Maternidad

Madres ¿somos todas iguales?

          El sábado por la noche estuvimos haciendo senderismo nocturno con unos amigos. Se supone que había luna pero la verdad es que la luna salió cuando llegamos a la meta. De todas formas nos lo pasamos genial: andar, comer con los amigos y de fondo una luna llena preciosa reflejada en el agua.  Más no se podía pedir. A pesar de eso, yo llamé en cuanto llegamos a mi madre (durante el camino no pude porque no tenía cobertura) para ver cómo estaba Álvaro. Eran las doce de la noche, él a esa hora se pone insoportable y además tenía mocos. Vamos, que estaba un pelín preocupada, sobre todo porque iba a tardar una hora y media más en pasar a recogerlo.

         Un amigo, que oyó mi conversación telefónica y que no tiene hijos, me hizo una reflexión en cuanto colgué el teléfono. Según él las madres (porque los padres están hechos de otra pasta, afortunadamente… alguien tiene que frenar nuestra locura) siempre estamos preocupadas y agobiadas por algo:

Preocupación constante de las madres

  • Que me voy cuatro horas a andar con los amigos, me preocupo porque he dejado al niño sólo (con mi madre).
  • Que estoy en las bolas y el niño se sale antes de que me haya dado tiempo a tomarme una coca-cola, me agobio porque el niño no me deja hacer nada.
  • Que el niño no ha hecho caca hoy me preocupo por si está estreñido y si ha hecho caca cuatro veces, también me preocupo porque una cosa es no cagar y otra estar todo el día quitando mierda.
  • Que no duerme bien (toquemos madera que últimamente sólo hace un despertar nocturno) me agobio.
  • Que un día se duerme antes de las doce de la noche me preocupo porque eso no es normal.

         Yo me reía porque sé que tiene razón y me hizo mucha gracia la forma en que lo decía y sobre todo, porque la de veces que le habré calentado la cabeza con el mismo asunto (niño, niño y niño) cuando a él (que ni tiene pareja, ni niños, ni pensamiento de tener ninguna de las dos cosas) es un tema que se la repampinfla. Terminó añadiendo dos frasecitas más, esta vez de la cosecha de su propia madre, que dice que en menos de lo que me de cuenta me las va a estar oyendo decir a mí:

  • Que el niño se echa novia y se va de casa, me preocupo porque está haciendo una locura. Mi niño es muy bueno y la otra… dejésmolo ahí.
  • Que el niño tiene 35 añazos y no tiene pareja, ni intención de tenerla y mucho menos de irse de casa, con lo bien que se está con su madre… Me preocupo, me agobio y me entran los siete males porque una cosa es tener a un hijo y otra tener una lapa que no se despegue de tí ni con agua caliente.

En fin, que puede que tenga razón y que todas las madres seamos iguales (o al menos muy parecidas) y que aunque los niños no vienen al mundo con un manual debajo del brazo si traen un manual para sus madres, no vaya a ser que alguna se despiste y no salga tipificada, jaja.

P.D. Y Álvaro (para dejarme a mi por mentirosa) se durmió a las doce y media, sin saltar en la cama y sin armar ningún escándalo. Se acostaron mi madre y él en la cama y se quedó dormido mientras le contaba un cuento ¿os lo podéis creer? Yo no. Sinceramente creo que es amor de abuela.

 

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13 comentarios en “Madres ¿somos todas iguales?”

  1. Lo de Álvaro son poderes de abuela, que lo sepas. Este finde han estado en Madrid mis padres y la niña parecía otra. Yo no sé… Y sí, todas las madres sufrís igual. Y los padres también, aunque muchos lo hacen en silencio 😉

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  2. Jajajaja, puede ser, puede ser, aunque más bien me inclino a pensar que realmente ha estado como todas las noches, pero que ella, con tal de estar con su nieto, lo encubre.
    En cuanto a lo de los padres, menos mal que lo haceis en silencio porque si fueramos igual no se podría vivir en la misma casa. Como dice mi amigo “alguien tiene que frenar nuestra locura”
    Buen puente y feliz mudanza 😉

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  3. Jajaja es verdad, pero hace falta! y no es que nos resulte tan cómodo andar preocupadas por la vida, pero al tener un hijo nos convertimos en guardianes de todo lo que tiene que ver con su seguridad en la vida. Qué vamos a hacer… es que Dios nos hizo así. Besos!

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  4. No, si razón no le falta. Pero me hizo gracia tanto la forma de decir las cosas como pensar cómo le tengo que tener la cabeza tooooodo el día hablando del mismo tema. En fín, es un defecto de fábrica, que le vamos a hacer.

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  5. Es entendido en el tema a base de enseñarlo, enseñarlo y enseñarlo. Que él se cree que lo hago por defecto de madre, pero cuando le hablo de Álvaro es también para irlo instruyéndolo en la materia, jajaja

    Lo de “portarse bien” con las abuelas es la leche¡

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  6. Si, si, somos todas iguales (o al menos muy muy parecidas). Pero yo como esté sin él (sobre todo sin obligación, es decir, para tener un poco de tiempo para mí) ya me empiezo a montar películas raras y ni disfruto ni ná de ná.
    En fin… aceptémoslo, venía en el lote, ajajaj

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  7. Supongo que cuando nos convertimos en madres nos cambia el chip y empezamos con la vena psicópata que nos hace preocuparnos por todo. Pero creo que está ligado al desconocimiento y que con el segundo no nos pasará tanto…o eso espero jeje Besos!!!

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