Maternidad

Pinocho o ¿Cuándo Empiezan los Niños a Mentir?

 ¿Cuándo empiezan los niños a mentir? Pues supongo que cada uno empieza a mentir cuando lo necesite porque creo que la mayoría de las veces mentimos por necesidad.

Por ejemplo, una amiga se queja de que cada vez está más gorda y que se ve horrible… pero en realidad no te lo dice para que se lo confirmes y le digas “si, hija, te estás poniendo fondona”, sino para que le quites hierro al asunto y le digas que está como siempre, es decir, gorda. Y tu ¿qué haces? ¿le vas a dar el disgusto a la pobre? Pues no, le contestas “¿gorda tu?, anda, anda, pero si estás estupenda”. Y todos contentos. Resultado: has mentido por  necesidad. Por la necesidad de no darle un disgusto a ella y por la necesidad de no quedar mal tú, porque encima si le dices que sí, que está más gorda se molesta contigo.

 Pues yo creo que los niños, igual que nosotros también mienten por necesidad. Cuando se dan cuenta de que pidiendo las cosas no obtienen lo que quieren y piensan “bueno, pues a ver si diciendo esto otro cuela”.

 Como ya conté hemos estado de vacaciones en el norte de Portugal y hemos visto muchos castillos, palacios, monasterios, catedrales e iglesias preciosas… quizás más de las que un niño de dos años es capaz de soportar sin volverse tarumba. Si a eso sumas que hay sitios a los que no se puede llevar el carrito (escalones y demás) y que hay otro sitios en los que no conviene dejar al niño en el suelo porque lo quiere tocar todo y hay cosas que no se pueden tocar… pues Álvaro en cuanto íbamos a visitar alguno de esos sitios lo montábamos en “la jaca”, que es como llamamos a nuesta mochila.

A él le encanta que lo llevemos en el portabebés, pero claro, un ratito, después quiere corretear por ahí (ayyy, la de veces que me habrán dicho que no lo cogiera tanto porque iba a querer ir en brazos toda la vida… y una mierda). ¿Por qué os cuento todo esto? Pues porque así ha echado Álvaro su primera mentira.

                                     

 Estábamos en el Monasterio de Tibaes, su padre y yo flipando con lo bonito que era aquello y él harto de ir en la jaca y de ver monasterios, que al final son casi todos iguales, así que ha empezado a decir “mamá salir” y su madre venga entretenerlo con la audioguía, con “mira que claustro tan bonito”“mira, la virgen tiene un bebé en brazos”

 

Como vio que con su madre no daba resultados probó con su padre y empezó la cantinela de “papá salir”  pero recibió más de lo mismo: que si “espera un poquito que veamos qué hay allí”, que si “mira que fuente más bonita”, que si “¿quieres qué trotemos un rato?”

Pero Álvaro lo que realmente quería era bajarse ya de la jaca de los cojones y corretear, y si de paso podía tocar alguna cosilla pues mejor que mejor, así que pensó y pensó y por fin se le iluminó una lucecita y todo lo inocentemente que pudo nos dice “ma hecho caca, mamá a salir y a cambiar”. Su madre, acerca la nariz al culo del niño y no le huele a nada, así que le dice “Álvaro, pero si no te has hecho caca” a lo que él responde “mamááááaáá´, a salíííííí”. Y su madre le dice “ya cariño, ya, ahora salimos pero no se dicen mentiras” mientras piensa “y ahora te quedas un ratito más por mentiroso, y para la próxima te tiras por lo menos un pedo, que si no no hay quien te crea”.

Y así nos ha dicho Álvaro su primera mentirijilla. Las vacaciones han sido muy prolíficas, ha aprendido a mentir y a dar volteretas en la cama. Dios nos coja confesados.

                                    

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