Maternidad

Anécdotas divertidas de la Operación Pañal fallida

Si algo bueno ha tenido la Operación Pañal fallida es que nos ha dejado algunas anécdotas divertidas que yo voy a recoger aquí porque sé que la memoria es frágil y me vendrá bien recordarlas para después contárselas a Álvaro delante de sus amigo@s adolescentes. Soy malvada, lo sé, pero de alguna manera me tendré que vengar por los miles de despertares nocturnos con los que me agasaja mi pequeño angelito.

Bueno, pues ahí van nuestras anécdotas… Aviso a navegantes: si estáis comiendo o vais a comer en breve dejad esta entrada para dentro de un ratito, jaja.

Anécdotas de la Operación Pañal

        1. La primera vez que Álvaro se cagó hizo la caca sin pañal estábamos con mis padres en la playa. Comiendo, como no podía ser de otra manera. Álvaro se agachó en medio del salón y plantó un buen mojón y como nunca había visto la caca así, tal cual, se llevó un susto tremendo porque se creía que era un bicho y la verdad es que parecía una babosa gigante, como para no asustarse, jajaja.

        2. La primera noche que lo saqué sin pañal de casa se meó dos veces en menos de media hora. Estábamos sentados en un velador con mis suegros y Álvaro estaba jugando con otros niños cuando veo que está regando las flores sin bajarse los pantalones. Termina y viene hacia nosotros cantando “capones, capones, oe, oe, oe” (la canción que su padre y yo le cantábamos cada vez que hacía pipí solito). Él mi pobre pensaría “soy un campeón, he hecho pipí sin avisar a nadie”… lástima que se le olvidara el detallito de los pantalones, jaja.

        3. La segunda noche (y la última) que salimos de casa sin pañal nos fuimos al parque. El día anterior no había hecho caca y ese día tampoco, esto parecerá un dato sin importancia, pero para que os deis cuenta de la cantidad de mierda que podía almacenarse en ese cuerpecito.

Llevaba puesto un polo de rayas marineras y un pantalón corto blanco (blanquísimo) y estaba jugando en la zona de juegos mientras que su padre y yo nos tomábamos algo en la terraza del quiosco sin quitarle los ojos de encima cuando de pronto veo que se ha tirado del tobogán y sus pantalones ya no eran blancos! Tuve que limpiar el tobogán de arriba a abajo porque allí había más mierda que en un estercolero y a Álvaro lo tuvimos que bañar (también de arriba a abajo) en el lavabo de los servicios porque aquello se había ido extendiendo y extendiendo y tenía caca desde el pelo hasta los zapatos.

        4. La última anécdota divertida la protagonizó hace sólo unos días cuando ya habíamos dado por finalizada la Operación Pañal pero él se levantó, hizo pipí en el váter chico y se le empestilló que no se ponía el pañal.

Yo lo dejé con el culo al aire mientras pensaba si en un mes habría madurado tanto como para decidir que el pañal había pasado a la historia. El caso es que me despiste un momento cuando oigo que Álvaro me llama a grito pelao y cuando acudo me encuentro dos babosas gigantes mojones encima de la cama (colcha blanca incluida) y a Álvaro señalándomelos y diciéndome muy ufano “me ha hecho caca en la cama”, con una sonrisa de oreja a oreja como si hubiera hecho la hazaña del siglo.


P.D. Estas historias te contaré delante de tus amigos, cariño, como se te ocurra mearte alguna vez fuera del tiesto. Nunca mejor dicho 😉

Maternidad

Operación Pañal fallida

Hace un mes y pico os conté que estábamos inmersos en la Operación Pañal. Si leéis la entrada podéis ver que estaba plenamente convencida de que lo conseguiríamos. Pues… Zas, en toda la boca! por pretenciosa.

Nuestra operación pañal ha fracasado por una serie de circunstancias.


En primer lugar porque Álvaro no estaba preparado. Yo le quité el pañal sin que él me lo hubiera pedido y sin que hubiera ningún signo evidente que controlara los esfínteres. Hacía pipí en el orinal, sí, pero porque tenía todo el día detrás a la pesada de su madre (y a su padre también) diciéndole “¿Álvaro quieres hacer pipí?“. Si no se lo preguntábamos no se acordaba. Aunque tengo que decir que algunas veces si que salía pitando como alma que lleva el diablo al orinal.


Después también creo que ha influido el hecho de que apenas hemos parado en casa durante el verano. Y si es difícil quitar el pañal a un niño que no está preparado, quitar el pañal a un niño que no está preparado y hacerlo en un lugar que no es su casa ya lo veo misión imposible.


Así que después de limpiar muchos pipís y alguna caca (aunque tengo que reconocer que me imaginaba algo muuuucho peor) decidimos dar marcha atrás y esperar a más adelante, cuando veamos algún signo claro de que es el momento adecuado (que Álvaro se levantara un día y dijera que ya no quiere usar más el pañal estaría bien, jaja)


De esta experiencia nos han quedado algunas anécdotas muy divertidas (sobre todo ahora, vistas con un poco de tiempo) y un ahorro importante en pañales, ahorro que tuvimos que invertir en fregasuelos, jaja.


Ah, y una cosa muy clara: no pasa nada por dar marcha atrás. Según los expertos que aparecen en san google cuando un niño está realmente preparado la retirada completa del pañal se realiza en diez días aproximadamente. Es preferible dar marcha atrás que estar meses quitando mierda. Además si llevamos a cabo una operación pañal sin que el niño esté preparado podemos ocasionar sin quererlo problemas en el niño. Podéis leer la entrada de UMMF para haceros una idea.


Debido a todo esto nosotros esperaremos al verano que viene, o quizás antes… sigo confiando en que Alvaro se despierte un día y me diga “mamá, pañal a quitar”. Ilusa que es una 😉