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Felices 22 Cumplemes.

Mi querido bebé:

Ayer hiciste 22 mesitos. Cómo pasa el tiempo… hace nada eras una lentejita en mi barriga y hoy ya tienes los dos patitos. Y aunque sigues siendo un bebé ya tienes muchas cosas de niño.

Sigues a todas partes a tu hermano y quieres jugar con todo lo que está jugando él. Si tu hermano tiene un balón, tu quieres ese mismo balón, si tu hermano está dibujando tu quieres dibujar y exactamente con el mismo lápiz que él, si tu hermano está viendo la tele tu vas y se la apagas para que te haga caso. A veces lo sacas de sus casillas porque no lo dejas ni cinco minutos en paz y se esconde en el baño o en la cocina para que no lo encuentres, jaja.

Sabes ya un montón de cosas. Tantas que a veces me quedas asombrada. Por ejemplo, sabes subirte y bajarte de la cama solito (bueno, esto lo haces desde hace meses, pero me sigue sorprendiendo), sabes bajar las escaleras sentándote de culo y bajando poquito a poquito, sabes saltar en los sofás, friegas la casa de maravilla y sabes perfectamente dónde están los helados. 😉

Y hablas un montón. Tanto que no hay día que no me sorprenda de alguna cosa nueva que dices. Cuentas hasta tres perfectamente y hasta ocho saltándote la mitad de los números, jaja. Y te encantan los balones y las pelotas y jugar al fútbol. Juegas con papá al fútbol en el pasillo, como tantas veces hemos jugado con tu hermano, y tus palabras favoritas son “pasa”, “chuta”, “penati” y “goooool”. El gol lo cantas estupendamente.

También te gusta mucho jugar con los coches, pasear el carrito con un balón dentro y montarte en la bici, “bisi” según tú. Te encantan los libros. Y siempre tienes uno en las manos y a diferencia de tu hermano no te ha dado por comértelos.

Y también sabes que mamá te quiere hasta el cielo, que abuelo juega contigo al futbolín, que la prima es muy chiquinina y dices en tu media lengua el nombre de los primos.

Te encantan los animales. Y sabes que la vaca hace “múúúúúú”, el pollito “pío” y que el pollito que nos dieron las monjas se convirtió en gallo y ahora hace “kirikiki”. También sabes que el lobo hace “auuu”, los guarrinos “oin oin”, las “ovekas” hacen “beee” y que el perro hace “guau” y una vez el perro de la vecina te dio un susto “tuhto”. Desde entonces cada vez que te preguntamos como hace el perro dices “guau. tuhto” todo seguido, jaja.

También sabes que está “abiba” y que está “abajo” y cantas el cumpleaños feliz casi enterito. Te gusta mucho cantar. A veces, cuando vamos en el coche, te arrancas a cantar una canción que nadie más que tu comprendes pero a tu padre y a mí se nos cae la baba de oírte.

Duermes muy bien. Infinitamente mejor que tu hermano. Algunos días te despiertas dos veces, otras tres y algunos días me sorprendo por la mañana porque estás en la misma posición en la que te dejé. Duermes mejor solo que conmigo. Así que aunque seguimos durmiendo todos juntos papá, tu hermano y yo nos pegamos en una cama de 1,50 mientras que tu duermes solo en la cama de al lado. 1.35 solo para ti. 😉

Comes muy bien. En eso te pareces a tu hermano a tu edad. Te gustan las lentejas, la sopa, los garbanzos, las croquetas, los filetes, la verdura… Y adoras la “futa”. Nunca le dices que no a cualquier fruta y te gusta que te la ponga en los platos de colores para comértela tu solito. También te gusta la cocacola y las chuches (mala madre en modo on).

Te encanta saltar en la cama y en los sofás. A veces porque imitas a tu hermano y otras veces porque, simplemente, tendréis el gen saltador muy desarrollado, jaja.

Te defiendes muy bien. Cuando algo es tuyo no hay quien te lo quite. “Es míoooo” dices a voz de grito. Y cuando nada funciona para salirte con la tuya sacas los dientes de paseo. Esto está siendo nuevo para nosotros porque tu hermano jamás mordió. Sin embargo tu, de vez en cuando muerdes, sobre todo a tu pobre hermano, que en cuanto te ve acercarte con los dientes preparados para el ataque empieza a chillar.

Te gusta mucho el agua. Y este verano estás disfrutando muchísimo en la piscina. Te gusta tirarte al agua y que papá te rescate en el aire o jugar en la bañera a trasvasar agua de un vaso a otro. Así te puedes pasar un buen rato y cuando te saco para secarte siempre siempre lloras.

Eres un niño precioso. Mi rubito de piel morena y ojos verdes, siempre con una sonrisa en esa cara de pillo. 😉 Viniste a nuestras vidas a demostrarnos que el amor se multipla, a enseñarnos que con “los segundos” es todo más fácil, a llenarnos la vida de sonrisas y a no dejarnos tener ni un minuto de tranquilidad.

Eres, sois, lo mejor que tengo, que tenemos. Gracias por elegirnos como familia.

Felices 22 meses, mi amor. Te quiero hasta el cielo.

 

 

Feliz quinto cumpleaños.

Mi querido niño:

Te escribo sabiendo que no lo vas a leer, por ahora, que es una carta para el futuro, pero no podía dejar pasar este día para hacerte saber cuánto te quiero.

Llevo unos días tontorrona, diciéndote, cada vez que me hablas de tu cumpleaños, que hace cinco años aún estabas dentro de mí, que me dabas pataditas (“no eran pataditas, mamá, eran caricias”, me dices. Si es que te tengo que querer…), que estaba deseando de verte… Los días anteriores a tu cumpleaños siempre me pasa igual, que me pongo nostáligica al verte tan mayor, porque creces tan deprisa…

Eres mi niño soñado y aunque a veces me saques de mis casillas, porque también lo haces, jamás podría haber imaginado tener un niño mejor que tu. Tienes mucho carácter, me retas continuamente, te enfadas por cualquier cosa… Pero a la vez eres súper cariñoso, me das besos cada dos por tres, me pides que te abrace cada noche para dormir juntitos a pesar del calor infernal que nos ha traído este junio o despistamos a tu hermano para arrecucarnos un ratito los dos solos. Eres tan especial, y me haces sentir tan especial…

Y tan mayor. Sigues siendo súper alto y quieres hacer todo tu solito. Ya sabes vestirte y ponerte los zapatos, abrir el frigorífico y coger helados, montar en bici, comer solito (que mira que nos has costado y nos sigue costando), , te sabes un montón de canciones y saltas fenomenal en los sofás. Te encanta dejar todo por el medio (¿a quién habrás salido?), las guerras de almohadas con papá, comer chuches y jugar al fútbol.

Hablas súper bien, tienes un montón de vocabulario, aunque últimamente todas tus conversaciones han girado alrededor de tu cumpleaños: “mamá, voy a invitar a fulanito a mi cumpleaños, “mamá, cuando tenga cinco años…”, “mamá, voy a pedirte para mi cumpleaños un bolso”. Si, porque aunque es tu cumpleaños pides regalos para todos. Para mí un bolso, para tu prima una muñeca, para tu hermano una pelota… Sigues siendo igual de generoso que siempre.

Creo que eres un niño feliz o por lo menos nosotros nos desvivimos porque lo seas, ya sabes que soy una madre del agua… Y yo soy la madre más feliz del mundo porque me tocaste en el sorteo de los hijos.

Feliz quinto cumpleaños, cariño y recuerda siempre que te quiero hasta el cielo.

                                                                                                                                   Mamá

P.D. Ahhh, y también eres el niño más bonito del mundo. 😉

 

 

Feliz 20 cumplemes

Tengo el blog medio abandonado. Apenas paso por aquí y cuando lo hago es para dejar recuerdos, vivencias que no quiero que se me olviden nunca, post para el futuro… Palabras que no le interesan leer a nadie pero que para mi son las más especiales porque pienso que quizás algún día las lean mis niños y les guste saber cómo eran a tal edad, que decían o en que mes le salieron los dientes, jaja. Y como su madre tiene memoria pez pues qué mejor que dejarlas por escrito, ¿no?

Mi bebé ya ha cumplido veinte meses. En realidad cada vez tiene menos de bebé y más de niño. Ver crecer a los hijos es una experiencia maravillosa, te alegras de sus pequeños (o grandes logros) pero a la vez tienes constantemente la sensación de que el tiempo se te escapa de las manos, que crecen demasiado deprisa… A menudo le digo a mi madre “si pudiera los congelaba”. Ella dice que estoy loca pero ¿no os gustaría a vosotras “congelar” cada instante?

 

Felices veinte meses

Mi querido bebé:

Hace un par de día cumpliste veinte meses. Veinte meses ya… Fue un día de esos en los que las madres nos ponemos nostálgicas. Puede parecerte una tontería pero no es lo mismo cumplir dieciséis meses que veinte. Los veinte es como una fecha más importante, como una fecha clave… Uno de esos días en los que no paras de echar la vista atrás y recordar cuando naciste, los primeros pasos, las primeras sonrisas. Hace tan poco tiempo de todo eso y a la vez parece que ha pasado una eternidad… ¡Ayyy, quién pudiera detener el tiempo¡

No te miento si te digo que sigues siendo un niño-bebé precioso. Mi pequeño rubito de ojos verdes, siempre tan alegre, tan sonriente, tan cariñoso… Corres hacia mí en cuanto me ves y te tiras a mis brazos. Tu hermano hasta hace nada también lo hacía. Ya no, ya lo hace muy pocas veces. Por eso disfruto tanto de tus “amááááaááaá´” y de tus abrazos de bienvenida, porque se que son limitados 😉

Ya hablas un montón, pero un montón de verdad. Pides todo lo que quieres: pan, teti, eta (galleta), agua, aooon (balón), oto (moto), chuche, utaaa (fruta), illaaa (silla, porque no te puedes sentar en la trona como todos los bebés, no, . Llamas a tu hermano a voz de grito en cuanto lo pierdes de vista, sobre todo como te des cuenta de que se ha dormido a la siesta o que está entretenido en algo y no te está haciendo caso.

Y repites todo. Eres un lorito. Estamos hablando cualquier cosa y repites las últimas palabras. Y cuando no te enteras de algo dices ¿qué?, ¿qué?, ¿qué? Y así eternamente y como te des cuenta de que haces gracia ya no paras de decirlo entre sonrisas y caras picaronas.

Te encanta saludar: hola pollito (si, tenemos un pollito en casa, además de la perri y de los peces… Pronto se está tu padre quejando, ya verás…), hola pimo, hola, hola, hola, y siempre moviendo la manita.

Dices que las flores huelen agggg y cuando te estoy cambiando el pañal te pregunto “¿cómo huele la caca?” dices agggg e inmediatamente después dices a ores (a flores), jajaja. Si ya lo sé que son tonterías, tesoro, pero tonterías como éstas pueden hacer que yo sonría cada vez que me acuerdo de tus ocurrencias.

Ya no paras quieto. Más que andar corres y te encanta subirte a todos sitios. Entre más peligroso es, mejor.

Adoras a tu hermano. Lo imitas en todo. Si, ya sé que esto te lo digo en casi todas las entradas, mes a mes, pero es que es verdad. Si el gatea tu también te tiras al suelo a gatear, si pide agua tu también, si viene y me da un beso tu inmediatamente vienes detrás. Y dices “ieo” que es “te quiero” en tu media lengua. Os digo “te quiero”, “te adoro” o “te amoro” (que es una expresión que se inventó Álvaro y que la seguimos usando) un montón de veces y como tu hermano responde “te quiero” o “yo también”, pues tu también respondes “ieo” y yo me derrito de amor.

Es tan bonito tenerte, teneros, veros interactuar, ver como tu hermano huye de ti, directamente, porque no lo dejas en paz y al minuto buscarte… Ver como os dais besos, como hasta dormidos tenéis que estar cerca… que merece la pena todo, hasta las cuatro horas de viaje que me pego para que estemos todos juntos, jaja.

Felices veinte meses, mi vida. Te quiero hasta el cielo.

Mamá

 

Síntomas de Parto en el Segundo Embarazo

Los síntomas de parto en el segundo embarazo no son iguales que en el primero. Al menos esos síntomas no han sido iguales para mí. En el primer embarazo si expulsé el tapón mucoso, mientras que en el segundo el tapón no lo expulsé. En el primer embarazo tuve algunas contracciones dolorosas, no muchas, pero si eran contracciones de esas en las que apenas si te puedes mover, en el segundo embarazo las contracciones eran dolores de regla totalmente soportables y para nada regulares.

 Por eso me gustaría compartir con vosotras una serie de síntomas que puedes tener en el el segundo parto, del primer parto me acuerdo menos, jaja, por si a alguna le pueden servir 😉

Síntomas de Parto en el Segundo Embarazo

Contracciones regulares antes del parto.

Parece ser que es el síntoma, por excelencia, que te anuncia que estás de parto son las contracciones. Ya os he dicho que en mi caso no he tenido en ninguno de los dos partos contracciones regulares ni muy dolorosas, por lo que para eso no sirvo de ejemplo, pero según las matronas las contracciones deben ser regulares, y cada un corto espacio de tiempo (normalmente te recomiendan que las contracciones sean cada cinco minutos) para que te vayas al hospital. Si yo hubiera esperado a tener contracciones cada cinco minutos seguramente mis hijos hubiesen nacido en casa. Con esto no quiero ser alarmista pero si aclarar que en algunos casos las contracciones de parto no son regulares ni dolorosas e igualmente el trabajo de la dilatación se está llevando a cabo. Y para muestra un botón 😉

Molestías días antes del parto.

Días antes de mi segundo parto si que tuve bastantes molestias. Molestias tales como presión en la zona pélvica, dolor de riñones, pies hinchados… De hecho, creo que la peor molestia que sufrí los días antes de mi segundo parto fue la presión que sentía en la pelvis. Una presión tan fuerte que apenas si me dejaba  caminar en condiciones y que me hacía pararme cada pocos pasos a descansar. No sabría describir esa molestia que a veces llegaba al punto de dolor agudo, pero os aseguro que es el peor síntoma que tuve de que se acercaba el parto.

Cansancio días antes del parto.

Otro síntoma de que se acercaba el parto en mi segundo parto fue el cansancio. Recuerdo que los días antes de dar a luz estaba muy cansada. En mi primer embarazo estuve andando una hora al día hasta el día antes de parir, me ocupaba de la casa, salía a tomar algo… En mi segundo embarazo estaba tan cansada al final que cualquier cosa me parecía un mundo y ocuparme de mi angelito mayor, por aquel entonces con tres añitos, me sobrepasaba. La verdad es que los últimos días antes del parto las cinco horas que se pasaba en el cole me parecían hasta pocas, jaja.

Mal humor días antes del parto.

Si, como lo leéis. Días antes del parto, en los dos embarazos, me entraba muy mal humor. Me molestaba cualquier cosa y, ahora, visto con la distancia, parece que buscaba la menor ocasión para enfadarme. ¿Y a qué no sabéis quién era el principal receptor de mis enfados? Bingoooo: el padre de la criatura, jaja. La verdad es que el apoyo de la pareja en los días antes del parto es muy importante. Mi señor esposo ante mi mal humor la opción que tomaba era no hacerme mucho caso y echarle la culpa a las hormonas, lo que en aquellos momentos me sacaba de mis casillas aún más, jaja.

Pérdida del tapón mucoso.

El tapón mucoso puede desprenderse hasta quince días antes de dar a luz y es un síntoma de que el parto está cerca. En mi primer embarazo el tapón mucoso se desprendió aproximadamente diez días antes del parto pero en el segundo embarazo el tapón mucoso no hizo acto de presencia. De hecho, el tapón mucoso no siempre “se cae”. Yo me tiré desde la semana 38 de embarazo esperando que el tapón mucoso se desprendiera y mirando y remirando cada vez que iba al baño no fuera a ser que aquello se cayera sin que yo me diera cuenta. Pero no, en el segundo embarazo el tapón mucoso debió quedarse pegado a la bolsa… o eso o era tal mi estado de ceguera-ansiedad-tontuna que no lo ví ;).

Dolores de parto parecidos a los de la regla.

Muchas mujeres afirman que un síntoma característico antes del parto son los típicos dolores de regla. Yo tuve esos dolorcillos suaves de regla tanto en mi primer parto como en el segundo. No eran para nada molestos sino muy suaves y si aparecían cada cierto tiempo. Son las primeras contracciones, y para mí, en el segundo parto, que ya sabía qué había después, el principal síntoma de que la dilatación había empezado.

Rotura de la bolsa antes del parto.

En ninguno de mis dos embarazos rompí aguas antes del parto. De hecho, en los dos partos me rompieron la bolsa cuando ya estaba en el potro. Así que en realidad no os puedo contar como es eso de “romper aguas”, pero si que es un síntoma característico de que el parto está muy cerca. Reconozco que me hubiera gustado romper aguas, por lo menos para saber cómo es la sensación. Dicen que romper aguas es parecido a hacerte pis encima pero que no lo puedes controlar, o al menos, eso es lo que me ha contado mi hermana, pero no os lo puedo contar de primera mano ;).

Bueno, pues esos son los principales síntomas de que el trabajo del parto ha empezado. Algunos los he tenido en primera persona, y de otros, como el de las contracciones regulares o el de la rotura de bolsa no los he vivido en ninguno de mis dos embarazos.

Lo que si os puedo asegurar es que los síntomas de parto en el segundo embarazo se reconocen antes de que en el primero. En el primero siempre te queda la duda de ¿serán estos síntomas de parto? En el segundo embarazo ya somos un poco más experta y reconocemos los síntomas mucho antes.

Como véis en ningún momento hablo del “dolor del parto”. He parido dos veces, y aunque en mi segundo parto no me pusieron la epidural hasta que estaba dilatada de nueve centímetros, no he tenido esos famosos dolores de parto que tanto miedo dan. Aunque no os lo creáis el parto sin apenas dolor también existe ;).

Las que sois mamás de dos ¿Habéis tenido algún otro síntoma de parto en el segundo embarazo?

 

 

Felices 19 Meses

Mi niño bonito:

El día 6 hiciste 19 meses, y si no me llego a obligar ahora a escribirte este mes también te hubieras quedado sin tu felicitación-recordatorio… como el mes pasado… Cuando pase un tiempo seguro que me arrepiento de no haber dejado constancia por escrito de tus avances pero nuestro día a día es, desde hace unos meses, taaaaan complicado que apenas si tengo tiempo para sentarme un ratino a escribirte.

Seguimos viviendo (sobreviviendo, mejor dicho) separados de papá y de tu hermano de lunes a viernes, echándonos terriblemente de menos, colgados de las vídeollamadas y haciendo kilómetros y kilómetros con tal de pasar una tarde juntos. Está siendo difícil para todos, pero a ti no hay quien te quite la sonrisa de la cara, y gracias a esa alegría voy yo aguantando lejos de tu hermano. Siempre digo que eres mi niño “quitapenas”, pero es que la sonrisa infinita en tus ojos pueden acabar hasta con el día más gris. Menos mal que te tengo conmigo, cariño.

Estos dos meses en los que no he escrito nada sobre ti has avanzado un montón, sobre todo en el habla. Repites todo con esa lengua de trapo y has aprendido un montón de palabras nuevas. Ya no le dices “pam” a la pelota, sino “popa“, has perfeccionado “papapo” (zapato), “agua”, “nano” (tenemos gusanos de seda, como todos los años, jaja), “hola“, “ores” (flores), “toni” (llamas perfectamente a la vecina) y mil cosas más. Aunque tu palabra favorita sigue siendo “teti“, que dices casi gritando, a la vez que me remangas la camiseta y te enfurruñas como tarde más de lo que tu consideras razonable.

Además cuentas perfectamente hasta tres, intentas saltar, prácticamente ya corres y das unos besos y unos abrazos que hacen que me tengas loquita perdida.

A tu hermano lo adoras. Siempre vas detrás de él, lo imitas en todo, lo abrazas constantemente y en cuanto te despiertas lo primero que haces es buscarlo en la cama para despertarlo también… Y  también le muerdes y le arreas con lo primero que tengas en la mano. Y tu hermano, siempre tan buenino, ni siquiera se defiende, sino que se limita a llamarnos “coooooorre, mamá, que me está pegando” o a llorar hasta que llegamos y lo apartamos de ti. Ni te imaginas cuánto te quiere y cómo te cuida. Está siempre pendiente de que no te subas en ningún sitio o que siempre vayamos los cuatro. A veces le pregunto “¿quieres que vayamos al campo-parque-playa-cine los tres?” Y siempre responde lo mismo “¿Y Jorge qué?” Si no es contigo no quiere ir a ningún sitio.

Ojalá pudiera guardar eternamente cada instante. Cada sonrisa, cada carcajada cuando corro detrás de ti, los abrazos entre hermanos, tu carita de ángel mientras duermes, o como bailas el “chuchugua” o cantas “los pollitos dicen pío, pío, pío”, que últimamente es tu canción favorita. Si, los cantajuegos han vuelto a nuestras vidas, jaja.

Ojalá pudiera detener el tiempo, congelar cada momento, teneros siempre así, como polluelos bajo mis alas.

Felices diecinueve, mi amor, te quiero hasta el cielo.

                                                                                                        Mamá

 

Ir a la Guardería sin Adaptación

Pues aquí estoy, yo, que siempre he renegado de llevar a los niños a la guardería, ahora llevo a mi angelito a la guardería y sin hacer el famoso período de adaptación. Toma castaña, para no querer llevarlo a la guarde lo he hecho bien, ¿eh? Pero en esto de la maternidad, a medida que va pasando el tiempo, te das cuenta que no todo es blanco o negro y que donde dije digo digo diego y todas las veces que dije que mi niño no iba a la guarde pues me las salté a la torera…

imagen del periodo de adaptación a la guardería

A mi favor tengo que decir que mi angelito pequeño ha ido a la guardería sin adaptación porque no nos ha quedado otra. Los primeros meses estuvo conmigo, en casita, conociéndonos, enamorándonos y tomándonos la vida con muuuucha calma. Después empecé a trabajar y se siguió quedando en casa, con una muchacha que es un sol y que lo cuidaba igual que yo, incluso mejor, me atrevería a decir. Despertándose tarde, durmiéndose siestas mañaneras, saliendo a pasear los días de solecito… Viviendo las mañanas a su ritmo, sin prisas.

Peeeero a principios del mes pasado nuestra vida familiar se empezó a complicar y la conciliación empezó a ser casi imposible. Yo, profesora interina en una comunidad donde las distancias son muy grandes, empecé a trabajar a dos horas y diez minutos de casa. 404 kilómetros día si y día también que casi acaban conmigo. Aquella baja terminó y empezó otra también lejos, a otras dos horas de casa… Ya ni me planteé eso de “ir y venir a casa”. Para mí es imposible hacer tantos kilómetros todos los días.

La solución de urgencia que encontramos fue muy drástica. Álvaro se quedaba con su padre y yo me traía al pequeñín, que se quedaría en la guardería durante las mañanas. Así, a prisa y corriendo, mi angelito pequeño entró en la guardería sin adaptación y el mayor se quedó sin ver a su madre de lunes a viernes. Una mierda.

Tomar esta decisión, que ahora os he contado en menos de dos minutos, me ha costado una semana de darle vueltas a la cabeza, intentando encontrar una solución que fuera la mejor posible para todos. Y después de estar casi una semana sin dormir, sobre todo pensando en que mi niño lo iba a pasar fatal entrando a la guardería sin adaptación aquí estamos, intentando sobrevivir lo mejor posible.

Ir a la guardería sin periodo de adaptación. Razones de peso.

Como me parecía una burrada (y me lo sigue pareciendo) soltar a un niño a las ocho de la mañana en la guardería y recogerlo a las dos sin hacer el periodo de adaptación como es debido, la semana pasada hizimos un amago de adaptación durante dos días en los que fue una horita cada día. Lo pasó fatal. No dejó de llorar y yo, que estaba en la puerta esperándolo, tampoco.

Y lo peor de todo es que mi niño es muy pequeño. Tiene sólo diecisiete meses y a esa edad es imposible explicarle nada. No va a entender que le digas “mira, cariño, mamá te deja aquí porque se tiene que ir a trabajar, pero en unas horas vuelve a por ti”. Álvaro entró en la guarde un poquito más mayor, con veintiseis meses, y esos meses de diferencia se notan e hizo el periodo de adaptación a la guardería enterito. Además, a Álvaro se le podían explicar las cosas. Al pequeño no. Es tan sólo un bebé al que he saado de su entorno y que quiere estar con su madre porque es lo único que conoce aquí.

Peeeero estos hijos míos no se cómo lo hacen que siempre me sorprenden. Y aunque sólo llevamos unos días me tiene encandilada de lo fácil que me lo está poniendo todo. No os voy a decir que no ha llorado porque no es cierto. Pero la verdad es que lloró los tres primeros días diez minutos cuando entró (para que me fuera creyendo que me iba a echar de menos) y después está genial durante todo el día: jugando, interaccionando con otros niños, sonriendo sin parar…

Su seño, que es un encanto, me manda guasap y fotos para que lo vea, porque también es madre y sabe lo mal que se pasa.

He querido contaros mi experiencia porque sé que es muy difícil tomar la decisión de llevar a tus hijos a la guardería o al cole sin hacer el periodo de adaptación. En algunos casos porque el centro educativo no lo permite (me llevan los demonios sólo de pensar que hay guarderías o coles en los que el periodo de adaptación no está recogido) y en otros casos porque no os queda otra. Trabajos repentinos, cambios en las situaciones familiares, traslados de ciudad… Mil cosas que hacen que tengamos que recurrir a la guardería de un día para otro y en las que el periodo de adaptación es inviable.

Yo nunca os recomendaré que metáis a vuestros hijos en la guardería sin hacer el período de adaptación. Para los niños es mucho más fácil ir adaptándose poco a poco que tener que enfrentarse de golpe y porrazo a una situación nueva. Pero si no podéis no os hagáis mala sangre, no os paséis noches y noches sin dormir ni os consideréis malas madres (complejo de culpa en modo on). Hacemos lo que podemos y a veces hay que tomar decisiones drásticas que en otro momento nos parecería una locura… Pero os aseguro que los niños nos sorprenden.

A mí, mi niño me ha sorprendido. Se ha tomado como algo normal una situación totalmente nueva para él y a para la que ni siquiera lo hemos preparado. Ir a la guardería sin hacer período de adaptación es una locura, lo sé, pero a veces no queda otra que hacer esas locuras para intentar seguir sobreviviendo, conciliando que lo llaman ahora.

Y mientras tanto echo de menos a mi niño mayor… Feliz maternidad, por decir algo.

 

Un Fin de Semana con Patosa

El pasado fin de semana Patosa vino a casa. En realidad la estábamos esperando desde principios de curso, pero mientras que el año pasado fuímos de los primeros en disfrutar de la mascota Pelitos, Patosa se ha hecho esperar.

Patosa es la mascota de la clase de Álvaro. Una foca muy blanca y muy graciosa con gorro y chaleco de colores y zapatillas con cordones. Bueno, simpática me pareció nada más verla, después menuda la gracia que me ha hecho que sea tan blanca y que tenga zapatillas con cordones, porque me he pasado toooodo el fin de semana diciéndoles a mis angelitos “no arrastréis a Patosa que se ensucia” y atándole los cordones, que parecían que tenían vida propia y los nudos se le deshacían más que a mis hijos.

Foca patosa, mascota de educación infantil

Os presento a Patosa 😉

El viernes mi angelito mayor llegó muy contento a casa diciéndome “mira, mamá, Patosa”. Por lo visto la simpática foca le dijo a la señorita que ese fin de semana se quería ir a la casa de un niño muy trabajador, que se portaba muy bien y que hacía las fichas muy pronto. Y Patosa se vino a casa de mi niño, pero le faltó decir que el niño en cuestión, además de trabajador, era muy guapo, jaja.

Yo he estado repitiendo la cantinela de lo que había dicho Patosa (que era muy trabajador, muy bueno y muy listo – vale, eso tampoco lo dijo, es un añadido mío 😉 ) a todo el que me ha querido oír. Tanto es así que mi pobre Álvaro, muerto de vergüenza, ya me decía “mamá, no lo cuentes más”. Le faltó decirme que eso es una forma de hablar de la seño, que Patosa es una foca de peluche y no habla, leñe.

Imagen de la mascota Patosa

Y empieza el reportaje con Patosa, jaja

Álvaro no es un niño de peluches, pero yo no sé que tendrá Patosa, que igual que hizo el año pasado con Pelitos, se la ha enseñado a sus primos, a los abuelos e incluso tuvimos que hacer una videollamada a los titos para presentarsela .

Un fin de semana con la mascota Patosa

El viernes lo primero que hicimos fue llevarla a natación, para hacerle una fotito, más que nada y al salir “plofff” primera caída de Patosa y en un charco… Y Patosa, que es tan blanquita pasó de ser blanco inmaculado a blanco roto.

Imagen de Patosa en natación

Ahí Patosa aún era blanca inmaculada 😉

A pesar de empezar a estar un poquito sucia Patosa ha dormido con nosotros (total, donde duermen cuatro duermen cinco), la hemos sacado de paseo, la hemos llevado al parque de bolas, hemos jugado con ella y nos ha ayudado a pasar la mopa todo el fin de semana, porque en cuanto la soltaba Álvaro la cogía su hermano y la arrastraba por toda la casa. Mis hijos tienen mil juguetes pero a los dos se les antoja el mismo cacharro a la misma hora ¿a los vuestros le pasa igual?

Patosa tomándose una coca-cola

A medida que iba pasando el fin de semana Patosa iba pasando de blanco a blanco roto, blanco sucio y, finalmente, un gris mierdoso con el que no la podíamos devolver al cole. No queríamos que la seño se enterase de su función de mopa y además, estaba taaaan sucia, que los otros niños no la iban a reconocer.

Imagen de niño durmiendo con la foca Patosa

Y, por supuesto, dormimos con Patosa

Así que antes de volver a la escuela Patosa hizo un viaje fantástico a 1600 revoluciones. A Álvaro, al principio, le daba cosa meterla en la lavadora, por si se ahogaba y esas cosas, pero después de convencerlo de que las focas viven en el agua y hacen maravillosos viajes en remolinos de agua subterráneos se convenció de que un lavado no le vendría mal.

Imagen de Patosa en la lavadora

Patosa saliendo de la lavadora 😉

Lo mejor de pasar un fin de semana con Patosa es que este año no ha habido libro viajero y no hemos tenido que hacer manualidades a prisa y corriendo contando qué hemos hecho con Patosa todo el fin de semana. Entre otras cosas porque ha sido un fin de semana de lluvia y lo más divertido que ha hecho la foca es servirnos como mopa y después un viaje en lavadora, jaja.

Por último me gustaría compartir con vosotros unas reglas básicas para tener en cuenta cuando os la mascota de vuestros hijos se vaya a pasar con vosotros el fin de semana. Son cuatro tonterías pero me parece fundamentales tenerlas en cuenta 😉

Reglas para tener la mascota de la clase en casa

Patosa, Pelitos o Fulanito de tal no es un juguete solo de nuestros hijos. Es un juguete de todos por lo que tienen que cuidarlo, más incluso que si fuera suyo. Olvidad lo que os he contado antes de la mopa Patosa…

Considerad a la mascota como un invitado de honor. Vuestros hijos tendrán mil peluches que ni mirarán pero durante ese fin de semana no tendrán ojos para otra cosa que no sea la Patosa de turno. Entendedlos y no os importe demasiado id cargados con la mascota de la clase a todas partes. Es solo un fin de semana.

Trabajaos el libro viajero de la mascota. Nosotros esta vez no hemos tenido que hacerlo, pero el año pasado si y ya que nos ponemos a hacerlo pues hay que hacerlo bien. A los niños después les gusta enseñárselo a los compañeros de clase, así que intentad que sea algo gráfico, con fotos, pictogramas, dibujos…

Devolved a la mascota al colegio limpita. Es muy probable que la mascota se ensucie durante el fin de semana, y si es blanca como Patosa ya ni os cuento, jajaja, pero esto se soluciona metiéndola en la lavadora. ¿Os gustaría que vuestro hijo viniera el viernes con un peluche sucio? Pues eso.

Y antes de despedirme me gustaría haceros una pregunta que me he hecho miles de veces este fin de semana ¿Vosotros pensáis que los creadores de Patosa tienen hijos? Yo estoy segura que no, si no en vez de ser blanca sería gris marengo 😉