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Seis Meses de Bimaternidad

Ya han pasado seis meses desde que Jorge está con nosotros. Seis meses que se me han pasado volando por una parte y que se me han hecho eternos por otra.

Seis meses durillos, no os voy a engañar, porque aunque el pequeñín apenas da ruido (para que luego digan que todos los niños son iguales, si, si, a mí me lo van a decir…) necesita mucho tiempo. Tiempo para comer, tiempo para dormirlo, tiempo para bañarlo y para cambiarlo de ropa una y otra vez porque de vez en cuando echa un poquillo, o tiempo para, simplemente, perderlo o ganarlo, mejor dicho, quedándote ensimismada mirándolo.

Además, también está mi príncipe destronado que aunque adora a hermano y todo son carantoñas para él reclama su espacio constantemente. Incluso hemos pasado una época de celos muy dura pero parece que poco a poco va remitiendo (esto no debería ni haberlo escrito porque ya veréis que es decirlo y el señorito vuelve a las andadas ;))

Sin embargo, lo mejor de estos seis meses también me lo han dado ellos. La sonrisa infinita de Jorge que se ríe hasta cuando está en duermevela, las caricias constantes que le hace Álvaro, sus “¿qué te pasa a ti?” con esa voz de falsete, la forma en que el pequeño busca al mayor y le da pequeños grititos para llamar su atención, los “nosotros cuatro” de Álvaro, las canciones que le canta para que no llore o para tranquilarlo.. Un montón de experiencias bonitas que superan con creces los días grises, porque es verdad que la maternidad de dos se vive de forma distinta, es más dura, más compleja, más estresante… pero también es mucho más mágica porque ves la forma en la que van interrelacionando ellos, cómo se miran y admiran (dentro de un tiempo os contaré como se pelean, pero por ahora dejadme seguir feliz en mi nube, jaja)  y tu corazón está a una milésima de estallar de amor.

Muchas veces, estando ya embarazada del segundo, me pregunté a mí misma si no me habría precipitado, si no sería mejor que los hermanos se llevasen algo más de tiempo para poder disfrutar un poco más del mayor, para no destronarlo tan pronto… ¡Qué equivocada estaba¡ Creía que tener dos significaba no poder disfrutar de uno, cuando es justo al contrario, ahora es cuando más disfruto de ellos, ya sea juntos o por separado. Juntos porque veo como interrelacionan y por separado porque valoro más el tiempo en exclusiva que les dedico a cada uno, aunque la verdad es que pocas cosas hacemos sólo con uno de ellos. Álvaro siempre se empeña en que “el bebé también” y a mí me encanta que lo incluya en sus rutinas.

Estos seis meses ha sido el tiempo en el que más veces me he tenido que decir “respira, tranquila“, meses en los que he deseado a las cinco de la tarde que fueran las diez de la noche para que Álvaro se fuera a la cama, que he llorado de impotencia porque estaba sola en casa y cada uno de ellos llorando a su vez, que he llorado de cansancio (si, soy un poquito llorona 😉 )… Convivir con dos príncipes es agotador, pero simplemente sonriendo han conseguido que estos seis meses sean los mejores de mi vida.

Fijaos si merece la pena que no me quito de la cabeza tener un tercero, ni en los malos momentos, que os aseguro que haberlos haylos. Mi señor esposo ya le está viendo las orejas al lobo y aquí, en petit comité, creo que se está empezando a concienciar de que al final será padre de familia numerosa, por lo menos ya no dice un “no” rotundo sino un “ya veremos” y un “ya veremos” con lo pesada que puede llegar a ser su mujer es casi un sí ;).

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