Maternidad

¿Son más quejicas los hombres o las mujeres?

Hombre y mujer adultos, enfermos con placas en la garganta, dolor de cabeza persistente y mareos (el hombre además ayer tuvo fiebre: 38,5º)

Ocho de la mañana:

La mujer se levanta y llama al médico para coger cita para ese mismo día ­como sea. Recoge del tendedero una colada y la plancha, hace unas lentejas con verduras para comer, friega los platos de la cena (se ha descolgado la puerta del lavavajillas y no se puede usar) y limpia a fondo un cuarto de baño y oye como se despierta el hombre.

Nueve y cuarto de la mañana:

El hombre se despierta pero como esta malo se queda echando una partida de móvil en la cama. Se levanta y se pone el termómetro, ve que no tiene fiebre pero está muy cansado y se va al sofá. Va a cagar y se vuelve a poner el termómetro no vaya a ser que le haya subido la fiebre.

Diez menos cuarto de la mañana:

Se despierta el hijo de ambos. La mujer va a verlo a la cama, le dice que vayan los dos a hacer pipí al wáter, canta y salta con el niño porque tiene el pañal seco de toooooda la noche y encima hace pipí en el orinal. Se va con él de nuevo a la cama y le da teta.

Diez de la mañana:

La mujer le pone el desayuno al niño y se hace su desayuno. El hombre se hace su desayuno.

Diez y veinte de la mañana:

Mujer y hombre llevan el niño a casa de la abuela paterna y se van al médico.

Diez y media de la mañana:

La médico les dice que tienen placas y se extraña que a la mujer no le haya dado fiebre. También se extraña que pida medicamentos compatibles con la lactancia y le pregunta cuánto tiempo tiene el niño. La cara cuando la mujer le dice que tiene dos años es digna de un poema.

Diez y cuarenta y cinco de la mañana.

El hombre y la mujer van a buscar al niño a casa de la abuela y ésta dice que irá a por él más tarde.

De once a doce y diez de la mañana:

La mujer limpia el otro cuarto de baño, hace las camas y ordena el vestidor. También está con el niño a ratos y le pregunta mil vecesque si quiere hacer pipí.

Doce y diez de la mañana:

La abuela llega a recoger al niño, la mujer lo pone a hacer pipí en el orinal y cuando lo hace vuelve a saltar y bailar con él. Lo viste y le prepara una mochila con una muda por si acaso…

De doce y diez hasta la una y cuarto de la tarde:

La mujer barre, limpia el polvo y friega la habitación, vestidor y cuarto de baño y barre y friega la cocina. Después, sobre la una y cuarto se sienta en el sofá.

Una y cuarenta y cinco de la tarde:

La mujer va a casa de la abuela a por el niño.

De once a catorce horas:

El hombre está sentado-acostado en el sofá jugando al móvil o a la play station.

¿Hace falta hacer algún comentario? Vosotros qué pensáis ¿son más quejicas los hombres o las mujeres?

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18 thoughts on “¿Son más quejicas los hombres o las mujeres?”

  1. jajajjaja bueno te felicito por tu energía, yo en realidad debo ser hombre porque, mas allá de atender a mi hija sea como sea y de hacer a regañadientes algunas cosas mínimas de la casa, como cocinar y lavar los platos, cuando estoy enferma soy de las quejosas que se tira y no hace nada, y, aun sin estar enferma, odio… perdon… ODIO hacer tareas de la casa, prefiero sentarme y leer un millón de paginas. Mi esposo en cambio es el que se levanta como sea y se va a la calle a hacer su trabajo a pesar de sentirse mal. Seremos la excepción?

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  2. jajaaj, puede ser que seais la excepción¡¡¡ Pero normalmente es al revés, ellos de un resfriado hacen un mundo, mientras que nosotras seguimos haciendo lo de siempre, no?
    Yo también odio las cosas de la casa y tb prefiero leer, pero leer con Alvaro es imposible y limpiar no tanto, jajaja,
    Besitos

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  3. La mayoría si¡¡¡ Después también hay otros que son superfuertes¡¡¡ Mi suegro por ejemplo. Jamás lo he visto quejarse y creéme que ha tenido razones de sobra…
    Pero vamos, que el que sacó el patrón le está sacando rendimiento… Los hace casi todos iguales, jajaj

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  4. jajajajajaja ¡Santa paciencia la tuya!
    Yo siempre he dicho que vosotras sois más duras. Estáis hechas de otra pasta. Yo me pongo muy pocas veces malo. En los tres años que llevo en Madrid, creo que sólo una vez. Pero cuando me pongo… soy una queja con patas y no puedo con mi vida.

    PD: Creo que después de este día que nos has contado, te mereces un monumento!

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