Maternidad

Feliz Segundo Cumpleaños

Querido bebé:

Hoy haces dos añitos. Dos añitos acompañándonos y llenándonos de amor y sonrisas a partes iguales. Dos años de dormir acurrucados, de teta a todas horas y de cansancio infinito.

Me ha pasado igual contigo que con tu hermano, que llevo desde ayer tontorrona. Dándote más besos de la cuenta y abrazos más fuertes, contándote a cada rato qué estaba haciendo hace dos años en esos precisos momentos. Recordándote cuando aún estabas dentro de mi barriga y tú, que aún no entiendes eso, te levantas la camiseta, me señalas la tuya y dices “¿aquí?”, ja ja.

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Felices 22 Cumplemes.

Mi querido bebé:

Ayer hiciste 22 mesitos. Cómo pasa el tiempo… hace nada eras una lentejita en mi barriga y hoy ya tienes los dos patitos. Y aunque sigues siendo un bebé ya tienes muchas cosas de niño.

Sigues a todas partes a tu hermano y quieres jugar con todo lo que está jugando él. Si tu hermano tiene un balón, tu quieres ese mismo balón, si tu hermano está dibujando tu quieres dibujar y exactamente con el mismo lápiz que él, si tu hermano está viendo la tele tu vas y se la apagas para que te haga caso. A veces lo sacas de sus casillas porque no lo dejas ni cinco minutos en paz y se esconde en el baño o en la cocina para que no lo encuentres, jaja.

Sabes ya un montón de cosas. Tantas que a veces me quedas asombrada. Por ejemplo, sabes subirte y bajarte de la cama solito (bueno, esto lo haces desde hace meses, pero me sigue sorprendiendo), sabes bajar las escaleras sentándote de culo y bajando poquito a poquito, sabes saltar en los sofás, friegas la casa de maravilla y sabes perfectamente dónde están los helados. 😉

Y hablas un montón. Tanto que no hay día que no me sorprenda de alguna cosa nueva que dices. Cuentas hasta tres perfectamente y hasta ocho saltándote la mitad de los números, jaja. Y te encantan los balones y las pelotas y jugar al fútbol. Juegas con papá al fútbol en el pasillo, como tantas veces hemos jugado con tu hermano, y tus palabras favoritas son “pasa”, “chuta”, “penati” y “goooool”. El gol lo cantas estupendamente.

También te gusta mucho jugar con los coches, pasear el carrito con un balón dentro y montarte en la bici, “bisi” según tú. Te encantan los libros. Y siempre tienes uno en las manos y a diferencia de tu hermano no te ha dado por comértelos.

Y también sabes que mamá te quiere hasta el cielo, que abuelo juega contigo al futbolín, que la prima es muy chiquinina y dices en tu media lengua el nombre de los primos.

Te encantan los animales. Y sabes que la vaca hace “múúúúúú”, el pollito “pío” y que el pollito que nos dieron las monjas se convirtió en gallo y ahora hace “kirikiki”. También sabes que el lobo hace “auuu”, los guarrinos “oin oin”, las “ovekas” hacen “beee” y que el perro hace “guau” y una vez el perro de la vecina te dio un susto “tuhto”. Desde entonces cada vez que te preguntamos como hace el perro dices “guau. tuhto” todo seguido, jaja.

También sabes que está “abiba” y que está “abajo” y cantas el cumpleaños feliz casi enterito. Te gusta mucho cantar. A veces, cuando vamos en el coche, te arrancas a cantar una canción que nadie más que tu comprendes pero a tu padre y a mí se nos cae la baba de oírte.

Duermes muy bien. Infinitamente mejor que tu hermano. Algunos días te despiertas dos veces, otras tres y algunos días me sorprendo por la mañana porque estás en la misma posición en la que te dejé. Duermes mejor solo que conmigo. Así que aunque seguimos durmiendo todos juntos papá, tu hermano y yo nos pegamos en una cama de 1,50 mientras que tu duermes solo en la cama de al lado. 1.35 solo para ti. 😉

Comes muy bien. En eso te pareces a tu hermano a tu edad. Te gustan las lentejas, la sopa, los garbanzos, las croquetas, los filetes, la verdura… Y adoras la “futa”. Nunca le dices que no a cualquier fruta y te gusta que te la ponga en los platos de colores para comértela tu solito. También te gusta la cocacola y las chuches (mala madre en modo on).

Te encanta saltar en la cama y en los sofás. A veces porque imitas a tu hermano y otras veces porque, simplemente, tendréis el gen saltador muy desarrollado, jaja.

Te defiendes muy bien. Cuando algo es tuyo no hay quien te lo quite. “Es míoooo” dices a voz de grito. Y cuando nada funciona para salirte con la tuya sacas los dientes de paseo. Esto está siendo nuevo para nosotros porque tu hermano jamás mordió. Sin embargo tu, de vez en cuando muerdes, sobre todo a tu pobre hermano, que en cuanto te ve acercarte con los dientes preparados para el ataque empieza a chillar.

Te gusta mucho el agua. Y este verano estás disfrutando muchísimo en la piscina. Te gusta tirarte al agua y que papá te rescate en el aire o jugar en la bañera a trasvasar agua de un vaso a otro. Así te puedes pasar un buen rato y cuando te saco para secarte siempre siempre lloras.

Eres un niño precioso. Mi rubito de piel morena y ojos verdes, siempre con una sonrisa en esa cara de pillo. 😉 Viniste a nuestras vidas a demostrarnos que el amor se multipla, a enseñarnos que con “los segundos” es todo más fácil, a llenarnos la vida de sonrisas y a no dejarnos tener ni un minuto de tranquilidad.

Eres, sois, lo mejor que tengo, que tenemos. Gracias por elegirnos como familia.

Felices 22 meses, mi amor. Te quiero hasta el cielo.

 

 

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¡Feliz Cumpleaños, cariño¡


Querido hijo:

         Hoy cumples dos años y sólo entenderás lo rápido que se me ha pasado este tiempo si algún día tienes un hijo y lo ves crecer. Sólo entonces entenderás la sensación que yo siento ahora, como si el tiempo se me escapara de las manos. Los niños traen un mecanismo consigo que hace que el tiempo vaya más rápido. Los buenos amantes, también. Espero que puedas disfrutar de ambos porque aunque son ladrones de tiempo es un tiempo que vale la pena perder.

        Tampoco voy a decirte todo lo que te quiero porque tampoco lo entenderás hasta que no seas padre. Jamás experimentarás un amor igual, tan grande que a veces da hasta miedo. Es como saltar en paracaídas, por mucho que te expliquen la sensación no creo que nadie se imagine qué es hasta que salta (por supuesto me niego rotundamente a que saltes en paracaídas, jaja).

 

Para mí esta foto es muy especial. Es la primera foto que tenemos de Álvaro ¿y qué desde ese momento me pareciera guapo? jaja

         Es increíble esta aventura de crecer y no sabes lo que estoy disfrutando acompañándote. Cada nuevo logro tuyo me parece más mío que de nadie y cada vez que alguien se queda maravillado por lo que sabes, yo, interiormente, aunque a veces también se me nota por fuera, me pavoneo de ello.

        Has aprendido a contar de corrido hasta el número doce tu solito, aunque si papá o yo seguimos contando hasta el veinte tu tratas de acompañarnos. Sabes las vocales y que la O es redonda como un balón. Con los colores no hay forma, sólo distingues el rojo y no todas las veces, ya habrá tiempo, mi vida, y si no no pasa nada, ya aprenderás que los colores y el género masculino no se llevan muy bien que digamos.

 

        Subes y bajas solo las escaleras (bajas de culo, pero solo, que es lo que cuenta) y no sabes el susto que me diste un día porque yo estaba tendiendo la ropa y cuando bajé estabas abriendo la puerta de la calle. “¿Cómo has bajado Álvaro?” Te pregunté. “Culo, mamá“, me dijiste y te faltó añadir “estás como tonta a ver si te crees que no sé que si bajo de pie me caigo”, jaja.

        Ya dices frases de cuatro o cinco palabras seguidas, la mayoría sustantivos y adjetivos, los artículos te los sigues comiendo. Y diferencias muy bien qué es grande y que es chico. Te dan un miedo horroroso los coches (uy, coche pisa) y siempre buscas la acera más grande para que quepamos los dos. “Esa no, mamá, chica”, me dices. Se te entiende casi todo y pronuncias la “jota” como si fueras de Valladolid y eso que nosotros por aquí la decimos aspirada. No sabemos quien te habrá enseñado a ser tan fino, ni a decir toro (todo), cuando tu madre dice to’ y se queda tan pancha. Y sigues con el qué… madre mía, no sabes hasta dónde estoy de la dichosa palabrita.

         Te encanta el agua y cuando te bañas con papá o conmigo ya la alegría es máxima. A veces estás a punto de volverte loco y saltas y echas tanta agua fuera que algún día nos van a salir goteras en la cochera, jaja.

          Los animales son otro de tus fuertes. Pides ir al campo tooooodos los días y si por ti fuera (por mí también, menos mal que está papá que pone un poco de cordura cuando nos entusiasmamos demasiado) tendrías la casa llena de guaus, allinas, oveja, jacas y ichitos.

         Sigues siendo muy generoso y compartes tus juguetes y golosinas con quien te pida. A veces de generoso te pasas porque aunque fulanito te diga que no quiere más gusanitos tu sigues, dale que te pego, arrecarcándoselos en la boca, jaja.

         También te encanta ayudar en todo y por la mañana, cuando hacemos las cosas de la casa, me echas una mano y eso se nota (tardo el doble o triple de tiempo, jaja). Me ayudas a tender la ropa, a ahogar regar las macetas… aunque tu tarea favorita es inundar fregar la casa y hacer muuuuuchos charcos y poder saltar. Saltar es otra de las cosas que más te gustan, saltar de los bordillos, en las alcantarillas, en la cama… a veces saltamos los dos juntos en la cama, pero esto no se lo digas a nadie porque si no van a decir que te lo consiento todo.

         Estás empezando a sacar carácter y a comprobar dónde están los límites. Tiras las cosas que te decimos que no se pueden tirar y después nos miras con la media sonrisa en la cara como diciendo, pues la tiré, a ver ahora qué pasa. Cuando te enfadas también intentas darme y me dices tota, no se dónde has podido aprender eso, y mira que estoy harta de pensarlo. Yo te digo que eso no se hace porque me haces daño y me pongo triste, o te abrazo muy fuerte y te digo que me gustan más los abrazos. No sé si lo estoy haciendo bien… qué miedo me da todo esto, hijo, tener que esperar años para ver los resultados.

 

        Me tienes cogida en un puño y haces conmigo lo que quieres, es el precio que tengo que pagar por llevarme casi todos tus besos. Me quieres por encima de todos, cariño, y a veces papá se pone un poco celoso porque dices que no le haces ni caso. Pero es mutuo, mi vida, para mí tampoco hay nadie como tú y raro es el día que papá o yo no nos vanagloriamos de la suerte que tenemos de tenerte.

        Te adoro.