Maternidad

Feliz Trece Cumplemes

Mi querido bebé:

Hoy hace trece meses y yo ni siquiera he tenido tiempo de tener este post preparado. Te escribo deprisa y corriendo, mientras tu padre te entretiene un rato en el salón, pero no podía dejar de pasar este día para desearte un feliz cumplemes y, además, contarte un poco como eres ahora y cómo es nuestra vida contigo.

Eres un niño alegre, muy alegre, siempre estás sonriendo o riéndote a carcajadas aunque cuando lloras te salen en cuestión de segundos dos lagrimones como puños de grandes. Tu abuelo paterno siempre dice que no había visto jamás tanta facilidad para echar unas lágrimas, jaja. Afortunadamente las veces que lloras son muy pocas, eres un niño feliz, simplemente.

Comes muy bien y no te cuesta probar cosas nuevas aunque la primera vez que te metes en la boca algo nuevo te lo sacas enseguida con cara de asco. Afortunadamente a los dos segundos va para dentro otra vez. Te encantan las galletas y las papadeltas. Cuando vamos a la fuente te compro siempre aspitos, pero tu debes pensar que los aspitos me los coma yo porque al final terminas comiéndote la bolsa de papadeltas de tu hermano, que se la compra solo para ver la chapa que trae la bolsa en su interior.

Duermes fatal. Esto es algo nuevo ¿verdad? Me he tirado meses diciéndote que duermes súper bien y que no tienes nada que ver con tu hermano, pues al final le vas a ganar… Desde que empecé a trabajar las noches son un calvario. Te despiertas tres o cuatro veces y en una de ellas, sobre las tres de la madrugada, te estás despierto sobre una hora. En esos momentos me juro y me perjuro a mí misma que ni loca voy a por el tercero, jajaja. Durante esa hora te dedicas a recorrerte la cama, a intentar despertar a tu hermano y finalmente te bajas al suelo y te das unas vueltas por la habitación, a oscuras, hasta que te aburres y gritas hasta que te vuelvo a subir. Además, también llevas unos días sin siesta… Muchas veces me pregunto que he hecho mal en otra vida para que me hayan caído los niños peor dormilones del mundo, debe haber sido algo muy gordo 😉

Ya sabes decir que las campanas hacen “tan”, que nievita hace “uau” y que mamá te quiere hasta el cielo. Esto último no sabrás quién te lo ha enseñado, ¿verdad? Te encanta estar con tu hermano e intentas imitarlo en muchas cosas, por ejemplo lo observas cuando juega al balón y después intentas pegarle patadas, jaja. También intentas meterte solo en la bañera y es un espectáculo verte desnudito, todo regordete e intentando subir la piernecilla para entrarte dentro.

Hablas un montón. Balbuceas sílabas inconexas que para nosotros tienen significado, jaja. Tu abuela asegura que le dices “lela” en cuanto la ves, y yo estoy segura que a mí me dices “uapa”. No te callas en todo el día, y has empezado a señalar con el dedito lo que quieres y si no te lo damos te enfadas y en un segundo dejas escapar dos lagrimones a los que no nos podemos resistir.

Ayer comenzaste a dar tus primeros pasitos. Hasta ahora andabas agarrado al sofá o a la cama pero ayer te atreviste a soltarte por primera vez. Tengo que hacerte un vídeo para que puedas verte dentro de unos años, porque es graciosísimo. Primero guardas equilibrio y después te lanzas a andar meándote de la risa y gritando para que te miremos. Es una de las expresiones más bonitas que te he visto nunca. Esa cara de satisfacción y alegría por haber conseguido andar. Ni que decir tiene que tu hermano está más orgulloso que tú, si cabe, por el logro 😉

Odias que te corte las uñas, que te vista y que te cambie el pañal. Te retuerces de tal manera que para ponerte el pijama muchas veces tenemos que hacerlo entre papá y yo. Tampoco te gusta nada que te lave la cara después de comer ni que te suene los mocos… Miedo me da cuando tengamos que cortarte el pelo por primera vez, jajaja.

Eres lo mejor que nos ha pasado como familia, aunque a veces Álvaro diga que estaba mejor cuando sólo estábamos los tres y tu vivías en mi barriga (si dejaras de arañarlo, quizás ayudaría, jaja), nos has enseñado que el amor se puede multiplicar por infinito y que una sola sonrisa puede ayudar a olvidar una noche de perros.

Te quiero hasta el cielo, tesoro. Gracias por elegirme como mamá.

 

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Crónica de un Bautizo

Tres meses y pico después de bautizar al pequeñín os cuento la Crónica del Bautizo. Esta entrada lleva en borradores casi tres meses pero con el montón de cosas que he tenido que hacer este verano (leáse con total ironía) no me ha dado tiempo a acabarla y como me encanta utilizar el blog para guardar recuerdos (os aviso por si queréis pasar del post de hoy, luego no digáis que no estábais advertidas) pues aquí va

Crónica de un bautizo

En esta casa no es que seamos muy católicos, apostólicos y romanos (aunque mi señor esposo tiene los familiares religiosos necesarios para saber que rezan tanto por mí que voy a ir al cielo de cabeza, jajaja) pero aún así decidimos bautizar a nuestros dos angelitos para mantener una costumbre social y nuestro argumento es tan válido como cualquier otro ;).

Al mayor lo bautizamos con diez meses ante las insistencias de mi suegra (que es de misa diaria) pero con el pequeñajo no hemos aguantado tanta insistencia y decidimos bautizarlo a los ocho meses y así salíamos del paso y de las insistencias de la buena mujer.

Así que el 11 de junio a la 13.15 horas fue cristianizado el angelito pequeño, oficiando la ceremonia el primo cura, como no podía ser de otra manera, y con el hermano de mi señor esposo de padrino y mi hermana de madrina.

La ceremonia fue como suele ser en estos casos: el ritual cortito, un poco de ungüento en el pecho, el agua en la pila bautismal, a la que Jorge casi se tira de cabeza porque con lo que le gusta el agua y lo poco que lo había bañado su madre no vio más cielo abierto que aprovechar la ocasión para meter las manitas y chapotear un poco 😉

Después nos fuimos a celebrar que ya había un cristiano más en el mundo a un restaurante donde comimos muy bien y bebieron de lo lindo. Aquí, a la menda, como sigue con la lactancia materna casi exclusiva, no le quedó otra que seguir con las cocacolas zero zero… que alegría, jajaja.

Ropas para el bautizo

Como nosotros bautizamos a los niños ya más grandecinos pues no le pegan mucho que digamos los típicos trajes de cristianizar tan bonitos que hay, con su capota, sus lazos y sus puntillas… Así que al protagonista del evento le cogí un trajecito de blusa y ranita en color marfil muy mono, tan mono que hasta puntilla llevaba en el cuello de la camisa y que además podré aprovechar este verano (madre ahorradora en modo on).

Imagen de traje de bebé para bautizo
No me podéis negar que es monísimo 😉

A su hermano le puse una camisa blanca de cuello mao y unos pantalones cortos azul marino de lino con unas menorquinas azul marinas. Iba muy sencillito pero guapísimo.

Imagen de conjunto de ropa para niño

Su padre optó por un traje de chaqueta (con el calor que hacía…) y se vanaglorió mil veces porque se puso el mismo que en la boda de su hermano que se casó hace más de diez años y aún le vale… Sigue estando igual de gordo fuerte, pero yo callada, que en boca cerrada no entran moscas 😉

Y yo, la madre del bautizado, me compré el traje unos días antes. Empezaré diciendo que no encontraba nada porque necesitaba algo que fuera dos piezas o que se pudiera abrir la delantera para poder sacarme la teti, que no fueran trapallos (que últimamente voy de compras y sólo veo cosas demasiado informales) y que fuera baratito. Pues tras una tarde entera de tiendas en la que ya me veía poniéndome un pantalón negro y un top resultón que tengo de hace cuatro o cinco años dí con un mono monísimo en Trucco, que se le abría la pechera (imprescindible para dar la teti) y que encima sólo costaba 75 euritos. Pues ya está, modelito para casa porque encima pegaba con los zapatos de las bodas, jajaja.

Imagen de mono de Trucco
El cinturón es precioso pero en la foto sale un pelín brillante 😉

La fiesta del bautizo

Y después del bautizo y de la comilona vino lo que más me gusta a mí de estas cosas: una pequeña fiestecilla donde reunir a familiares y amigos y echar un ratito muy a gusto contándonos la vida, comiendo sin pensar en la dieta y brindando una y otra vez.

Reconozco que mis pequeñas bodas gitanas (como llama mi señor esposo a los jolgorios que organizo) me tienen una semana antes estresada preparando detalles, almacenando bebidas y aperitivos y haciendo comidas… Y que también me estresan mientras se están haciendo porque tengo que estar pendiente de todo, pero aún así y aunque siempre digo que es la última vez que junto a 40 personas al final se me olvida y sé que si volviera para atrás lo volvería hacer. No todos los días se celebra que un niño más ha venido a la vida ¿no?

Y vosotros ¿habéis bautizado a vuestros hijos? ¿Cómo lo habéis celebrado?