Síntomas de Parto en el Segundo Embarazo

Los síntomas de parto en el segundo embarazo no son iguales que en el primero. Al menos esos síntomas no han sido iguales para mí. En el primer embarazo si expulsé el tapón mucoso, mientras que en el segundo el tapón no lo expulsé. En el primer embarazo tuve algunas contracciones dolorosas, no muchas, pero si eran contracciones de esas en las que apenas si te puedes mover, en el segundo embarazo las contracciones eran dolores de regla totalmente soportables y para nada regulares.

 Por eso me gustaría compartir con vosotras una serie de síntomas que puedes tener en el el segundo parto, del primer parto me acuerdo menos, jaja, por si a alguna le pueden servir 😉

Síntomas de Parto en el Segundo Embarazo

Contracciones regulares antes del parto.

Parece ser que es el síntoma, por excelencia, que te anuncia que estás de parto son las contracciones. Ya os he dicho que en mi caso no he tenido en ninguno de los dos partos contracciones regulares ni muy dolorosas, por lo que para eso no sirvo de ejemplo, pero según las matronas las contracciones deben ser regulares, y cada un corto espacio de tiempo (normalmente te recomiendan que las contracciones sean cada cinco minutos) para que te vayas al hospital. Si yo hubiera esperado a tener contracciones cada cinco minutos seguramente mis hijos hubiesen nacido en casa. Con esto no quiero ser alarmista pero si aclarar que en algunos casos las contracciones de parto no son regulares ni dolorosas e igualmente el trabajo de la dilatación se está llevando a cabo. Y para muestra un botón 😉

Molestías días antes del parto.

Días antes de mi segundo parto si que tuve bastantes molestias. Molestias tales como presión en la zona pélvica, dolor de riñones, pies hinchados… De hecho, creo que la peor molestia que sufrí los días antes de mi segundo parto fue la presión que sentía en la pelvis. Una presión tan fuerte que apenas si me dejaba  caminar en condiciones y que me hacía pararme cada pocos pasos a descansar. No sabría describir esa molestia que a veces llegaba al punto de dolor agudo, pero os aseguro que es el peor síntoma que tuve de que se acercaba el parto.

Cansancio días antes del parto.

Otro síntoma de que se acercaba el parto en mi segundo parto fue el cansancio. Recuerdo que los días antes de dar a luz estaba muy cansada. En mi primer embarazo estuve andando una hora al día hasta el día antes de parir, me ocupaba de la casa, salía a tomar algo… En mi segundo embarazo estaba tan cansada al final que cualquier cosa me parecía un mundo y ocuparme de mi angelito mayor, por aquel entonces con tres añitos, me sobrepasaba. La verdad es que los últimos días antes del parto las cinco horas que se pasaba en el cole me parecían hasta pocas, jaja.

Mal humor días antes del parto.

Si, como lo leéis. Días antes del parto, en los dos embarazos, me entraba muy mal humor. Me molestaba cualquier cosa y, ahora, visto con la distancia, parece que buscaba la menor ocasión para enfadarme. ¿Y a qué no sabéis quién era el principal receptor de mis enfados? Bingoooo: el padre de la criatura, jaja. La verdad es que el apoyo de la pareja en los días antes del parto es muy importante. Mi señor esposo ante mi mal humor la opción que tomaba era no hacerme mucho caso y echarle la culpa a las hormonas, lo que en aquellos momentos me sacaba de mis casillas aún más, jaja.

Pérdida del tapón mucoso.

El tapón mucoso puede desprenderse hasta quince días antes de dar a luz y es un síntoma de que el parto está cerca. En mi primer embarazo el tapón mucoso se desprendió aproximadamente diez días antes del parto pero en el segundo embarazo el tapón mucoso no hizo acto de presencia. De hecho, el tapón mucoso no siempre “se cae”. Yo me tiré desde la semana 38 de embarazo esperando que el tapón mucoso se desprendiera y mirando y remirando cada vez que iba al baño no fuera a ser que aquello se cayera sin que yo me diera cuenta. Pero no, en el segundo embarazo el tapón mucoso debió quedarse pegado a la bolsa… o eso o era tal mi estado de ceguera-ansiedad-tontuna que no lo ví ;).

Dolores de parto parecidos a los de la regla.

Muchas mujeres afirman que un síntoma característico antes del parto son los típicos dolores de regla. Yo tuve esos dolorcillos suaves de regla tanto en mi primer parto como en el segundo. No eran para nada molestos sino muy suaves y si aparecían cada cierto tiempo. Son las primeras contracciones, y para mí, en el segundo parto, que ya sabía qué había después, el principal síntoma de que la dilatación había empezado.

Rotura de la bolsa antes del parto.

En ninguno de mis dos embarazos rompí aguas antes del parto. De hecho, en los dos partos me rompieron la bolsa cuando ya estaba en el potro. Así que en realidad no os puedo contar como es eso de “romper aguas”, pero si que es un síntoma característico de que el parto está muy cerca. Reconozco que me hubiera gustado romper aguas, por lo menos para saber cómo es la sensación. Dicen que romper aguas es parecido a hacerte pis encima pero que no lo puedes controlar, o al menos, eso es lo que me ha contado mi hermana, pero no os lo puedo contar de primera mano ;).

Bueno, pues esos son los principales síntomas de que el trabajo del parto ha empezado. Algunos los he tenido en primera persona, y de otros, como el de las contracciones regulares o el de la rotura de bolsa no los he vivido en ninguno de mis dos embarazos.

Lo que si os puedo asegurar es que los síntomas de parto en el segundo embarazo se reconocen antes de que en el primero. En el primero siempre te queda la duda de ¿serán estos síntomas de parto? En el segundo embarazo ya somos un poco más experta y reconocemos los síntomas mucho antes.

Como véis en ningún momento hablo del “dolor del parto”. He parido dos veces, y aunque en mi segundo parto no me pusieron la epidural hasta que estaba dilatada de nueve centímetros, no he tenido esos famosos dolores de parto que tanto miedo dan. Aunque no os lo creáis el parto sin apenas dolor también existe ;).

Las que sois mamás de dos ¿Habéis tenido algún otro síntoma de parto en el segundo embarazo?

 

 

Felices 19 Meses

Mi niño bonito:

El día 6 hiciste 19 meses, y si no me llego a obligar ahora a escribirte este mes también te hubieras quedado sin tu felicitación-recordatorio… como el mes pasado… Cuando pase un tiempo seguro que me arrepiento de no haber dejado constancia por escrito de tus avances pero nuestro día a día es, desde hace unos meses, taaaaan complicado que apenas si tengo tiempo para sentarme un ratino a escribirte.

Seguimos viviendo (sobreviviendo, mejor dicho) separados de papá y de tu hermano de lunes a viernes, echándonos terriblemente de menos, colgados de las vídeollamadas y haciendo kilómetros y kilómetros con tal de pasar una tarde juntos. Está siendo difícil para todos, pero a ti no hay quien te quite la sonrisa de la cara, y gracias a esa alegría voy yo aguantando lejos de tu hermano. Siempre digo que eres mi niño “quitapenas”, pero es que la sonrisa infinita en tus ojos pueden acabar hasta con el día más gris. Menos mal que te tengo conmigo, cariño.

Estos dos meses en los que no he escrito nada sobre ti has avanzado un montón, sobre todo en el habla. Repites todo con esa lengua de trapo y has aprendido un montón de palabras nuevas. Ya no le dices “pam” a la pelota, sino “popa“, has perfeccionado “papapo” (zapato), “agua”, “nano” (tenemos gusanos de seda, como todos los años, jaja), “hola“, “ores” (flores), “toni” (llamas perfectamente a la vecina) y mil cosas más. Aunque tu palabra favorita sigue siendo “teti“, que dices casi gritando, a la vez que me remangas la camiseta y te enfurruñas como tarde más de lo que tu consideras razonable.

Además cuentas perfectamente hasta tres, intentas saltar, prácticamente ya corres y das unos besos y unos abrazos que hacen que me tengas loquita perdida.

A tu hermano lo adoras. Siempre vas detrás de él, lo imitas en todo, lo abrazas constantemente y en cuanto te despiertas lo primero que haces es buscarlo en la cama para despertarlo también… Y  también le muerdes y le arreas con lo primero que tengas en la mano. Y tu hermano, siempre tan buenino, ni siquiera se defiende, sino que se limita a llamarnos “coooooorre, mamá, que me está pegando” o a llorar hasta que llegamos y lo apartamos de ti. Ni te imaginas cuánto te quiere y cómo te cuida. Está siempre pendiente de que no te subas en ningún sitio o que siempre vayamos los cuatro. A veces le pregunto “¿quieres que vayamos al campo-parque-playa-cine los tres?” Y siempre responde lo mismo “¿Y Jorge qué?” Si no es contigo no quiere ir a ningún sitio.

Ojalá pudiera guardar eternamente cada instante. Cada sonrisa, cada carcajada cuando corro detrás de ti, los abrazos entre hermanos, tu carita de ángel mientras duermes, o como bailas el “chuchugua” o cantas “los pollitos dicen pío, pío, pío”, que últimamente es tu canción favorita. Si, los cantajuegos han vuelto a nuestras vidas, jaja.

Ojalá pudiera detener el tiempo, congelar cada momento, teneros siempre así, como polluelos bajo mis alas.

Felices diecinueve, mi amor, te quiero hasta el cielo.

                                                                                                        Mamá

 

Ir a la Guardería sin Adaptación

Pues aquí estoy, yo, que siempre he renegado de llevar a los niños a la guardería, ahora llevo a mi angelito a la guardería y sin hacer el famoso período de adaptación. Toma castaña, para no querer llevarlo a la guarde lo he hecho bien, ¿eh? Pero en esto de la maternidad, a medida que va pasando el tiempo, te das cuenta que no todo es blanco o negro y que donde dije digo digo diego y todas las veces que dije que mi niño no iba a la guarde pues me las salté a la torera…

imagen del periodo de adaptación a la guardería

A mi favor tengo que decir que mi angelito pequeño ha ido a la guardería sin adaptación porque no nos ha quedado otra. Los primeros meses estuvo conmigo, en casita, conociéndonos, enamorándonos y tomándonos la vida con muuuucha calma. Después empecé a trabajar y se siguió quedando en casa, con una muchacha que es un sol y que lo cuidaba igual que yo, incluso mejor, me atrevería a decir. Despertándose tarde, durmiéndose siestas mañaneras, saliendo a pasear los días de solecito… Viviendo las mañanas a su ritmo, sin prisas.

Peeeero a principios del mes pasado nuestra vida familiar se empezó a complicar y la conciliación empezó a ser casi imposible. Yo, profesora interina en una comunidad donde las distancias son muy grandes, empecé a trabajar a dos horas y diez minutos de casa. 404 kilómetros día si y día también que casi acaban conmigo. Aquella baja terminó y empezó otra también lejos, a otras dos horas de casa… Ya ni me planteé eso de “ir y venir a casa”. Para mí es imposible hacer tantos kilómetros todos los días.

La solución de urgencia que encontramos fue muy drástica. Álvaro se quedaba con su padre y yo me traía al pequeñín, que se quedaría en la guardería durante las mañanas. Así, a prisa y corriendo, mi angelito pequeño entró en la guardería sin adaptación y el mayor se quedó sin ver a su madre de lunes a viernes. Una mierda.

Tomar esta decisión, que ahora os he contado en menos de dos minutos, me ha costado una semana de darle vueltas a la cabeza, intentando encontrar una solución que fuera la mejor posible para todos. Y después de estar casi una semana sin dormir, sobre todo pensando en que mi niño lo iba a pasar fatal entrando a la guardería sin adaptación aquí estamos, intentando sobrevivir lo mejor posible.

Ir a la guardería sin periodo de adaptación. Razones de peso.

Como me parecía una burrada (y me lo sigue pareciendo) soltar a un niño a las ocho de la mañana en la guardería y recogerlo a las dos sin hacer el periodo de adaptación como es debido, la semana pasada hizimos un amago de adaptación durante dos días en los que fue una horita cada día. Lo pasó fatal. No dejó de llorar y yo, que estaba en la puerta esperándolo, tampoco.

Y lo peor de todo es que mi niño es muy pequeño. Tiene sólo diecisiete meses y a esa edad es imposible explicarle nada. No va a entender que le digas “mira, cariño, mamá te deja aquí porque se tiene que ir a trabajar, pero en unas horas vuelve a por ti”. Álvaro entró en la guarde un poquito más mayor, con veintiseis meses, y esos meses de diferencia se notan e hizo el periodo de adaptación a la guardería enterito. Además, a Álvaro se le podían explicar las cosas. Al pequeño no. Es tan sólo un bebé al que he saado de su entorno y que quiere estar con su madre porque es lo único que conoce aquí.

Peeeero estos hijos míos no se cómo lo hacen que siempre me sorprenden. Y aunque sólo llevamos unos días me tiene encandilada de lo fácil que me lo está poniendo todo. No os voy a decir que no ha llorado porque no es cierto. Pero la verdad es que lloró los tres primeros días diez minutos cuando entró (para que me fuera creyendo que me iba a echar de menos) y después está genial durante todo el día: jugando, interaccionando con otros niños, sonriendo sin parar…

Su seño, que es un encanto, me manda guasap y fotos para que lo vea, porque también es madre y sabe lo mal que se pasa.

He querido contaros mi experiencia porque sé que es muy difícil tomar la decisión de llevar a tus hijos a la guardería o al cole sin hacer el periodo de adaptación. En algunos casos porque el centro educativo no lo permite (me llevan los demonios sólo de pensar que hay guarderías o coles en los que el periodo de adaptación no está recogido) y en otros casos porque no os queda otra. Trabajos repentinos, cambios en las situaciones familiares, traslados de ciudad… Mil cosas que hacen que tengamos que recurrir a la guardería de un día para otro y en las que el periodo de adaptación es inviable.

Yo nunca os recomendaré que metáis a vuestros hijos en la guardería sin hacer el período de adaptación. Para los niños es mucho más fácil ir adaptándose poco a poco que tener que enfrentarse de golpe y porrazo a una situación nueva. Pero si no podéis no os hagáis mala sangre, no os paséis noches y noches sin dormir ni os consideréis malas madres (complejo de culpa en modo on). Hacemos lo que podemos y a veces hay que tomar decisiones drásticas que en otro momento nos parecería una locura… Pero os aseguro que los niños nos sorprenden.

A mí, mi niño me ha sorprendido. Se ha tomado como algo normal una situación totalmente nueva para él y a para la que ni siquiera lo hemos preparado. Ir a la guardería sin hacer período de adaptación es una locura, lo sé, pero a veces no queda otra que hacer esas locuras para intentar seguir sobreviviendo, conciliando que lo llaman ahora.

Y mientras tanto echo de menos a mi niño mayor… Feliz maternidad, por decir algo.

 

Un Fin de Semana con Patosa

El pasado fin de semana Patosa vino a casa. En realidad la estábamos esperando desde principios de curso, pero mientras que el año pasado fuímos de los primeros en disfrutar de la mascota Pelitos, Patosa se ha hecho esperar.

Patosa es la mascota de la clase de Álvaro. Una foca muy blanca y muy graciosa con gorro y chaleco de colores y zapatillas con cordones. Bueno, simpática me pareció nada más verla, después menuda la gracia que me ha hecho que sea tan blanca y que tenga zapatillas con cordones, porque me he pasado toooodo el fin de semana diciéndoles a mis angelitos “no arrastréis a Patosa que se ensucia” y atándole los cordones, que parecían que tenían vida propia y los nudos se le deshacían más que a mis hijos.

Foca patosa, mascota de educación infantil

Os presento a Patosa 😉

El viernes mi angelito mayor llegó muy contento a casa diciéndome “mira, mamá, Patosa”. Por lo visto la simpática foca le dijo a la señorita que ese fin de semana se quería ir a la casa de un niño muy trabajador, que se portaba muy bien y que hacía las fichas muy pronto. Y Patosa se vino a casa de mi niño, pero le faltó decir que el niño en cuestión, además de trabajador, era muy guapo, jaja.

Yo he estado repitiendo la cantinela de lo que había dicho Patosa (que era muy trabajador, muy bueno y muy listo – vale, eso tampoco lo dijo, es un añadido mío 😉 ) a todo el que me ha querido oír. Tanto es así que mi pobre Álvaro, muerto de vergüenza, ya me decía “mamá, no lo cuentes más”. Le faltó decirme que eso es una forma de hablar de la seño, que Patosa es una foca de peluche y no habla, leñe.

Imagen de la mascota Patosa

Y empieza el reportaje con Patosa, jaja

Álvaro no es un niño de peluches, pero yo no sé que tendrá Patosa, que igual que hizo el año pasado con Pelitos, se la ha enseñado a sus primos, a los abuelos e incluso tuvimos que hacer una videollamada a los titos para presentarsela .

Un fin de semana con la mascota Patosa

El viernes lo primero que hicimos fue llevarla a natación, para hacerle una fotito, más que nada y al salir “plofff” primera caída de Patosa y en un charco… Y Patosa, que es tan blanquita pasó de ser blanco inmaculado a blanco roto.

Imagen de Patosa en natación

Ahí Patosa aún era blanca inmaculada 😉

A pesar de empezar a estar un poquito sucia Patosa ha dormido con nosotros (total, donde duermen cuatro duermen cinco), la hemos sacado de paseo, la hemos llevado al parque de bolas, hemos jugado con ella y nos ha ayudado a pasar la mopa todo el fin de semana, porque en cuanto la soltaba Álvaro la cogía su hermano y la arrastraba por toda la casa. Mis hijos tienen mil juguetes pero a los dos se les antoja el mismo cacharro a la misma hora ¿a los vuestros le pasa igual?

Patosa tomándose una coca-cola

A medida que iba pasando el fin de semana Patosa iba pasando de blanco a blanco roto, blanco sucio y, finalmente, un gris mierdoso con el que no la podíamos devolver al cole. No queríamos que la seño se enterase de su función de mopa y además, estaba taaaan sucia, que los otros niños no la iban a reconocer.

Imagen de niño durmiendo con la foca Patosa

Y, por supuesto, dormimos con Patosa

Así que antes de volver a la escuela Patosa hizo un viaje fantástico a 1600 revoluciones. A Álvaro, al principio, le daba cosa meterla en la lavadora, por si se ahogaba y esas cosas, pero después de convencerlo de que las focas viven en el agua y hacen maravillosos viajes en remolinos de agua subterráneos se convenció de que un lavado no le vendría mal.

Imagen de Patosa en la lavadora

Patosa saliendo de la lavadora 😉

Lo mejor de pasar un fin de semana con Patosa es que este año no ha habido libro viajero y no hemos tenido que hacer manualidades a prisa y corriendo contando qué hemos hecho con Patosa todo el fin de semana. Entre otras cosas porque ha sido un fin de semana de lluvia y lo más divertido que ha hecho la foca es servirnos como mopa y después un viaje en lavadora, jaja.

Por último me gustaría compartir con vosotros unas reglas básicas para tener en cuenta cuando os la mascota de vuestros hijos se vaya a pasar con vosotros el fin de semana. Son cuatro tonterías pero me parece fundamentales tenerlas en cuenta 😉

Reglas para tener la mascota de la clase en casa

Patosa, Pelitos o Fulanito de tal no es un juguete solo de nuestros hijos. Es un juguete de todos por lo que tienen que cuidarlo, más incluso que si fuera suyo. Olvidad lo que os he contado antes de la mopa Patosa…

Considerad a la mascota como un invitado de honor. Vuestros hijos tendrán mil peluches que ni mirarán pero durante ese fin de semana no tendrán ojos para otra cosa que no sea la Patosa de turno. Entendedlos y no os importe demasiado id cargados con la mascota de la clase a todas partes. Es solo un fin de semana.

Trabajaos el libro viajero de la mascota. Nosotros esta vez no hemos tenido que hacerlo, pero el año pasado si y ya que nos ponemos a hacerlo pues hay que hacerlo bien. A los niños después les gusta enseñárselo a los compañeros de clase, así que intentad que sea algo gráfico, con fotos, pictogramas, dibujos…

Devolved a la mascota al colegio limpita. Es muy probable que la mascota se ensucie durante el fin de semana, y si es blanca como Patosa ya ni os cuento, jajaja, pero esto se soluciona metiéndola en la lavadora. ¿Os gustaría que vuestro hijo viniera el viernes con un peluche sucio? Pues eso.

Y antes de despedirme me gustaría haceros una pregunta que me he hecho miles de veces este fin de semana ¿Vosotros pensáis que los creadores de Patosa tienen hijos? Yo estoy segura que no, si no en vez de ser blanca sería gris marengo 😉

 

 

Opinión sobre la Silla de Paseo Chicco Lite Way

Hace unos días compré nuestra segunda silla de paseo. Una babyhome emotion 3.0 que me tenía enamorada desde hace un par de años y que me ha costado decidirme a comprarla porque para mí es una silla de paseo cara. La primera silla de paseo que compré para mi angelito mayor fue la Chicco Lite Way. Una silla mucho más económica y que me ha durado cuatro años usándola casi a diario, por eso me gustaría daros mi opinión sobre la silla de paseo Chicco Lite Way. Por si estáis pensando en comprarla y queréis saber pros y contras 😉

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La marrón es la que compré yo 😉

 

Opinión sobre la silla de paseo Chicco Lite Way

Antes de empezar a valorar la silla de paseo Chicco Lite Way me gustaría deciros en que cosas eran para mí imprescindibles en una silla de paseo:

  • Quería una silla de paseo económica. Sé que hay sillas mucho más baratas, pero a mí se me iban los ojos a las de 300 y pico. Así que limité mi presupuesto a 150 euros.
  • Era imprescindible que sólo tuviera una rueda delantera. Cuestión de gustos 😉
  • Tenía que ser marrón chocolate con detalles en beige. Los saquitos que tenía iban bien con esos colores, además creo que el marrón chocolate es un color muy sufrido.
  • El peso era también un elemento muy importante. Quería una silla ligera.
  • Tenía que reclinarse por completo. Cuando los bebés (y no tan bebés) se duermen en la silla de paseo están mucho más cómodos si la silla se puede poner completamente en horizontal.
  • No quería que fuera una silla de paseo con un manillar excesivamente bajo. Por ejemplo, la Maclaren para mí, que soy alta, resulta incómoda.

No eran muchos requisitos, ¿verdad? Pues después de mirar y remirar me decidí por la silla de paseo Chicco Lite Way.

Ventajas de la silla de paseo Chicco Lite Way

Precio: es una silla de paseo bastante económica en relación a la calidad que ofrece. Como os he dicho antes mi presupuesto estaba limitado a 150 euros y en concreto me costó 125. Se que hay sillas mucho más baratas, pero claro, es que yo buscaba muchas otras cosas, como por ejemplo unos colores determinados o que las ruedas de delante no fueran dobles.

Peso: la silla de paseo chicco lite way pesa 7.2 kilos. Quizás ahora haya en el mercado sillas un poco más ligeras por el precio de esta silla de paseo, pero os aseguro que hace cuatro años esta sillita era una de las más ligeras que existían.

Desenfundable. La tela del asiento y del respaldo se puede quitar y meter directamente en la lavadora. Además se quita y se pone de una manera muy fácil. La lavas y en cinco minutillos la puedes tener montada de nuevo.

Tela de gran calidad: Os aseguro que la tela de mi sillita está como nueva. No sé ni las veces que la he metido en la lavadora pero sigue impecable. De hecho si no fuera porque las ruedas están desgastadas y la goma del manillar se ve viejina parecería una silla nueva.

Reposapies muy resistente. A veces he visto por ahí sillas de paseo con el reposapies partido a la mitad o inexistente porque se ha roto y directamente lo han quitado. Como os dije antes nosotros hemos usado la silla de paseo casi a diario desde que la compramos. Al principio los niños no llegan al reposapies y no le echas cuenta, pero después cuando el niño crece ves lo imprescindible que es para que los pies no arrastren o vayan colgando. Y he escrito arrastren, porque mi hijo de cuatro años se sigue montando en la sillita. No es que lo haga a diario, pero a veces estamos todo el día fuera de casa, o en las vacaciones… y se cansa… Por eso puedo asegurar que es una silla resistente y aunque en las características técnicas dice que soporta hasta 15 kilos de peso yo os aseguro que soporta al menos cinco o seis kilos más 😉

sillapaseo

Álvaro en la silla de paseo con cuatro años

Reclinación. Es una silla que tiene hasta cinco posiciones de reclinado y que la puedes reclinar con una sola mano. Un sistema súper sencillo y que para nosotros ha resultado muy cómodo. No es que mis niños sean muy dormilones pero si estamos fuera de casa la siesta la hacen en el carrito y la verdad, que se pueda reclinar por completo era un requisito imprescindible.

Además, al ser totalmente reclinable puedes llevar a bebés desde el nacimiento. Nosotros para esto lo hemos usado en contadas ocasiones, pero la hemos usado. Por ejemplo, si sales un día fuera y llevas el maletero hasta las trancas y no te cabe el carro, pues hemos tirado de la sillita de paseo. Seguramente no sea igual de cómoda que un capazo, pero para hacernos un apaño nos ha venido genial.

Diseño. Me encantó desde que la vi. Es una silla muy bonita, para mí al menos, y además ofrece un montón de combinaciones de colores. Incluso yo, que tenía muy claro que la quería marrón y beige estuve dudando en el último momento entre otros colores.

 

Inconvenientes de la silla de paseo Chicco Lite Way

Las ruedas delanteras se abren con el peso. Éste, que es el principal inconveniente de esta silla de paseo, no se cómo explicarlo muy bien… En nuestro caso la silla iba genial hasta que Álvaro empezó a pesar un poco (y no me refiero a los 20 kilos que pesa ahora, no). En cuanto subió un pelín de peso las ruedas delanteras se empezaron a abrir y a rodar mal. Con ese problema llevamos desde hace al menos dos años. Las ruedas, al no estar en su posición inicial, pues a veces se atrancan. Es una de las razones principales por las que hemos decidido comprar otra silla, porque ir con ella, a veces, es una odisea.

La cesta portaobjetos es muy pequeña. Apenas cabe nada, la verdad, y además soporta muy poco peso. A veces pienso que está ahí de adorno porque como cesta tiene una función casi inexistente. De hecho, en las imágenes parece mucho mayor de lo que es. Después, cuando la tienes en casa te das cuenta que es una cesta muy chiquitina.

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Silla de paseo Chicco Lite Way

El manillar es de cuernos, por lo que necesitas las dos manos para manejarlo. Y además, las gomas que lo recubren se bajan enseguida. A mí, que me fijo mucho en la estética de las cosas, esta tontería me ponía de un mal humor… Es que con las gomas así de feas la silla parece mucho más vieja de lo que es.

A pesar de estos inconvenientes mi valoración personal de la silla de paseo Chicco Lite Way es muy positiva. Ha sido nuestra silla de paseo durante cuatro años y la verdad es que por el precio que tiene es una silla muy completa. Así que si estáis buscando una silla de paseo que no sea excesivamente cara pero que a la vez tenga calidad os la recomiendo totalmente ;).

Feliz Diecisiete Cumplemes

Mi querido bebé:

Otro mes me tienes aquí para contarte lo que has crecido y lo rápido que se me ha pasado el tiempo. Siempre lo mismo, ¿verdad? Pero es que es la verdad, una verdad que sólo entenderás cuando tengas hijos ;).

Lo más duro de este mes es que hemos pasado alguna que otra noche separados. Ha sido la primera vez que me separaba de ti y se me ha hecho muy difícil. Tú tampoco lo has llevado muy bien, según me contaba papá, echabas de menos a la teti. Lo peor es que esta semana volveremos a estar separados unos días, pero bueno, prometo intentar arreglar todo para que por lo menos tu te vengas conmigo cuanto antes.

Eres un niño muy espabilado. Entiendes todo y ya empiezas a chapurrear tus primeras palabras “alvo”, “agua”, “pam” (pelota), “papo” (zapato), “papá”, “no”, “teta”, “ito” (gusanito)… “Mamá” sigues sin decirlo… Pero hablas portugués divinamente. A veces te pones a hablar y a hablar y a hablar señalándome alguna cosa y yo te digo “si, si, cariño” y me sonríes. Me da la sensación de que me quieres explicar algo y lo haces a tu manera. Y vaya si lo consigues, ¿eh? y si no te pones a llorar hasta que te sales con la tuya y punto, jaja.

Cambiarte el pañal y vestirte sigue siendo una odisea. Te mueves tanto que es imposible. Te enfadas, protestas, lloras… Vamos, que parece ser que ponerte guapo no es lo tuyo, con lo bonito que eres…

Estás enamorado de tu hermano. Lo sigues a todas partes, lo buscas, lo llamas a gritos en cuanto no lo ves… Y también le pegas, le muerdes y le pellizcas y Álvaro es taaaaan bueno que no es capaz ni de separarte. Simplemente me llama llorando porque otra vez le has dado con el cepillo en la cabeza. Y encima si te riño Álvaro te defiende: “no le relates, mamá, es que él es muy pequeño y no sabe que me hace daño”, “no le digas nada mamá, que después llora y se puede poner malo”. Porque en la lógica de tu hermano te puedes poner malo por llorar.

Eres un payasete. Todo el día haciendo el viejino, bailando campana sobre campana (si, seguimos cantando villancicos en marzo para que nos bailes), intentando saltar… Es un espectáculo verte, cariño.

Felices diecisiete meses, cariño. Y no te olvides nunca que mamá te quiere hasta el cielo 🙂

 

Feliz Dieciséis Cumplemes

El mes pasado no publiqué la entrada correspondiente a los quince meses de mi tesoro chiquinino. Era el día de Reyes y pensé en dejarlo para un día después. Y pasó un día y luego otro y así hasta hoy :(. De todas formas el paso de los catorce a los quince meses fue muy tranquilo, sin grandes avances. Lo más característico, quizás es que aprendió a beber por pajita 😉

Sin embargo, este mes ha sido un no parar de cambios.

Cambios de un bebé a los deciséis meses

Mi querido bebé:

Hoy cumples dieciséis meses. Dieciséis. ¡Qué barbaridad¡ No tienes nada que ver con el bebé recién nacido que dejaron en mis brazos hace un eternidad. Lo único que conservas son esos ojos verdes maravillosos que siguen iluminando tu cara.

Aprendiste hace unos tres meses a andar y ahora ya no andas, sino que quieres correr e incluso intentas saltar. Te encanta subir y bajar escaleras y también te encanta darle patadas a un balón. A veces jugamos tu y yo a pasárnosla, igual que hacía con tu hermano. Y en nada me veo echando partidos en el pasillo. Porque vosotros no sois de juegos tranquilitos, no. A vosotros os gustan los juegos de acción y si entrañan peligro mejor que mejor ;).

Has estado dos semanas malito. La primera vez que te veo tan malino. Tuviste una gripe que al final terminó complicándose y que te ha hecho estar dos semanas con fiebre. Parecías otro, tesoro. Cuando te recuperaste papá decía que había olvidado lo risueño que eras. Perdiste hasta el apetito, con lo que te gusta a ti comer y probar cosas nuevas: jamón, espinacas, menestra, puré, lentejas, plátanos, fresas… Te da igual lo que sea. El caso es tener algo en la boca, jaja.

Hablas un montón. En un mes has pasado del balbuceo a decir tus primeras palabras, palabras que todos reconocemos: buu (la luz, que por cierto te gusta encender y apagar en medio de la noche, cuando estamos todos durmiendo 😦 ), pan, agua (agua o zumo, cocacola, limonada…), pam (pelota), avo (Álvaro), papá, hola, ece (peces), eta (galleta) y teta (a voz de grito cuando tienes sueño o cuando me ves coger el sacaleche)… Mamá sigues sin decirlo. Lo sueltas alguna vez de manera aislada, pero ya está. Sin embargo, cuando te pregunto dónde está mamá siempre me señalas. También sabes señalarte la oreja si te lo pregunto y sacas la lengua en cuanto oyes la palabra “lengua”.

Eres muy bailongo. Es escuchar un poco de música y te pones a bailar. Pero tu canción favorita, con la que más te emocionas, es “campana sobre campana” y nosotros te la seguimos cantando a pesar de estar ya en febrero con tal de verte bailar y tocar las palmas. A este paso vamos a estar cantando villancicos hasta agosto, jaja.

Eres el desorden personificado. Tirar cualquier cosa que esté a tu alcance y desordenas continuamente la habitación de los juguetes. No recuerdo que tu hermano fuera así, pero quizás sea solo eso, que no lo recuerdo. Una de las cosas que más disfrutas tirando son los botes de las especias… Es entrar en la cocina e irte directo a por los botes…

Te lo perdonamos todo porque eres un mimoso. Has aprendido a dar abracitos y cuando te los pido (ya te darás cuenta de que tienes la madre más pesada del mundo, jaja) me agarras la cara con tus manitas y me abrazas. También das ya algunos besos sueltos. La noche del 31 de enero, cuando ya estaba a punto de tirarte por la ventana mandarte con tu padre me diste el primer beso con babas y todavía no me he lavado la cara, jaja.

Duermes fatal. Con un montón de despertares buscando la teta que hace que yo me pase media noche en vela y la otra media temiendo moverme un sólo centímetro para que no te despiertes. De todas formas, hay noches en las que ya ni me molesta. Llevo cuatro años y siete meses así, ya estoy acostumbrada ;).

Y eres lo más bonito del mundo entero. Un rubito de ojos verdes que nos tiene a todos enamorados.

Feliz dieciséis cumplemes. Te quiero hasta el cielo 😉

                                                                                                        Mamá