La historia de mi lactancia (II)

             La siguiente semana la pasamos como pudimos. Álvaro apenas dormía por la noche y cuando lo hacía por el día había gente en casa con lo cual nosotros apenas si descansabamos. Por la tarde cogiamos el carrito y nos ibamos de paseo antes de que viniera alguien a ver al niño, así conseguiamos evadir algunas visitas… Sé que puede sonar feo, pero estabamos agotados… y lo que menos necesitabamos era escuchar una y otra vez las mismas cosas.

           Álvaro y yo seguiamos igual. Él haciendo largas tomas que se juntaban unas con otras y yo prácticamente todo el día con la teta fuera (menos mal que era verano). Mi madre y mi suegra (entre otras), con la mejor intención, me daban consejos totalmente desacertados, como por ejemplo que debía de darle el pecho sólo cada tres horas, que tenía que ser diez minutos en cada pecho, que el niño no quería teta sino que lo cogiera en brazos…

          Y así llegamos a la primera revisión del pediatra: la revisión de los 15 días. Cuando la pediatra pesó a Álvaro en esta revisión vio que pesaba exactamente lo mismo que cuando nació: 3.640 k. y automáticamente me dijo que le diera una ayudita porque el niño no ponía peso. La ayudita consistía en darle un biberón de 60 cl. después de cada toma. A mí me parecía excesivo… pero me lo había dicho una pediatra. Aún así no le hice caso. Si es verdad que aumenté el número de veces que le daba el biberón y ya no sólo se lo daba por la noche, sino que, a veces, también se lo daba después de comer o por la tarde… También había días que le daba dos y días que no le daba ninguno… porque lo cierto es que Álvaro seguía llorando lo mismo con o sin biberones, es decir, con hambre no se quedaba.

 

          El hecho de que la pediatra me dijera que no había puesto peso en 15 días significó mi obsesión por la báscula. Nos recomendó que lo pesáramos una vez a la semana, pero yo había semanas que no me aguantaba y lo pesaba otra vez sólo para comprobar que había puesto peso. Hubo una semana que puso 300 gramos y recuerdo haber sido la madre más feliz del mundo.

         Seguimos así unos meses, dándole mucha teta y algún biberón por el día y uno fijo por las noches. A Álvaro le costaba muchísimo dormirse y se despertaba varias veces por la noche (sigue igual) así que empecé a entrarlo en la cama a media noche para ser capaz de dormir algo. Si no hubiera sido por el colecho no sé que hubiera sido de nosotros. Y yo seguía teniendo esa sensación de que no estaba haciendo bien algo cada vez que le daba un biberón, de que algo fallaba… y empecé a leer.

        Leí las recomendaciones de la OMS y de la Asociación Española de Pediatría… Me enganché a un montón de blog de mamás que compartían sus experiencias con la lactancia materna y defendían la teta a ultranza… Y descubrí los vídeos de Carlos González en youtube. Poco a poco empecé a saber cosas que hoy considero fundamentales, como que entre más mame un niñ@ más leche se produce, que las tomas pueden ser muy seguidas, que es normal que el bebé se despierte una, dos, cinco y quince veces durante la noche… Es decir, empecé a formarme y a empoderarme poco a poco. Todo iba más o menos bien hasta que llegamos a la revisión de los seis meses con el pediatra y nuestro mundo se volvió a poner patas arriba.

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