan cuatro años, a que vayan con el estómago vacío. Y como cada niño es un mundo y cada padre también ¿quién es una maestra para ridiculizar a un niño que toma biberón para desayunar? y lo que es peor ¿quién es una maestra para enseñar a los demás niños a reírse de otro?

Pero esto no se queda aquí, no. Hay una canción que circula por las guarderías y por las escuelas de infantil que dice así:

Niño bebé, chupete y a la cuna

Cuando un niño llora más de la cuenta, se hace pis encima o llama insistentemente a su mamá también hay “malas” maestras que en vez de ponerse en el lugar del niño, comprender que es pequeño para controlar sus esfínteres o incluso se mean encima sólo para que venga su mamá a cambiarlo y así verlas un ratito, lo que hacen es cantarle al niño una canción ofensiva que lo ridiculiza delante de los demás: “niño bebé, chupete y a la cuna”. ¿Y los demás niños qué hacen? Pues imitan a la maestra y también le cantan la canciocita de los cojones.

Y así en algunas guarderías le cantan “niño bebé, chupete y a la cuna” a verdaderos bebés y enseñan a otros bebés no solo a que no pueden expresar algunos de sus sentimientos sino a ridiculizar a sus compañeros. Si esto lo aprenden con dos añitos ¿cómo con cuatro no se van a reír de una compañera cuando diga en la asamblea que toma biberón, aunque ellos mismos también lo tomen?

Hay una frase de Tehyi Hsieh que dice “Las escuelas del país son el futuro en miniatura”.

¡Qué pena que haya “malas” maestras que tengan en sus manos el futuro y en vez de moldearlo en busca de una sociedad mejor (más solidaria, más empática, más armoniosa, más justa, más…) enseñen a los niños a no ponerse en el lugar del otro, a no comprender, a no aceptar otra forma de hacer las cosas…¡

¡Qué pena me da que la historia se repita, que los niños de hoy sigan escuchando la misma canción que los que fuimos niños hace unos años, que en las escuelas de nuestro país se ridiculice a nuestros hijos y, por si fuera poco, se les enseñé a ridiculizar a los demás¡.

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De cómo empecé a estudiar Educación Infantil

        A finales junio de 2010 mi marido y yo hicimos nuestras últimas oposiciones para profesores de secundaria (y digo últimas porque en mi Comunidad no se han vuelto a convocar, no porque sacaramos la tan ansiada plaza). Cuando veniamos de camino a casa después del primer examen de oposición se me ocurrió comentarle que yo creía que me había equivocado de carrera, que con 18 años no sabes elegir y que a mí lo que realmente me gustaba era la Educación Infantil. Él, ni corto ni perezoso, me contestó que eso tenía solución y que nos pasáramos por la Universidad y hacíamos la preescripción.

      En ese momento me empecé a poner nerviosa… A ver, a mi me gustaba (y me gusta) mucho, pero una cosa es que me gustara y otra muy distinta ponerme a estudiar una carrera de cuatro años a mis 30 largos. Al final me convenció para que hiciera la preescripción ese mismo día y después me lo pensara durante todo el verano. Si no estaba segura con no realizar la matrícula se acabó el problema.

      Nos presentamos en la Universidad sin nada, sin el certificado  la P.A.U (Pruebas de Acceso a la Universidad), sin el título de mi otra carrera… vamos, sin ningún papeleo. Tuvimos suerte porque en la secretaría donde se hacía la preescripción trabaja una prima de mi madre (yo ni siquiera sabía que trabajaba ahí) que nos facilitó todo y buscó los datos necesarios en ficheros para que no tuvieramos que volver otro día.

       A principios de septiembre, después de pensarmelo un poco durante el verano y tener a mi marido todo el rato animándome a que estudiara lo que me gustaba, hice la matrícula oficial y a finales de mes empecé las clases rodeada de chicas de 18 años. Me sentí super mayor y desplazada en muchos aspectos, pero después las he considerado buenas compañeras a muchas de ellas (garbanzos negros hay en todos sitios) y la verdad es que se han preocupado mucho por mí, dejándome apuntes, cubriéndome cuando faltaba a clase, etc.

       Los dos primeros años iba a clase dos o tres veces por semana. Mi pueblo está a casi 90 kilómetros de la facultad, así que imaginaos el esfuerzo que me supuso: me pegaba unos madrugones de escándalo, me tiraba dos horas en coche y encima me habré gastado en gasolina lo que no está escrito. Por la tarde trabajaba impartiendo las Pruebas de Acceso a la Universidad para mayores de 25 y las Pruebas de Acceso a Grado Superior, así que lo que no me sobraba era tiempo libre.

      En octubre de ese segundo año de carrera me quedé embarazada y fue el último año que hice completo, porque ya en tercero dejé asignaturas para atrás e iba a clase una vez a la semana, a veces menos. Trabajaba por las tardes y no estaba dispuesta a no estar con mi niño por las mañanas por un capricho mío.

      Este año, como no trabajo, me he matriculado de todas las asignaturas que me faltaban (ciento y la madre o casi) y aquí estoy, intentando aprobar las tres últimas asignaturas que me quedan para el año que viene hacer las prácticas y el famoso Trabajo Fin de Grado.

      Me he arrepentido muchas (muchas, muchas y más) de haberme puesto a estudiar tan mayor, estando tan lejos y teniendo en cuenta las pocas facilidades que hoy en día, con el Plan Bolonia, nos dan a los alumnos que no cumplimos los requisitos: es decir, tener mucho tiempo libre para asistir a clase, ya que la mayoría de las asignaturas son presenciales. Me he gastado mucho dinero y me ha quitado mucho tiempo. También he aprendido muchas cosas. He aprendido, sobre todo, que con 18 años yo no tenía claro qué me gustaba y qué no. He aprendido que con mis 34 años puedo estar con gente de 22 y no se nota tanto. Y he aprendido un montón de cosas útiles para hacer con Álvaro, así que sólo por eso ya merece la pena…

     Ahora, si pudiera dar marcha atrás y volviera a ese día de junio de hace cuatro años en vez de decirle “Cari, es que yo creo me equivoqué de carrera y a mi lo que verdaderamente me gusta es la Educación Infantil”, le diría “¿Cari, dónde dices que nos vamos de vacaciones?”. Y es que a veces calladitos estamos más guapos.