Maternidad

Ir a la Guardería sin Adaptación

Yo, que siempre he renegado de llevar a los niños a la guardería, ahora llevo a mi hijo a la guardería y sin hacer el famoso período de adaptación.

¡Toma castaña¡, para no querer llevarlo a la guarde lo he hecho bien, ¿eh? Pero en esto de la maternidad, a medida que va pasando el tiempo, te das cuenta que no todo es blanco o negro y que donde dije digo digo diego y todas las veces que dije que mi niño no iba a la guarde pues me las salté a la torera…

imagen del periodo de adaptación a la guardería

A mi favor tengo que decir que mi angelito pequeño ha ido a la guardería sin adaptación porque no nos ha quedado otra.

Los primeros meses estuvo conmigo, en casita, conociéndonos, enamorándonos y tomándonos la vida con muuuucha calma. Después empecé a trabajar y se siguió quedando en casa, con una muchacha que es un sol y que lo cuidaba igual que yo, incluso mejor, me atrevería a decir. Despertándose tarde, durmiéndose siestas mañaneras, saliendo a pasear los días de solecito… Viviendo las mañanas a su ritmo, sin prisas.

Peeeero a principios del mes pasado nuestra vida familiar se empezó a complicar y la conciliación familiar empezó a ser casi imposible. Yo, profesora interina en una comunidad donde las distancias son muy grandes, empecé a trabajar a dos horas y diez minutos de casa. 404 kilómetros día si y día también que casi acaban conmigo. Aquella baja terminó y empezó otra también lejos, a otras dos horas de casa… Ya ni me planteé eso de “ir y venir a casa”. Para mí es imposible hacer tantos kilómetros todos los días.

La solución de urgencia que encontramos fue muy drástica. El mayor se quedaba con su padre y yo me traía al pequeñín, que se quedaría en la guardería durante las mañanas. Así, a prisa y corriendo, mi hijo pequeño entró en la guardería sin adaptación y el mayor se quedó sin ver a su madre de lunes a viernes. Una mierda.

Tomar esta decisión, que ahora os he contado en menos de dos minutos, me ha costado una semana de darle vueltas a la cabeza, intentando encontrar una solución que fuera la mejor posible para todos. Y después de estar casi una semana sin dormir, sobre todo pensando en que mi niño lo iba a pasar fatal entrando a la guardería sin adaptación aquí estamos, intentando sobrevivir lo mejor posible.

Ir a la guardería sin periodo de adaptación. Razones de peso.

Nuestra adaptación a la guardería duró dos días.

Como me parecía una burrada (y me lo sigue pareciendo) soltar a un niño a las ocho de la mañana en la guardería y recogerlo a las dos sin hacer el periodo de adaptación como es debido, la semana pasada hizimos un amago de adaptación durante dos días en los que fue una horita cada día. Lo pasó fatal. No dejó de llorar y yo, que estaba en la puerta esperándolo, tampoco.

Y lo peor de todo es que mi niño es muy pequeño. Tiene sólo diecisiete meses y a esa edad es imposible explicarle nada. No va a entender que le digas “mira, cariño, mamá te deja aquí porque se tiene que ir a trabajar, pero en unas horas vuelve a por ti”. Álvaro entró en la guarde un poquito más mayor, con veintiseis meses, y esos meses de diferencia se notan e hizo el periodo de adaptación a la guardería enterito. Además, a Álvaro se le podían explicar las cosas. Al pequeño no. Es tan sólo un bebé al que he saado de su entorno y que quiere estar con su madre porque es lo único que conoce aquí.

Se ha adaptado a la guardería sin hacer el periodo de adaptación.

Peeeero estos hijos míos no se cómo lo hacen que siempre me sorprenden. Y aunque sólo llevamos unos días me tiene encandilada de lo fácil que me lo está poniendo todo. No os voy a decir que no ha llorado porque no es cierto. Pero la verdad es que lloró los tres primeros días diez minutos cuando entró (para que me fuera creyendo que me iba a echar de menos) y después está genial durante todo el día: jugando, interaccionando con otros niños, sonriendo sin parar…

Su seño, que es un encanto, me manda guasap y fotos para que lo vea, porque también es madre y sabe lo mal que se pasa.

He querido contaros mi experiencia porque sé que es muy difícil tomar la decisión de llevar a tus hijos a la guardería o al cole sin hacer el periodo de adaptación. En algunos casos porque el centro educativo no lo permite (me llevan los demonios sólo de pensar que hay guarderías o coles en los que el periodo de adaptación no está recogido) y en otros casos porque no os queda otra. Trabajos repentinos, cambios en las situaciones familiares, traslados de ciudad… Mil cosas que hacen que tengamos que recurrir a la guardería de un día para otro y en las que el periodo de adaptación es inviable.

Yo nunca os recomendaré que metáis a vuestros hijos en la guardería sin hacer el período de adaptación. Para los niños es mucho más fácil ir adaptándose poco a poco que tener que enfrentarse de golpe y porrazo a una situación nueva. Pero si no podéis no os hagáis mala sangre, no os paséis noches y noches sin dormir ni os consideréis malas madres (complejo de culpa en modo on). Hacemos lo que podemos y a veces hay que tomar decisiones drásticas que en otro momento nos parecería una locura… Pero os aseguro que los niños nos sorprenden.

A mí, mi niño me ha sorprendido. Se ha tomado como algo normal una situación totalmente nueva para él y a para la que ni siquiera lo hemos preparado. Ir a la guardería sin hacer período de adaptación es una locura, lo sé, pero a veces no queda otra que hacer esas locuras para intentar seguir sobreviviendo, conciliando que lo llaman ahora.

Y mientras tanto echo de menos a mi niño mayor… Feliz maternidad, por decir algo.

 

Anuncios
Maternidad

Incorporación al Mundo Laboral y Maternidad

Como os dije en el post de los seis meses de Jorge me he incorporado a trabajar la semana pasada después de tres años.

Soy profesora interina y la incorporación a la vida laboral no me ha cogido de sorpresa. Desde hace meses que miro como avanzan las listas de interinidades con el corazón en un puño porque sabía que tarde o temprano me tendría que incorporar, aunque ganas, lo que se dice ganas, no tenía muchas.

No me malinterpretéis, no es que no quiera trabajar fuera de casa ni nada de eso, sino que pienso que mi angelito pequeño aún es muy chico y me necesita mucho, sobre todo porque sigue con lactancia materna en exclusiva.

Incorporación al trabajo después de la maternidad.

Para mí la vuelta al mundo laboral ha sido muy dura. Intuía que me tendría que incorporar si o si (si no lo hago salgo de las listas) pero siempre te queda la esperanza de que los planetas se alineen y pase el curso y tu sigas estando ahí, a dos o tres personas para incorporarte pero sin llegar nunca a hacerlo.

Me llamaron por teléfono un martes a las 14.50 horas para que estuviese en mi puesto de trabajo al día siguiente. En un instituto que está a dos horas y pico de mi casa. Esa tarde me pasé llorando, haciendo la maleta y almacenando besos y abrazos de Álvaro, que se quedaba en casa con su padre.

Jamás pensé que fuese tan dura la separación. Nunca había dormido una noche separada de él y los tres días que nos pasamos separados se me hicieron muy duros. A eso hay que sumar que hacía tres años que no trabajaba con lo cual los contenidos estaban en un lugar tan tan profundo de mi mente que me he tenido que tirar prácticamente todas las tardes estudiando para poner las clases en pie al día siguiente.

Mi bebé es de pecho y no quiere biberón.

Y como no tenía bastantes preocupaciones se sumó una mayor: Jorge no ha probado un biberón nunca. Lo hemos intentado varias veces pero no quería. Ni tampoco quería tomarse mi leche con cuchara o con una jeringuilla.

Por las tardes me sacaba leche para dejársela a su abuela y que se la diera al día siguiente (porque no solo me traje al pequeñín, también a mis suegros para que se ocuparan de él, y dando gracias de que estén disponibles para hacerme el favor) pero el señorito decía que nanai, que él o tenía la tetita de su madre o no comía.

Han sido días muy muy largos, en los que he llamado por teléfono mil veces para que siempre me dijeran los mismo “no quiere comer“. Ni leche, ni fruta… Es desesperante, os lo aseguro.

Sin embargo, a la semana de estar pasando hambre mi angelito decidió que ya era suficiente y se tomó su primer biberón y yo creo que ese día fui la mujer más feliz del planeta ;).

Ahora, unos días después nos seguimos arreglando como podemos. Me saco leche todas las tardes para tener para una toma del día siguiente. Me cuesta mucho esfuerzo, consigo sacarme 120-150 en tres o cuatro veces y lo voy almacenando, aunque a veces no se la toma, me espera hasta que llegue yo.

Cuando estaba en casa se tiraba el día colgado de la teta. Mamaba cada hora y poco y ahora es capaz de aguantar cinco horas tranquilamente. Se nota que me echa de menos. Yo también lo echo de menos. Echo de menos nuestra rutina sin prisas, nuestros bailes, nuestros paseos, las carantoñas y las sonrisas infinitas, darle muerdos en los muslitos y sus profundos ojos grises… Pero sé que pronto todo volverá a la normalidad. Al fin y al cabo el final del curso está cerca ;).

Sigo pensando que las bajas maternales en este país son una mierda, así de claro. Y sólo espero que algún día, cuando le contemos a nuestros hijos que cuando ellos eran pequeños nos teníamos que incorporar al mundo laboral a las 16 semanas de su nacimiento, nos miren con la misma cara con la que me mira mi abuelo cuando le digo que le voy a hacer una foto con el móvil para mandársela a mi hermano que vive a 200 kilómetros de distancia.

Mientras tanto seguiremos disfrutando de la maternidad como podamos 😉