Maternidad

Felices Tres

Querido Álvaro:

Hoy es tu cumpleaños y a mi me parece mentira que hayan pasado tres años ya desde que estás con nosotros. Tres años en los que nos has hecho conocer el amor sin medida y el cansancio sin medida también. Tres años de juegos, de besos, de teta, de dormir en el medio y quedarnos ensimismados mirándote… De correr detrás de ti, a veces arrastrándonos, porque vaya energía que tienes, cariño.

Ahora mismo estás aquí, tumbado en el medio de papá y de mi, en tu sitio y no paras de hablar, de cantar y de inventar historias. Esa boquita no para ni un momento… hasta dormido hablas. Y yo no puedo dejar de observarte y de maravillarme… No puedo dejar de preguntarme dónde se han ido estos tres años en los que has pasado de bebé a niño, en qué momento has crecido tanto que yo no me he dado cuenta… cómo lo hacía yo antes para vivir sin ti, dónde estaba este amor que ahora a veces me quema el pecho y, sobre todo, qué hacía yo con tanto tiempo libre… 😉

Han sido tres años muy intensos, tres años en los que has aprendido muchas cosas pero en los que nos has enseñado muchas más. Nos has enseñado a tener paciencia, a empezar de cero mil veces todos los días, a inventarnos como personas y como padres, a desviarnos del camino establecido para seguir por el que tu nos has ido marcando… Pero también nos has enseñado a QUERER. A querer así con mayúsculas. A amarte por encima de todo, hasta de nosotros mismos y a cambiar cualquier cosa solo por verte feliz.

Siempre pensé que la maternidad cambiaría mi vida pero jamás pensé que lo haría tanto y sobre todo que me daría tanto… Tanto amor, tantos besos y tanta felicidad.

Gracias cariño por los tres años más maravillosos de nuestra vida y felices tres, felices hasta el cielo 😉

Te quiero.

P.d. Tesoro, me hubiera gustado dedicarte una entrada mucho más larga pero estamos sin adsl en casa y te escribo desde el móvil y ya sabes que tu madre y el móvil se llevan regular 😉

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Maternidad

Ni Contigo ni Sin Ti

Me encanta dormir contigo. Meter la nariz en tu cuello y aspirar tu olor. Entrelazar las manos y que me pongas los pies en la barriga. Nunca antes había dormido tan bien con nadie como ahora duermo contigo.

Pero también me gusta cuando te duermes una hora antes de lo que pensaba o te despiertas una hora después y me dejas una hora libre para hacer lo que quiera, aunque ese lo que quiera sea no hacer nada.

Me encanta estar contigo. Levantarnos juntos, desayunar sin prisas, limpiar la casa (acabas de descubrir la mopa, que peligro¡), ir a comprar el pan y tardar una hora en ir y volver y que cuando quiera darme cuenta sea la hora de comer y no nos haya dado tiempo ni a hacer la comida.

Pero también me gusta llevarte a la guardería. Pensé que lo iba a llevar peor, pero eso de tener unas horas para mí algunas mañanas me está dando la vida. Estoy menos cansada, más risueña y más feliz.

Me encanta jugar contigo. Echar partidos de fútbol en el pasillo, leer cuentos en la cama, jugar a las fichas o al escondite… Adoro ir al parque casi todos los días porque tu lo adoras, antes lo odiaba y, a veces, ahora también lo odio.

Pero, a veces, cuando pasas de mí y eliges a tu padre como compañero de juegos suspiro por dentro porque sé que dispongo de media hora? para hacer cualquier cosa relajarme. Y si  papá te propone un baño y aceptas casi salto de alegría porque sé que son, mínimo, 45 minutos… yujuuu¡

No quiero separarme de tí ni un momento. Me cuesta dejarte en la guarde (sí, ya sé que antes he dicho que no), con los abuelos… y no me imagino un día entero sin tí.

Pero, a veces, cuando alguien se ofrece para estar contigo o te reclama durante unas horas a mí se me alegra el alma.

 Me encanta como has llenado la casa de vida, de voces, de juguetes todos desparramados, y de risas…

Pero, a veces, me pongo nerviosa de ver tanto trasto en el medio (aunque en lo de desordenado hayas salido a mí), oír tantas voces y que haya dejado de escuchar el ruido de la lavadora.

A veces estoy muy cansada, cariño, y la pregunta ¿lo estoy haciendo bien? acude una y otra vez a mi mente. Me gustaría jugar más contigo, poner menos la tele y no escatimarte ni dos segundos al día. No buscar excusas, no pensar en que ya lo haré más adelante, no meterte prisa, no decirte mañana… Pensar más en tí y menos en mí.

Tengo mil fallos, tesoro, pero intento todos los días que seas feliz. Todos los días. Y te quiero por encima de todo, como nadie jamás te va a volver a querer.