Maternidad

Feliz Segundo Cumpleaños

Querido bebé:

Hoy haces dos añitos. Dos añitos acompañándonos y llenándonos de amor y sonrisas a partes iguales. Dos años de dormir acurrucados, de teta a todas horas y de cansancio infinito.

Me ha pasado igual contigo que con tu hermano, que llevo desde ayer tontorrona. Dándote más besos de la cuenta y abrazos más fuertes, contándote a cada rato qué estaba haciendo hace dos años en esos precisos momentos. Recordándote cuando aún estabas dentro de mi barriga y tú, que aún no entiendes eso, te levantas la camiseta, me señalas la tuya y dices “¿aquí?”, ja ja.

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Técnicas para Sobrellevar las Rabietas

         Como os conté en la entrada anterior Álvaro está en plena fase de rabietas, vamos que está en plena adolescencia infantil pero tengo una serie de técnicas para sobrellevar este periodo lo mejor posible y sin volverme loca hasta que pase, si es que pasa y no la enlazamos directamente con la otra adolescencia, que este niño es capaz de eso y de mucho más.

Bueno, pues estas son nuestras

Técnicas para Sobrellevar las Rabietas

1. La primera y principal es tener en cuenta siempre que ese monstruo que grita, llora y hasta patalea no es un demonio ni la niña del exorcista. Es tu hij@, ese que hace unas horas mirabas embelesad@ mientras dormía o que dentro de unos minutos muchos minutos te llenará la cara de besos babosos, así que ten paciencia porque la rabieta pasará y tendrás de vuelta al angelito de siempre.

2. Intenta anticiparte a los berrinches. A veces no es posible, ya lo sé, pero muchas otras si y solo es cuestión de distraerl@ con otra cosa unos momentos antes de que empiece.

3. Una vez que ha empezado la rabieta no intentes forzar su fin. Hay veces que todos necesitamos llorar, chillar o patalear, los adultos no lo hacemos en público (¿o si?) porque no podemos o debemos, pero los niños no conocen aún esas convenciones sociales. Ayúdalo, intenta distraerlo, ofrécele apoyo, cariño, pero no lo obligues a parar porque a veces no saben o no pueden hacerlo (no soy escapá me decía Álvaro hace unos días).

4. No te pongas nervios@. Seguro que has oído muchas veces eso de que los perros huelen el miedo, no?, pues los niños también. Si te pones nervioso no podrás transmitir tranquilidad que es lo que ell@s realmente necesitan.

5. Si te pones demasiado nervios@ utiliza la técnica de “tiempo fuera”. Quita todos los objetos peligrosos del alcance del niño y sal de la habitación. No le va a pasar nada por quedarse sólo un momento y a veces es mejor estar solo que mal acompañado porque si pierdes los nervios y el niño sigue llorando te entrarán unas ganas horribles de darle un sopapo y que al menos llore por algo y esa no es la solución.

6. Tu hij@ no te monta un pollo por nada, no es un mimoso que sólo quiere llamar tu atención. Cuando un niño llora siempre es por algo que es importante para él. Para ti quizá sea una nimiedad que se te haya olvidado llevarte al parque su balón azul pero para él no lo es y no sabe manifestarlo de otra manera, no sabe canalizar sus emociones. Los niños no vienen educados de serie desgraciadamente, eso es tarea tuya.

7. Háblale de forma clara y concisa: “se me ha olvidado tu balón azul en casa, mañana nos lo traeremos”, no intentes mantener una conversación con él en esos momentos porque es prácticamente imposible. Cuando todo haya pasado habrá tiempo de dialogar 😉

8. Tápate los oídos frente a las críticas, es mucho más fácil que intentar taparle la boca al resto del mundo. Cuando tu hijo tiene una pataleta del quince y tu tienes unas ganas horribles de salir corriendo y no volver en una buena temporada siempre hay quien te dice “si fuera mío se iba a enterar”, “este niño sólo quiere llamar la atención”, “no le hagas caso, ya verá que llorar no vale de nada” y otras lindezas. No hagas caso. El niño afortunadamente es tuyo así que actúa como tu crees que debes hacerlo a los demás que les den por saco.

9. No hagas nada que no quiera. No le toques si no quiere, no le beses, no intentes abrazarlo. Respeta su espacio. La rabieta no durará eternamente y después pedirá que lo calmes.

10. Quiérele más que nunca si eso es posible porque es cuando más lo necesita y recuerda que algún día lo echaremos de menos. Si hay alguien por aquí que lo esté echando de menos ya que me avise que le empaqueto a Álvaro.

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Los Terribles Dos Años: ¿la Primera Adolescencia?

         Cuando hace unos años mi profesora de Psicología Infantil nos comentaba los cambios de carácter que el niño experimentaba sobre los dos años de edad y definía estos años como “terribles“, hablando incluso de primera adolescencia, yo sinceramente pensaba que estaba exagerando un poco, que los berrinches no serían tan grandes ni las rabietas tan largas. Pues aquella buena mujer tenía razón: los terribles dos años existen, vaya que si existen.

         Álvaro siempre ha sido y sigue siendo un niño muy bueno (“bueno y mayor” se define el angelito), muy dulce y cariñoso. Él tiene la máxima de que los besos son gratis y los abrazos también y yo me derrito sólo de ver cómo se abraza a quien llega o no deja que ninguna persona que él quiere se vaya sin el beso lleno de babas correspondiente. Además, hasta ahora siempre ha sido muy fácil para nosotros llevárnoslo a nuestro terreno y en cuanto empezaba a tener una rabietina o ha hacer algo prohibido pues le explicábamos que eso no se puede hacer por equis razones y después lo distraíamos con otra cosa fácilmente. Pues bien, esa época donde el angelito era un angelito en toda regla se ha acabado.

          Desde hace unos días el mi niño ha empezado a sacar su carácter y a tener rabietas, pero rabietas de verdad, con todas sus letras y cómo yo jamás pensé que iba a tener. Se le empestilla algo y no hay quien lo haga cambiar de opinión.

         Antes de ayer no quiso montarse en el carrito para ir a comprar el pan y a la vuelta no quería venir andando para casa. ¿Dónde está el problema? me diréis, ¡cógelo y ya está¡ Pues el problema estaba en que yo no sólo había comprado el pan sino que me había traído media tienda y era imposible cargar 15 kilos más, por mucho que esos 15 kilos fueran de oro. Como le dije que no podía cogerlo se me tiró al suelo berreando y pataleando en el medio de la calle. Por supuesto, la gente ve a una madre cargada como un burro y a un niño montando un pollo porque no quiere andar y no se le ocurre a nadie decirle que si le ayuda con la compra sino que se queda mirando a ver cómo la madre soluciona la papeleta: si le da dos sopapos al niño, coge al niño y deja la compra, coge la compra y deja al niño… La solución fue coger al niño, llevarlo 10 metros, dejarlo en el suelo, volver a por la compra, dejarla en el suelo, coger al niño y avanzar otros 10 metros, retroceder a por la compra… Ahora que lo pienso, debería ser muy divertido verme para alante y para atrás, como para ayudarme un poco…

          Ayer se levantó a las 8 de la mañana y cuando le dije que dentro de un rato nos íbamos a la guarde me dijo que él no quería ir. Pero no lo dijo como otros días, sino en plan guerrero. Como la guardería para nosotros por ahora no es necesaria le dije que vale, que nos quedábamos en casa. Después se negó a ponerse el pañal porque ya era mayor. Todo esto a grito pelao y dando manotazos, patadas… en fin, un berrinche en toda regla. Como no tenía pañal y yo no era capaz de ponérselo sola (para quienes pensáis que exagero algún día vuestr@ angelit@ dirá que no quiere pañal y no vais a tener huevos a ponérselo, ya os acordareis de mi, ya…) me fui al sofá con el niño en brazos y se me meó encima… Después de hora y media llorando (si, hora y media, habéis leído bien) le digo que deje de llorar y me contesta el mi pobre entre hipidos “mami, es que no soy escapá“. Casi lloro con él. Diez minutos más tarde está feliz y contento, se pone el casco de la bici y me dice que quiere ir a enseñárselo a Beli (su maestra de la guarde).

          Miedo me da con qué me sorprenderá hoy.