Viajes en familia

Qué visitar en Andalucía: Ronda. 

Como ya os dije hace unos días, nosotros no somos muy amigos del carnaval por lo que casi siempre hemos aprovechado estos días para hacer una escapadita fuera. Este año no teníamos muy claro dónde ir hasta que mi señor esposo mencionó Granada y desde entonces cada vez que proponía otra cosa me entraba hasta mal humor, jajaja.

Cuando por fin acordamos que nos íbamos a Granada se le ocurrió decir que para que a Álvaro no se le hicieran tan pesadas las cinco horas de camino que hay desde nuestro pueblo podíamos hacer noche en Ronda, que era muy bonita. Reconozco que lo único que sabía de Ronda era que una de sus principales atracciones era su plaza de toros y a mí, que no soy muy taurina que digamos, no me hizo especial ilusión. Además, yo, que siempre preparo los viajes al milímetro, esta vez sólo me ha dado tiempo a reservar el alojamiento con lo cual Ronda ha sido toda una sorpresa para mi.

La noche del viernes, cuando llegamos y dejamos las maletas en el peazo hotel que reservé por 36 euros la noche, ya dimos la primera vueltita por eso de ver el sitio en cuestión de noche, (no me digáis que no, que siempre con la iluminación artificial la ciudad parece otra, a veces es incluso hasta más bonita 😉 ) y ya empecé a enamorarme de Ronda.

Al día siguiente desayunamos en la cafetería Alba, donde por lo visto hacen los mejores churros de la ciudad, y la verdad es que el sitio en sí es peculiar y los churros están buenísimos. Y después, con el estómago lleno, empezamos nuestra visita turística con el mejor guía que podíamos tener: el rey de nuestra casa ;). Vio a su padre con el plano y no soltó el plano en todo el día, diciendo a cada momento: “hay que pasar por el agua, hay que seguir las huellas…” No sabemos que huellas serían pero la verdad es que nos guió súper bien. Amor de madre en modo ON.

El guía rondeño
No me digáis que no teniamos un buen guía 😉

El primer sitio que visitamos fue la plaza de toros para después pasar el puente sobre el Tajo y visitar el centro histórico de Ronda. Reconozco que entré en la plaza de toros hasta sin ganas, pero después me sorprendió y hasta me gustó. Y lo mejor de todo es que a Álvaro le entusiasmó. Vamos, que después se tiró todo el viaje hablando de toros, corrales y caballos ;).

plaza toros Ronda

La siguiente visita fue el Puente Nuevo. Este puente fue construido entre 1759 y 1793 y es el monumento más emblemático de Ronda. Además, sirve para salvar el Tajo de Ronda, un desfiladero socavado por el río Guadalevín y que tiene 500 metros de longitud, 50 metros de anchura y casi 100 de profundidad. Asomarse desde uno de los balcones de este puente al desfiladero es toda una aventura… Las vistas impresionan, sobre todo si no tienes vértigo. Mi señor esposo, por supuesto, apenas si se acercó y menos llevando al niño.

tajo sobre río guadalevín

Además, si el Puente Nuevo une directamente la ciudad histórica con la moderna. La parte vieja de la ciudad es preciosa, está llena de rincones entrañables, de callejuelas empedradas y empinadas, con sus casas blancas, sus portones, sus iglesias y palacios… La plaza donde está el ayuntamiento, ubicado en un antiguo cuartel de milicias y la iglesia de Santa María la Mayor merecen una parada larga, además la iglesia es de obligada visita.

ronda, ciudad histórica

Estuvimos en Ronda un día y se me hizo corto. Para verlo bien, para pasear, para disfrutar del paisaje, para ir sin prisas recomiendo estar dos días. Jamás pensé que este pueblo malagueño tenía tanto que ver y fuese tan bonito. Si estáis pensando bajar al sur y os pilla cerquita os recomiendo que os detengáis a disfrutar de él. Os va a encantar.

La semana que viene os cuento el resto del viaje 😉

Viajes en familia

Qué visitar en Extremadura: Alburquerque. 

El domingo pasado fuimos a pasar el día a Alburquerque. Un pueblo de la provincia de Badajoz famoso por su castillo (si, otra vez a ver un castillo…estamos intentando adoctrinar al niño, jaja) y que para nosotros es especial porque es el pueblo del abuelo paterno de Álvaro 😉

Esta vez fuimos con unos amigos que tienen una niña casi de la misma edad que Álvaro. Álvaro juega mucho con ella, se lo pasan muy bien juntos y la niña en cuestión dice que son novios y le planta unos besos en la boca a mi angelito que algún día lo deja patidifuso. En fin… que este hijo mío es taaaan guapo que por ahora las vuelve locas. Ya veremos si dentro de unos años sigue conservando el sexapil.

Alburquerque es un pueblo cercano a Portugal donde, debido a su enclave privilegiado se construyó una fortaleza militar que es digna de una visita. La estructura actual del Castillo de Luna, que está considerado uno de los más bonitos de Extremadura, data del siglo XV y le debe su nombre a Don Álvaro de Luna, Maestre de la Orden de Santiago que tomó posesión de él a mediados de este siglo y que llevó a cabo muchas reformas y ampliaciones, como por ejemplo la torre del Homenaje.

Y como una imagen vale más que cien palabras os dejo unas fotos para que lo conozcáis

castillo de alburquerque en Extremadura

Castillo-alburquerque
El agujero que veis en la última foto es una letrina. Ya tenían que tener ganas para sacar el culo a más de 50 metros de altura 😉

Alburquerque además del castillo también tiene un barrio judío que merece la pena ver. A este barrio se le conoce popularmente como Villa Adentro o Barrio de la Teta Negra y fue habitado por la comunidad judía hasta su expulsión en el siglo XV. Dando un paseito por él se pueden encontrar sitios muy bonitos, ya que conserva las calles estrechitas y empedradas, algunos portones de la época…

Villa-adentro-pueblo-alburquerque

Y después de darnos una buena comilona y jugar un ratino en el parque…

Jugando con Álvaro en el parque de Álburquerque

…nos pasamos, antes de volver a casa, por un pueblecito de Portugal Ouguela que tiene una plaza militar habitada. Es decir, dentro de la plaza militar hay unas cuantas de casas, con sus mini-huertos, sus perros…

No es un pueblo que llame la atención por lo bonito que es pero la verdad es que si es curioso. Se nota a leguas su pasado militar fruto de su condición fronteriza. Y también se nota a leguas que aunque hoy muchas partes estén en condiciones ruinosas hace no tanto fue una plaza chiquita pero matona.

Ouguela, pueblo portugués cercano a Alburquerque
Una de las partes más bonitas es la puerta de entrada al recinto. La podéis ver en la primera foto 😉

Así que ya sabéis, si alguna vez os animáis a visitar Extremadura no podéis dejar de acercaros a Alburquerque. Tanto su castillo como el barrio judío merecen la pena. Además, el castillo cuenta actualmente con visitas guiadas totalmente gratuitas.

La semana que viene no publicaré esta sección porque no nos vamos a mover de casa, tengo una resfriado de muy señor mío, pero para la próxima tengo un destino que os va a encantar 😉

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Qué visitar en Extremadura. Feria y Zafra.

He pensado que a partir de ahora voy a ir escribiendo sobre los fines de semana en los que hacemos algo diferente. Nosotros no somos de quedarnos en casa, ya lo comprobaréis, y nos gusta aprovechar el fin de semana para salir al campo, hacer alguna escapadita… Intentamos hacer algo diferente para romper la rutina de la semana 😉

El sábado pasado fue un día perfecto. Nos levantamos tarde (Álvaro se levantó a las 11 porque el día anterior se durmió cerca de las 2, no os creáis que nos regaló una mañanita así porque sí) y sin casi planearlo, decidimos hacer una escapadita por dos pueblos de mi tierra muy bonitos: Feria y Zafra.

Qué ver en Extremadura: Feria y Zafra

Feria es un pueblecito de Badajoz donde se ubica el Castillo de Feria, que pertenecía a la familia  de Suárez de Figueroa, a quien Felipe II le otorgó el título de Duques de Feria. A nosotros nos encantan los castillos, debe ser por deformación académica, jaja, y a Álvaro le estamos pegando esta afición. Fijaos que él ve una torre más alta de lo normal empieza a gritar emocionado “castillo, castillo“, y a veces no se trata más que de una torre de bomberos 😉

Visitar Extremadura
Álvaro si no se lleva la bici se muere 😉

El castillo nos gustó mucho y además aproveché para llevar a Álvaro en la mochila la jaca (porque dejar al angelito ir solo por lo alto de la muralla puede ser muy peligroso). Hacía meses que no lo llevaba así y lo disfruté muchísimo. Y encima mi niño estaba muy cariñoso y no dejaba de darme besitos en el cuello… casi me derrito 😉

Las vistas desde el castillo son increíbles. Mi señor esposo me contó que hay un dicho que dice “quien tuviera por herencia lo que se ve desde el castillo de Feria” y no le faltaba razón. Se ven un montón de pueblos de los alrededores. La única pega es que no están señalados y no sabíamos qué pueblos eran exactamente.

El pueblo también es muy bonito, con sus casas encaladas de blanco y sus cuestas. Tiene rincones preciosos y encima hicimos una paradita en un parque para que Álvaro jugara un ratito, que no solo de castillos vive el hombre.

Visitar Extremadura

Después nos fuimos a Zafra a comer. El día estaba primaveral y comimos en una terracita bastante tranquilos hasta que el angelito descubrió una fuente y se acabó nuestra tranquilidad. Tras la comida nos dimos un paseito por el centro. Zafra ya lo conocíamos, pero siempre se descubren lugares nuevos. Además, las tiendas estaban cerradas y tanto en la plaza grande como en la plaza chica había muy buen ambiente con las terrazas en la calle, gente comiendo o tomando una copita…

Visitar Extremadura

Visitar extremadura

Lo pasamos muy bien. Fue un día en familia, conociendo sitios nuevos y lleno de momentos mágicos para recordar. Ya os contaré que hemos hecho este fin de semana. Hasta la próxima entrada 😉

Viajes en familia

Feria de Zafra y Nuevos Inquilinos

Ayer por la tarde estuvimos en la feria de Zafra. Por si no lo sabéis en Zafra se celebra todos los años una feria de ganado desde 1453 que es muy importante para nuestra comunidad y a la que acude gente de todos los pueblos de alrededor para pasar el día.

                           

           Yo siempre he ido a esta feria, aunque ahora hacía como siete u ocho años que no iba. Cuando era más chiquinina iba el domingo con mis padres y después cuando me moceaba nos íbamos en autobús desde mi pueblo el sábado por la tarde, hacíamos el botellón allí y volviamos de madrugada  Sí, ya sé que ahora no parece que sea un planazo, pero os aseguro que cuando tenía veinte y pocos si que me lo parecía 😉

           El caso es que, aunque a mí esta feria me encanta, llevaba muchos años sin ir. Todos los años se lo proponía a mi señor esposo pero todos los años por hache o por be me quedaba sin ir. Pero este año Álvaro es más grandecino, le gustan muchos los animales y ¿cómo no iba a llevarlo su padre a ver vacas, ovejas y cabras?

          Yo llevo años erre que erre con ir a la feria y ni caso y llega el niño que ni quería ir a la feria ni nada y ¡hale, todo el mundo a ver bichos¡… Luego dicen que “pueden más dos tetas que dos carretas“. Pues no, lo que más puede de todo es ver feliz al churumbel (y yo encantada de que así sea, pero a veces me quedo helada de cómo ha conseguido este mico meternos a todos en el bolsillo y encima sin proponérselo siquiera).

         Pasamos una tarde estupenda. Vimos muuuuuchos animales

 

 

 

 

 

 

           Álvaro se montó en un tractor

No me he podido resistir a poner la foto 😉

Y nos trajimos para casa nuevos bichos

 

porque como con la perra no teníamos suficiente… pues ¡hala¡ ya somos siete inquilinos en casa¡ 

           Esto último lo digo de cara a la galería. En el fondo yo estoy más emocionada que Álvaro si eso es posible, que lo dudo de tener más bichitos a los que quitarle la mierda que nos hagan compañía, que ya se sabe que para los niños es bueno estar rodeados de animales, aprender a cuidarlos, respetarlos… Éstas son parte de las razones que le di al papá de Álvaro para venirnos a casa con dos peces y una tortuga, y más felices que dos perdices 😉

Viajes en familia

Vacaciones en el Norte de Portugal

 Acabo de llegar de vacaciones y ya estoy con el blog¡ Madreee, que ganas tenía de dedicarle un ratino y escribir qué tal han ido nuestras vacaciones. Nos hemos ido a Portugal. La idea era ir al sur de Francia peeeero cuando nos pusimos a echar cuentas y más cuentas vimos que se nos escapaba de nuestro más bien recortado presupuesto, así que hicimos un cambio de planes y decidimos que el norte de Portugal no lo conocíamos, lo tenemos aquí al lado y nos saldría más barato. ¡Ya teníamos destino¡

Vacaciones en familia en el Norte de Portugal

Salimos el lunes pasado sobre las ocho de la mañana y hacia las 11 ya estabamos en Tomar, en realidad fueron las doce, pero como ellos tienen una hora menos pues ganamos una hora 😉

En Tomar hay un monasterio precioso, el Convento de Cristo, que mi señor esposo tenía muchas ganas de ver (ya estuvimos por esta zona el año pasado en Semana Santa, pero se nos escapó y desde entonces ha estado erre que erre con el monasterio) y la verdad es que no le faltaba razón. Merece la pena visitarlo y mucho.

Claustro de Lavagen
Charola de la Iglesia

Después de comer nos fuimos a Aveiro. Aveiro es un pueblecito al que llaman la venecia portuguesa. La verdad es que llamarlo la venecia portuguesa es un poco pretencioso. Si es verdad que tiene un canal y algunos puentecillos que lo atraviesan, pero las semejanzas acaban aquí. Aunque en su favor hay que decir que Aveiro no huele mal 😉

En vez de góndolas tiene unas barcazas a motor que recorren el canal. Como estabamos cansados y Álvaro quería montarse en barco (y su madre también) allá que nos montamos. Fue una media hora relajada, en la que recorrimos más o menos todo el canal y el guía (que fue penoso) nos indicó  las zonas más significativas.

Al día siguiente fuimos a visitar el Museo de Aveiro que es cien por cien recomendable. No sólo el lugar en el que está ubicado (el convento de Jesús) sino también por la gran cantidad de arte sacro que contiene. Álvaro se portó muy bien hasta que comenzamos a ver vírgenes y santos… se ve que él muy católico muy católico no debe ser porque se cansó enseguida y decidimos irnos a Oporto.

La primera impresión cuando llegamos a Oporto fue de saturación. No recuerdo haber visto nunca tanta gente por la calle en ninguna ciudad a la que hemos ido, ni siquiera en Roma tuvimos la sensación de agobio que tuvimos al llegar a Oporto. Si a eso sumamos que somos de pueblo chico, que no encontrabamos el parking del hotel a pesar de estar casi al lado, y que Álvaro estaba harto de coche … uffff, que mal lo pasamos esa media horita…

Después tengo que reconocer que nos ha encantado. Grandes avenidas que se mezclan con casas en ruinas, edificios majestuosos y el mercado do Bolhao, la Torre de los Clérigos y la Riveira, la librería Llelo & Irmao, que dicen que es de las más bellas del mundo, el Palacio de la Bolsa… También dimos un paseito en barco por el Duero (le estamos cogiendo gusto a esto de los barcos, de hecho le voy a pedir uno a los Reyes, por si cuela, jaja) donde el niño se durmió y el padre casi…

Foto de la Riveira desde el barco 😉

        Dejamos Oporto y nos fuimos a Viana do Castelo, pero no vimos casi nada porque Álvaro estaba malino con fiebre y cuando fuimos a llevarlo al médico nos pidieron 85 euros porque no teníamos la tarjeta sanitaria europea (somos los padres más desastres del mundo¡¡¡) y tuvimos que ir a Tui, donde nos atendió una médico muy agradable que nos dijo que lo que tenía el niño era un simple resfriado. Hasta este momento la madre hipocondriaca no respiró tranquila, que ya me imaginaba al niño otra vez con placas en la garganta 😦

Con la tranquilidad en el cuerpo y el depósito lleno de gasolina nos fuimos a Braga. Braga también nos ha gustado mucho, sobre todo el Monasterio de Tibaes. Este monasterio está a unos 8 kilómetros de Braga y en principio no estaba entre los lugares que teníamos que visitar si o si, pero nos sobró tiempo una tarde y fue todo un acierto acercarnos. Es precioso, no solo el monasterio en sí, sino todo el espacio que lo envuelve. Dar un paseo por alguno de los senderos que salen desde él, ir al estanque… Además está toooodo verde y a nosotros, que nuestros campos se empiezan a secar a principios de mayo, eso nos envuelve en una especie de magia. Hasta Álvaro decía que estabamos en el bosque de Caperucita, jaja.

Nuestro siguiente destino fue Guimaraes. ¡Qué bonito es Guimaraes¡ Tiene un encanto especial. Nosotros pensábamos que nos iba a gustar mucho el palacio de los duques de Braganza y el castillo, pero lo que realmente nos gustó fue callejear y descubrir que si una calle es bonita la siguiente es más. Además me comí el único helado que he disfrutado yo solita en tooodo el verano, porque Álvaro cuando compramos un helado se lanza a por el mío y al de su padre no le hace ni caso… Pero esta vez elegí helado de mora y como no le gustó y se fue a por el de su padre… ¡Cómo lo disfruté¡ Y no sólo por el hecho de comérmelo yo enterito, sino por no tener que estar pendiente que no se manche más de la cuenta, jaja.

Desde Guimaraes bajamos hasta Viseu, y aunque vimos todo lo que yo tenía programado no lo disfruté porque Álvaro me ha pegado el resfriado (a mi y a su padre, para que no riñamos, jaja) y tuve un dolor de cabeza que ni veía, jaja.

Ayer nos hicimos los casi 400 y pico de kilómetros que nos faltaban para volver a casa, al calor de 40º (un verano con 23º grados no es verano, por mucho que digan), al campo más seco que el esparto, a comer sano (sobre todo Álvaro que ha estado alimentándose de zumos, pan y fruta que comprábamos por la calle), y a nuestra rutina diaria…

Hemos estado 8 días fuera y hemos hecho un viaje de los que solíamos hacer cuando aún no éramos padres, es decir, un viaje de no parar, de salir temprano y volver tarde al hotel, de andar mucho y descansar poco y tengo que reconocer que pese a que nos daba un poco de miedo lo hemos pasado muy bien y Álvaro se ha adaptado estupendamente a nuestros ritmos (y nosotros a los suyos, por supuesto), así que la excusa de que no viajamos por el niño para nosotros ya no vale.

Habrá que ir pensando en otro destino y en perder los tres kilos que he puesto¡¡¡ Madredelamorhemoso me dejo ir o me pongo fondona, jaja.

Maternidad, Viajes en familia

Fin de semana con los titos y el Día de la Madre

           El pasado fin de semana lo hemos pasado con los titos. Hacía mucho tiempo que Álvaro no estaba con mi hermana porque como conté aquí, nosotros pasamos la Semana Santa fuera de casa, mientras que ellos la aprovecharon para pasarla en el pueblo. El sábado nos levantamos tempranito y nos fuimos a ver a los titos. Teníamos ya todo el día planificado y cómo hacía mucho tiempo que no estabamos en Portugal (lo digo con ironía, ¿eh?) decidimos que, a pesar de que iba a hacer muuucho calor, iríamos a visitar algunos pueblinos portugueses.

          Estuvimos en Estremoz, que es un pueblo que conserva bastante bien las murallas. Fuimos a ver la Pousada (que es igual que si en España estuvieramos hablando de un parador de turismo), que es preciosa, y nos dimos la negra de reir porque nos colamos por todos sitios, hasta en el comedor. Mi cuñado incluso le llegó a decir a una camarera que si le podía abrir un patio porque desde allí salía una foto muy bonita de una torre y la pobre (creyéndose que era un huesped) se lo abrió encantada. Después nos fuimos a Arraiolos, donde comimos y vimos el castillo.

Álvaro cogió muchas “lo que huele” (flores)

            Y ya por la tarde nos fuimos a visitar el Dolmen do Zambujeiro, que es alucinante… es el más alto del mundo. Las piedras que sostienen la cámara miden más de seis metros… y todo eso hace más de 6.000 años (y sin gruas). Y ya que estabamos vimos también el Crómlech de los Almendros y el Menir del Monte de los Almendros, cerca de Évora.

 

Dolmen do Zambujeiro. La foto no le hace justicia y además la chapa esa no se que pinta, la verdad…

           Llegamos a casa de mi hermana super tarde. Cada vez que salimos de casa me doy cuenta del niño más bueno que tengo, el pobre ni se queja ni nada y se va acomodando a todo. Eso sí, ayer, cuando veníamos de vuelta cantaba el solito caquillo, caquillo (castillo, castillo).

           El domingo, aprovechando que las tiendas estaban abiertas, estuvimos de compras. Por supuesto Álvaro salió ganando, yo no sé qué me pasa, pero es que veo ropa de niño chico y se me van los ojos y la cartera detrás, no me puedo contener. Yo puedo ir hecha una piltrafa, pero mi niño tiene que ir perfecto. Mi hermana se ponía las manos en la cabeza, pero tiempo al tiempo, ya le tocará y verá como a la ropa de niños le echan algo para que sea imposible resistirse a traertela a casa, jaja.

          El domingo fue el Día de la Madre, pero yo no lo sentí como mi día. Que conste que sé que el Día de la Madre es un invento del Corte Inglés y todo eso que dicen los que no quieren celebrarlo, pero a mí me gusta celebrar los días tontos o comerciales, a ver qué le voy a hacer… Bueno, pues el caso, que Álvaro me dio muchos besos y abrazos, como todos los días, pero aún es muy pequeño y el pobre no sabe de días especiales, y el padre (ay el padre¡) pues no se acordó hasta que mi hermana se puso a llamar a mi madre para felicitarla. Y no os voy a decir que me dio igual porque no es verdad. Me dolió y mucho, sobre todo si tienes en cuenta que yo el Día del Padre me levanté a las cinco de la mañana para prepararle su detallito… Y encima después vas y lees en los blogs cosas como ésta y te preguntas por qué él que tú has elegido para que sea el padre de tus hijos no tiene algún detallito, que no tiene que ser nada caro ni nada de eso (aunque si lo es, pues mejor, jajaja), si nosotras con cualquier tontá se nos caen los palos del sombrajo…

         En fín, que la que le cayó después hace que ahora esté más suave que un guante, habrá que ver el lado positivo, jaja (que conste que me río por no llorar, jajaja), y, además, os aseguro que el año que viene no se le olvida.

Viajes en familia

Semana Santa (Parte II)

Cuando acabamos de visitar Mértola, nos fuimos para Punta Umbría. Yo iba contentísima, porque estaba agotada y no tenía más ganas de andar cuesta arriba, cuesta abajo y porque desde el sábado hasta el lunes iba a estar en la playita, Álvaro iba a disfrutar un montón jugando con la arena y yo me iba a poner morenita (bueno, un poco, que ahora estoy blanco nuclear).

          Llegamos sobre las 22.00 h. pero decidimos salir a cenar. Álvaro se había dormido un buen rato en el coche y como no se volviera a cansar no se dormiría hasta las tantas… Estuvimos cenando pescadito frito y gambas en una terraza, hacía buen tiempo… qué más se podía pedir…

Pues el sábado cuando nos levantamos estaba nublado (mi gozo en un pozo). Hicimos un cambio de planes y nos fuimos al Monasterio de la Rábida, que no lo conociamos. Llegamos justo a tiempo de coger la última visita guiada de la mañana y la muchacha era una mezcla de guía turística y aspirante al club de la comedia. Iba metiendo bromas o chistes entre las explicaciones… ¡qué poco me gusta eso, la verdad¡

Patio del Monasterio de la Rábida

         Por la tarde seguía nublado, así que nos fuimos de centro comercial en centro comercial, jaja. Vas por pasar el rato, por ver lo que hay y siempre, siempre compras algo que no tenías pensado. Hicimos un tour por el Leroy, el Decathlon y el Carrefour… pues en todos compramos… Después me da coraje ser tan consumista, pero es que te lo ponen todo tan bien colocado, tan al alcance de la mano que es que te entran unas ganas de llevartelo para casa y como por arte de magia lo empiezas a necesitar.

         Álvaro se lo pasó pipa, yo creo que ha sido el día que más ha disfrutado, sobre todo en el Decathlon. Eso de poder coger un “palón” (balón) diferente cada tres minutos lo tenía encantado, jajaja.

        El domingo estaba lloviendo, así que nos fuimos a Moguer porque queríamos ver el Monasterio de las Clarisas y la casa de Juan Ramón Jimenez. Pero si en Punta Umbría estaba lloviendo en Moguer estaba diluviando. Pasamos hasta miedo… Las calles iban anegadas de agua, incluso en algunas las alcantarillas escupían el agua para arriba… Estuvimos un buen rato en el coche esperando que dejara de llover y cuando dejó un poco fuimos al Monasterio. Yo me puse los pies pampaneando porque llevaba unas manoletinas y había muchos charcos y encima cuando llegamos estaba cerrado. Y menos mal, porque el patio por donde se entraba tenía al menos 20 cm de agua.

 

         Así que como hacía tan mal tiempo, no ibamos a ir a la playa y donde mejor se está es en casa, en vez de venirnos el lunes, el domingo por la tarde nos vinimos para casita.

        En definitiva, que a pesar de los contratiempos y del mal tiempo (sobre todo) nos lo hemos pasado muy bien. Hemos disfrutado mucho con el peque y nos hemos dado cuenta que viajar con más gente está bien, pero viajar los tres solos es algo maravilloso 😉

         PD: Álvaro sigue echando el primer sueñecito en su camita, pero la verdad es que ni el domingo ni el lunes lo he oído llamarme (¿seré mala madre o es que tengo delegada esa tarea en el papi?) y cuando me despierto a mitad de la noche ya lo tengo al lado. Esta noche intentaré estar más atenta…

Os dejo que tengo que seguir poniendo lavadoras…