Las mamás no pueden ponerse malas

Cuando te conviertes en madre cambian muchas cosas de tu vida. Una de ellas es que pierdes el privilegio de estar mala.

Puedes tener 40 de fiebre, un dolor de cabeza de miedo y tu nariz estar continuamente goteando mocos, que si tienes un niño, el derecho de estar tooodo el día en el sofá regodeándote en tu resfriado lo has perdido. Tienes que estar pendiente de comidas (aunque tu no vayas a comer), cambio de pañales, baño… Además de jugar a las fichas, el escondite y, si me apuras, tirarte al suelo y servir de jaca… Lo bueno que tiene esto es que lo que antes te duraba una semana ahora te dura un día y medio. En el fondo, ellos son nuestra mejor medicina.

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